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La eterna pugna entre dos tipos duros: Arial y Helvética

Helvética/Arial
Helvética es una familia tipográfica diseñada en 1957 por Max Miedinger, un afamado tipógrafo suizo, para la fundición experta en esta lides conocida como Haas (por supuesto, hablamos de cuando los tipos eran piezas metálicas de imprenta con los caracteres en realce). Su desarrollo se basó en una tipografía anterior denominada Akzidenz Grotesk, datada en 1896.
Más tarde, Haas se unió con Linotype, una empresa norteamericana formada para comercializar la máquina Linotipia y que se convirtió en la mayor compañía de equipamiento para impresión de libros y periódicos del mundo. En esta unión se promovió el uso de la Helvética fuertemente, y durante la segunda parte de siglo XX fue uno de los tipos más populares en el mundo occidental.
Helvética fue acuñada como un tipo de estilo sencillo y de palo seco, es decir, sin remates, gracias o serifas; lo que los anglosajones (proviniendo del francés) llaman sans serif, esto es, sin serifa. Las serifas (o gracias) son pequeños adornos ubicados generalmente en los extremos de las líneas de los caracteres tipográficos.

Con y sin serifa
Ambas tipografías (Helvética y Akzidenz Grotesk) eran asombrosamente iguales, aunque no al cien por cien. El principal cambio que realizó Max Miedinger en su Helvética fue la conocida como “altura de la x” (el alto que tiene una letra x minúscula y que establece la altura del ojo medio de todas las letras), haciéndola mayor que en la Akzidenz Grotesk, lo cual la hace parecer un poco más oblonga, mientras que la su antecesora mantiene su forma sutilmente aplastada.

Tipografía Helvética
Por su lado, Arial nace en 1982 de la mano de los diseñadores Robin Nicholas y Patricia Saunders, de la fundición americana Monotype, la competencia directa de Linotype y la única compañía que fue capaz de hacerle sombra a su rival en el mercado de la impresión. En un principio, la idea de Arial surge de la necesidad de responder a la alta popularidad de Helvética, y se desarrolló como fuente principal para las primeras impresoras láser de IBM.
En un principio llamada Sonoran San Serif, Arial tuvo la gracia de caer el manos de Microsoft, ya que la empresa de Redmond no estaba dispuesta a pagar lo que se pedía por Helvética. Cuando el tío Bill hizo de TrueType el formato estándar de fuente para Windows 3.1, se optó, pues, por utilizar Arial en lugar de Helvetica; sabían que la mayoría de la gente no notaría la diferencia ni se preocuparía por ella.
Apple, por otro lado, también hizo estándar el formato TrueType (lo habían desarrollado ellos para competir con el PostScript de Adobe) al mismo tiempo, pero ellos incluyeron Helvetica, y no Arial, como fuente principal, pagando religiosamente los derechos a Linotype.
En aquella época, el dominio de Windows sobre los sistemas de Apple fue aplastante, y ello popularizó de tal forma la fuente Arial que, hoy en día, es la más conocida del mundo. Microsoft siguió apostando fuerte por Arial como tipo base hasta Windows Vista, cuando fue sustituida por la fuente Calibri. Durante todos estos años, Arial ha sido la tipografía más popular sin ningún género de dudas.

Tipografía Arial
Sin embargo, Arial es considerada por los expertos tipógrafos como una copia burda y barata de Helvética, careciendo de las características que distinguieron al diseño original suizo. A pesar de ser casi idéntica a Helvetica en proporciones y peso, el diseño de Arial es una variación de la serie Grotesque de Monotype y fue concebida para ser usada en computadoras, más que para ser leída en papel. Este tipo de letra tiene cambios sutiles en la forma y el espacio entre caracteres con el fin de hacerla más apta para ser leída en una pantalla a distintas resoluciones de imagen.
Lo cierto es que la preeminencia de la Helvética de Linotype en el mercado hizo que Monotype se empeñara en diseñar un tipo de letra prácticamente igual. Sin embargo, y en lugar de fabricar una copia exacta como hicieron otros en la época, se encargó de añadir o quitar pequeños matices que hacían de Arial una fuente muy parecida pero diferente. Aunque, como veremos a continuación, las desemejanzas son tan sutiles, que los profesionales la consideran simplemente un calco de baja calidad gráfica.
Los chicos de ‘I Love Typography’ desarrollaron hace tiempo una simple pero estupenda herramienta a la que llamaron Fontometer (algo así como “fontómetro”) y que colgaron en una de las entradas de su blog. Este Fontometer permite comparar los glifos de ambas tipografías haciendo uso de las distintas letras minúsculas del alfabeto inglés. Se encuentra a continuación y su forma de uso es muy sencilla. Únicamente debemos pasar el puntero de nuestro ratón por encima de los caracteres de la línea superior (en letra más grande los que más diferencias tienen a simple vista) para observar la comparación en la zona inferior (a la izquierda, en gris, Arial; a la derecha, en rojo, Helvética).
Una vez seleccionada la letra en cuestión, disponemos de la posibilidad de arrastrar el carácter Arial sobre el carácter Helvética. En este momento, cuando los superpongamos, nos percataremos de las verdaderas diferencias entre ambas fuentes. Nimias pero importantes diferencias (¡en todas las letras!).
La confrontación entre Arial y Helvética viene de viejo. El hecho de que Microsoft se decantara por Arial y Apple por Helvética avivó más las llamas del fuego cruzado. Los diseñadores y maquetadores expertos, muy inclinados hacia Mac OS desde siempre, hacen llagas sobre Arial y la tildan de estafa tipográfica. La verdad es que de Helvética se podría decir lo mismo con respecto a Akzidenz Grotesk. Es la historia de la humanidad y sus derechos de autor: basarse en algo y realizar un duplicado prácticamente exacto, ¿es copia y calco o es homenaje y veneración?
La controversia, por supuesto, ha alcanzado las lindes del friquismo más guasón. Desde ‘Ironic Sans’ nos proponen un divertido juego: han cogido 20 logotipos de famosas empresas diseñados originalmente con Helvética y los han reconstruido en Arial. ¿Sabrías distinguir el original de la imitación? También se puede realizar un test vía ‘I live on your visits’ en el que se propone diferenciar textos escritos en ambas fuentes.
Además, en ‘Mimeartist’ disponen de un juego en Flash en el que has de tomar la identidad de diversos caracteres en Helvética para derrotar y aplastar a letras Arial. Como última curiosidad, comentar que existe una película documental llamada ‘Helvética’ (2007) en la que diferentes diseñadores y tipógrafos hablan sobre este tipo, algunos alabándolo y otros atacándolo.
En fin, una pelea que, como otras tantas, nunca tendrá fin. A mí, personalmente, la verdad es que no me convence ninguna de las dos demasiado. Eso sí, antes que la maldición entre las maldiciones, me quedo con cualquiera de ellas del tirón. Faltaría más.
El origen español de la ‘Melodía Nokia’
Connecting People

Partitura de la melodía
Su origen, en cambio, no es tan conocido como puede parecer. Lo cierto es que el tono proviene de una composición española para guitarra del reconocido autor Francisco Tárrega, un castellonense versionado por grandes de la música moderna como Mike Oldfield, Silvio Rodríguez o Shakira (lo de “grandes de la música moderna” se refiere, sobre todo, a los dos primeros).

Retrato de Francisco Tárrega (obra de Enrique Segura Armengot)
El tema en cuestión, escrito a principios del siglo XX, se llama ‘Gran vals’, de donde la empresa finlandesa de telefonía celular tomó los compases 14 a 16 para fusilar el soniquete y crear para las masas su celebérrimo tono, monotónico al principio, politónico después y, hoy en día, como tono real, con acompañamientos de chimpún-chimpún y tararí-tararí incluidos.
El primer móvil en incluir la melodía fue el Nokia 2110, en el año 1994; todo un ladrillo memorable. Aparecía identificada en los teléfonos como ‘Gran vals’, pero la musiquilla se convirtió en un audio tan común entre los usuarios que, en 1998, Nokia decidió cambiar su nombre por ‘Melodía Nokia’, identificando la marca con un sonido que se podía escuchar también en sus anuncios comerciales desde 1993. La canción la propuso Anssi Vanjoki, hasta no hace mucho vicepresidente del área multimedia de la compañía, y la razón fue muy sencilla: era una música muy acorde con la época en lo que publicidad se refiere, y de la televisión migró rápidamente al celular.
A continuación, y en primicia, la melodía original de la marca, la primera, la buena.
La melodía, que Nokia todavía reclama como sonido registrado, fue el primer tono musical identificable en un teléfono móvil. En su momento era tan corriente que, en cualquier calle de cualquier ciudad, se repetía más que los capítulos de ‘Bob Esponja’ en Clan TV. Hoy en día, se estima que se escucha en todo el mundo alrededor de 1.800 millones de veces por día, unas 20.000 veces por segundo (Wikipedia dixit).
En el siguiente vídeo se puede disfrutar de la obra completa magistralmente interpretada. Atención al minuto 0:15, donde se puede apreciar claramente el musical origen del tono más famoso de Nokia.
Curiosidades del mundo moderno que engarzan con el pasado más artístico y musical patrio. Si Tárrega levantara la cabeza… Por cierto, el tono en formato MIDI (politónico; el más conocido) se puede descargar desde aquí.
Apple Newton fue el abuelo del iPad

Newton (MessagePad) MP2000
El Newton fue un aparato adelantado a su tiempo, una especie de organizador al estilo PDA pero con muchísima más funcionalidad. Además, el hecho de que los de Cupertino estuvieran detrás del proyecto era más que condición garante de la calidad del producto. Sin embargo, Newton pinchó y se fue por donde vino sin hacer mucho ruido. El siguiente vídeo (1993) de Apple muestra la mayoría de las funciones de Newton; la verdad es que en su día tuvo que dejar a la gente con la boca abierta.
Comercializado entre 1993 y 1998, Newton estaba destinado a ser una reinvención completa de la computación personal. Tenía una pantalla táctil (a golpe de lápiz de plástico) monocromática de gran formato, un procesador RISC ARM 610, 4 MB de ROM, 640 KB de RAM y puertos PCMCIA, IrDA y serie. Funcionaba con cuatro pilas del tipo AAAA, proporcionando una autonomía de 30 horas, nada desdeñable. Eso sí, pesaba medio kilo.
Gozó, durante sus cinco años de vida, de una más que aceptable salud, llegando a alumbrarse hasta siete modelos diferentes, a cada cual mejor y con más prestaciones. Venía de fábrica con multitud de aplicaciones instaladas: agenda, calendario, bloc de notas, calculadora, conversor métrico y de moneda, mapas del tiempo, etcétera. Asimismo, incluía programas más avanzados de proceso de textos, hojas de cálculo, navegador web o cliente de correo electrónico.
Pero lo que más hizo destacar a este aparatejo fue su capacidad de reconocimiento de escritura. Si bien en un principio era bastante patatera, en versiones posteriores la fueron mejorando hasta alcanzar una calidad bastante aceptable. Entiéndase, para la época aquello era la bomba.
La verdad es que muchas de las funciones de Newton las hemos descubierto nosotros hace cuatro días, y es que cuando digo que fue adelantado a su tiempo, lo digo por algo. Era capaz, por ejemplo, de mover texto por la pantalla arrastrándolo, de manejar correctores ortográficos personalizables o de permitir la realización de dibujos vectoriales con figuras inteligentes (dibujo un círculo a mano y, automáticamente, se convierte en un círculo perfecto). Todo ello, unido a la multitud de piruetas gráficas que incluía (como la animación al enviar un mensaje a la papelera) hacía de Newton una interesante herramienta de trabajo.

Newton (MessagePad) MP100 (el primero de la saga)
Newton se sincronizaba con ordenadores de sobremesa para intercambiar datos. Era compatible con sistemas operativos Mac OS, Mac OS X, UNIX, Linux y (¡tachan, tachan!) Microsoft Windows. Sí, habéis leído bien. Es más, tenía la capacidad de exportar e importar documentos de Word, Excel, Works y otros. ¿En esta época, Steve Jobs todavía no había vuelto a Apple, no? Efectivamente, todavía no. En fin.
Casualmente, el proyecto Newton fue suspendido justo cuando Gil Amelio, a la sazón CEO de Apple, es despedido y Steve Jobs regresa cual hijo pródigo a los brazos de mamá manzana. Antes de su cancelación, varios de los ingenieros que allí trabajaban se separaron de Apple produciendo lo que los americanos llaman una spin-off, es decir, una empresa derivada o nacida a partir de otra, en este caso Newton Inc. Posteriormente fue reabsorbida por Apple. Dos trabajadores de Newton Inc. se vuelven a separar y fundan la empresa Pixo, que no es otra que la encargada de desarrollar el sistema operativo para el iPod original.
Las especulaciones se retroalimentan solas, y tanto movimiento hace pensar a la gente que Apple tiene intención de sacar al mercado un nuevo PDA con tecnología Newton o, si no, en estrecha colaboración con Palm. Para más inri, Apple integra en su sistema operativo Mac OS X versión 10.2 (Jaguar) un reconocimiento de escritura basado en el de Newton 2.1.
Y los chicos de la manzana mordida nos hicieron esperar hasta el año 2010, momento en el cual apareció, para quedarse, el iPad (realmente la segunda tableta de Apple), del que dicen es el sucesor más decente y decoroso de Apple Newton. Aquel aparatoso PDA sentó las bases para crear el iPad, aunque, como ya sabemos, éste es mucho más que un simple PDA. Algunos, en Internet, los comparan y, la verdad, es que el antiguo Newton tenía un aire a iPad del siglo pasado bastante resultón. Para muestra un botón, el vídeo siguiente.
En realidad, las escasas ventas y la estrecha cuota de mercado mataron al Apple Newton. Como recuerdo sentimental todavía se pueden encontrar algunos en eBay y, también, se puede echar mano de un emulador. El proyecto de código abierto Einstein trabaja en la emulación de Newton sobre diversas plataformas, tanto para Mac OS X como para Windows y Linux e, incluso, para algunos internet tablet de Nokia y otros. Desde septiembre de 2010, Einstein funciona también en iPhone y iPad.
Fue una auténtica revolución en su época y se ha convertido por derecho propio en el abuelo del iPad. Un cacharro elegante, sí señor, este Apple Newton, perdón, Apple MessagePad. A ver si se va a enfadar.
Genios con mucho tiempo libre

Receipt Racer
La agudeza y el ingenio que requiere doblegar a la máquina, mezclando tecnologías, en principio, incompatibles, dominando la ciencia y el lenguaje de los distintos mecanismos y perdiendo horas de sueño, es simplemente digno de elogio y alabanza. Es por ello que me apasiona el trabajo de aquellos que instalan una distro de GNU/Linux en una Xbox 360, la hazaña de hacer sonar la “Marcha Imperial” de Star Wars con un disco duro, el potencial inerte de la máquina perfecta o el currelo de programar lo que estos chavales, que detallo en esta breve recensión, han sido capaces de desarrollar. Improductivo, sí, pero formidable.

Controlando el juego
Material necesario: una impresora de tiques térmica, un rollo de papel para la anterior, un ordenador portátil con sistema operativo Mac, un proyector de luz, el mando de una PlayStation 23 y mucha, pero que mucha, imaginación y sapiencia. En el perfecto marco del festival OFFF (bajo el evento denominado “Vamos a alimentar el taller del futuro”), en Barcelona, el norteamericano Joshua Noble, junto con Martin Fuchs y Philip Whitfield (ambos chicos de Undef), crearon un alucinante juego de carreras en el que el mando de la Play 2 3 es el control principal, el circuito o carretera digital se imprime en tiempo real en la impresora térmica y un proyector de luz marca sobre el papel el coche que dirigimos, la puntuación y otros datos. Lo ideal es contemplar el vídeo siguiente para entender la idea. Esto fue el pasado 8 de junio de este año 2011, y el juego se llama “Receipt Racer”.
El juego funcionando
El tamaño máximo del circuito es de 50 metros, ya que esta es la longitud total estándar de los rollos de papel térmico. En un principio pensaron en utilizar la impresora como medio estático único para la representación visual, pero el proyecto se antojaba imposible. Posteriormente, a Joshua se le ocurrió añadir el pequeño proyector de luz que, convenientemente controlado por el mando de videoconsola, era capaz de sobreimpresionar el coche y el resto de datos cambiantes.
La aplicación que controla todo este tinglado (desarrollada enteramente durante el taller) fue generada a partes iguales por los tres tipos sobre la plataforma openFrameworks. Una rutina genera aleatoriamente los circuitos y los coches de relleno y los imprime en tiempo real en la impresora. Asimismo, varias funciones detectan la posición del haz de luz que representa el coche del jugador y cruzan los datos con el circuito dibujado. De esta manera, aunque esto resultó lo más complicado, es posible programar mínimamente una detección de colisiones básica que nos indicará cuando el vehículo que manejamos ha chocado contra otro coche o contra los bordes de la carretera.
Evidentemente, esta tecnología, y desarrollada en tan poco tiempo, muy precisa no resulta. En el vídeo anterior se puede comprobar perfectamente como, antes del choque final, el coche se estrella con al menos dos vehículos impresos; y no sucede nada. El sistema tuvo que ser calibrado en varias ocasiones hasta conseguir la máxima precisión, empero, los caprichos de una máquina mecánica, como es una impresora, son múltiples y variados para conseguir un requerimiento de milímetros.
Al final del taller, los muchachos añadieron algunos detalles finales como la puntuación, el número de nivel y el resto de textos lumínicos de incio y fin. La impresora muestra también un fin de juego al estrellarse el coche, detallando el tiempo transcurrido, el nivel alcanzado y los puntos obtenidos.
En fin, una obra maestra de ingeniería que demuestra que en el mundo hay mucho geek dispuesto a perder algo de su tiempo libre para regalar nuestros sentidos con perlas tecnológicas como esta. Babeando ando todavía.
Por cierto, se puede jugar a una versión virtual del engendro desde la web de Undef y, también, descargar el código fuente compilado para Mac.
Un clásico resucitado: vuelve Commodore 64

Nuevo C64
El nuevo cacharro es, en realidad, un PC completito embebido en la antigua carcasa de un C64. Monta una placa base Mini-ITX de VIA Technologies con el procesador de Intel Atom D525 de doble núcleo, tarjeta gráfica ION 2 con chipset de nVidia, 2 GB de memoria RAM DDR3 (ampliables a 4 GB) y disco duro en varias versiones, desde 160 GB hasta 1 TB. Y todo ello empaquetadito y apretado dentro del teclado, al estilo de los equipos de aquellos maravillosos años.
En su lado derecho, donde antiguamente se encontraban los conectores de alimentación y las entradas de puertos para joystick y demás periféricos, ahora luce un lector multiformato de tarjetas de memoria y un puerto USB. Por la otra banda, a la izquierda, lleva acoplado un lector y grabador de DVD, que opcionalmente puede ser sustituido por una unidad de Blu-ray Disc. Además, en la parte trasera monta un panel al más puro estilo PC, con dos puertos PS/2 (teclado + ratón), cuatro USB, una entrada Ethernet, tres conectores de audio, una salida gráfica DVI, una HDMI y una VGA. La clásica luz roja de arranque es ahora también el botón de encendido.

Lateral derecho y parte trasera
Un equipo para nostálgicos que es capaz de conectarse a cualquier monitor o televisor moderno, ofreciendo una calidad gráfica de reproducción de vídeo de hasta 1080p HD y 6 canales de audio de alta definición.
Este nuevo C64 viene con la distribución de GNU/Linux Ubuntu, en su versión 10.10 (Maverick Meerkat), en un CD y lista para instalar, sin embargo, es perfectamente compatible con sistemas operativos Windows y se proporcionan drivers para ello. La intención es la de terminar su propio sistema operativo de ellos, el denominado Commodore OS 1.0, que vendrá a ser algo así como una aplicación del tipo media center, que aún está en fase de desarrollo. Commodore USA se compromete a enviarla de manera gratuita a todos los compradores en cuanto esté lista.
Pero lo más chachi de este aparato no es que sea un pecé con piel de comodoro, sino que incorpora también un completo emulador C64 para deleite de treintañeros con morriña. Por lo tanto, disponemos entre nuestras manos de un completo equipo moderno y, si así lo deseamos, de un Commodore 64 de época, totalmente funcional para ejecutar todos los juegos de antaño o programar en un BASIC rudimentario. Al emulador se accede seleccionando el icono de C64 en el menú de arranque y también, posteriormente, desde el propio Commodore OS 1.0 mencionado.

Pantalla inicial clásica
¿Y el precio? Bueno, depende. La verdad es que se lo han montado muy bien estos tíos comodorianos, ya que lo venden por versiones empaquetadas, desde una muy (pero que muy) básica que prácticamente sólo incluye la caja, las teclas y el lector de tarjetas (más un puerto USB), hasta la más completa que lo trae todo y con la máxima capacidad. Entre medio de ellas hay varias configuraciones, cada cual con sus características. En dólares yanquis estamos hablando de entre 250 $ (la más barata) y 895 $ (la más cara). Lo ideal es consultar la web de tarifas y configuraciones para no perderse.
Desde el sitio web de Commodore USA, también se pueden adquirir otras máquinas de estilo vintage, en lo que se refiere a la concepción de teclado con todo integrado, pero de más moderna manufactura y estilo, como, por ejemplo, dos nuevas versiones del Commodore VIC-20 (Commodore VIC-Pro y Commodore VIC-Slim). En breve se podrá comprar también toda una saga de los nuevos Commodore Amiga (míticos, por cierto).
Una elección geek algo cara para amantes de lo retro, pero muy friqui y llena de recuerdos. Si te sobra algo de dinero y la nostalgia te abruma, el nuevo Commodore 64 (bautizado, por cierto, como C64x) es para ti.





