Entradas de la categoría ‘Zona friqui’

La primera grabadora digital de consumo: Voice It VT-40

Voice It VT-40

Voice It VT-40

Si bien es cierto que la historia de la grabación digital comienza a finales de los años treinta del siglo pasado, tuvo que correr mucho tiempo para que aquella tecnología la pudiéramos llevar en un bolsillo.

En 1995, en mayo, la empresa Voice It irrumpe en el mercado con su modelo VT-40, la primera grabadora digital de consumo que hacía uso de los nuevos chips una memoria flash de estado sólido para guardar el sonido sin necesidad de cinta magnética, como se había estado haciendo hasta el momento. Es posible que no fuera la primera en utilizar esta tecnología —un año antes llegaba a los comercios la Norris Flashback—, pero, sin duda, fue la pionera en los bolsillos de los estadounidenses de los años noventa, debido a su bajo precio (69,99 $) y a su alta difusión entre los profesionales del mundo del periodismo y, también, entre la población infantil a modo de juguete.

La VT-40 era capaz de grabar hasta 40 segundos en 10 clips de audio digital, sin embargo, a diferencia de otras unidades competidoras, los archivos de sonido en este dispositivo no podían ser transferidos digitalmente a otro almacenamiento, como un ordenador, por ejemplo. Y es que, a pesar de la conveniencia de tener un grabador de audio pequeño, delgado y sin partes móviles, la baja capacidad de estos primigenios aparatos, con aquellas memorias flash de primera generación, los convirtió más en una novedad geek que en algo realmente útil a medio o largo plazo.

Voice It VT-40 (clic para ampliar)

Voice It VT-40 (clic para ampliar)

Voice It lanzó también, casi al mismo tiempo, una unidad de mayor capacidad, la VT-75, que podía grabar 75 segundos de audio. Todo un lujazo para la época.

Hoy día, y como no podía ser de otra manera, el Voce It VT-40 se puede seguir encontrando en sitios web de subastas y compras específicas en línea, pero ahora tiene un precio prohibitivo que no baja de 130 o 140 dólares debido, más que nada, al estado en que se encuentren y a su alto grado de coleccionismo friki.

La misteriosa revista de la película ‘Juegos de guerra’

'Juegos de guerra'

‘Juegos de guerra’

¡Protovisión, ya te tengo! Así exclamaba David Lightman (Matthew Broderick), protagonista indiscutible de la película de culto geek ‘Juegos de guerra‘ (‘WarGames, 1983’), cuando comenzaba a marcar números de teléfono para intentar localizar a aquella empresa que aparecía anunciada en una revista de informática y que iba a sacar a la luz unos videojuegos que revolucionarían el mercado.

Protovision, I have you now!, una frase icónica que revolucionaría la cultura hacker ochentera y removería conciencias en los últimos años de la Guerra fría. Protovisión era una empresa de videojuegos ficticia que anunciaba sus títulos —en el telefilme— entre las páginas de una misteriosa revista que se ha creído de atrezo durante los treinta años posteriores al estreno de la película. Y todo ello hasta que un internauta, conocido como Michael Walden, desveló no hace mucho la verdad sobre este asunto: la revista es real y pertenece a la época concreta del rodaje.

Walden siempre asumió que ese encuadernado era una publicación informática de aquellos años, vestida, eso sí, con algunas pocas páginas falsas y una portada y contraportada diseñadas para el momento (para evitar infracciones de derechos de autor o marcas). Por lo que se preguntó, “¿qué revista pondrían los productores de ‘Juegos de guerra’ en las manos de aquel joven y ambicioso hacker?”.

La revista se llamaba ‘Creative Computing‘, un boletín mensual, pionero en el mundo de la computación, que se publicó entre 1974 y 1985; el fascículo que aparece en el película, concretamente, es el volumen 8 – número 9, numeración que se corresponde con el publicado en septiembre del año 1982.

El número de 'Creative Computing' de la película

El número de ‘Creative Computing’ de la película

Pero, de lejos, la mejor parte de esta historia no es qué revista encontró Michael Walden, sino cómo encontró. Y es que le costó una investigación exhaustiva durante treinta años (suponemos 🙂  que no de manera continuada), desmenuzando cada fotograma de la escena clave de la película donde aparece la revista. Recopiló todas las características de la cubierta y de la contracubierta, los números de página e, incluso, el contenido real. El joven Lightman, al pasar las páginas mientras desayuna, pone de manifiesto historias originales de la publicación entre los anuncios publicitarios falsos.

Incluso con toda esa información recabada, Walden no disponía de datos suficientes, aparte de un esquema de colores, unas pocas palabras, un dibujo borroso, un número de página y un anuncio de Elephant Memory Systems, una compañía de Massachusetts (EE. UU.) que comercializaba disquetes informáticos de todo tipo. Pero el tiempo y la perseverancia darían sus frutos.

Contraportada de la revista

Contraportada de la revista

Una icónica franja roja en la esquina superior derecha de la portada fue la primera pista definitiva (ver un par de imágenes más arriba). A partir de ese momento, cada vez más detalles ayudaron a reducir las posibilidades a un título y número en particular. Fue, finalmente, el nombre del escritor tecnológico Robert Lawler, que se vislumbra entre las páginas de la revista, lo que le llevó a la nueva recopilación de revistas antiguas escaneadas de ‘Creative Computing’ que el sitio web Internet Archive acababa de publicar.

La satisfacción fue inmensa para Walden y, desde ese momento, nos dejó como legado un detalle más despedazado, increíblemente interesante, de una de las películas geek a la que más culto se rinde en la actualidad.

Los Macintosh firmados por Steve Jobs (y su equipo) en los ochenta

Carcasa de Macintosh firmada

Carcasa de Macintosh firmada

Si eres dueño de un Macintosh 128K (1984), de un Macintosh 512K (1984) o de un Macintosh Plus (1986), has de saber que tu ordenador está firmado por Steve Jobs, y también por Steve Wozniak y por el resto del equipo de desarrollo de aquel entonces.

En la elaboración del Macintosh original, Steve Jobs se veía a sí mismo y a su equipo como un grupo de auténticos artistas. Tal se creían, que consideraron apropiado firmar su trabajo como si de un cuadro se tratara. A instancias, pues, de Jobs, el grupo de diseño del Mac organizó una pequeña fiesta el 10 de febrero de 1982, durante la que comieron tarta, bebieron champán y se turnaron para firmar con sus nombres en un papel. Utilizando aquella hoja como plantilla, Jobs ordenó que se grabaran las firmas en el molde de la caja de los Macintosh, haciendo que estos autógrafos quedaran permanentemente cincelados en la caja de plástico de cada uno de aquellos ordenadores que salieron de la línea de producción

Hoja de firmas (clic para ampliar)

Hoja de firmas (clic para ampliar)

Todos los nombres adornaron originalmente el interior de la primera versión del Macintosh —el 128K— pero, según Andy Hertzfeld, a la sazón miembro del equipo de desarrollo de aquel Mac, algunos nombres se perdieron con el tiempo debido a las revisiones posteriores del diseño de la carcasa.

Para localizar las firmas, simplemente hay que abrir la máquina y mirar en la parte trasera de su chasis. Debemos tener en cuenta que la presencia de firmas no hace que un Macintosh sea más valioso, pues todos y cada uno de los de aquella época las tiene, sin excepción.

Firmas en el interior de la carcasa (clic para ampliar)

Firmas en el interior de la carcasa (clic para ampliar)

Poco después del lanzamiento del primer Macintosh, en 1984, la mayor parte del equipo de desarrollo original se separó de la compañía. Sin embargo, y de una manera poética, aquellos hombres siempre permanecerán unidos dentro de cada Macintosh; es un digno y hermoso monumento a un extraordinario capítulo de la historia de la informática.

Gran conmoción en la Fuerza

Carrie Fisher (Princesa Leia)

Carrie Fisher (Princesa Leia)

30 años del ‘Out Run’ de SEGA

'Out Run'

‘Out Run’

Un Ferrari Testarossa inventado, una rubia sentada a tu lado, el aire en la cara, la música a tope, velocidad de vértigo y los cielos azules y despejados. ¿Qué más se podía pedir en 1986? Ideado y programado por Yu Suzuki, ‘Out Run‘ representó un hito en los juegos onchenteros de conducción, convirtiéndose en uno de esos clásicos imperecederos que todos recordamos con nostalgia.

SEGA encargó a Suzuki un arcade de carreras de coches en el que se pudiera incluir la tecnología de escalado de sprites en la que la desarrolladora nipona estaba trabajando. Suzuki se recorrió media Europa buscando y fotografiando localizaciones que luego incluiría en el videojuego como lugares estadounidenses.

Apasionado e impactado por el Ferrari Testarossa, que conoció estando en la ciudad de Mónaco, y profundamente influenciado —como él mismo ha admitido después— por la película ‘Los locos del cannonball‘ (1981), decidió crear un arcade de scroll frenético dentro de unos espectaculares muebles con volante dotado de force feedback, palanca de cambios, pedales de aceleración y freno y movimiento de la cabina gracias a motores hidráulicos. El juego también existió en otros muebles verticales más clásicos que, evidentemente, no se movían.

'Out Run'

‘Out Run’

El sistema de elección de rutas, con diferentes finales en función de la carretera escogida, resultó ser algo muy novedoso. Además, fue el primer videojuego que permitía seleccionar la música que sonaba en la radio del vehículo. La banda sonora, que se convirtió en un icono propio de la cultura de los años ochenta, fue compuesta por Hiroshi Kawaguchi, que ya sabía trabajado en otras ocasiones para SEGA.

Ferrari otorgó una licencia a SEGA para el uso de la imagen de su mítico vehículo y de su logotipo en el mismo, aunque, realmente, nunca hubo un Testarossa descapotable oficial. Aquella licencia expiró en el año 2011, por lo que todas las versiones y conversiones posteriores han tenido que cambiar el coche. Además del Testarossa, en las carreteras de ‘Out Run’ podemos ver un Volkswagen Beetle, un Chevrolet Corvette, un Porsche 911 y un BMW 325i Cabriolet E30, amén de un camión de marca indeterminada.

'Out Run'

‘Out Run’

La principal innovación de ‘Out Run’, como ya hemos comentado, fue la introducción de una tecnología de escalado de SEGA conocida como bilinear paralax scrolling. Esta técnica consistía en la simulación de un mundo tridimensional mediante el escalado de los sprites y la aplicación de varias capas en el renderizado asociadas a la distancia. De este modo, se conseguía simular la tercera dimensión de una forma muy convincente para la época. Este avance, unido a la repetición de patrones, proporcionaba una sensación de velocidad pocas veces lograda por los juegos de aquel momento.

Posteriormente hubo un montón se secuelas, y el juego fue portado a decenas de plataformas, desde el antiguo ZX Spectrum hasta la actual Xbox. Nosotros siempre recordaremos con un aliento de nostalgia aquel caballo de Porsche Ferrari, grabado en la parte trasera del coche, que cambiaba de orientación según la dirección en la que giráramos en volante. Mítico.

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