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Google Chrome nos recuerda que las hojas son de papel

Los ingenieros de Google son unos cachondos, y eso lo hemos visto en multitud de ocasiones, pero es que la gente que trabaja en la división del navegador Chrome se lleva la palma: desde los minijuegos con dinosaurios para entretener nuestras pérdidas de conexión hasta los diseños tubulares al más puro estilo salvapantallas, pasando por el “desde el origen de los tiempos” que podíamos ver en algunas versiones a la hora de elegir una fecha de inicio para eliminar los datos de navegación.

Muchos de estos guiños surgen y después se pierden en las versiones posteriores. El que comentamos hoy sigue con nosotros aún, y se refiere al texto que aparece a la hora de imprimir un documento desde el propio Google Chrome, sea una página web, un PDF embebido o cualquier otro elemento. Chrome, como se puede ver en la imagen siguiente, nos recuerda que las hojas que vamos a imprimir son de papel. (Así me quedé yo también).

Las hojas: de papel

Las hojas: de papel

Concienciación ecologista, guasa tecnológica o Google Chrome está preparándose para distinguir materiales cuando, en un futuro próximo, enviemos directamente una orden desde el navegador a nuestra impresora 3D. Quién sabe, pero reconforta ver estos guiños de forma esporádica.

Apuestas deportivas: de las carreras de galgos a los retos online

Apuestas deportivas

Apuestas deportivas

Si bien es lógico afirmar que el hecho de apostar es en la Historia uno de los pasatiempos más antiguos de los que se tiene conocimiento, también resulta racional pensar que, en los miles de años de evolución de las apuestas, los métodos y las formas han cambiado mucho y se han ido adaptando a las tecnologías más modernas de cada momento. Desde los juegos de dados en la China del año 2300 a. C. —en los que se apostaban, nada más y nada menos, que territorios enteros— hasta la aparición de las primeras apuestas deportivas en los Juegos Olímpicos de la antigua Grecia, corrieron mil años en los que sólo se alteró el motivo del reto.

Después vendrían las carreras de cuadrigas romanas y, también, las apuestas que tenían a los gladiadores como protagonistas. Sin embargo, el mayor auge de esta costumbre llegaría de la mano de los británicos (en el siglo XVIII) con las carreras de galgos y caballos que, medio siglo después, terminarían por popularizarse en Estados Unidos, incorporando a este divertimento nuevos deportes como el boxeo. El paso final (por el momento) de este largo camino fue la llegada de las apuestas deportivas en Internet, un medio idóneo para que las casas de apuestas de masas llegaran al mayor número de jugadores posibles de una forma sencilla, rápida y cómoda.

En España, por centrarnos en nuestro país, Internet recaló en el mundo de las apuestas deportivas en línea en el año 2006, cuando se legalizó este tipo de actividades económicas que funcionaban de manera telemática. Desde aquel instante, la Dirección General de Ordenación del Juego (el organismo del Ministerio de Hacienda que regula el juego en España) no hace más que recoger, año tras año, un aumento y crecimiento continuo en el mundo de las casa de apuestas online, esencialmente y, sobre todo, en el apartado de apuestas referidas al deporte.

Las apuestas deportivas por excelencia en nuestro país son las que incluyen como objetivo el fútbol, el baloncesto, el tenis, el boxeo, el ciclismo y las carreras de caballos, descollando sobremanera en los últimos tiempos las apuestas en los eSports o deportes electrónicos, aquellas competiciones profesionales de videojuegos cuyos torneos están hoy día en pleno auge mediático.

Y es que todo reto que conlleve un punto de azar y un aderezo de riesgo para el bolsillo y la cartera ha sido siempre un atractivo reclamo para los seres humanos de cualquiera de las épocas. Lo único que han cambiado han sido las tecnologías, el fondo y los basamentos siempre han sido los mismos: diversión y un poquito beneficio.

Así eran los banners en la web desde 1996 hasta 2001

Los banners, esas pequeñas piezas publicitarias que pueblan las webs de medio mundo, han estado con nosotros desde que Internet es Internet. Cada época con su estilo, con su gama de colores, con su movimiento, con su tendencia, son todos y cada uno de ellos pequeñas cápsulas del tiempo del tamaño de bocados de la historia de la WWW.

Si estás tentado de hacer clic sobre alguno de ellos, supongo que es porque estos anuncios cumplieron bien su misión, aunque no encontrarás nada al otro lado; la mayoría de los sitios de estos banners desaparecieron hace mucho tiempo.

1996


1997


1998


1999


 

2001


Nacía la revista ‘Netmanía’ en 1996

Netmanía

Netmanía

Lo que ‘netmaní@‘ (formalmente ‘Netmanía, la revista práctica para los usuarios de Internet‘) trajo al mercado editorial español a mediados de los años noventa fue algo innovador, una forma de acompañarnos, fielmente, en nuestros primeros viajes por aquel oscuro ciberespacio primigenio.

Surgida de la mano de la mítica Hobby Press (cuando la editorial cumplía 15 años de vida), venía a cubrir, para los lectores de la época, los entresijos del nuevo hobby del momento, asuntos en los que la empresa estaba especializada con manchetas en la calle como ‘Micromanía’, ‘Armas’, ‘RC Model’, ‘PCManía’ o ‘Hobby Consolas’, entre otras. Realmente, Hobby Press fue la última editorial española en sumarse a competir por el mercado de los cibernautas, cuando la nómina del momento de publicaciones sobre Internet editadas en el España se componía ya de ‘SuperNET Magazine’ (Tower Communications), ‘NET Conexión’ (Ediciones Zinco Multimedia) y ‘Web’ (Godó-La Vanguardia), todas ellas vinculadas a empresas periodísticas con trayectorias diversas que confluyeron en un mercado todavía reducido, pero con una indudable perspectiva de expansión.

Hobby Press llegó a ser una auténtica decana en el sector de las publicaciones especializadas en ocio informático, llegando a editar dieciséis títulos en sus quince años de vida. En aquel entonces, mantenía seis publicaciones con una difusión conjunta cercana a los 250.000 ejemplares mensuales.

Netmanía

Netmanía

‘Netmanía, la revista práctica para los usuarios de Internet’, vio la luz en marzo de 1996. Sus nueve números iniciales se vendieron conjuntamente con ‘PCManía’ pero, a partir del número de diciembre de aquel mismo año, se comenzó a comercializar ya por separado.

En su momento, fue la publicación más parca y sobria a la hora de presentarse en sociedad, esto es, de justificar su razón de ser ante sus lectores potenciales. Y ello, quizá, se explicó por dos motivos que no podemos considerar excluyentes. En primer lugar, porque parecía tener muy clara su orientación y no había necesidad de adornarla con ninguna retórica rimbombante o grandilocuente: «Internet, el nuevo ocio», rezaba su primera portada.

La mayor parte de su información se concentraba en la descripción de los sitios web más interesantes para los amantes de los videojuegos, los apasionados del pop, del cine o de los deportes, y todo ellos aderezado con interesantes escritos redactados bajo formato de reportajes, informes, tutoriales, trucos o cursos.

Netmanía

Netmanía

En segundo lugar, la tutela que le ofreció aparecer junto a ‘PCManía’ —una revista con una difusión de 44.000 ejemplares mensuales— en los comienzos justificaba aquel ahorro de energías para explicar a quién iba dirigida la revista.

Aquellos tiempos fueron gloriosos para los que nos iniciábamos en la Red de Redes, y ‘Netmanía’ fue nuestra publicación de cabecera.

Cómo una onomatopeya infantil indonesia se convierte en un fenómeno de masas digital

Om Telolet Om

Om Telolet Om

Om Telolet Om es la frase de la discordia, las tres palabras que se están convirtiendo en un meme internetero y en un fenómeno musical sin precedentes, con menciones en Twitter y comentarios en Instagram de celebridades y bases musicales de afamados productores del mundo de la música electrónica. ¿De dónde demonios ha salido esto?

Om Telolet Om. “Telolet” no es otra cosa que una onomatopeya creada por los niños en Indonesia que está destinada a representar el sonido que hacen los autobuses urbanos cuando tocan la bocina, un soniquete bastante carnavalesco. Por su lado, “Om” es una palabra indonesia que se traduce, más o menos libremente, como “señor”. Así pues, Om Telolet Om significa algo como “señor, bocina de autobús, señor”.

El juego de palabras infantil se originó entre los niños más pequeños en la ciudad de Jepara, en la provincia de Java Central. Los jóvenes gritan la frase y la garabatean en carteles de cartón, tratando que los conductores de los autobuses que pasan toquen la bocina para ellos.

Om Telolet Om

Om Telolet Om

Poco más de un mes después de que la llamada al bocinazo se popularizara por las ciudades más grandes del país, el sonido onomatopéyico dio el salto a Internet, donde se apoderó de la cultura de la música dance. Productores como DJ Snake o Zedd tuitearon la frase, que viajó por la Red convirtiéndose en meme. Músicos y grupos musicales, como el dúo Firebeatz o el DJ Dillon Francis, fueron un poco más allá, convirtiendo el soniquete en una muestra o sample para sus producciones de música electrónica.


La razón principal por la que Om Telolet Om se elevó a meme musical internacional, parece estar conectada a dos momentos principales. El primero de ellos recala en un vídeo subido en noviembre a la red social Facebook por el usuario Riyadh As’ari, residente en Jepara, que se hizo viral, saltando enseguida a las emisoras locales de televisión. El segundo momento se refiere a la gran difusión que dieron los adolescentes en los medios digitales de comunicación, sobre todo los seguidores de artistas famosos, permitiendo que el meme, como tal, siguiera extendiéndose.

Una vez hubo recalado en el mundo de la música de baile, Om Telolet Om viajó rápidamente al orbe más amplio del famoseo, haciendo que, hoy, las tres palabras adornen las entradas de Instagram de gente tan dispar como Donald Trump, Kim Kardashian y Justin Bieber.

Sin embargo, a medida que Om Telolet Om se apodera internacionalmente del fenómeno digital, la emoción ha fracasado en su lugar de nacimiento, en Jepara. La policía allí ha prohibido toda actividad de lo que ellos llaman “cazadores de Telolet“, porque la gente se detenía en las calle para hacerse selfis delante de los autobuses, y el asunto comenzaba a resultar peligroso.

Es la condición humana: lo que empieza con una tontería, primero se encumbra y, después, acaba por provocar accidentes. No es la primera vez que lo vemos, y no será la última.

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