Programación extrema

Programación extrema

Programación extrema

Los desarrolladores de software (en cualquier lenguaje de programación) siempre hemos establecido nuestra estrategia en el siguiente modelo: recabar información, programar, depurar e implantar. Un cliente te pide una aplicación a medida y te reúnes con él para obtener todos los datos necesarios para su desarrollo: formularios, informes, estadísticas, estructuras de datos, etcétera. Posteriormente dedicas el tiempo necesario a la programación en sí para, después, pasar a la fase de depuración de los mil cien errores que aparecerán (mil cien exactos, sí), parcheando el código pertinente. Por último se instala el software compilado en la máquina o máquinas del cliente, dándole los últimos retoques si fuera necesario (siempre lo será, incluso tres meses después de la implantación).

Este modelo de desarrollo es de todo punto ineficaz. Es más que común realizar un diseño previo a la programación y que luego, a la hora de escribir código, vayan apareciendo errores o escollos de ese diseño inicial que se salvan rehaciendo el código afectado y añadiendo pegotes que hacen que, al final, el código y el diseño no se parezcan en nada.

El modelo de programación extrema (o XP, de eXtreme Programming) no intenta evitar que lo anterior ocurra, porque sabe que es imposible luchar contra ello. Lo que hace, en cambio, es tratar de adaptarse a esas circunstancias.

La programación extrema (sin casco) es un enfoque de la ingeniería de software formulado por Kent Beck, autor del primer libro sobre la materia: Extreme programming explained: embrace change (Prentice-Hall, 1999). Es un proceso ágil de desarrollo de software que se basa en una serie de pilares, entre los que destacan el trabajo estrecho con el cliente desde el minuto 1 y la pruebas o test continuos. El cliente se sumerge de tal forma en el proceso de creación que va a terminar por parecer un miembro más del equipo de desarrollo, y el proceso de testeo será tan intenso como la propia programación en sí.

La programación extrema es tan extrema que recomienda realizar la depuración antes incluso que la propia aplicación, haciendo pruebas cada poco tiempo tras terminar pequeños bloques de programación. En estas pruebas, por supuesto, el cliente estará también involucrado al cien por cien.

En un proceso de desarrollo con XP (la XP, no Windows XP) el cliente se reúne con los programadores y definen lo que se va a hacer, como en el modo de programación old school. Sin embargo, aquí es el cliente quien documenta (literalmente escribe) lo que debe realizar el programa, y no se lo cuenta al programador y éste lo transcribe como en los modelos clásico. A este proceso se le conoce como “historias del usuario”, que deben ser una o dos frases cortas en el lenguaje coloquial del usuario que expliquen claramente lo que realizará tal o cual proceso. Las historias del usuario son una forma rápida de administrar los requerimientos de los usuarios sin tener que elaborar gran cantidad de documentos formales y sin requerir de mucho tiempo para administrarlos. Además, permiten responder rápidamente a los requerimientos cambiantes.

Después de esto, los programadores, por parejas, se ponen inmediatamente a trabajar y desarrollan en poco tiempo un bloque estanco de código (compatible y complementario con el código anteriormente generado) que responda a los requerimientos de la historia del usuario redactada. Cada cierto tiempo, no más de dos o tres semanas, se compila el código fuente y se genera una porción del software total que se depura con el cliente. En el momento en que cada bloque responda a las expectativas del usuario, se pasa a otro bloque nuevo, estableciendo una estructura modular, libre de errores en cada módulo, que combina perfectamente y es robusta y versátil. Este ciclo se va repitiendo una y otra vez hasta que el cliente se dé por satisfecho y cierre el proyecto.

La programación por parejas es uno de los principios más radicales de la XP. Requiere que todos los programadores XP escriban su código en parejas, compartiendo una sola máquina. De acuerdo con los experimentos, este principio puede producir aplicaciones mejores, de manera consistente, a iguales o menores costes. Está claro que 4 ojos ven mejor que 2.

Es muy importante, también, disponer de un buen estándar de codificación que defina la propiedad del código compartido, así como las reglas para escribir y documentar el mismo y la comunicación entre diferentes piezas desarrolladas por diferentes equipos. Los programadores deben seguirlas a rajatabla, de tal manera que el código en el sistema se vea como si hubiera estado escrito por una única persona.

La XP es un sistema que tiene ya diez años y no ha sido muy bien acogido por gerentes de empresas de desarrollo por considerar que no es un buen modelo y que es difícil de implementar. Nada más lejos de la realidad, aunque es posible que factores, como la excesiva implicación del cliente, representen dificultades a la hora de ponerlo en práctica. Todo es intentarlo y estar un poquito abierto de miras.

Si te pone el desarollo y quieres profundizar más en la programación extrema te recomiendo que leas este documento sobre el tema (en formato PDF y en castellano) y que te pases por Extreme Programming o por XProgramming.com.

Frases con historia (IV)

¿Internet? No estamos interesados en eso.

Bill Gates, Presidente de Microsoft Corporation. 1993. 24P87N95X6MY

La propiedad intelectual y las mentiras sobre la piratería

Hackmeeting 2004

Hackmeeting 2004

Existe un documento sonoro (que se puede escuchar íntegro al final de este post) que recoge una charla ofrecida por el abogado David Bravo en el Hackmeeting en Sevilla el año 2004. Según mi humilde parecer, este audio debería ser escuchado de forma obligatoria por todo aquel que esté interesado en los derechos de autor, la propiedad intelectual y el problema existente hoy día de la llamada “piratería” en la red a causa del intercambio de archivos en redes de pares. Además, con la que está cayendo últimamente, me parece que todo aquel que no haya oído esta charla, no debería dar un paso más en este momento sin dedicarle una horita (que es lo que dura) a las explicaciones de uno de los abogados más carismáticos, divertidos y famosos especializado en estos asuntos.

Este post pretende recoger, a guisa de transcripción literal, taquígrafo en mano, los momentos más esclarecedores e importantes de dicha alocución, dejando al lector el gusanito en el cuerpo para que después se adentre en los sesenta minutos de mayor deleite intelectual que va a disfrutar en su vida.

David Bravo comienza su conferencia realizando una introducción al modo en que tratan los medios lo que ellos entienden como piratería informática. Comenta un par de noticias aparecidas en la Red sobre declaraciones de famosos cantantes que los medios califican como polémicas por el simple hecho de salirse un poco (no mucho) de la senda de borregueo que normalmente suele imperar en esa industria.

Objetivamente, encontrar lo explosivo o lo duro de una u otra declaración respectivamente es, acaso, un asunto de especialistas. Para el poder mediático todo aquello que no secunde lo que dice el poder económico es algo alarmante y que hay que adjetivar como polémico o radical. […] Teddy Bautista dijo que eso del interés de acceder a la cultura estaba muy bien, pero que primero estaba el interés de los músicos a preservar su salud.

La idea que quería dar Teddy Bautista era que si tú te bajas un disco le estás quitando el dinero al músico con el que compra el pan con el que mantiene su salud. Los intereses de los ciudadanos no aparecen nunca, y cuando aparecen es para que los comente Teddy Bautista y los demonice. Porque las posibilidades que te daba eran dos: o estás de acuerdo con las tesis de la SGAE o estás de acuerdo con que el músico se muera de hambre. No hay otra posibilidad. […]En mi opinión lo del acceso a la cultura no es cualquier tontería. Para mí, incluso, lo del acceso a la cultura tiene cierta relación con la libertad de expresión y con la libertad de elección; tiene que ver con la instrucción de un pueblo. ¿Qué libertad de expresión tiene la gente que no tiene nada que expresar, o no sabe cómo hacerlo, y qué libertad de elección tiene la gente que sólo sabe elegir qué concursante de Gran Hermano hay que expulsar? La instrucción del pueblo no es ninguna tontería, es importante. De eso depende que tengamos algo que decir y cómo decirlo.

A continuación pasa a enumerar lo que, en su opinión, son las mentiras más famosas sobre la piratería. Comenta cómo las multinacionales dicen que defienden las ventas de discos y que la industria discográfica terminará por desaparecer a causa de la piratería y las mentiras que se vierten con respecto al precio de los discos compactos, llegando a la conclusión de que la industria musical sencillamente pierde dinero produciendo los CD. Comenta también como se difunde que las descargas de música matan de hambre a los artistas y sin embargo no se dice lo mucho que los artistas ganan por los conciertos y lo poco que ganan con las ventas de sus discos.

Hace poco salió un estudio de la Universidad de Harvard que decía algo que en realidad todos sabemos, que no hace falta ser de Harvard para haberlo pensado alguna vez. Y lo que decía era sencillamente que no todo lo que se baja se habría comprado. Eso es algo que sabemos todos en realidad, pero tiene que decirlo un tipo de Harvard para que lo comente yo aquí.

Voy a comentar un poco eso pero no me voy a agarrar a ese estudio. Voy a poner un ejemplo. Ahora mismo en el eMule hay un archivo en cuyo interior, está comprimido, hay 6.000 libros. Si tú te bajas ese archivo, según el sentido común de la SGAE, se están dejando de vender los 6.000 libros que tú tenías pensado comprar esa misma mañana. Es así; la SGAE dice que es obvio. Según su página web “cada copia privada que se hace es una venta menos”. […]

En mi opinión, esto lleva pasando desde que el mundo es mundo. Cuando Berliner inventó el gramófono, yo estoy seguro de que los dueños de los teatros se llevaron las manos a la cabeza y llevaron el grito al cielo, porque quitaba al público que iba a ver la música en directo y que ahora podía escucharla cómodamente en su casa. Estoy seguro de que Berliner fue un pirata, fue un precursor de los piratas. Que es lo que hizo Berliner, pues nada, se fue con la música a otra parte y fundó la Gramophone Company que dio lugar a la discográfica EMI, que ahora se lleva las manos a la cabeza y lleva el grito al cielo porque ha nacido un nuevo invento que lleva la música, de nuevo, un poco más cerca, sin tener que pasar por taquilla con cada audición.

Uno de los momentos más interesantes de esta charla se produce cuando David Bravo comenta las leyes que todos interpretan como claramente incriminatorias para todo aquel que se baje música de Internet. Habla también de los conceptos, equivocadamente relacionados, de copia privada y copia de seguridad, y también del ánimo de lucro y perjuicio de terceros, dos condiciones inexcusables para que un hecho delictivo sea tal. Por último, comenta las paradojas que se podrían dar si una ley llevara dos años a la cárcel a alguien por bajarse una canción o fotocopiar la página de un libro, en contraposición con otro tipo de delitos o faltas como robar una discografía entera en un centro comercial o agredir al autor de un libro en la calle.

La realidad es que el artículo del Código Penal que es aplicable a esto de las redes peer to peer, que es el artículo 270.1, sencillamente no ha sido reformado, así de simple. ¿Por qué, entonces, se armó esta bola? Sencillamente fue porque se empezaron a hacer unos análisis bastante críticos sobre el Código Penal, y yo creo que además de críticos eran bastante certeros; el Código Penal nuevo yo creo que merecía esas críticas. Lo que ocurre es que algunos periodistas al ver esos artículos, leyeron, quizás por primera vez, la reforma del Código Penal con ese prejuicio e, interpretando artículos que no habían cambiado, sacaron la conclusión de que era delito. La realidad es que no ha cambiado, todo sigue siendo igual, se necesita ánimo de lucro y perjuicio de terceros para que los intercambios en las redes peer to peer se consideren delito. […]

Vamos a ver qué es la copia privada. La copia privada, como sabéis, aparece en la ley de la Propiedad Intelectual. Lo habréis escuchado muchísimas veces, dicen por ahí que la copia privada es la copia que haces de tu propio original para escucharlo en el coche. ¿Cuál es la realidad? La realidad es que la ley de Propiedad Intelectual no te exige ser el usuario legítimo de la obra en ningún momento. ¿Dónde se necesita ser usuario legítimo para hacer una copia de una obra intelectual? En los programas de ordenador. El usuario del programa de ordenador tiene que ser el usuario legítimo si lo quiere copiar. ¿Por qué? Pues porque a los programas de ordenador se les prohíbe la copia privada, no tienen derecho a la copia privada. Se les permite la copia de seguridad. Esos dos conceptos, copia privada y copia de seguridad, son los que se mezclan continuamente.

La copia privada apareció en aquellos momentos en los que era habitual entre los adolescente, y no adolescentes, el pasarse los casetes y copiárselos con la doble pletina. En su momento, en su momento, era ilegal y, además, el Código Penal no exigía el ánimo de lucro para que fuera delictivo reproducir obras. ¿Qué ocurrió? Pues que la legislación sencillamente pensó: si esto es así de imparable, si es tan extendido, lo legalizamos. Porque era imposible parar todo lo que estaba ocurriendo. Y dijeron: introducimos la copia privada y el canon remuneratorio que está ahora dando tanto dolor de cabeza a todo el mundo. Y se introdujo el ánimo de lucro. […]

Si lo interpretamos así, primero que el Código Penal es absolutamente desproporcionado. ¿Fotocopias la página de un libro y vas a la cárcel? Pero es que además se darían paradojas tremendas, insalvables. Es prácticamente considerar que el Código Penal se ha vuelto completamente loco. Por ejemplo, yo me bajo una canción de un disco de Internet. Estoy haciendo una reproducción parcial, eso entra dentro del tipo penal.  Y según Javier Rivas, y otros muchos, es una reproducción con ánimo de lucro, porque me da un beneficio que es disfrutar de la obra, ¿no? Sin embargo, si yo voy al Corte Inglés y sencillamente digo: no, yo es que prefiero el disco original, con las tapas que son tan bonitas como las hacen hoy en día. Me lo voy a coger. Cojo el disco y me lo llevo; lo hurto. Y digo: ya que estoy aquí, y para no dar dos viajes, me voy a llevar la discografía entera. Y como no supera los 400 €, porque ahora el nuevo Código Penal sube el límite a 400 €, no sería un delito.

Posteriormente, en su disertación, explica lo que dice el Legislador acerca del ánimo de lucro, término al parecer en entredicho, y de la no conciencia de ilicitud en la sociedad acerca del tema.

¿Qué ha dicho el Legislador sobre el ánimo de lucro? Vamos a preguntarle a él. Y él ya se ha pronunciado. En un libro que se llama El Código Penal de 1995 y la voluntad del Legislador, precisamente los legisladores se ponen a comentar por qué introdujeron diversos cambios en ese Código Penal. Y se habla del Código Penal de 1995 y el ánimo de lucro, que entró nuevo. Lo que decía el Legislador era que “estaban intentando excluir los supuestos de bagatela que integran una cuantiosa cifra negra que el Mercado debe asumir como inevitable“. Eso fue lo que dijo el Legislador.

Entonces qué hacemos con todo esto. Es decir, cuando es tan evidente, o al menos a mí me lo parece, cuando el propio Legislador lo dice, ¿qué está ocurriendo? ¿Por qué se dice, incluso desde las propias trincheras, que esto es delito? Pues yo creo que es para crear una nueva conciencia social, y eso, ya sí, es más peligroso. Creer sin más lo que se dice en los medios de comunicación, creer estos mitos es eficacísimo para que se conviertan en realidad. Porque el juez está obligado, según el artículo 3 del Código Civil, a interpretar las normas de una manera coherente a lo que opina la realidad social del momento. Eso es importante para un juez a la hora de interpretar. Si el ánimo de lucro es una cosa que está así así, si hay algo que es una cuestión de interpretación, lo que crea la sociedad en ese momento es importante para el juez. […]

Francisco Hernández Herrero, que es el fiscal del Tribunal Superior de Justicia de Andalucía, dice que “cuando la conciencia de ilicitud sobre una serie de conductas desaparece, los estados responden despenalizando esas conductas“. ¿Existe hoy en día esa conciencia de ilicitud? En mi opinión no, en absoluto. Los padres regalan a los niños las armas del delito, el cable de fibra óptica y las grabadoras ultrarrápidas, vendidas por las mismas empresas que más dinero dicen que pierden con la piratería.

La charla continúa hasta terminar con varios ejemplos que apuntalan la idea final, que es que no es ningún delito descargar contenidos de Internet, y así lo está demostrando el señor David Bravo, sentencia tras sentencia, en los juicios en lo que presta su apoyo y consigue una condena favorable para el acusado.

Como decía al principio del post, este es un audio de obligatoria escucha y que no tiene desperdicio desde el minuto 0 hasta el 60. Todo lo que aquí se ha transcrito es una muy pequeña muestra o pincelada de lo interesante de esta conferencia. A continuación tienes la oportunidad de escucharla íntegra. No te la pierdas o te arrepentirás. (Además te vas a reír una jartá).

Escucha la charla completa de David Bravo.

FUENTE: La utilización del audio en este post, y su transcripción, ha sido autorizada por David Bravo.

Manifiesto “En defensa de los derechos fundamentales en Internet”

Eneko (20minutos.es)

Eneko (20minutos.es)

Ante la inclusión en el Anteproyecto de Ley de Economía sostenible de modificaciones legislativas que afectan al libre ejercicio de las libertades de expresión, información y el derecho de acceso a la cultura a través de Internet, los periodistas, bloggers, usuarios, profesionales y creadores de Internet manifestamos nuestra firme oposición al proyecto, y declaramos que: 24P87N95X6MY

1. Los derechos de autor no pueden situarse por encima de los derechos fundamentales de los ciudadanos, como el derecho a la privacidad, a la seguridad, a la presunción de inocencia, a la tutela judicial efectiva y a la libertad de expresión.

2. La suspensión de derechos fundamentales es y debe seguir siendo competencia exclusiva del poder judicial. Ni un cierre sin sentencia. Este anteproyecto, en contra de lo establecido en el artículo 20.5 de la Constitución, pone en manos de un órgano no judicial —un organismo dependiente del Ministerio de Cultura— la potestad de impedir a los ciudadanos españoles el acceso a cualquier página web.

3. La nueva legislación creará inseguridad jurídica en todo el sector tecnológico español, perjudicando uno de los pocos campos de desarrollo y futuro de nuestra economía, entorpeciendo la creación de empresas, introduciendo trabas a la libre competencia y ralentizando su proyección internacional.

4. La nueva legislación propuesta amenaza a los nuevos creadores y entorpece la creación cultural. Con Internet y los sucesivos avances tecnológicos se ha democratizado extraordinariamente la creación y emisión de contenidos de todo tipo, que ya no provienen prevalentemente de las industrias culturales tradicionales, sino de multitud de fuentes diferentes.

5. Los autores, como todos los trabajadores, tienen derecho a vivir de su trabajo con nuevas ideas creativas, modelos de negocio y actividades asociadas a sus creaciones. Intentar sostener con cambios legislativos a una industria obsoleta que no sabe adaptarse a este nuevo entorno no es ni justo ni realista. Si su modelo de negocio se basaba en el control de las copias de las obras, y en Internet no es posible sin vulnerar derechos fundamentales, deberían buscar otro modelo.

6. Consideramos que las industrias culturales necesitan para sobrevivir alternativas modernas, eficaces, creíbles y asequibles y que se adecuen a los nuevos usos sociales, en lugar de limitaciones tan desproporcionadas como ineficaces para el fin que dicen perseguir.

7. Internet debe funcionar de forma libre y sin interferencias políticas auspiciadas por sectores que pretenden perpetuar obsoletos modelos de negocio e imposibilitar que el saber humano siga siendo libre.

8. Exigimos que el Gobierno garantice por ley la neutralidad de la Red en España ante cualquier presión que pueda producirse, como marco para el desarrollo de una economía sostenible y realista de cara al futuro.

9. Proponemos una verdadera reforma del derecho de propiedad intelectual orientada a su fin: devolver a la sociedad el conocimiento, promover el dominio público y limitar los abusos de las entidades gestoras.

10. En democracia las leyes y sus modificaciones deben aprobarse tras el oportuno debate público y habiendo consultado previamente a todas las partes implicadas. No es de recibo que se realicen cambios legislativos que afectan a derechos fundamentales en una ley no orgánica y que versa sobre otra materia.

NOTA: Este manifiesto, elaborado de forma conjunta por varios autores, es de todos y de ninguno. Se ha publicado en multitud de sitios web. Si estás de acuerdo y quieres sumarte a él, difúndelo por Internet.

FUENTE: La imagen de cabecera de este post es de Eneko de 20minutos.es y tiene licencia Creative Commons.

El vicio del silicio (o lo que eran los audiobaudios)

El vicio del silicio

El vicio del silicio

Hace unos cuantas entradas prometí que explicaría lo que fueron los audiobaudios. Pues bien, ha llegado el momento. Activen sus etiquetas XML de <nostalgia> y </nostalgia> porque vamos a remontarnos a los albores de la informática en este país. Y es que aquel año (1982) en que a mi padre le trajeron mi padre trajo (corrección paterna = orden directa) de Inglaterra un ZX Spectrum, cuando todavía en España no se vendían, yo creo que aquel año cambió mi vida para siempre. Tenía yo sólo 8 añitos (prohibido hacer cuentas para calcular mi edad actual) y ocurrió esto.

Me acuerdo que el enano de teclas de goma, con sus flamantes 48 Kb de memoria, estaba guardado en un cajón bajo el mandato paterno de no tocar porque se podía romper (miedo me daba a mí abrir aquel cajón). Los fines de semana, mi padre lo sacaba, lo conectaba al televisor y pacientemente se empapaba, manual de instrucciones en mano, de cómo demonios funcionaba aquel cacharro negro con algo llamado BASIC como telón de fondo.

Un día, por la mañana, me llamó y me dijo que observara la pantalla. Recuerdo que ponía algo así como “dime tu nombre” o “cómo te llamas”. Yo, con la pericia mecanográfica que caracteriza a un niño de ocho años, escribí en 3 minutos mi nombre. ¡Qué cansino era buscar ocho letras con ocho años y el dedito índice estirado! Automáticamente, y tras pulsar la tecla ENTER, aquel nuevo juguete me saludó diciéndome “Hola, Jonathan. ¿Qué tal estás?” ¡Guau! Yo flipaba en colores y por momentos. Aquello de los ordenadores molaba; eran seres inteligentes capaces de saludarte (bendita inocencia). Cuando descubrí que con un INPUT, un PRINT y un algo llamado variable (que llevaba el signo del dólar por detrás) aquella magia se evaporaba y era yo quién decidía cuán inteligente era o no aquella máquina, en ese momento, digo, comenzó mi relación con los ordenadores y el mundo de la programación.

Tres años después, en 1985, yo ya tenía totalmente controlado el BASIC del Spectrum y había hecho programitas, pequeños juegos y hasta felicitaciones de cumpleaños con dibujitos en movimiento y música. Pues resulta, fíjate tú, que fue precisamente en ese año cuando apareció en las ondas hercianas un programa de radio llamado El vicio del silicio. Duró poco en antena, hasta 1987, aunque para aquella época eso era todo un éxito.

El vicio del silicio (de 50 minutos más o menos de duración) se emitía en Radio Bilbao, por la emisora de Los 40 principales, de 9 a 10 de la noche de los sábados. Estaba conducido por Fermín Rotaetxe, que era un disc-jockey de la SER apasionado de los ordenadores, y en él participaban varios locutores más como Juan Carlos Otaola, Cristina Ardanza, Yolanda López, Borja Bilbao, Juan Carlos de Rojo o Jesús Mari de la Riva. La temática era los ordenadores y la informática de la época, y estaba dividido en varias secciones o bloques. Sin duda fue el pionero de los programas radiofónicos sobre tema informático en Euskadi y probablemente también en España.

Escucha una de las sintonías del programa.

Existía una sección de noticias en la que se informaba sobre las últimas novedades del mundillo, otra sección de compraventa de material informático denominada “Mercabit”, otra de análisis y valoraciones de videojuegos en la que se ofrecían consejos y trucos (los famosos POKES) y una sección muy especial llamada “Audiobaudios”. Y aquí llega la madre del cordero de este post.

 

Locutores de El vicio del silicio

Locutores de El vicio del silicio

Si echamos un poco para atrás el carro de la memoria, podemos recordar que en aquella época los ordenadores tipo Spectrum, Amstrad o MSX leían y escribían datos en cintas magnéticas de casete. Eran interminables minutos esperando a que cargara un juego, con el <morriña>chirrido desagradable</morriña> del Spectrum de fondo, para que al final te escupiera un error de carga y te quedarás allí, con cara de bobo, pensando en cargarte el azimut del casete con un destornillador porque aquello no había Dios que lo regulara. Pues sí, pimpollos modernos, el Spectrum leía los datos de una cinta mediante sonidos; cada sonido representaba un bloque de datos que el ordenador interpretaba y convertía en bits fácilmente manejables por él. Un sistema rudimentario que daba más dolores de cabeza que otra cosa. Venía a ser parecido al sonido que se oye cuando coges un teléfono y hay un fax funcionando, o como el que hacían los módems antiguos (y modernos, que todavía hay) cuando se conectaban a Internet por la línea telefónica.

Escucha el sonido de carga de un ZX Spectrum.

Bien, pues los audiobaudios fueron un invento de los chicos de El vicio del silicio. Baudio es una medida utilizada en telecomunicaciones y un palabro que en aquella época se escuchaba mucho. Se trataba básicamente de aprovechar las ondas de radio para enviar el sonido de carga de diversos programitas hasta tu receptor, donde tú, apañándotelas como podías, ponías una cinta a grabar para después endiñársela al ordenador de turno a ver si tragaba. Yo, en aquella época, no tenía aparato de radio que fuera también casete, así que ponía un grabador cerca de la radio cuando empezaban los audiobaudios y me quedaba muy calladito, muy calladito. Casi siempre las grabaciones fallaban después al cargar, pero alguna sí que recuerdo que funcionara.

Bits por el aire; WiFi de los años ochenta. ¿Quién lo diría? Lo que se recibía mediante audiobaudios eran pequeños programitas de unas cuantas líneas de código que mostraban un saludo, por ejemplo, o un POKE para algún juego, nada más allá. Hay que tener en cuenta que a más código más duración de la grabación, y tampoco era cuestión de tener a los oyentes cinco minutos escuchando los chirriditos de marras, que si va mi abuela y pone la radio en ese momento fijo que piensa que se ha estropeado y la tira a la basura. ¡Caro audiobaudio le habría salido a mi abuela!

Otro par de datos curiosos de El vicio del silicio era la existencia de Txiplicio y el boletín del Club de Usuarios. Txiplicio era una voz enlatada que recordaba a un robot computarizado. Participaba en el programa como partenaire de Rotaetxe y respondía a preguntas, hacía comentarios, emitía cuñas e incluso cantaba (creo recordar). En realidad era una voz pregrabada y generada con el programa Speaker de un Macintosh Plus, que era algo así como un text to speech de los de hoy en día al estilo Loquendo, un software que reproduce con voz un texto escrito. Lo más gracioso es que debían escribir las frases de Txiplicio fonéticamente, porque el programa estaba preparado sólo para leer en inglés. Cosa que, por cierto, hemos hecho algunos también muchas veces con los antiguos text to speech que no disponían más que de ese idioma.

Escucha la voz de Txiplicio.

El boletín del Club de Usuarios (al que servidor estuvo suscrito) era una especie de fanzine que editó El vicio del silicio básicamente para mantener en contacto a los propios socios apuntados. Cualquier oyente podía formar parte y era totalmente gratuito; te enviaban a casa el boletín. Recuerdo que, como niño que era, me encantaba el ratón orejudo que apareció en el tercer número, y no recuerdo bien si en los posteriores.

Boletín de El vicio del silicio

Boletín de El vicio del silicio

En fin, que durante tres años más o menos pudimos disfrutar de un programa de radio que fue un crack en su época y abanderó una iniciativa después copiada por muchos con el boom de la informática en años posteriores. Desde aquí mi más sentido homenaje y reconocimiento a unos profesionales que supieron hacer de mi niñez algo más que sentirse el rarito del ordenador. Y que sepan que gracias a ellos, en parte, hoy soy lo que soy y trabajo en lo que trabajo. ¡Que vuelva El vicio del silicio ya!

Puedes encontrar más información, audios y fotos en la web http://bilborama.com/evds/.

FUENTE: Las imágenes y los emepetreses de los audios han sido cedidos por el mismísimo Fermín Rotaetxe en persona. Un tío genial, desde luego.
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