Entradas de la categoría ‘Cacharros antiguos’

Así era el ingenioso y curioso puzle ‘Crossover’ que comercializó Nintendo en 1981

Crossover

Crossover

Aun estando ocupado el jefe de investigación y desarrollo de Nintendo, Gunpei Yokoi, supervisando el despliegue de las series Silver y Gold de las maquinitas Game & Watch, encontró tiempo para crear una especie de segunda parte de su afamado puzle Ten Billion Barrel de 1980. Aquel nuevo rompecabezas se dio en llamar Nintendo Crossover.

A diferencia de Ten Billion Barrel que fue un gran éxito en todo el mundo, del Crossover sólo se fabricaron unas pocas unidades que no salieron del mercado japonés y estadounidense, por lo que es uno de los artículos más raros, buscados y cotizados de la época juguetera de Nintendo.

El Crossover, anunciado a bombo y platillo como “rompecabezas de luz polarizada“, fue puesto en el mercado en el año 1981 en tres variantes de color diferentes: verde, rojo y morado; costaba 1.000 yenes de la época.

Crossover

Crossover

Era un puzle muy japonés, de mecánica harto sencilla y dificultad endiablada; un artilugio de sección cuadrada y bordes redondeados, con controles deslizantes en los lados que mueven pequeñas teselas o baldosines para crear distintos patrones de color. El objeto del divertimento es sencillo: mover los cuadraditos hasta que todos tengan el mismo color. Cada tesela puede cambiar entre dos colores, el del propio Crossover y blanco (más bien gris, realmente).

Crossover

Crossover

El rompecabezas consta de dieciséis teselas cuadradas dispuestas dentro de una carcasa de plástico en forma de cuadrícula de cuatro filas y cuatro columnas. Las teselas son visibles a través de una tapa transparente, y el objetivo del juego es organizar correctamente la cuadrícula de cuatro por cuatro azulejos de manera que todos muestren el mismo color.

Los pequeños azulejos cambiar de color al moverse siguiendo un patrón que, a primera vista, parece producirse completamente al azar, y es que, a veces, cambian de color y, otras veces, no lo hacen. La verdad es que es bastante desconcertante e intrigante, aunque la culpa de todo la tiene la ingeniería mecánica que lleva por dentro. El juguete tiene cuatro controles deslizantes verticales y cuatro horizontales. Los deslizadores en los extremos opuestos de cada fila y columna están unidos entre sí, por lo que se mueven al unísono. Usando estos deslizadores, podemos mover cuatro teselas al mismo tiempo, en una fila o en una columna.

 

Plano de despiece del Crossover

Plano de despiece del Crossover

¿Y cómo demonios funciona este extraño aparato? La magia de los colores cambiantes se consigue de manera inteligente al polarizar las hojas de plástico que filtran las ondas de luz en una dirección: vertical u horizontal. El interior del Crossover contiene dieciséis pedazos de hojitas de plástico polarizadas, ocho de manera vertical y ocho de forma horizontal. Cada uno de los azulejos del rompecabezas también contiene una pieza de plástico polarizada (ocho verticalmente y ocho horizontalmente), lo que produce que, al mirarlos, lo hacemos a través de dos capas de lámina polarizada. Si ambas capas tienen el mismo tipo de polarización, la luz brilla y el mosaico se ve de color blanco; si las polarizaciones son diferentes, la luz se bloquea y lo que se ve es el color del plástico (verde, rojo o morado).

Esquema de funcionamiento del Crossover

Esquema de funcionamiento del Crossover

Debido a este mecanismo, cada azulejo es capaz —aparentemente y como por arte de magia— de cambiar o de mantener su color cuando se mueve una posición deslizando por una fila o una columna.

El rompecabezas Crossover fue una invención original Gunpei Yokoi para Nintendo, a la que se le concedió la patente estadounidense número 4.402.510 en 1983. Fue un ingenioso rompecabezas que ofrecía un verdadero desafío, el cual podía llevar bastante tiempo solucionar.

Patente del Crossover

Patente del Crossover

En el sitio web de rompecabezas Jaap’s Puzzle Page podemos encontrar los pasos para solucionar el Crossover, así como todas las combinaciones de movimientos y posiciones posibles, algo que se nos antoja una auténtica locura.

Crossover

Crossover

El «vocoder»: distorsionando la voz humana desde la Segunda Guerra Mundial

Vocoder

Vocoder

Un vocoder (acrónimo anglosajón que proviene de voice coder, o codificador de voz) es, básicamente, un aparato capaz de analizar y sintetizar la señal de la voz humana para transformarla, encriptarla, comprimirla, multiplexarla o cualquier otra acción que se desee hacer sobre ese audio. El primer vocoder fue desarrollado en 1928 por el ingeniero Homer Dudley de los Laboratorios Bell —le llamaron Voder, de Voice Operating Demonstrator—.

Aquel vocoder enseguida llamó la atención del ejército estadounidense que, pocos años más tarde, se metería de lleno en la Segunda Guerra Mundial. Así las cosas, bajo diversos nombres en código como “Cliente Especial”, “Avispón Verde”, “Proyecto X-61753”, “Rayos X” o “SIGSALY”, los americanos comenzaron a distorsionar el habla humana de manera profesional en aquella guerra, sobre todo en respuesta a la excelencia de las escuchas telefónicas nazis.

El aparato funcionaba dividiendo la voz en sus frecuencias constituyentes y difundiéndola sobre diez canales distintos, de modo que cualquiera que captara el mensaje en tránsito sólo oiría ruido. Los espías alemanes, probablemente, escucharían algo así como el zumbido de un montón de abejas. El costo de esta seguridad, sin embargo, fue casi la destrucción total del mensaje en sí; la voz, reunida de esos diez canales en el otro extremo, sonaba como un robot borracho.

Vocoder

Vocoder

La máquina terminó robofiltrando algunas de las conversaciones más cruciales del siglo XX: las voces de Roosevelt, Churchill, Truman o JFK hablaron a través de ella sobre el Día D, el bombardeo de Hiroshima o la Crisis de los misiles en Cuba. Otros, como el presidente Lyndon Baines Johnson, odiaban el aparato; se cuenta que Johnson lanzó su auricular desde el Air Force One porque era incapaz de manejar aquellos botones.

Aquel primer vocoder era, sobre todo y además de todo, fabulosamente poco práctico, como la mayoría de la electrónica de la época. La versión militar completa pesaba 55 toneladas y tenía el tamaño de una casa con tres dormitorios y un garaje. Su sistema de refrigeración por aire medía casi tres metros de alto y pesaba cuatro toneladas y media. Trasladar aquel engendro requería de una barcaza y un portaaviones. Y, sin embargo, también era extremadamente delicado: cada unidad vocoder contenía dos platos giratorios que hacían sonar discos de vinilo con ruido aleatorio y, para que una conversación funcionara, esos platos debían sincronizarse con otro par de platos en el extremo receptor; si alguno de ellos estaba ligeramente desincronizado, no funcionaba correctamente y la transmisión se perdía.

Vocoder

Vocoder

A medida que las guerras de Estados Unidos se hacían cada vez más abstractas, el vocoder se hacía más pequeño y más fácil de manejar. Se volvió digital y cambió los discos de vinilo por tarjetas perforadas como las de las computadoras de la época. Terminó saliendo del ámbito militar y aplicándose a todo tipo de proyectos civiles, como dar voz a la gente muda, permitir conducir a parapléjicos a través del habla y hasta se convirtió en juguete educativo: el Speak & Spell. También se utilizó en películas y en series televisivas y de animación como voz robótica enlatada, por ejemplo en ‘Tron’, ‘Battlestar Galactica’ o ‘Transformers’.

Esquema del vocoder

Esquema del vocoder

Sin embargo, el uso más revolucionario del vocoder llegó desde el mundo de la música pop, el rap y el funk, cuyos pioneros (gente como Afrika Bambaataa, el grupo Jonzun Crew o Grandmaster Flash) lograron convertir el crujido inhumano de la máquina en un instrumento de extraña expresividad.

Todo un invento que, como otros muchos, comenzó siendo un proyecto militar para, posteriormente, terminar totalmente inmiscuido en la vida civil.

Vocoder

Vocoder

El primer instrumento musical eléctrico era de 1759

Clavecin électrique

Clavecin électrique

Construido por el sacerdote jesuita Jean-Baptiste Delaborde en el año 1759 en París, el clavecín eléctrico (clavecin électrique, en francés) fue el primer instrumento documentado que utilizaba la electricidad para crear sonidos musicales. Un clavecín, o clavicémbalo, es un instrumento musical de cuerda pulsada y teclado que se sirve de un pequeño plectro (púa), originalmente de pluma o cuero, para punzar las cuerdas desde abajo.

Sin embargo, el clavecín eléctrico no fue un aparato de cuerda al uso, sino un instrumento de tipo carillón con teclado que utilizaba una carga eléctrica estática para hacer vibrar unas pequeñas campanas metálicas. La electricidad le era suministrada por un dispositivo conocido como botella de Leyden, un antepasado lejano del actual condensador que permitía almacenar cargas eléctricas.

Clavecin électrique

Clavecin électrique

De esta manera, el clavecín eléctrico otorgaba a quien lo operaba la posibilidad de crear una serie sostenida de notas de campana, similar al sonido de un órgano. En el libro ‘The Harpsichord and Clavichord: An Encyclopedia‘ explican su funcionamiento del siguiente modo: “Dos campanas de metal afinadas en el mismo tono se cuelgan de un bastidor, una mediante un hilo de seda y, la otra, por medio de un alambre metálico. Basándose en los principios de la electricidad estática, un sacudidor, también colgado de un hilo de seda, es atraído o rechazado alternativamente por cada campana tan pronto se presiona o se libera una tecla, creando así campos eléctricos positivos y negativos en las campanas”.

Clavecin électrique (Bibliothèque nationale de France)

Clavecin électrique (Bibliothèque nationale de France)

El clavecín eléctrico fue muy bien recibido por la prensa y el público, pero, posteriormente, no se invirtió más dinero en su desarrollo, y el instrumento quedó tal cual se inventó. El propio modelo que Delaborde construyó sobrevive y se mantiene en la Biblioteca Nacional de Francia, en París (imagen anterior). A continuación, podemos ver un extracto de la descripción —en francés— que hizo del clavecín eléctrico el escritor Marc Michel Rey en 1759 en su libro ‘Le journal des sçavans, combiné avec les mémoires de Trévoux‘.

Clavecin électrique (Marc Michel Rey)

Clavecin électrique (Marc Michel Rey)

Sony TPS-L2, el primer walkman

Walkman Sony TPS-L2

Walkman Sony TPS-L2

El TPS-L2 fue el primer reproductor de casete personal, en formato estéreo, comercialmente disponible para las masas. Aparecido en 1979, este primer walkman de Sony utilizaba como soporte para almacenar la música una cinta de casete compacto de Philips (el Compact Cassette) que permitía almacenar hasta 60 minutos —30 minutos por cada cara— con una calidad aceptable. Sony ya había utilizado estas cintas de casete en una anterior de sus grabadoras portátiles; el walkman primigenio era, realmente, una modificación de aquel aparato, pues no grababa, pero reproducía sonido estereofónico sin altavoz integrado, mediante auriculares que se conectaban a un pequeño conector analógico del tipo jack.

De carcasa metálica, pero más pequeño y ligero que las anteriores grabadoras de Sony, el primer walkman se convertiría durante los próximos veinte años en el precursor del accesorio esencial para los amantes serios y casuales de cualquier tipo de música, cambiando de forma radical la manera de escuchar y disfrutar de la misma.

Walkman Sony TPS-L2

Walkman Sony TPS-L2

La división de grabación en Sony estaba buscando algo que pudiera hacerla tan exitosa como la división de radio. Dirigidos, pues, por el ingeniero Nobutoshi Kihara, crearon un prototipo utilizando la grabadora Sony TCM-600 que terminó siendo un producto ridículamente caro de fabricar, por lo que el cofundador, y presidente a la sazón, de Sony, Akio Morita exigió que se encontrara la manera de reducir los costos significativamente.

El walkman, pues, como muchos grandes éxitos en la historia, fue realmente un accidente. No fue lanzado ni planeado cuidadosamente porque, en Sony, la gente no estaba segura de que existiera un mercado para ello. Eso explica por qué el TPS-L2 compartió tantos componentes con la grabadora de cintas TCM-600.

Auriculares Sony

Auriculares Sony

‘Walkman’, como marca, se volvió tan icónica en aquellos años que llegó a entrar como acepción válida en el Oxford English Dictionary (también en el diccionario de la RAE), sin embargo, comenzó su andadura como diseñada a trompicones y de manera muy rápida. Cuando Sony empezó a exportar el walkman a otros países, se dieron cuenta de que el nombre podría sonar incómodo para los angloparlantes. La empresa decidió, pues, cambiar de nombre al dispositivo y pasar a llamarlo ‘Soundabout’ en todo el mundo, con la excepción de Reino Unido y Suecia, que recibieron las marcas ‘Stowaway’ y ‘Freestyle’, respectivamente.

Sin embargo, al poco se dieron cuenta de que el nombre de ‘Walkman’ se estaba imponiendo ya entre los consumidores, por lo que Sony hizo un rápido viraje y volvió a empujar ese nombre a nivel mundial, ahora con mucha más fuerza. Es por ello que los primeros TPS-L2 simplemente llevaban rotulada la palabra ‘STEREO’ en relieve en la portezuela del casete, para, poco después, incluir ya el término ‘WALKMAN’ (imagen siguiente).

Sony TPS-L2 sin y con serigrafía 'WALKMAN'

Sony TPS-L2 sin y con serigrafía ‘WALKMAN’

Como decíamos antes, el TPS-L2 utilizó la carcasa básica y las partes mecánicas del casete grabador TCM-600 de Sony. Los únicos cambios en esas partes mecánicas fueron la inclusión y ajuste de una cabeza de cinta estéreo de lectura, la eliminación de la tecla de grabación, la palanquita de protección contra borrado, el cabezal de borrado y el contador de vueltas de la cinta. El funcionamiento mecánico de la carcasa, por su lado, que fue diseñada originalmente de forma más práctica para dictar y grabar voz y sonidos en lugar de para escuchar música, se consideró de todas maneras conveniente para la reproducción de música de la alta fidelidad.

El TPS-L2 tampoco tenía altavoz, pues se servía únicamente de auriculares para la escucha. Sin embargo, las molduras en el chasis que alojaban el imán del altavoz del TCM-600 son todavía visibles en aquel primer walkman de Sony. La eliminación del circuito de grabación significó también la eliminación de la toma de micrófono, aunque el micrófono interno permaneció hábil. Ello se utilizó para la, hoy afamada en este modelo, función ‘Hot Line‘: al presionar un botón naranja en la parte superior de la máquina (instalado donde antes se encontraban los controles de grabación y de reproducción rápida) se atenuaba el sonido del casete y se habilitaba el pequeño micrófono interno, haciendo que nuestra voz tapara parcialmente el sonido de la cinta, permitiéndonos hablar o cantar por encima de la música (una especie de karaoke primigenio).

Botón de función 'Hot Line'

Botón de función ‘Hot Line’

Este primer walkman de Sony se vendió en los inicios bastante mal, pero una hábil campaña de marketing enseguida disparó las ventas del dispositivo. No era precisamente barato (alrededor de 115 € de la época, con la opción de un segundo conjunto de auriculares MDR-3 que costaban costaban alrededor de 17 € extra), pero inició una novedosa forma de disfrutar de la música. Todo un nuevo mercado se había creado, y en un par de años los principales fabricantes de electrónica japonesa habían comenzado a ofrecer algo similar.

La vida moderna en una ciudad como Tokio podía ser estresante, y un dispositivo como el walkman permitió a la gente crear un espacio personal sin molestar a los demás seres humanos circundantes. Parece que resultó que el deseo de crear una burbuja personal usando la música era un anhelo universal, no sólo de los habitantes de la capital de Japón. El walkman lo cambió todo en aquel momento, y el TPS-L2 fue el primero.

Así eran las impresoras de margarita

Margarita

Margarita

Hubo un tiempo, hace treinta o treinta y cinco años, en el que tener una impresora de impacto de “calidad de carta” significaba que la máquina imprimía texto usando tipos preformados al estilo de las antiguas máquinas de escribir. Algunas de aquellas impresoras poseían estos elementos conformados en estructura de cilindro o de esfera, pero las más entrañables y de más impecable manufactura eran las impresoras de margarita, donde los caracteres se proyectaban sobre el papel desde una rueda central que tenía una forma semejante a la flor del mismo nombre. Era lo que los anglosajones llamaban daisy wheel printer.

Rueda de Lanier con fuente Prestige Elite 12

Rueda de Lanier con fuente Prestige Elite 12

Las impresoras de margarita producían texto de alta calidad —conocida como “calidad de carta” (letter-quality)— en contraste a las impresoras matriciales de la época. Funcionaban girando la rueda hasta el carácter apropiado y, en ese momento, golpeando la parte posterior de él contra una cinta de tinta, dejando así una marca en el papel. Cada margarita podía incluir una fuente diferente y un tamaño de tipo distinto en función de la empresa que la fabricara. Así pues, tanto fuentes como tamaños se podían cambiar de forma tan sencilla como reemplazando una rueda por otra.

Algunas de aquellas impresoras, especialmente los últimos modelos de alta gama, eran capaces de imprimir en negrita, doblando o triplicando el impacto en el carácter que se quería conseguir más oscuro; o, también, mediante un control de precisión que avanzaba ligeramente el carro para impactar una segunda vez y conseguir así un carácter más ancho y más negro.

Margarita

Margarita

Esta forma de trabajar reproducía las fuentes usando una técnica radicalmente diferente a, por ejemplo, las impresoras matriciales, que utilizaban una única matriz de pines metálicos para formar varios caracteres. Sin embargo, las matriciales eran capaces de imprimir gráficos, cosa que las impresoras de impacto no podían hacer.

Las impresoras láser y de inyección de tinta, que producían mucho menos ruido y usaban fuentes basadas en software, hicieron que las de impacto, entre ellas las de margarita, fueran completamente obsoletas para su uso diario junto con un PC a finales de la década de 1980 (aunque muchos fueron los que utilizaron impresoras matriciales hasta mediados de los años noventa debido a sus precios más bajos).

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