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Hackeando el control de presión de los neumáticos de un coche (y más)

Car Hacking

Car Hacking

Los vehículos más modernos de hoy en día son auténticos ordenadores sobre ruedas. Todos los sistemas están controlados por hardware informático, muchos manejados por software y, la mayor parte de ellos, conectados entre sí por cableado o sistemas inalámbricos. Los frenos, el control de velocidad, los diversos niveles, la dirección, la presión de las ruedas, el climatizador, los airbags, los sensores y un larguísimo etcétera; todo está controlado por un computador central que maneja todos los datos y nos los muestra en tiempo real, pudiendo también actuar en consecuencia bajo determinadas circunstancias programadas.

Además de todo ello, un coche actual tiene numerosas entradas y salidas informáticas de datos, como puertos USB, unidades de cederrón, Wi-Fi, conexiones Bluetooth, controles remotos, señales GPS o XM. También, para rizar el rizo, disponemos de diversos sistemas de comunicación o protocolos, como CAN Bus, LIN Bus, MOST, FlexRay, Ethernet, RFID, TPMS o V2V.

Sistemas accesibles

Sistemas accesibles

Vamos, que rodamos en auténticos ordenadores muy potentes, con una gran cantidad de aparatos controlados informáticamente y compartiendo información con el exterior constantemente. ¿Qué más quiere un hacker como reto? Cualquier vehículo moderno que circula por nuestras calles es, potencialmente, un ordenador accesible, y un experto en seguridad, un hacker, podría realizar técnicas informáticas de penetración con éxito desde el exterior.

Por acotar un poco este vasto tema, nos vamos a centrar en un único asunto: el control de presión de los neumáticos, técnicamente el denominado Sistema de Monitorización de la Presión de los Neumáticos, en inglés Tire-Pressure Monitoring System, y más conocido por sus siglas TPMS. El TPMS es uno de esos elementos de seguridad activa que, siendo sencillos, nos ahorran problemas, ya que nos recuerdan la importancia de la presión del neumático. En sí, la función del sistema es esta: avisar al conductor de una pérdida de presión de inflado en los neumáticos.

¿Cómo lo hace? Notificando mediante señales luminosas y acústicas cuando la presión de inflado es demasiado baja, en función de lo que se haya establecido en el sistema. ¿Y cómo funciona técnicamente? Pues empleando ondas de baja frecuencia para comunicarse con el ordenador central.

El sistema TPMS monta un sensor colocado en cada rueda que mide la presión de inflado y transmite el dato a una centralita, la cual puede ofrecerlo desglosado por cada neumático o bien mediante un total general; o simplemente avisa cuando los datos reales no cuadran con los que tiene programados. Cada fabricante decide el funcionamiento exacto de su equipo.

Sensor TPMS

Sensor TPMS

Los sensores incorporan una pequeña batería que les da autonomía para funcionar sin depender de la energía del vehículo. Estos sensores pueden medir la presión y la temperatura del neumático, además de informar al sistema (como decíamos, empleando ondas de baja frecuencia) de su posición en la rueda y del estado de su batería. Al cambiar neumáticos, rotarlos o realizar cualquier otra operación de mantenimiento suele ser necesario volver a calibrar los sensores para evitar problemas de medición.

Estos aparatos tiene un ID único de 32 bits registrado en la centralita electrónica como medio de identificación. La frecuencia varía en cada dispositivo, pero, por lo general, oscila entre los 315 Mhz y los 433 Mhz UHF, con una modulación que puede ser ASK o FSK. Sin embargo, y aunque los dispositivos TPMS suelen permanecer en estado de letargo mientras el coche circula a una velocidad inferior a 32 Km/h (aproximadamente), pueden llegar a ser “despertados” con una señal baja de radiofrecuencia de, por ejemplo, 125 kHz.

Leyendo un sensor TPMS

Leyendo un sensor TPMS

Los posibles ataques que esto implica y que se podrían desarrollar son tres: seguimiento de vehículos, desencadenamiento de eventos y spoofing (o suplantación de identidad). Con respecto al primero de los puntos, es posible realizar el seguimiento de uno o varios vehículos basándonos en sus ID únicos. Se puede configurar una red de múltiples sensores que se encargue de realizar el rastreo de un coche por toda una ciudad. El TPMS transmite cada 60 o 90 segundos mientras no se desencadene una función producida por una emisión RFID. Se puede utilizar, para mejorar el rango de seguimiento, un amplificador de ruido bajo, o LNA.

Para el ataque de desencadenamiento de eventos podemos hacer uso, también, del ID o identificador único para generar eventos cuando el vehículo esté cerca. Y qué tipo de eventos se pueden desencadenar, pues todo depende del grado de perversidad del atacante; alguien con buenas intenciones podría abrir la puerta de un garage cuando el coche está llegando a ella, y alguien con otro tipo de intenciones podría, por ejemplo, detonar un explosivo oculto en la carretera.

Por último, haciendo a honor los ataques de tipo spoofing, podríamos suplantar la identidad del dispositivo para enviar nuestros propios paquetes de datos al sistema central. Estas señales sólo iluminan luces en el tablero o en el salpicadero del coche, pero nuestras inyecciones de código podrían pretender otros objetivos.

En fin, si queremos aprender más sobre todos estos asuntos, porque el hacking de vehículos da para mucha tinta electrónica, podemos recurrir a diversas fuentes. Entre ellas, la web donde podemos descargar las herramientas conocidas como gr-tpms, un software libre (programado en Phyton, para más datos) que sirve para capturar, demodular, decodificar y evaluar los datos de los monitores de presión de neumáticos en automóviles que utilizan GNU Radio (herramienta de desarrollo libre y abierta que provee bloques de procesamiento de señal para implementar sistemas de radio definidos por software). Programado por Jared Boone.

También de Boone es el desarrollo TPMS, un software igual que el anterior pero que sirve para todo tipo, o casi, de dispositivos TPMS genéricos. Otro gran white paper sobre esta materia es el titulado ‘Security and Privacy Vulnerabilities of In-Car Wireless Networks: A Tire Pressure Monitoring System Case Study‘, desarrollado conjuntamente por expertos del departamento de Ciencias de la Computación de la Universidad de South Carolina en Columbia (EE. UU.) y del WINLAB de la Universidad estatal Ruygers de Nueva Jersey , en el municipio de Piscataway (en EE. UU. también).

'Car Hacker's Handbook'

‘Car Hacker’s Handbook’

Por último, comentar la existencia de un libro o manual gratuito (concretamente bajo licencia Creative Commons del tipo CC BY-NC-SA 3.0) titulado ‘Car Hacker’s Handbook‘ y publicado por Open Garages este año 2014. El libro contempla varios vectores de ataques con los que se podría comprometer la seguridad de un vehículo: sistemas de comunicación, sistemas de información y documentación, metodologías inversas para el protocolos CAN Bus, ataques vía Ethernet, sistemas de llaves e inmovilizadores, lectores de unidades ECU y sistemas embebidos, etc.

Quizás un buen momento para recapacitar sobre la seguridad de los coches del mercado actual y cambiar nuestro flamante vehículo por uno de los de antes, aquellos que la electrónica más moderna que implantaban era el radiocasete donde escuchábamos las machacantes cintas de gasolinera en los largos viajes vacacionales.

Desbordamiento de búfer cerebral humano

Desbordamiento de búfer

Desbordamiento de búfer

Dentro del arte del hacking humano, o lo que se conoce como ingeniería social, existen diversas técnicas de manejo mental que permiten al experto manipular la voluntad de las personas para recabar datos sensibles, como la persuasión, la influencia, la manipulación, el uso de microexpresiones, de gestos estudiados, la alteración de la realidad y otras artimañas. Sin embargo hay una que me llamó poderosamente la atención hace ya tiempo y que desarrolla estupendamente el señor Christopher Hadnagy (un hacker de los de antes, hoy experto en seguridad, con altas dotes de ingeniería social al más puro estilo de Kevin Mitnick) en su libro ‘Social Engineering: The Art of Human Hacking‘.

Un desbordamiento de búfer (buffer overflow) representa un error de software que se produce cuando un programa no controla adecuadamente la cantidad de datos que se alojan en un área de memoria previamente reservada y dimensionada. Estas áreas de memoria intermedia, o búfer, se utilizan con el fin de evitar que un recurso, ya sea de hardware o de software, se quede sin datos durante una transferencia. Un vaso sólo puede contener el agua que cabe en él, no más (analogía simplona). Si un vaso puede guardar únicamente 330 mililitros de agua, ¿qué ocurre si intentamos introducir más? Pues que se desborda, evidentemente; el agua se sale del vaso y la mesa se moja.

Los programas informáticos funcionan igual y, curiosamente, la mente humana también. El objetivo de un hacker informático es encontrar la dirección de memoria que invoca una pieza de software e insertar un código malicioso en ella. Tras controlar, pues, el flujo de ejecución, el hacker puede inyectar cualquier comando para que la aplicación “obedezca” sus órdenes. La mente humana corre o ejecuta su propio “software” y, con los años, el aprendizaje y la experiencia, construye un conjunto de instrucciones, espacios y longitudes de memoria propios, generando una suerte de “sistema operativo” mental particular y propio, inherente a cada individuo.

Error de desbordamiento de búfer

Error de desbordamiento de búfer

Cuando un programa informático reserva un espacio de memoria para determinada cantidad de datos y recibe una cantidad mayor, si el software no está diseñado para solucionar el problema, lanza una excepción y bloquea el flujo de ejecución. Nuestra mente reserva también espacios tipo búfer en nuestra memoria para conjuntos de datos predefinidos y conocidos. Si un determinado grupo de datos no se ajusta al espacio que tenemos para él, ¿qué sucede? A diferencia de lo que ocurre dentro de un ordenador, nuestro cerebro no se bloquea de modo inflexible, pero sí que abre una brecha o espacio momentáneo que permite la inyección de comandos externos para manipular el flujo lógico de nuestras acciones.

Para probar este concepto vamos a recurrir a un viejo juego. Observa, querido lector, la siguiente imagen y, de la manera más rápida posible, intenta decir el color de todas las palabras escritas. No leas la palabra, enuncia rápidamente el color en el que están dibujadas.

Juego de los colores

Juego de los colores

¿Es difícil, verdad? ¿Cuesta, eh? Es la eterna pugna entre los dos hemisferios de nuestro cerebro: mientras el derecho (más global, intuitivo y emocional) intenta decir el color, el izquierdo (más lineal, deductivo y racional) quiere leer la palabra. Es una inyección de comandos en toda regla, nuestro cerebro quiere leer antes la palabra que el color, porque es la forma en la que nuestra mente está “cableada”. En ese momento de confusión, existe código en el cerebro humano que es lo opuesto a lo que la persona está pensando en el instante. Mind hacked!

En el documento titulado ‘Modification of Audible and Visual Speech‘ (modificación de la expresión visual y auditiva, en inglés), publicado por los investigadores Michele Covell, Malcolm Slaney, Cristoph Bregler y Margaret Withgott (de Interval Research Corporation), se demuestra que las personas hablan a una velocidad aproximada de 150 palabras por minuto, sin embargo son capaces de pensar a 500 o 600 palabras por minuto, por lo que parece prácticamente imposible provocar un desbordamiento de búfer humano simplemente hablándole muy rápido a alguien.

También debemos comprender que las personas toman la mayor parte de las decisiones y realizan muchos actos en la vida de manera totalmente inconsciente, como por ejemplo, la forma de conducir hasta el trabajo, sacar un café de la máquina o lavarse los dientes. ¿Alguna vez has conducido todo el camino hasta trabajo y, al llegar allí, no puedes recordar los carteles publicitarios de las carreteras por las que pasaste, o la ruta que tomaste al encontrarte con mucho tráfico o el lugar del accidente que escuchaste en las noticias? En estos casos, el subconsciente se encarga de todo y realiza todo lo que tú haces siempre, sin pensar conscientemente en cada paso. Lo mismo sucede cuando no recuerdas dónde has aparcado.

La mayoría de las decisiones de las personas se hacen de esta manera. Algunos científicos creen, incluso, que los humanos tomamos decisiones hasta siete segundos antes en nuestro subconsciente que en el mundo real, aquel que nos manda información a través de los sentidos. Esta comprensión de cómo los seres humanos trabajan y piensan puede convertirse en una manera muy útil de generar desbordamientos de búfer en la mente humana con el objeto de inyectar comandos.

En el mundo del hacking real, existe un método denominado fuzzing que se utiliza para encontrar errores que puedan ser sobrescritos, y ofrecer el control del software al hacker. Se lanzan grupos de datos aleatorios de diferentes longitudes a un programa para ver cuál de ellos hace que falle. Eso le da al hacker un camino para inyectar su código malicioso intermedio. Del mismo modo, debemos conocer cómo reacciona la mente humana a los distintos tipos de datos o grupos de datos. Por ejemplo, si te acercas a un edificio con dos grupos o hileras de puertas (unas exteriores y otras interiores) y sujetas las primeras puertas abiertas para que entre un completo extraño, ¿qué crees que hará él después? Pues lo más seguro es que pase el umbral y abra y sujete el segundo grupo de puertas para que tú pases. Otro ejemplo: si en una intersección de tráfico dejas pasar a un completo extraño antes que tú, lo más probable es que si se repite la situación más adelante y tú necesitas pasar, ese mismo desconocido te cederá el paso casi sin pensarlo.

Esquema del Fuzz Testing

Esquema del Fuzz Testing

¿Por qué ocurre esto? La razón tiene que ver con la conocida como ley de las expectativas, que establece que la gente, por lo general, cumple con sus expectativas, esto es, lo que se consigue en la vida no tiene que ser necesariamente lo que se quiere, sino lo que se espera que va a pasar o lo que se espera que pase. Las decisiones se hacen generalmente basándose en lo que la persona siente que el solicitante espera que haga. Bonita manera de comenzar a enviar “datos maliciosos” al “software” cerebral de la víctima.

Todo ello está basado en lo que se conoce como presuposición, un concepto que se explica perfectamente con el siguiente ejemplo. Imagina que enuncio la siguiente frase delante de ti: “Mi vecino conduce un coche verde”. La información que recibes es muy escasa y prácticamente inútil para ti. He hecho que des por sentado, o que presupongas, que no necesitas saber más. Sin embargo, si digo: “¿Sabes que mi vecino, Raúl, conduce siempre un Nissan Note de color verde?”, tu presupones muchas cosas más: que yo conozco muy bien a mi vecino, que sé su nombre, que se llama Raúl, que tiene permiso de conducir, que posee un Nissan Note y que es de color verde. Estoy haciendo que dispongas de mucha más información que antes, algo que me puede interesar que retengas en la cabeza previo pronunciamiento de la siguiente sentencia, la que de verdad me importa para extraer datos de ti.

Existen algunos trucos para poder inyectar comandos embebidos en el subconsciente de tu interlocutor, como el hecho de utilizar sentencias cortas (de tres o cuatro palabras), hacer uso de un leve énfasis en la pronunciación, ocultar esos comandos en frases normales o banales o utilizar el lenguaje facial y corporal para apoyar los comandos. Los buenos ingenieros sociales utilizan acciones de relleno, que son métodos de adicción de elementos que no interrumpen la ejecución, pero preparan una pequeña “pista de aterrizaje” que lleva al código malicioso. Son frases complementarias que ayudan a suavizar el código que se quiere insertar, tales como “Cuando usted…”, “Cómo se siente usted cuando…”, “Cualquier persona es capaz…” o “Como usted…”. Todas estas declaraciones crean una emoción o un pensamiento que permite inyectar código en el subconsciente humano.

Otras técnicas también ayudan, como el hecho de contar historias que enreden al objetivo, el uso de la negación como acto de psicología inversa, o forzar al oyente a usar su imaginación. En todo caso, recomiendo la lectura del libro de Christopher Hadnagy que comentaba al principio, así como de otros manuales y guías de ingeniería social para cualquiera que desee iniciarse en este noble y apasionante arte que es engañar a las personas adultas como si de niños se trataran. Pobres.

badBIOS: O nos la han metido doblada o deberíamos preocuparnos seriamente

Dragos Ruiu

Dragos Ruiu

Dragos Ruiu, conocido experto canadiense en seguridad informática y creador de una de las competiciones de hacking más prestigiosas del mundo, la conocida como Pwn2Own, descubrió hace poco un software malicioso (malware) en su laboratorio de una manera muy curiosa y peculiar. Dice el hombre que, un buen día, trabajado en sus cosas, comenzó a observar comportamientos curiosos en sus equipos computacionales, en sus ordenadores, vaya. Comportamientos curiosos que enseguida identificó como provocados por un virus informático.

Tras varias pruebas de análisis y exterminio que resultaron infructuosas y que duraron semanas, decidió formatear los discos de los diversos equipos (por cierto, de distinta índole y sistemas operativos) para comenzar desde cero. Lo que no imaginaba es que, tras la profunda limpieza y la vuelta al comienzo, aquello que había estado actuando como un virus seguía estando allí. ¿Cómo es eso posible?

La curiosidad de Dragos era cada vez mayor, y estos retos son los que les apasionan a los hackers. Supuso, con muy buen criterio (y más acierto), que aquel malware infectaba las máquinas a bajo nivel, obviando, pues, sistemas operativos y otras piezas de software de nivel más alto. Atinó a pensar que el malicioso código se escondía en la propia BIOS del ordenador, pues así fue. Aquel virus escurridizo era capaz de ocultarse en un chip programable mediante técnicas asombrosamente avanzadas. Pero lo más asombroso no era eso.

El señor Ruiu aisló los equipos; hizo lo que se conoce en el mundo de la informática como air gap, una medida de seguridad de redes que consiste en hacer que una red informática segura esté aislada físicamente de redes inseguras, tales como Internet o una red de área local sin garantía. Esto quiere decir, simple y llanamente, que desconectó el cable de red de los equipos infectados y anuló todas sus posibilidades de disponer de conexión Wi-Fi. Ello con el objeto de que un ordenador infectado no fuera capaz de infectar a otro de la red.

Todo para nada. Las máquinas parecían seguir transfiriendo información entre sí, y los efectos del malware se seguian apreciando en los ordenadores recién instalados. El suguiente punto del orden del día es lo que cualquier informático haría: empezar a desconectar cosas para ver de dónde puede venir la falla de seguridad. Fuera tarjeta Ethernet, fuera Wi-Fi, módem, Bluetooth, puerto IrDA de infrarrojos y todo aquello que permita comunicarse a un ordenador con el exterior. El virus seguía campando a sus anchas.

Tres años han pasado desde el descubrimiento de aquel malware al que Dragos apodó como badBios. Tres años después ha decidido sacarlo a la luz e ir comentando sus descubrimientos en sus cuentas de Twitter, Facebook y Google+. ¿Y cómo se comunica el virus con otros ordenadores? Pues la respuesta es de película de ficción apocalíptica: a través de los altavoces y del micrófono del computador por medio de ultrasonidos. ¿Flipas? Yo también flipé. El virus tiene la capacidad de utilizar transmisiones de alta frecuencia entre los altavoces de un ordenador y el micrófono de otro para salvar esos air gap o espacios de aire.

Evidentemente, lo que se comunican son dos replicas del software malicioso entre sí, por lo que es necesario que el virus esté instalado en ambos equipos, método que Dragos ha identificado como vía USB. A través de unidades externas USB, normalmente llaves o pinchos USB, el virus es capaz de transmitirse a sí mismo, infectando el hardware de bajo nivel de un computador, con la habilidad especial de integrarse en BIOS (Basic Input/Output System), UEFI (Unified Extensible Firmware Interface) y posiblemente otros estándares de firmware, atacando a gran variedad de plataformas, escapando de las maneras más comunes de detección y sobreviviendo a la mayoría de los intentos de erradicación. En estos términos le da igual PC que Mac, Windows que OS, Linux, Open BSD u otros, incluyendo dispositivos móviles y teléfonos inteligentes.

Esta es la evidencia, al menos la trasladada desde el laboratorio de Dragos Ruiu. Sin embargo, ya han empezado a aparecer voces que aseguran que lo que cuenta el experto, o no es posible y lo está identificando mal, o se lo ha inventado y estamos ante el mayor hoax de año y, probablemente, de la década. La verdad es que ya se han realizado pruebas al respecto y se ha logrado demostrar que es posible la infección de microchips programables de elementos conectados a un ordenador, como tarjetas Ethernet o dispositivos PCI genéricos. Asimismo, la transmisión de datos digitales inaudibles por medio de ultrasonidos está más que probada y demostrada.

Escenario básico para dos ordenadores como parte de una red sónica encubierta

Escenario básico para dos ordenadores como parte de una red sónica encubierta

Ello quiere decir que, aunque exista un trasfondo de realidad en todo esto, bien es cierto que las últimas noticias de los espionajes electrónicos por parte de la NSA americana propician el oportunismo para el surgimiento de descubrimientos más o menos insólitos, misteriosos y excepcionales. La aparición de la noticia en la prestigiosa Ars Technica abrió la caja de Pandora, generando miles de comentarios en minutos, unos a favor y otros en contra; algunos muy interesantes. Todo el tinglado terminó en Reddit, generando un hilo con aportaciones nada anodinas.

Pasará el tiempo y veremos lo que ocurre. ¿Seguirá Dragos Ruiu con sus investigaciones o nos estará tomando el pelo soberanamente a todos? El tiempo, pues, dará la razón a quien la tenga. Sea como fuere, me parece un tema más que interesante para discutir en el bar con una cerveza delante. ¿O no?

¿Ha sido comprometida la contabilidad del PP de los últimos veinte años?

Anon Your Voice

Anon Your Voice

Me hago eco de la primicia aparecida hace minutos en el agregador de noticias Menéame, en la que se difunde que un hacker anónimo ha tenido acceso a los cables contables del Partido Popular español desde 1990 hasta 2011. Toda esta información veraz, dicen, ha sido publicada en Anon Your Voice, la herramienta que permite pegar datos y compartirlos con otras personas de manera cifrada y totalmente anónima, con enlaces de descarga (por años contables) a archivos colgados en la web BayFiles.

Los usuarios de Menéame, así como muchos aquellos que se han enterado de la noticia por otros medios que ya la están replicando, han procedido a descargar los documentos de manera masiva, con el objeto de generar rápidos respaldos y copias de seguridad, temiendo que sean retirados de Internet en breve. Ello hace que la web ande un poco lenta a estas horas.

¿Será esto cierto? ¿Se convertirá esta noticia en un golpe real a la seguridad del PP? ¿Descubriremos nuevos casos de corrupción en un partido político tocado ya en su línea de flotación?

En próximas horas, o días, conoceremos toda la verdad. Cuando todos estos documentos lleguen a manos de los expertos y sean investigados, podremos ver lo que sucede.

Libros de colores, con camisas de colores y dragones de colores

El libro del dragón rojo

El libro del dragón rojo

El mundo de las publicaciones informáticas especializadas está cargado de frikismo, sobre todo en lo que al diseño de las portadas se refiere, si no sólo hay que ver cualquier colección de la editorial O’Reilly, con sus carátulas repletas de animalicos espeluznantes, objetos que nada tienen que ver con el universo binario ni de lejos y otras chorradas varias.

Pero esto no es algo moderno, algo que se lleve ahora, algo actual; pues existía ya hace muchos años. Y es que parece ser que a los gurús de la informática siempre les gustó aquello de hacer que las portadas de sus libros fueran asaz llamativas, provocativas y evocadoras de vaya usted a saber qué. En el mundillo del underground informático de los años ochenta, cuando los hackers estaban en pleno auge romántico como subcultura cíber, los libros, manuales y guías más importantes eran todos recordados y nombrados por sus portadas, y casi nunca por sus títulos. Era una especie de código secreto a voces que todos conocían, respetaban y veneraban.

Libros de la editorial O'Reilly Media

Libros de la editorial O’Reilly Media

En la propia película ‘Hackers: piratas informáticos‘ (película bastante mala, por cierto, en lo que al aspecto técnico y tecnológico se refiere, pero considerada como de culto por aquello de ser una de las pocas que tratan el género) existe una escena mítica en la que los protagonistas intercambian impresiones acerca de varios libros de la época, y en la que se aprecia el culto a las portadas, a los colores y a los seudónimos que existía entonces. En el siguiente vídeo se puede ver el momento.

Algunos (o todos ellos) de aquellos libros allí mencionados son famosos tratados sobre seguridad, programación avanzada o sistemas operativos que existen en la realidad y que, hoy ya bastante desfasados, en su época fueron imprescindibles para los que se movían por los suburbios digitales más oscuros. Vamos a repasarlos y, probablemente, incluiremos alguno más en esta colorida lista que empieza tal que así.

Los libros de la Serie Arcoiris (Rainbow Series) componen una colección de volúmenes sobre estándares y directrices de seguridad informática editados por el gobierno de los Estados Unidos de América entre 1983 y 1993. Originalmente publicados por el Departamento de Defensa, y posteriormente por el Centro Nacional de Seguridad Informática (departamento dependiente de la Agencia de Seguridad Nacional), cada uno trata de un tema de seguridad en concreto, perfectamente desarrollado y estudiado. Los libros fueron, en un principio, de uso interno y secreto del gobierno estadounidense, pero terminaron filtrándose y recorriendo las manos de todos los expertos (y no tanto) en seguridad de la época. Hoy se pueden descargar de Internet.

Todos los tomos tenían una portada de un vivo color distinto, de ahí el nombre de la serie (Arcoiris), y cada uno de ellos era conocido por el color de su portada, no así por su título, al menos los más importantes y famosos. Así pues, el titulado ‘DoD Trusted Computer System Evaluation Criteria‘ (Criterios de evaluación de un sistema informático de confianza), que fue el primero de los volúmenes publicado (1983), era mundialmente conocido como el Libro Naranja (Orange Book), pues así era el color de su portada.

El Libro Naranja establecía los requerimientos y patrones básicos (clasificados por niveles) para evaluar la efectividad de los controles informáticos de seguridad construidos dentro de un sistema. Este manual, pues, se utilizaba para determinar, catalogar y seleccionar sistemas informáticos dedicados al proceso, almacenamiento y recuperación de información sensible y/o clasificada. Hoy en día, aún resulta curioso echarle un vistazo y, seguramente, todavía muy útil.

Libro Naranja

Libro Naranja

Otros libros de esta colección son el Libro Verde (1985), titulado ‘DoD Password Management Guideline‘ (Directrices para la administración de contraseñas), muy interesante también; el Libro Rojo (1987), ‘Trusted Network Interpretation Environments Guideline‘ (Directrices para entornos de interpretación de redes de confianza); el Libro Marrón (1989), llamado ‘Guide to Understanding Trusted Facility Management‘ (Guía para entender la administración de instalaciones de confianza); o el Libro Azul Claro (1992), ‘Object Reuse in Trusted Systems‘ (Reutilización de objetos en sistemas de confianza). Entre otros muchos.

Siguiendo con los colores, pero dejando aparte la serie anterior, tenemos otro Libro Verde, así conocido el volumen titulado ‘X/Open Portability Guide‘ (Guía de “portabilidad” de X/Open), o XPG, que define un estándar internacional de entorno Unix que es un subconjunto de POSIX/SVID, una familia de llamadas al sistema operativo.

Otro libro colorido, que también se menciona en la película, es el conocido (y reconocido) como Libro camisa rosa, cuyo título original es ‘Peter Norton Programmer’s Guide to the IBM PC‘ (La guía del programador para el IBM PC de Peter Norton), y que se le llama así por la espléndida y pigmentada camisa de color rosa que lleva el señor Norton en la portada.

Libro de la camisa rosa

Libro de la camisa rosa

Peter Norton en un informático americano conocido por las famosas Norton Utilities de los años ochenta (y por salir en la mayoría de las portadas de sus libros y paquetes de software). En 1985 escribe este libro que es una completa guía de programación de bajo nivel para la plataforma PC. Aunque en la segunda edición del libro, Peter Norton usaba una camisa blanca, en la tercera (y ediciones posteriores) regresó a la camisa de color rosa. Peter Norton, cruzado de brazos, es una marca registrada en EE.UU.

El Libro camisa rosa aún se puede encontrar vía Internet, incluso en castellano (yo mismo tengo una edición traducida de 1985 y distribuida en España por la editorial Anaya Multimedia). En aquellos tiempos mozos del PC se consideraba la guía de referencia definitiva para los programadores expertos de los ordenadores personales de IBM (PC, XT, AT, IBM Portable y PCjr). Incluía información detallada muy especializada de, por ejemplo, el procedimiento de acceso a disco, la generación de sonido, interrupciones del DOS, programación de controladores de dispositivos (drivers), acceso a la BIOS, trucos para la creación de rutinas en ensamblador, Pascal, BASIC y C, etcétera. Toda una gran joya de manual, sin duda.

Otro de los libros clave de aquella época, y que también destacaba por su portada, es el conocido como Libro del dragón. El título original era ‘Principles of Compiler Design‘ (Principios de diseño del compilador) y era todo un clásico, escrito por Alfred Aho y Jeffrey D. Ullman (1977), sobre desarrollo de compiladores para los distintos lenguajes de programación. En su portada aperece un dragón verde (que en posteriores tratados sería rojo, primero, y púrpura, después) con una inscripción en su cuerpo que reza “complexity of compiler construction” (dificultad en la construcción de compiladores). Luchando con él, se puede ver un caballero medieval portando una lanza en la que pone “LALR parser generator” (generador de parser LALR). La contraportada de este libro nos ofrece un contrapunto humorístico: el dragón es reemplazado por molinos de viento y, el caballero, por Don Quijote.

Libro del dragón

Libro del dragón

Libros con colores, con muchos colores, y con hombres de camisas de colores, y con dragones de colores. El color ha sido importantísimo en la historia de los libros frikis para frikis. Está claro, el mundo ha cambiado, pero las personas no.