Un científico entre compositores: la ecuación en una tumba

Ludwig Boltzmann

Ludwig Boltzmann

Si necesitas una buena excusa para visitar Viena, la hermosa capital austriaca, te puede servir Zentralfriedhof (cementerio central) como una buena razón de peso, sobre todo si tienes una mente científica o técnica. Aunque este cementerio no sea una de las atracciones más famosas de Austria, es el lugar de descanso eterno de muchos austriacos famosos, como Brahms, Schubert, cuatro miembros de la familia Strauss y una multitud más de artistas y reconocidos políticos.

Pero la tumba que está esperando ver el visitante científico es la que tiene la ecuación fundamental de la termodinámica escrita sobre ella, a modo de epitafio matemático. Esa tumba pertenece a Ludwig Boltzmann, el físico austriaco que creó la mecánica estadística —lo que ayuda a explicar cómo las propiedades fundamentales de los átomos (masa, carga, etcétera) determinan las propiedades de la materia— y demostró que las leyes de la mecánica a nivel atómico podían explicar el segundo principio o ley de la termodinámica a través de su propia ecuación, la fórmula de la entropía: S = k log W.

Busto de Ludwig Boltzmann

Busto de Ludwig Boltzmann

Boltzmann vivió durante el siglo XIX (murió justo después del cambio al XX) y creía firmemente que la materia estaba compuesta por átomos y moléculas. A pesar de que John Dalton había descrito los pesos atómicos ya en 1808, todavía existía debate sobre la existencia de los átomos. Pero Boltzmann utilizó lo que otros consideraron una teoría no probada para aplicar, con gran efecto, la teoría de la probabilidad al mundo físico a través de la mecánica estadística.

Así eran las impresoras de margarita

Margarita

Margarita

Hubo un tiempo, hace treinta o treinta y cinco años, en el que tener una impresora de impacto de “calidad de carta” significaba que la máquina imprimía texto usando tipos preformados al estilo de las antiguas máquinas de escribir. Algunas de aquellas impresoras poseían estos elementos conformados en estructura de cilindro o de esfera, pero las más entrañables y de más impecable manufactura eran las impresoras de margarita, donde los caracteres se proyectaban sobre el papel desde una rueda central que tenía una forma semejante a la flor del mismo nombre. Era lo que los anglosajones llamaban daisy wheel printer.

Rueda de Lanier con fuente Prestige Elite 12

Rueda de Lanier con fuente Prestige Elite 12

Las impresoras de margarita producían texto de alta calidad —conocida como “calidad de carta” (letter-quality)— en contraste a las impresoras matriciales de la época. Funcionaban girando la rueda hasta el carácter apropiado y, en ese momento, golpeando la parte posterior de él contra una cinta de tinta, dejando así una marca en el papel. Cada margarita podía incluir una fuente diferente y un tamaño de tipo distinto en función de la empresa que la fabricara. Así pues, tanto fuentes como tamaños se podían cambiar de forma tan sencilla como reemplazando una rueda por otra.

Algunas de aquellas impresoras, especialmente los últimos modelos de alta gama, eran capaces de imprimir en negrita, doblando o triplicando el impacto en el carácter que se quería conseguir más oscuro; o, también, mediante un control de precisión que avanzaba ligeramente el carro para impactar una segunda vez y conseguir así un carácter más ancho y más negro.

Margarita

Margarita

Esta forma de trabajar reproducía las fuentes usando una técnica radicalmente diferente a, por ejemplo, las impresoras matriciales, que utilizaban una única matriz de pines metálicos para formar varios caracteres. Sin embargo, las matriciales eran capaces de imprimir gráficos, cosa que las impresoras de impacto no podían hacer.

Las impresoras láser y de inyección de tinta, que producían mucho menos ruido y usaban fuentes basadas en software, hicieron que las de impacto, entre ellas las de margarita, fueran completamente obsoletas para su uso diario junto con un PC a finales de la década de 1980 (aunque muchos fueron los que utilizaron impresoras matriciales hasta mediados de los años noventa debido a sus precios más bajos).

Este tipo ha perdido 9 horas de su vida haciendo scroll en Excel

Todas las puñeteras semanas florecen en el videotubo internetero nuevos y ridículos desafíos que nos hacen perder un poquito más la fe en el ser humano, o al menos en su inteligencia existencial. La mayoría de ellos caen al borde del camino y se quedan en agua de borrajas, pero no mucho más de 2017 había de correr antes de que apareciera un nuevo reto tecnológico absurdo, digno de imbéciles autorreferentes y de formidables cretinos: el desafío de Excel (Excel challenge).

El sujeto del vídeo, un youtuber que se hace llamar Hunter Hobbs, decidió que abriría una hoja de Microsoft Excel y mantendría la flecha de cursor hacia abajo (haciendo scroll) hasta que llegara al final, a lo más profundo de las celdas de la hoja de cálculo. Tardó 9 horas de 36 minutos en alcanzar las 1.048.576 filas que tiene como límite la aplicación; mientras aquello ocurría, se le puede ver en el vídeo comiendo, leyendo, hablando por teléfono, etcétera, todo ello sin soltar la tecla.

Al comienzo del vídeo, Hobbs dice que no está seguro de cómo va a ir al baño. Al final del vídeo, recomienda no hacer el desafío. Todo un ejemplo de inteligencia superior, claro que sí.

Nacía la revista ‘Netmanía’ en 1996

Netmanía

Netmanía

Lo que ‘netmaní@‘ (formalmente ‘Netmanía, la revista práctica para los usuarios de Internet‘) trajo al mercado editorial español a mediados de los años noventa fue algo innovador, una forma de acompañarnos, fielmente, en nuestros primeros viajes por aquel oscuro ciberespacio primigenio.

Surgida de la mano de la mítica Hobby Press (cuando la editorial cumplía 15 años de vida), venía a cubrir, para los lectores de la época, los entresijos del nuevo hobby del momento, asuntos en los que la empresa estaba especializada con manchetas en la calle como ‘Micromanía’, ‘Armas’, ‘RC Model’, ‘PCManía’ o ‘Hobby Consolas’, entre otras. Realmente, Hobby Press fue la última editorial española en sumarse a competir por el mercado de los cibernautas, cuando la nómina del momento de publicaciones sobre Internet editadas en el España se componía ya de ‘SuperNET Magazine’ (Tower Communications), ‘NET Conexión’ (Ediciones Zinco Multimedia) y ‘Web’ (Godó-La Vanguardia), todas ellas vinculadas a empresas periodísticas con trayectorias diversas que confluyeron en un mercado todavía reducido, pero con una indudable perspectiva de expansión.

Hobby Press llegó a ser una auténtica decana en el sector de las publicaciones especializadas en ocio informático, llegando a editar dieciséis títulos en sus quince años de vida. En aquel entonces, mantenía seis publicaciones con una difusión conjunta cercana a los 250.000 ejemplares mensuales.

Netmanía

Netmanía

‘Netmanía, la revista práctica para los usuarios de Internet’, vio la luz en marzo de 1996. Sus nueve números iniciales se vendieron conjuntamente con ‘PCManía’ pero, a partir del número de diciembre de aquel mismo año, se comenzó a comercializar ya por separado.

En su momento, fue la publicación más parca y sobria a la hora de presentarse en sociedad, esto es, de justificar su razón de ser ante sus lectores potenciales. Y ello, quizá, se explicó por dos motivos que no podemos considerar excluyentes. En primer lugar, porque parecía tener muy clara su orientación y no había necesidad de adornarla con ninguna retórica rimbombante o grandilocuente: «Internet, el nuevo ocio», rezaba su primera portada.

La mayor parte de su información se concentraba en la descripción de los sitios web más interesantes para los amantes de los videojuegos, los apasionados del pop, del cine o de los deportes, y todo ellos aderezado con interesantes escritos redactados bajo formato de reportajes, informes, tutoriales, trucos o cursos.

Netmanía

Netmanía

En segundo lugar, la tutela que le ofreció aparecer junto a ‘PCManía’ —una revista con una difusión de 44.000 ejemplares mensuales— en los comienzos justificaba aquel ahorro de energías para explicar a quién iba dirigida la revista.

Aquellos tiempos fueron gloriosos para los que nos iniciábamos en la Red de Redes, y ‘Netmanía’ fue nuestra publicación de cabecera.

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