La Ley Sinde triplicará las descargas «ilegales»

Se levanta la sesión
Pero, si nos remontamos más atrás en la historia, percibimos que el problema no es, para nada, algo nuevo. En Estados Unidos, durante los años veinte, la Ley Seca, que ilegalizaba por completo el consumo y la elaboración de alcohol, provocó un aumento como nunca se había constatado de bebedores ilegales. La demanda no satisfecha generó mercados negros, mafias y crimen organizado.
Evidentemente, el caso que nos ocupa no representa un veto tan restrictivo, o eso queremos creer. La analogía sólo sirve para demostrar que la privación de derechos o la prohibición de acciones, de todo punto legales a los ojos de la sociedad, multiplica su cometimiento. Y el hecho de descargar o compartir contenidos culturales a través de la Red es algo que está asumido como habitual y legítimo por el total de la población.
Por otro lado, los jueces están obligados a interpretar las normas de una manera coherente a lo que opina la realidad social del momento (artículo 3 del Código Civil). Conforme a esta premisa y al lógico entendimiento de que un sitio web de enlaces no puede violar ley alguna, ningún magistrado ha fallado en contra de las descargas en este país hasta hoy. De ello la necesidad de redactar una ley ad hoc que permita a un Gobierno erigirse en juez y actuar como tal.
Los nuevos remiendos anunciados a la Ley Sinde la devuelven al Senado maquillada como una puta barata, haciéndonos creer que la tutela de los jueces estará siempre velando por los derechos fundamentales de los ciudadanos, cuando todos sabemos que esto no se lo creen ni ellos. En ningún momento se exige una resolución judicial para el cierre de una web, y eso es lo que preocupa en Internet, y mucho.
Sin embargo yo no estoy nervioso. No lo estoy porque, a lo largo de los años, he aprendido a no encabronarme por las cosas que todavía no han sucedido. Eso sólo te lleva a un estado de ansiedad que provoca estrés y mal rollo. No tengo intención de preocuparme hasta que no tenga razones para hacerlo. Los internautas son los que mandan en Internet, y ninguna ley a medida puede cambiar eso, porque por cada web que se cierre aflorarán dieciséis.
Los generadores de opinión más mediáticos de la Red se llevan las manos a la cabeza y se hacen cruces durante estos días. Enrique Dans, Julio Alonso y David Bravo se cabrean con David Maeztu porque éste propone una modificación de la Ley Sinde sin contar con los demás y, encima, una ristra de filtraciones hace creer que están todos en una piña, en plan conspiración con la industria. Todos salen al paso de las noticias, exculpándose y argumentando su no participación en la propuesta del abogado riojano. Al final todo se medio arregla, se aclaran entuertos, se ofrecen explicaciones y las aguas parecen volver a su cauce.
Y yo me pregunto, ¿sirve de algo toda esta algarabía? No conviene darle tantas vueltas a la mierda, porque al final termina por oler. La Ley Sinde va a ser aprobada y punto pelota. Lo importante y lo tranquilizante es saber de antemano que no va a servir de nada. El ciudadano digital no es precisamente bobo y va a saber posicionarse en el momento justo y en su justa medida. Según vayan sucediendo los acontecimientos, los internautas responderán con ahínco a los políticos. Y ellos tienen todas las de perder.
La Ley Sinde es una buena noticia, porque va a permitir que el intercambio de la cultura se triplique en este país. Se descargará más y se comprará menos; el efecto rebote está asegurado. Y mientras no se den cuenta de que el modelo de negocio tiene que cambiar, y no pasar por, o consistir en, prohibir y amenazar, sus industrias seguirán en viaje en picado hacia el subsuelo de los arquetipos más anacrónicos.
No, Alejandro, no habéis conseguido nada, sino todo lo contrario.
Frases con historia (XIV)
Los aviones son unos juguetes interesantes, pero no tienen interés militar.
Mariscal Ferdinand Foch, Comandante en Jefe del Ejército Francés. 1911.
Prey, el software antirrobo

Logotipo de Prey
La forma de utilizarlo es muy sencilla. Descargamos el software de la web del desarrollador, lo instalamos y lo dejamos latente hasta el día que nos roben (Dios no lo quiera) nuestro aparato. Prey tiene dos maneras distintas de funcionar: mediante un panel de control en la nube o por medio de una configuración independiente. La diferencia es sutil, pero muy importante.
Prey se encuentra en estado de espera hasta que recibe una señal de alarma para comenzar su funcionamiento. Este aviso no es otra cosa que una URL en Internet que el programa comprueba cada cierto tiempo para ver si está activa o no. El hecho de encontrarla disparará las señales de peligro, y Prey empezará a transmitir datos.
Si disponemos de un blog o una página web, podremos configurar una dirección a nuestro gusto, pero si no es así deberemos hacer servicio del panel de control en la propia web de Prey. Asimismo, a los usuarios de este panel de control, los informes del ladrón les llegan a su propia cuenta, sin embargo, los que elijan una conformación independiente recibirán la información por correo electrónico, teniendo que configurar un servidor SMTP correctamente.
Prey funciona remitiendo reportes o informes al propietario de la máquina sustraída. Utiliza el GPS del dispositivo (teléfonos) o los puntos de acceso Wi-Fi cercanos a él (PC) para triangular y obtener su ubicación. Amén de ello, posibilita bloquear el ordenador a distancia, revisar el hardware de tu máquina, mostrar mensajes de alerta, esconder tu información sensible de los clientes de correo electrónico, obtener capturas de pantalla o, incluso, tomar fotografías con la webcam de quien se encuentre en ese momento frente al aparato.
Todo ello lo hace vía Internet con una conexión activa que, si no existiera, intentaría encontrar a través de las redes Wi-Fi abiertas que localice en el entorno. La forma de activar la URL de alarma puede ser a través de Internet o mediante un mensaje SMS, lo que permite poner en alerta a Prey prácticamente al instante del robo.
Existen diversas versiones de pago también que proporcionan soporte para varias máquinas integradas en una sola cuenta, desde 3 dispositivos, para un usuario doméstico, hasta 500, para grandes empresas que ponen a la disposición de sus empleados ordenadores portátiles y teléfonos celulares. Estas modalidades incluyen extras como cifrado SSL total en las comunicaciones, más capacidad para informes por máquina, modo activo o instalación remota instantánea. Actualmente, los precios oscilan entre 5 $ al mes y 399 $ al mes, ofreciendo descuentos por el pago anual.
Prey es una muy buena opción para las personas que viajan mucho con sus ordenadores y temen perderlos en cualquier momento. Sin embargo, todo tiene su pero. Evidentemente, si el ladrón no enciende más el equipo o sólo lo hace para formatearlo, la utilidad de Prey es nula. Tampoco sirve de mucho si el equipo no se conecta a la Red, por lo que las probabilidades de encontrarlo descenderían a prácticamente cero.
Seamos francos: es muy difícil recuperar un ordenador robado. De todas las maneras, siendo algo gratis y que no come recursos prácticamente, no está de más instalarlo por si acaso. Quién sabe si en un futuro lo vamos a necesitar y si realmente nos va a ser de utilidad.
NaDa no hace nada, pero lo hace muy bien

Ene-a-de-a: NaDa
NaDa es totalmente multiplataforma, es decir, funciona de igual manera en sistemas Windows, Mac OS, GNU/Linux y en todas las plataformas operativas para teléfonos móviles, consolas de videojuegos y electrodomésticos de consumo varios. Además, sólo ocupa 1 byte. Ni más ni menos.
La extremadamente compleja funcionalidad de NaDa es precisamente, y como su propio nombre indica, no hacer absolutamente nada. Realmente, la primera versión de NaDa (la versión 0.0) no hacía nada, y los cambios implementados en la actualización 0.5 hicieron que su función se extendiera a no hacer nada de nada.
El autor de este portento de la ciencia binaria explicaba en su web que «NaDa es un nuevo y revolucionario concepto, muy ligero, que no hace nada, pero lo hace muy bien. Descárguelo y olvídese de él». Esta página web ya no existe, por desgracia, pero todavía se puede seguir descargando NaDa 0.5 desde sitios alternativos.
El artícife de tamaño despropósito no fue otro que Bernard Bélanger, un artista gráfico de Montreal dedicado al diseño de logotipos, portadas de discos, carteles, publicaciones y sitios web, entre otras cosas. Lo bohemio que caracteriza a estos artistas contemporáneos, y también un pequeño afán por llamar la atención hacia su persona y su trabajo, hizo que desarrollara este software (y su cachonda web) de estéril concepción e inútil funcionamiento. Y, la verdad, es que llamó la atención de forma notable en aquel entonces.

Captura del sitio web de NaDa
NaDa 0.5 se descarga en un archivo comprimido autoextraíble que, de forma curiosa pero evidente, ocupa sesenta mil veces más que el fichero original del programa (60 KB frente a 1 byte). El contenido es un archivo que únicamente contiene un carácter no imprimible, concretamente un salto de carro, y que se puede visualizar con cualquier editor básico de texto. El ficherito lo descomprimes, lo copias en cualquier lugar de tu disco duro y, sencillamente, te olvidas de él. No hay más que esa patochada.
Por supuesto, NaDa es gratuito, no contiene errores ni virus e, incluso, si se borra del disco sigue funcionando (haciendo nada). El único bug conocido y admitido por el autor es que, en raras ocasiones y bajo determinadas circunstancias, después de instalar NaDa te das cuenta de que ha hecho algo. No se sabe muy bien lo que hace, pero hace algo. En estos casos es mejor olvidarlo y dejarlo pasar, pues al instante seguirá sin hacer completamente nada.
Como se puede observar en la imagen anterior (esquina inferior derecha), Bernard Bélanger llegó a contar con más de un millón de visitas desde que lanzó su broma a la comunidad internauta y, probablemente, aumentaría en varios miles más. A veces, una idea aparentemente idiota puede llevar aparejada una intención muy inteligente, y de esto saben mucho los diseñadores y los publicistas.
No hay mejor currículum que aquel que se aleja del estándar y capta inmediatamente la atención del destinatario. No olvidéis esto porque os va a servir de mucha ayuda en el mundo laboral.
Historia de un garaje

Garaje HP
Bill Gates y Paul Allen desarrollaron la primera versión de su BASIC para un Altair 8800 en un garaje parecido, y Steve Jobs y Steve Wozniak fabricaban a mano sus primeros Apple en otro garaje. También Chad Hurley y Steve Chen, fundadores de YouTube, comenzaron su proyecto en un garaje, y Larry Page y Sergey Brin diseñaron su primera versión de Google en un garaje alquilado.
Hewlett y Packard desarrollaron un oscilador de audio de precisión, el conocido como Modelo 200A. Utilizaron una bombilla como resistencia, para estabilizar la temperatura del circuito, lo que les permitió simplificar el dispositivo y reducir el precio de venta a 54,40 $, en lugar de los 200 $ que valían otros modelos menos estables del mercado.
El 1 de enero de 1939, los dos ingenieros fundaron la empresa Hewlett-Packard y consiguieron sacar al mercado el modelo 200B de su oscilador. Este aparato tuvo como primer cliente a los estudios Walt Disney Pictures, que compraron ocho para sincronizar los efectos de sonido a la película Fantasía. HP ha llegado a convertirse hoy en una de las compañías de tecnologías de la información más importantes del mundo.
En 1987 este garaje fue declarado lugar de nacimiento de lo que, con los años, sería Silicon Valley, el territorio técnicamente más avanzado del mundo. Los empresarios fundadores no pararon hasta intentar recuperar la pequeña construcción de madera, y en el año 2000, HP logró hacerse con el garaje y la vivienda anexa. En el año 2005 terminaron su restauración por completo con el fin de preservar este legado.

El garaje HP restaurado
En el año 2007, el garaje de HP fue declarado Lugar Histórico de Estados Unidos, una conmemoración realmente importante y que otorga a la construcción carácter de lugar histórico como lo pueden ser la isla de Alcatraz, las cataratas del Niágara o el Gran Cañón.
David Packard falleció en 1996, a la edad de 84 años; William Hewlett murió en el año 2001, contando con 88 años de edad. Seguramente ambos se fueron felices al ver sus sueños cumplidos y su garaje en manos de la empresa que surgió del interior de sus cuatro paredes.

David Packard y William Hewlett con su garaje al fondo

