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Érase una vez un cacharro feo, pero resultón

Cybiko Classic

Cybiko Classic

Corría el año 2000, aquel final de milenio que tantos quebraderos de cabeza trajo a los programadores informáticos, cuando apareció en los mercados ruso, japo y yanqui una suerte de aparato infernal destinado al público adolescente. Cybiko era una amalgama de PDA, Handheld PC, reproductor de MP3, aparato de mensajería y consola portátil de videojuegos. Un mucho abarcar y poco apretar que la fortuna quiso que desapareciera solamente tres años después. La culpa de su escaso éxito: una buena idea mal desarrollada.

Cybiko fue un proyecto del ingeniero armenio, afincado en Rusia, David Yang y su socio capitalista, un hombre de negocios norteamericano llamado Donald Wisniewski. La idea consistía en crear un instrumento tecnológico que imitara a los productos nipones de empresas como Bandai o Takara, a la sazón vanguardistas en estas lides y con una cuota de mercado más que interesante.

Este extraño gadget tuvo dos modelos diferentes, el conocido como Cybiko Classic (con dos versiones en su haber) y la secuela denominada Cybiko Xtreme. Una pantalla LCD sin retroiluminación producía una imagen bastante pobre y de baja calidad, y el teclado QWERTY era impracticable. Las capacidades que se quisieron potenciar al dirigir su estrategia a los adolescentes fueron la posibilidad de jugar a sencillos juegos de vídeo y, sobre todo, la de poder chatear entre dispositivos Cybiko en enormes salas de encuentro que permitían la conexión de hasta 99 máquinas.

Cybiko Classic y Cybiko Xtreme

Cybiko Classic y Cybiko Xtreme

La mayor baza de Cybiko fue la inclusión de capacidades de cliente y servidor de una conexión de radio bidireccional. Al encender el instrumento, éste era capaz de localizar a otros Cybiko en un radio de 300 metros (sin obstáculos de por medio). Entre los dispositivos conectados cabía la posibilidad de enviar mensajes de chat en tiempo real o, también, de jugar a juegos en red. Además, cada Cybiko hacía de repetidor hacia otros dispositivos en zonas más alejadas, por lo que, por ejemplo, una población con el suficiente número de instrumentos conectados podría haber estado cubierta en su totalidad por una red Cibyko.

Evidentemente, esta característica apasionó a los púberes del momento, ya que podían conectarse con cientos de personas a la redonda de una manera instantánea y, muy importante, totalmente gratuita. Asimismo, los juegos de Cybiko se podían descargar gratis de su página web (ya desaparecida), y las capacidades de conexión vía radio permitían jugar partidas multijugador con personas a decenas de metros de distancia.

Cybiko también fue una máquina social. Los usuarios tenían la oportunidad de rellenar su perfil con datos personales que, después, compartían con otros usuarios a modo de red radiofónica 2.0, y también permitía realizar búsquedas de amigos entre los Cybiko detectados, filtrando los resultados mediante variables parametrizadas de los propios perfiles.

Las primeras ventas de Cybiko fueron un rotundo éxito. Como decíamos, las intenciones de emular a los juguetes electrónicos japonés dieron buen resultado, no así la de desbancar a Game Boy. El mercado nipón era muy jugoso, y hasta el mismo nombre de Cybiko fue ideado como algo que resultara agradable a los oídos de los japoneses. El vídeo del anuncio publicitario del cacharro (a continuación) es un claro ejemplo de cómo de serio se tomó el tema de la imitación de la industria del sol naciente. Es un vídeo en perfecto inglés pero con un acento y un estilo japonés que, francamente, sobrepasa los límites de la sobreactuación friqui.

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El precio de Cybiko (129 dólares americanos) también ayudó a masificar su venta. Por otro lado, el sistema operativo del aparato (CyOS) era propietario de la empresa que lo fabricaba, sin embargo desde un primer momento se liberaron las especificaciones y herramientas necesarias para desarrollar aplicaciones y juegos para él. Además, era posible la programación directa en lenguaje C y en CyBasic (una versión del BASIC de toda la vida adaptada a las características de Cybiko), lo que propició la aparición de centenares de aplicaciones de terceros que, previa descarga de Internet, se podían incluir en el pequeño ordenador de mano.

La segunda revisión de Cybiko Classic incluyo la reproducción de MP3 e hizo aparecer una ranura para tarjetas del tipo SmartMedia con una capacidad máxima de 64 MB, por lo que los problemas de espacio iniciales, unidos a la nueva aparición de la música, se veían parcialmente solventados. La aparición de Cybiko Xtreme trajo consigo importantes mejoras internas (RAM, ROM, sistema operativo y capa de teclado) y también externas: diseño más ergonómico y reducido, más amplitud de búsqueda de dispositivos, micrófono y salida de audio. Así mismo, este segundo aparato permite la opción de compartir archivos (juegos, música, documentos, etcétera) entre usuarios; una especie de P2P del pasado con características de servidor de ficheros FTP.

Pero Cybiko se desinfló en pocos años. Todas sus buenas características fueron apisonadas por el cúmulo de defectos que llevaba aparejados. La pantalla LCD no retroiluminada ofrecía una calidad pésima de gráficos. Además, su teclado QWERTY tenía las teclas tan pequeñas que resultaba prácticamente imposible pulsarlas con los dedos, por lo que Cybiko venía acompañado de un lápiz de plástico para utilizar como puntero a la hora de escribir: el colmo de la velocidad mecanográfica tenía que ser aquello para chatear.

Por otro lado, las características que permitían a Cybiko conectarse a Internet (como el correo electrónico) obligaban a enchufar físicamente el aparato a un ordenador vía USB, con lo que de poco servía en la calle. Por último, comentar que la conexión de este ingenio a un PC, así como la actualización de juegos y programas, era poco menos que una misión imposible: continuos errores, cuelgues del sistema, desconexiones fortuitas, etcétera.

La empresa cerró definitivamente su web en el año 2006, pero tres años antes ya había dejado de producir el invento a causa del drástico descenso de ventas. La bajada del precio de los teléfonos móviles y su masificación entre los adolescentes jugó también un importante papel en la desaparición de Cybiko. A pesar de las últimas correcciones de diseño, el modelo aún se parecía más a un voluminoso walkie-talkie y, por supuesto, no gozaba de las prestaciones que un celular podía ofrecer a los jóvenes usuarios, incluso siendo más barato su uso.

Finalmente, la compañía fue vendida a la empresa francesa French Mobile Game. Desde su nacimiento hasta su muerte, Cybiko tuvo sólo tres años y medio para demostrar de lo que era posible, y no lo consiguió.

Actualmente todavía se puede adquirir algún Cybiko en webs de subastas o de venta de segunda mano, aunque probablemente a un precio más caro de lo que costaba en su origen. Y es que este gadget se ha convertido en artículo geek de coleccionista, y muchos retrofriquis se divierten jugueteando con él o desarrollando programas para él. Existen algunos sitios web de fanáticos nostálgicos que siguen en marcha, destacando sobre todos ellos Planet Cybiko, con una participación internauta nada desdeñable.

David Yang, el inventor de Cybiko, trabaja hoy día en la reconocida empresa ABBYY, el proveedor líder de software de conversión de documentos, captura de datos y lingüístico. Además, forma parte del consejo de administración de la misma. Su ex socio, Donald Wisniewski, está trabajando actualmente como director ejecutivo de CyberHull, una empresa especializada en la transformación de datos, contenidos, nuevos medios e iniciativas de publicación.

Me encantaría tener un Cybiko. Esa manía que tengo de guardar cacharros inservibles, coño.

La polémica de Jade Raymond

Jade Raymond

Jade Raymond

Jade Raymond (28 de agosto de 1975, Montreal, Canadá) es una productora y programadora de videojuegos, una de las pocas mujeres relevantes en ese mundo. Comenzó trabajando como desarrolladora de juegos educativos en IBM y en Microsoft, para después, y durante siete años, pasar por Sony y EA en Nueva York y San Francisco. Al final regresó a su Canadá natal con un contrato de programadora para Ubisoft Toronto. Hoy en día es la actual directora de esa misma empresa, una de las compañías de videojuegos más importantes del mundo.

La joven se formó en la universidad Marianopolis de Montreal para, posteriormente, graduarse en la Universidad McGill con una licenciatura en Ciencias Informáticas. Cuando era adolescente pasó un verano entero jugando diez horas diarias al ‘EverQuest‘ y al ‘Tekken 3‘ y, tras aquel ocupado estío, decidió que no quería volver a jugar más, que lo que deseaba con pasión era fabricar ese tipo de entretenimiento. Esto marcó sus futuros estudios tecnológicos.

Cuanto trabajó para Sony se especializó en partidas de juegos online, por lo que al comenzar a trabajar en EA se encargó de producir uno de los juegos en línea más populares de la empresa: ‘Los Sims Online‘. Ella fue directamente responsable de todo el diseño y la implementación de características de juego en línea.

En su etapa en Ubisoft ha sido productora ejecutiva de la afamada saga ‘Assassin’s Creed. Se encarga de supervisar el desarrollo del juego en cuanto al desarrollo técnico y creativo del mismo, así como del mantenimiento de calendarios y presupuestos. Asimismo, actúa como enlace entre el personal de desarrollo y el editor, o el personal ejecutivo, para asegurar que el juego sea entregado en el tiempo estipulado.

Esta chica es una joya, pues también tiene una licenciatura en Bellas Artes y forma parte de la junta de administración en Quebec de LOVE, una organización sin fines lucrativos dedicada a reducir la violencia juvenil en Canadá.

Y como nadie es perfecto, de ella tampoco se podría pasar por alto un pequeño problemilla que tiene: es demasiado guapa y atractiva. ¿Y esto es un problema?, os preguntaréis. Pues aunque no debería serlo, para Jade sí lo fue.

Durante la promoción de la primera parte de ‘Assassin’s Creed’, en 2007, gran parte de los profesionales del sector acusaron a la señorita Raymond de estar acaparando la atención más ella que el propio videojuego. Desde las trincheras se instó a Ubisoft a que dejara de utilizar la belleza y el atractivo físico de la mujer como un reclamo de marketing para ganarse a la prensa especializada.

Jade Raymond en la presentación de 'Assassin's Creed' en el E3 de 2007

Jade Raymond en la presentación de 'Assassin's Creed' en el E3 de 2007

El machista mundo de la industria de los videojuegos provocó una reacción en cadena a la que se sumaron muchos sitios web del entorno, como el blog Kotaku, que aseguraba que “Jade es atractiva para la prensa de videojuegos; por supuesto que vas a escribir sobre ella. Y una vez de que lo hagas, sucede que Ubisoft va a impulsar más su imagen, porque se dan cuenta de que tiene muy buena cobertura mediática“.

Habría sido francamente feo que Ubisoft Toronto hubiera utilizado a Jade Raymond como reclamo erótico de mercadotecnia, pero todavía habría sido mucho peor si eso no hubiese ocurrido nunca y el resto del mundo lo hubiera visto así. La testosterona de macho dominante aflora tanto por un lado como por el otro.

La historia se agravó posteriormente hasta límites desagradables, cuando la web Something Awful publicó un cómic pornográfico en el que se veía a  Jade Raymond hacer felaciones a tres jóvenes gamer a cambio de que le compraran el videojuego ‘Assassin’s Creed’. Ubisoft demandó a Richard “Lowtax” Kyanka, creador de la web donde apareció el cómic porque, según la empresa, infringía la propiedad intelectual y el copyright de la marca ‘Assassin’s Creed’, así como los derechos privados de Jade Raymond. Se comentó literalmente que era “un cómic vil y descarado, que ha causado un daño inconmensurable a la Sra. Raymond y a la reputación de su carrera, constituyendo una grave infracción de sus derechos personales y de su privacidad”.

Desde aquel suceso, el cómic fue reiteradamente retirado de las diversas páginas web donde era colgado. Es por ello que no seré yo quien lo reproduzca aquí y ahora. (Pero, hombre, un enlace de otra página que sí se ha jugado el tipo siempre puedo colocar, ¿no?).

Jade Raymond debió de terminar bastante tocada con aquel asunto y, desde entonces, se deja ver muy poco, cuando siempre había participado en congresos, presentaciones y actos del sector de los juegos de vídeo. Aún así le siguieron lloviendo rumores, como aquel que apareció en los foros de GameTrailers.com que aseguraba que la muchacha se desnudaría para la publicación Maxim en el número de diciembre de 2007, bajo el titular “Chicas de videojuegos”. La propia Jade no tardó en desmentir tal bulo, argumentando que jamás haría algo así y que le ofende que la gente piense que fuera capaz de hacerlo.

Qué triste tener que hablar de este tipo de temas acaecidos en pleno siglo XXI. Si Jade Raymond hubiera sido un cardo borriquero, más fea que un callo malayo, ¿habría sucedido lo mismo? ¿Habrían acusado a Ubisoft Toronto de promocionar el juego de manera obscena? Aunque queda una última pregunta más dura, si cabe: ¿habría Ubisoft Toronto permitido dar la cara a su productora?

Sea como fuere, y tuviere la culpa quien la tuviere, tanto por parte de unos como de otros deberían haber considerado las declaraciones y las actuaciones antes un poquito. Mientras el culto al cuerpo (femenino o masculino) sea más importante que el culto a la persona se seguirán dando situaciones como esta. Somos animales y como animales nos comportamos.

Llega el aPad, el tablet androide

aPad E7001

aPad E7001

No todo es hablar de la manzana mordida cuando a un Tablet PC nos referimos. Esta clase de equipos existen desde hace mucho tiempo, y los hay para todo tipo de gustos y colores, pero últimamente se han popularizado y están alcanzando unas cuotas de mercado inimaginables sólo hace unos años

El iPad llegó repletito de taras e inconvenientes, con duras críticas que no hicieron más que aumentar su notoriedad y sus índices de venta. Un tablet con sistema operativo propietario producido por una empresa que cada vez se parece más a un monopolio de políticas muy restrictivas en cuanto a contenidos para sus aparatos. 

Por fortuna no todo es así. Llega el aPad, el tablet basado en el sistema operativo libre Android de Google, un entorno que se come cada vez una porción mayor de la tarta en lo que a plataformas móviles de refiere. Robusto, estable y versátil, es el sistema operativo de moda, y se monta en teléfonos móviles y en ordenadores tipo netbook y tablet, sobre todo. Se desarrolla de forma abierta y se puede acceder tanto al código fuente como al listado de incidencias, donde podemos visualizar problemas aún no resueltos y enviar inconvenientes nuevos. 

El aPad E7001, más conocido como iRobot (no confundir con la aspiradora), monta concretamente la versión 1.5 de Android (basada en el kernel de Linux 2.6.27), que introduce grandes mejoras con respecto a las anteriores ediciones, sobre todo en velocidad, tiempos de acceso y soporte de funcionalidades. 

Sus características técnicas son envidiables. Su CPU es nada menos que una Rockchip RK2808z de doble núcleo (de la serie 2808 de la empresa Fuzhou Rockchip Electronics Company), derivado de la licencia ARM926EJ-S, que incorpora en el propio chip un coprocesador DSP y trabaja a una velocidad de reloj nativa de 600 MHz + 500 MHz (primer + segundo núcleo). Esto significa que es capaz de ejecutar instrucciones ARM a 660 DMIPS, un 26% más rápido que el procesador A4 de Apple (el que integra el iPad, sí). 

Conectores del iRobot

Conectores del iRobot

Lleva una memoria integrada de 128 MB DDR, disco duro NAND flash de 2 GB (ampliable hasta 32 GB vía MicroSD), webcam, 2 puertos USB 2.0, micrófono interno, altavoces estéreo, salida de auriculares, ranura MicroSD, pantalla táctil de 7″ TFT LCD (con una resolución máxima de 800 x 480), conexión Wi-Fi 802.11b/g, acelerómetro y cámara de fotos de 1,3 megapíxeles

El dispositivo pesa sólo 332 gramos e incorpora una batería de hasta 5 horas de autonomía (3.000 mAh). Toda una joya con sistema operativo completamente traducido al español y con las aplicaciones más populares del Google Android Market preinstaladas (Skype, MSN Messenger, Google Maps, Gmail, etcétera). 

Su procesador de doble núcleo permite dedicar uno de ellos exclusivamente al apartado gráfico, por lo que, gracias a esta aceleración por hardware, es capaz de mover vídeos y animaciones Flash mucho más fácilmente que otros dispositivos de su estilo, porque éste sí, acepta Flash como animal de compañía. Además, y para redondear más el círculo, es multitarea (no como otros). 

Vista frontal del iRobot

Vista frontal del iRobot

¿Y el precio? De morirse de risa. ¿Cuánto pagarías por él? Olvídate, no pienses, ya te lo digo yo: 158,45 € (precio final, esto es, IVA y portes incluidos); unos 212,52 $, al cambio de hoy. Además puedes comprarlo consiguiendo algún descuentillo en función de las unidades adquiridas. Teniendo en cuenta que el iPad de Apple se mueve entre los 488,00 € y los 793,00 € (el más barato y el más caro), la verdad es que es una muy buena opción que tener en cuenta. Un chollo, vaya

Realmente es un cacharro bastante bonito y muy potente. Si lo quieres ver en marcha, te dejo el vídeo siguiente (en inglés) que es una reseña sobre las primeras impresiones del producto. 

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Si eliges un iPad antes que un aPad, Dios mata a un gatito. No seas cruel

Cómo nos intentan controlar vía RFID (y el peligro que ello supone)

Chip RFID bajo una etiqueta

Chip RFID bajo una etiqueta

Han pasado ya bastantes años desde la implantación de la tecnología de los chips RFID en nuestras vidas. En todo este tiempo no se ha trabajado ni un ápice en la seguridad del sistema, sin embargo se han derrochado medios para que estos pequeños chivatos digitales aparezcan como champiñones por doquier. El concepto que se tiene sobre la infalibilidad de este sistema varía en función de a quién se pregunte, y es que los expertos de gobiernos, entidades y administraciones continúan valorando RFID como algo invulnerable, mientras que los expertos de verdad siguen considerando esta tecnología poco menos que desastrosa. ¿Quieres saber más? Acompáñame.   

RFID (siglas de Radio Frequency IDentification, en castellano “identificación por radiofrecuencia”) es un sistema de almacenamiento y recepción de datos remotos que funciona mediante radiofrecuencia. Digamos que es como el siguiente paso evolutivo de los códigos de barras pero con mucha mayor funcionalidad y más prestaciones, ya que no necesita de la visión directa entre lector y etiqueta y, además, se puede utilizar a varios metros de distancia. Asimismo, permite almacenar datos variables, cosa que los códigos de barras son incapaces de hacer.   

Para que nos entendamos todos de una vez, son los chips que llevan los perros implantados desde hace años para, en caso de pérdida, robo o abandono, identificar al can. Si un perro es abandonado vilmente en una gasolinera, el chip RFID nos revelará inmediatamente cuál es el nombre del animal (y también cuál es el nombre del perro).   

El sistema funciona mediante dos elementos: el chip (o etiqueta) RFID, propiamente dicho, y un sistema de base que puede leer y escribir en el chip a distancia. La base (transceptor o interrogador) genera un campo de radiofrecuencia que alcanza al chip (o transpondedor). Estos chips, normalmente, son pasivos, es decir, no necesitan de corriente eléctrica para funcionar, porque es el propio campo de radiofrecuencia generado por el lector el que alimenta el circuito mediante una señal rectificada. Cuando el chip dispone de la energía necesaria, transmite sus datos al transceptor, y éste detecta esos datos como una perturbación del propio nivel de la señal y los procesa según el software determinado que controle el sistema.   

Existen multitud de sistemas interrogadores (bobina simple, doble bobina, diferentes frecuencias…) y también distintos tipos de chips RFID (pasivos, activos y semipasivos), pero en este post no bajaremos a bucear a las profundidades de la tecnología, sino que nos quedaremos flotando en la superficie, divisando el horizonte tecnológico que nos depara.   

Las aplicaciones de RFID para una mente geek pueden ser infinitas, pero, como en todo, la seguridad ha de ser uno de los factores primordiales que deben tenerse en cuenta, sobre todo por las recientes implementaciones que se están poniendo de moda en pasaportes o DNI electrónicos, tarjetas de crédito inteligentes u otros medios de pago. No son pocos los hackers éticos que han desarrollado hardware que leen a pocos metros de distancia un chip RFID y, en cuestión de segundos, desencriptan su información y piratean los datos más sensibles. Estas informaciones han sido puestas en conocimiento de los más directos responsables, pero el orgullo de muchos es inversamente proporcional a su capacidad de humildad y se niegan a admitir sus fallos.   

El siguiente vídeo (en inglés) muestra cómo el experto en seguridad, futurista y hacker Pablos Holman revienta la seguridad de una tarjeta American Express provista de un chip RFID con un aparatejo que puede costar tan solo 8 $.

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Estos hackers, además, han demostrado físicamente en más de una ocasión que los chips RFID pueden ser leídos desde 10 metros de distancia, tumbando por los suelos las diferentes especificaciones de los estándares que adjudicaban una distancia máxima de lectura de 10 centímetros. De todos modos, es posible, con hardware más potente, leer estas etiquetas desde mucha más distancia, incluso a más de 1,5 kilómetros.   

Teniendo en cuenta que es una tecnología inalámbrica y que las transmisiones inalámbricas se pueden interceptar fácilmente, el aspecto de la seguridad es vital. Los modernos sistemas de pago o identificación permiten que, por ejemplo, circulemos en coche por la autopista y al llegar al peaje no tengamos ni que detenernos, porque un aparato interrogador identifique nuestra tarjeta RFID a metros de distancia y automáticamente nos cargue el pago en nuestra cuenta corriente y nos abra la barrera. Por otro lado, el proceso de entrar en un aeropuerto extranjero mediante un pasaporte electrónico se hace menos tedioso, ya que las etiquetas RFID de nuestros documentos nos identifican antes de llegar siquiera al arco de seguridad.   

Varios países han propuesto la implantación de dispositivos RFID en sus nuevos pasaportes para aumentar la eficiencia en las máquinas de lectura de datos biométricos. El experto en seguridad Bruce Schneier dijo a raíz de estas propuestas: “Es una amenaza clara tanto para la seguridad personal como para la privacidad. Simplemente, es una mala idea”. Por ejemplo, un asalto cerca de un aeropuerto podría tener como objetivo a víctimas que han llegado de países ricos, o un terrorista podría diseñar una bomba que funcionara cuando estuviera cerca de personas de un país en particular, información recabada del chip RFID de sus pasaportes.   

Las aplicaciones aparentemente más inocuas pueden llegar a ser peligrosas. Desde su aparición se esta intentado vender la tecnología RFID como una evolución de los códigos de barras. La caja de cereales que compramos todas las semanas en el supermercado, por ejemplo, puede llevar un minúsculo chip RFID con información sobre la marca, el precio y la fecha de caducidad. Esto, que puede parecer una tontería, se vuelve peligroso cuando volvemos a casa, ya que los chips siguen estando ahí para siempre y siguen respondiendo a las llamadas de un transceptor. Cualquier persona con no muy buenas intenciones podrían hacer un escaneo sobre nuestra casa y conocer hasta nuestros datos más íntimos: la ropa que tenemos en el armario, los cereales que consumimos, la marca de nuestro televisor o la frecuencia con la que compramos preservativos. La información es poder, y el poder en malas manos no es algo precisamente bueno.   

Lo anterior puede parecer un juego de niños cuando los chips RFID campen a sus anchas por tarjetas de crédito, móviles con sistemas de pago y libretas de ahorro. Cualquiera podría identificar esas emisiones a distancia y soplarnos todo el dinero de nuestra cuenta corriente en un abrir y cerrar de ojos. Por ello, una de las enmiendas de seguridad que se exigen a los estándares desde siempre es que los chips RFID no almacenen muchos datos sobre una persona (como hacen ahora), sino una simple referencia que es cotejada por el software del receptor al recibirla. Por ejemplo, el chip de una tarjeta de crédito no debería guardar el nombre, apellidos, dirección, fecha de expiración y PIN de un usuario, sino simplemente un número de registro que el receptor consulte en una base de datos para extraer el resto de información y validarlo.   

El vídeo siguiente (en inglés) demuestra como el experto hacker Chris Paget es capaz de clonar, con un sistema fabricado por él, decenas de pasaportes RFID sólo dándose una vueltecita con el coche.   

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El problema ya no es que sea posible clonar las tarjetas RFID (que lo es), sino que se puede hacer por muy poco dinero y a bastante distancia. Lo que ha demostrado Chris Paget es que con 250 dólares ha podido montar un sistema con el que puede leer el identificador RFID de los pasaportes a una distancia de 10 metros.   

Otro ejemplo en el que está involucrado el RFID son las tarjetas de transporte utilizadas en muchas ciudades. Un equipo de una universidad holandesa demostró como era posible clonar las Oyster card, la tarjeta que se utiliza en el transporte público de Londres. Las autoridades minimizaron este problema indicando que son capaces de detectar tarjetas clonadas y que, por tanto, solo serviría para viajar durante un día. Cosa que nadie se creyó.   

Si ya es peligroso perder de vista la tarjeta de crédito en un restaurante o en un peaje porque la pueden clonar, ¿qué va a ocurrir ahora que se van a poder duplicar tarjetas a distancia, sin necesidad de tener acceso físico a ellas, mediante un simple barrido? Si esto no requiere de una mayor seguridad que baje Dios y le eche un vistazo.   

El último grito en lo que a moda pijoleta se refiere es la implantación de chips RFID en las personas, bajo la piel. Se pueden utilizar para abrir la puerta de tu casa o de tu coche con solo acercarte a ella, para la identificación de empleados a la entrada de una empresa y en el acceso a áreas sensibles restringidas o, el súmmum de la subnormalidad profunda (con todos mis respetos a las personas afectadas de algún tipo de retraso), para entrar a una discoteca sin necesidad de esperar colas e, incluso, para pagar en la barra.   

La ciudad de Barcelona fue pionera en esta chorrada, nunca imaginada por los fabricantes de RFID. En el año 2004, la discoteca Baja Beach anunciaba a sus clientes la posibilidad de implantarse un chip que les permitiría evitar las colas de entrada, acceder al área VIP o no pagar inmediatamente las bebidas, anotándolas en su cuenta. En fin…   

A dónde vamos a llegar. Esta historia me recuerda (aunque no tenga nada que ver con los chips RFID) a la patente aquella que hace más o menos un año le fue denegada a un inventor árabe y que proponía un diminuto chip injertable que contenía un pequeño GPS y una cápsula de cianuro. El objetivo era controlar a delincuentes peligrosos que, si se escapaban, no llegarían muy lejos al ser liberada remotamente la dosis letal. No es que la realidad supere a la ficción, es que vamos copiando las puñeteras películas americanas punto por punto.   

Un mundo futuro RFID es la utopía de todo geek, pero si la seguridad no es absoluta mejor que volvamos a guardar el dinero en el colchón y a abrir las puertas con una llave metálica. Aunque como soñar es gratis, soñemos.   

Año 2050 (seguro que me quedo corto); el chip RFID es algo tan común como lo era el DNI del siglo pasado. Personas, animales y objetos tienen chips implantados, tecnológicamente muy avanzados, que los identifican al más mínimo detalle.   

Te levantas de la cama y entras en la cocina; los electrodomésticos te detectan inmediatamente y en cinco minutos tienes preparado el desayuno. Mientras, el televisor ha sintonizado tu programa favorito, las noticias de la mañana. Mala suerte, tus hijos acaban de levantarse también y la televisión ha cambiado de canal para mostrar dibujos animados y ha bloqueado todos los canales pornográficos dejándolos innaccesibles. ¡Mierda!, te dices, a ver cuando cambio esa programación que el cabeza de familia soy yo y me tengo que tragar todas las mañanas los programas infantiles.   

Tu mujer ya se ha encargado de ordenar al frigorífico que prepare la lista de la compra, en función de las unidades restantes en su interior identificadas por sus propios chips. Lo único que tienes que hacer es descargar la lista en tu teléfono móvil y marchar corriendo para que te dé tiempo a llegar a trabajar.   

Diriges tu carrito, cabizbajo, por los pasillos del supermercado y ves cómo se encienden pequeños leds bajo los artículos que necesitas comprar, detectándolos el sistema del establecimiento al conectarse a la aplicación de lista de la compra de tu celular. Lo malo es que siempre se encienden también esas malditas bombillitas naranjas que te ofrecen productos que no necesitas, pero que están en oferta y te convendría comprar también. Siempre caes en la tentación de alguna galletita de chocolate, y el gran hermano lo sabe.   

Con el carro lleno te diriges a las cajas. ¡Qué tiempos aquellos en los que te desesperabas porque la cola no avanzaba mientras una señora mayor colocaba prudentemente la compra en la cinta transportadora! Ahora sólo tienes que salir; un barrido a todos los chips RFID de los artículos del carro identificará cada cosa que te llevas y generará la factura. ¡Diablos! El sistema te indica que los yogures naturales azucarados que llevas caducan mañana. Bueno, te dices, no tengo tiempo de cambiarlos, esta noche toca maratón de lácteos. Un último escaneo RFID carga el importe de la compra en tu tarjeta de crédito. La puerta se abre; puedes salir.   

Como siempre, llegas tarde al trabajo; se encarga de recordártelo el sistema de tu empresa el entrar por la puerta y detectar tu chip para fichar y anotar tu hora de llegada. Pasas el día como puedes entre cafés a media mañana, que pagas con solo acercarte a la máquina, y comida al mediodía que te sirve amablemente una máquina, la cual conoce a la perfección tus gustos culinarios, pero decide ponerte a dieta por el exceso de calorías que acumulas últimamente.   

El día termina como siempre. Los niños se han dormido, y tu mujer se lava los dientes antes de meterse a la cama contigo. El despertador se ha programado de forma automática en cuanto te ha detectado cerca para sonar inexorablemente al día siguiente. Mientras se cierran tus ojos, piensas otra vez más en el día en que una fulguración solar gigantesca produzca un impulso electromagnético que mande a tomar por culo todo lo que tenga circuitos electrónicos sobre la faz de la Tierra.   

Y yo me pregunto, ¿de verdad nos gustaría vivir así?

NOTA FINAL: Existe una web que proclama el boicot contra la tecnología RFID y se declara contraria a esta intromisión en la privacidad de las personas. Por si te interesa es Spychips.

Matrículas geek (III)

Tercera entrega de la colección de matrículas de coche más geek del momento.

Un Ford internamente muy bien organizado

Un Ford internamente muy bien organizado

Este Golf terminará cascando tarde o temprano

Este Golf terminará cascando tarde o temprano

Geoposicionamiento de serie

Geoposicionamiento de serie

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