Un gran debate en la Red: la orientación del papel higiénico

Rollo de la discordia
Una de estas manifestaciones, que se presenta de manera recurrente cada cierto tiempo en sitios web, bitácoras, foros y salas de chat, es la referida a la orientación del papel higiénico a la hora de colgarlo en su soporte del baño. Esta auténtica gilipollez en grado sumo ha hecho correr ríos de tinta digital y ha revelado teorías varias y estudios de investigación más o menos profundos.
Existen dos opciones de orientación para el papel higiénico cuando se utiliza un soporte de rollo con un eje horizontal paralelo a la pared: el papel higiénico puede colgar por encima (Modelo A) o por debajo (Modelo B) del rollo, esto es, por delante (más alejado de la pared) o por detrás (más cercano a la pared). La elección es, en gran medida, una cuestión de preferencia personal dictada por la costumbre, si bien diversas encuestas a consumidores estadounidenses y a especialistas en artículos de baño han arrojado algo de luz sobre el asunto, obteniendo un resultado de entre el 60% y el 70% de preferencia por la primera opción (colgando por delante).

Modelo A y Modelo B
Lo que más sorprende a algunos observadores de Internet es el grado en el que las personas tienen opiniones fuertes sobre un tema tan trivial. Los defensores de ambas posiciones citan ventajas que van desde la estética, la hospitalidad y la limpieza, la conservación del papel o la facilidad de extracción de las hojas individuales.
Pero la moda de este debate es anterior a Internet, ya que parece ser que surgió nada menos que en 1886, en Estados Unidos (cómo no). Todos los datos de la historia los recogía perfectamente una web ya desaparecida y llamada ‘The Great American Toilet Paper Debate’, donde se podía además votar por tu opción preferida y adquirir un kit un tanto peculiar. Todavía se pueden ver algunas de sus páginas vía Wayback Machine (la última versión que tienen guardada en caché es del 1 de agosto de 2008).
Personalidades de la política, famosos mediáticos y reconocidos profesionales en cualquier cosa se han posicionado también en esta cuestión. Así pues, la actriz Tori Spelling, el cantautor Matt Wertz o el ingeniero Rae Hill dijeron en su momento que preferían la opción del papel colgando por delante; la columnista Ann Landers, el actor Dean McDermott o el periodista Gene Weingarten, entre otros, prefieren el papel colgando por detrás.
De este tema han hablado profesores de sociología como Edgar Alan Burns, que reconoce que, el primer día de su curso introductorio a la sociología, les pide a sus estudiantes que se posicionen y razonen sobre el lado hacia el que piensan que un rollo de papel higiénico debe colgar. En los cincuenta minutos siguientes, los estudiantes examinan por qué eligieron sus respuestas, explorando (sin ellos saberlo) la construcción social de reglas y prácticas que nunca antes han pensado conscientemente.
Se han escrito capítulos de libros, teorías físicas, reflexiones y todo tipo de manuales que arguyen multitud de razones (filosóficas, metafóricas, instrumentales y matemáticas) para defender cada postura. Con la llegada de Internet, como era de esperar, el debate se recrudeció y multitud de sitios web se hicieron eco de la tontería del colgamiento del papel, haciendo extensivo a la humanidad este dilema existencial que tan acuciante es para supervivencia en el planeta.
Como ejemplos podemos citar las entradas sobre el tema en IndyPosted (en inglés) y en Carvajablog (en castellano). La propia Wikipedia tiene un extensísimo artículo (en inglés) en el que se muestran multitud de datos estadísticos, encuestas, argumentos de uno y otro bando, soluciones al dilema y una ingente bibliografía para perder el tiempo durante días. Por supuesto, la web Know Your Meme también dispone de información al efecto (vídeos chorras incluidos).
Entre los diversos razonamientos de peso que se ofrecen por parte de los que se apuntan al debate podemos encontrar algunos muy interesantes y esclarecedores. Por un lado, los partidarios de que el papel cuelgue por delante argumentan ventajas como la reducción de roces de nuestros nudillos contra la pared o la facilidad para localizar visualmente el extremo suelto. Por su lado, los incondicionales de que cuelgue por detrás dicen que proporciona un aspecto más ordenado al baño (por no verse el extremo) y que, además, reduce el riesgo de que un niño pequeño o una mascota (como un perro o un gato) desenrrollen completamente el papel.
En fin, como se aprecia es un debate sólo para sabios y expertos en humanidades. Los simples mortales seguiremos colgando el rollo como nos salga de las gónadas sexuales, dejando la disyuntiva para los entendidos.
Siguiendo el ejemplo de la imagen de esta entrada, la de los Modelos A y B, sois totalmente libres, los lectores de este blog, para procrastinar un rato, dejando volar vuestra imaginación, y contarme cuál es vuestro preferido y por qué. Adelanto que en mi casa siempre ha sido el tipo A, porque me parece el más lógico, no sé.
La polémica de Jade Raymond

Jade Raymond
La joven se formó en la universidad Marianopolis de Montreal para, posteriormente, graduarse en la Universidad McGill con una licenciatura en Ciencias Informáticas. Cuando era adolescente pasó un verano entero jugando diez horas diarias al ‘EverQuest‘ y al ‘Tekken 3‘ y, tras aquel ocupado estío, decidió que no quería volver a jugar más, que lo que deseaba con pasión era fabricar ese tipo de entretenimiento. Esto marcó sus futuros estudios tecnológicos.
Cuanto trabajó para Sony se especializó en partidas de juegos online, por lo que al comenzar a trabajar en EA se encargó de producir uno de los juegos en línea más populares de la empresa: ‘Los Sims Online‘. Ella fue directamente responsable de todo el diseño y la implementación de características de juego en línea.
En su etapa en Ubisoft ha sido productora ejecutiva de la afamada saga ‘Assassin’s Creed‘. Se encarga de supervisar el desarrollo del juego en cuanto al desarrollo técnico y creativo del mismo, así como del mantenimiento de calendarios y presupuestos. Asimismo, actúa como enlace entre el personal de desarrollo y el editor, o el personal ejecutivo, para asegurar que el juego sea entregado en el tiempo estipulado.
Esta chica es una joya, pues también tiene una licenciatura en Bellas Artes y forma parte de la junta de administración en Quebec de LOVE, una organización sin fines lucrativos dedicada a reducir la violencia juvenil en Canadá.
Y como nadie es perfecto, de ella tampoco se podría pasar por alto un pequeño problemilla que tiene: es demasiado guapa y atractiva. ¿Y esto es un problema?, os preguntaréis. Pues aunque no debería serlo, para Jade sí lo fue.
Durante la promoción de la primera parte de ‘Assassin’s Creed’, en 2007, gran parte de los profesionales del sector acusaron a la señorita Raymond de estar acaparando la atención más ella que el propio videojuego. Desde las trincheras se instó a Ubisoft a que dejara de utilizar la belleza y el atractivo físico de la mujer como un reclamo de marketing para ganarse a la prensa especializada.

Jade Raymond en la presentación de 'Assassin's Creed' en el E3 de 2007
El machista mundo de la industria de los videojuegos provocó una reacción en cadena a la que se sumaron muchos sitios web del entorno, como el blog Kotaku, que aseguraba que «Jade es atractiva para la prensa de videojuegos; por supuesto que vas a escribir sobre ella. Y una vez de que lo hagas, sucede que Ubisoft va a impulsar más su imagen, porque se dan cuenta de que tiene muy buena cobertura mediática«.
Habría sido francamente feo que Ubisoft Toronto hubiera utilizado a Jade Raymond como reclamo erótico de mercadotecnia, pero todavía habría sido mucho peor si eso no hubiese ocurrido nunca y el resto del mundo lo hubiera visto así. La testosterona de macho dominante aflora tanto por un lado como por el otro.
La historia se agravó posteriormente hasta límites desagradables, cuando la web Something Awful publicó un cómic pornográfico en el que se veía a Jade Raymond hacer felaciones a tres jóvenes gamer a cambio de que le compraran el videojuego ‘Assassin’s Creed’. Ubisoft demandó a Richard «Lowtax» Kyanka, creador de la web donde apareció el cómic porque, según la empresa, infringía la propiedad intelectual y el copyright de la marca ‘Assassin’s Creed’, así como los derechos privados de Jade Raymond. Se comentó literalmente que era «un cómic vil y descarado, que ha causado un daño inconmensurable a la Sra. Raymond y a la reputación de su carrera, constituyendo una grave infracción de sus derechos personales y de su privacidad».
Desde aquel suceso, el cómic fue reiteradamente retirado de las diversas páginas web donde era colgado. Es por ello que no seré yo quien lo reproduzca aquí y ahora. (Pero, hombre, un enlace de otra página que sí se ha jugado el tipo siempre puedo colocar, ¿no?).
Jade Raymond debió de terminar bastante tocada con aquel asunto y, desde entonces, se deja ver muy poco, cuando siempre había participado en congresos, presentaciones y actos del sector de los juegos de vídeo. Aún así le siguieron lloviendo rumores, como aquel que apareció en los foros de GameTrailers.com que aseguraba que la muchacha se desnudaría para la publicación Maxim en el número de diciembre de 2007, bajo el titular «Chicas de videojuegos». La propia Jade no tardó en desmentir tal bulo, argumentando que jamás haría algo así y que le ofende que la gente piense que fuera capaz de hacerlo.
Qué triste tener que hablar de este tipo de temas acaecidos en pleno siglo XXI. Si Jade Raymond hubiera sido un cardo borriquero, más fea que un callo malayo, ¿habría sucedido lo mismo? ¿Habrían acusado a Ubisoft Toronto de promocionar el juego de manera obscena? Aunque queda una última pregunta más dura, si cabe: ¿habría Ubisoft Toronto permitido dar la cara a su productora?
Sea como fuere, y tuviere la culpa quien la tuviere, tanto por parte de unos como de otros deberían haber considerado las declaraciones y las actuaciones antes un poquito. Mientras el culto al cuerpo (femenino o masculino) sea más importante que el culto a la persona se seguirán dando situaciones como esta. Somos animales y como animales nos comportamos.
El bundle de los cojones

Un bundle de esos
Yo que soy muy mío, cuando no entiendo algo, suelo dejar que parloteen durante algunos minutos más, a ver si siguiendo el hilo de su soliloquio consigo adivinar de qué coño me están hablando. Y es que en el mundo de la informática va todo tan deprisa, que muchas veces aparecen artilugios o conceptos que la primera vez que los oyes te tiras de los pelos hasta que consigues adivinar qué pueden ser. Posteriormente se hacen como de tu familia y se quedan grabados a sangre y fuego en tu memoria.
El caso es que en esta ocasión no me pude contener y no tuve más salida que frenarla en seco, porque el bundle de las pelotas me sonaba tan cercano y a la vez tan distante que mi cerebro, a golpe de provocar repeticiones de la chiquilla, intentaba inferir su significado.
Por fin, y cuando le pregunté qué carajos era un bundle, la chica esbozó una sonrisa burlona que a través del teléfono no pude ver, pero que intuí perfectamente. Un bundle, caballero es un pack. Es que en mi empresa están un poco americanizados, sabe.
Tócate los cojones, resulta que el bundle del demonio no era ningún nuevo método de almacenamiento masivo ni ningún sistema interactivo de réplica de contenidos, sino un pack, un triste y simplón pack (en este caso de una impresora de tiques y un lector de código de barras). Vamos, que lo que hace años era un kit y luego pasó a ser un pack, ahora se llama bundle.
Nunca termino de entender completamente ese complejo que tenemos en España (y supongo que en otros países también) que hace que despreciemos de una manera vil nuestra lengua y sus vocablos en favor de anglicismos estúpidos y rimbombantes (que muchas veces terminan por ser aceptados por la RAE). Pero claro, es que ofrecerme un conjunto o un grupo de artículos en oferta no es cool ni fashion. Es mejor vender un puto bundle que suena a yankee doodle que te cagas y me va a entrar por los oídos como alta tecnología americana.
Somos lo más de lo más en cuestión de modernidad llamando pines a las insignias, cómics a los tebeos y tuppers a las fiambreras de plástico. Las cosas en inglés suenan mucho mejor, dónde va a parar.
Los calzoncillos se han convertido en slips, los aparcamientos en parkings y los representantes en mánager. No nos ofrecen un aperitivo, sino un cóctel; ya no vemos ningún tipo de programa televisivo, vemos magacines, reality shows y spots; y si comemos bacón creemos que nos engorda menos que la panceta ahumada. Aunque ya da igual engordar, en cualquier gym podemos encontrar clases de aeróbic, fitness, step y spinning. Por cierto, esto último es pedalear al ritmo de la música en una bicicleta estática de toda la vida. ¿Se imaginan un gimnasio que oferte «bicicleta estática a ritmo de música»? No va ni Dios. Pero si colocan un rótulo que diga spinning o indoor cycling, aquello se llena hasta la bandera. Qué paletos somos.
Pues yo lo siento mucho, pero mientras pueda utilizar las palabras de nuestro rico idioma (más rico y complejo que el inglés, que es una de las lenguas más fáciles y simples del mundo) lo seguiré haciendo. Y digo mientras pueda porque esta invasión es imparable y nos lleva a todos por delante como una riada. Desde luego que no hablaré de disco digital óptico si puedo decir deuvedé, pero un conjunto es un conjunto. Y se mete usted su bundle por donde le quepa, señorita. Do you know?
Un visionario llamado Tim O’Reilly

Tim O'Reilly
El interés por las nuevas tecnologías surgió de su amistad con un programador que necesitó de sus cualidades para escribir un manual de informática. Tim O’Reilly no sabía nada de ordenadores, así que entre ambos comenzaron a colaborar, formando la empresa O’Reilly & Associates. Durante cinco años se dedicaron a escribir libros informáticos a medida para empresas, pero al final, y a causa de un contrato anulado, el modelo de negocio fracasó y la sociedad se diluyó.
O’Reilly, henchido ya por el mundo de la computación y de la tecnología, decidió fundar una nueva editorial, O’Reilly Media. Hoy día, esta empresa es la más importante generadora de contenidos informáticos del mundo, distribuyendo millones de ejemplares de manuales de la más alta calidad técnica.
Tim cuenta que tuvieron al principio un par de errores que luego les beneficiarían: el precio y los descuentos a librerías. Una librería les ofreció comercializar sus libros si les hacían un 55% de descuento (el promedio para relatos de ficción, cuando lo normal para los libros técnicos que ellos vendían era el 32%), y aceptaron porque no sabían que había mejores tratos. El resultado fue que comenzaron a comercializar sus libros en mayores cantidades y superaron ampliamente a sus competidores por los precios accesibles y la elevada calidad.

Dos libros de la editorial O'Reilly Media
O’Reilly editó el primer libro popular sobre Internet (‘The Whole Internet User’s Guide & Catalog‘, en 1992); fue el creador del primer portal comercial de Internet en 1993 (Internet Global Network Navigator, hoy AOL.com); y fue, también, colaborador a la hora de acuñar el término «software libre«, en 1998. Pero si por algo se le conoce mundialmente es por ser el inventor del concepto «Web 2.0«.
El término surgió en el año 2004, cuando realizó una conferencia a la cual decidió llamar ‘Conferencia Web 2.0’. Su significado designa la evolución actual de Internet hacia mayores grados de interactividad, con un funcionamiento cada vez más sencillo e intuitivo y con la web como elemento central. Contempla la base de Internet como un cúmulo de aportaciones de los usuarios, donde hay que aprovechar la inteligencia colectiva y el trabajo en común.
La comunicación ya no es unidireccional, de los medios al ciudadano, sino que posee multitud de direcciones entre medios y ciudadanos. Los lectores colaboran mediante comentarios y aportaciones multimedia e, incluso, se convierten en comunicadores elaborando bitácoras, foros, etcétera. La Web 2.0 es la web participativa.
Como él mismo ha apuntado en alguna ocasión, el problema más importante de la tecnología es que conlleva nuevos riesgos y nuevos beneficios, así que en la era de la Web 2.0 hay que buscar un equilibrio entre, por un lado, este beneficio de la inteligencia colectiva y, por otro lado, el riesgo de revelar nuestros datos personales en, por ejemplo, redes sociales. Pero la gente está dispuesta a buscar este equilibrio.
La editorial de este gurú de la Red, O’Reilly Media, ha adoptado la licencia Creative Commons Founder’s Copyright, que limita la duración de los derechos de autor a un máximo de 28 años. Según O’Reilly, la ampliación de la duración de los derechos de autor va en contra de la idea original de los propios derechos de autor (que era garantizar un tiempo determinado de usufructo), pero evidentemente hay personas que tienen otros intereses en este tema.
A Tim no le gusta que le traten de visionario o gurú, aunque así nos lo parezca a todos. Ha comentado, por ejemplo, que herramientas de software social, como Facebook, se le escaparon a su «radar» en los comienzos, y no consiguió adivinar lo populares que iban a llegar a ser. La clave es conocer y escuchar a gente inteligente.
Este hombre cree que los libros en papel van a durar muchos años, aunque un buen lector de e-book puede hacerles mucho daño. Los manuales de informática se enfrentan a un gran reto en la Red, ya que actualmente es más fácil usar Google, pero él asegura que los libros de texto pueden enseñar mejor que un recurso en línea, o al menos hasta hoy así ha sido demostrado.
Como firme defensor de la libertad de Internet y de la neutralidad en la Red, opina que los bancos y cajas de ahorros tienen muchos más datos personales y más sensibles de los usuarios que el propio Google y, además, trafican y comercian mucho más con ellos. Por eso es injusto atacar siempre a Internet como el centro de todos los problemas de seguridad.
Afirma, también, que la era de la Web 2.0 ha terminado con el software empaquetado que se actualiza cada cuatro o cinco años. Las aplicaciones web se pueden actualizar varias veces al día rápidamente y de manera transparente al usuario. Es por eso que, según O’Reilly, Microsoft está teniendo tantos problemas para adaptarse a la Web 2.0.
Relata la historia de un desarrollador que él conoce que trabajo en Microsoft y posteriormente en Google. Esta persona le contaba lo maravilloso que es trabajar en un sitio en el que puedes publicar tu trabajo el mismo día que lo terminas, sin necesidad de tener que esperar meses o años hasta que salga un paquete de actualizaciones o una versión nueva del producto. Google puede cambiar su interfaz de usuario en segundos; Microsoft tardó cuatro años en migrar de Office 2003 a Office 2007. Las reglas del juego han cambiado.
En cuanto a lo que se refiere al futuro de la WWW, Tim O’Reilly cree que hay diferentes tendencias que acelerarán y continuarán impulsando lo que vemos en la web. En un lugar destacado está la plataforma móvil de teléfonos celulares inteligentes, de la que hoy en día sólo vemos la punta del iceberg. Su teoría explica que cada terminal es, en cierto modo, como un sensor, y datos como la situación o localización son registrados automáticamente por el teléfono. Estos sensores cada vez serán más importantes en las aplicaciones web del futuro.
O’Reilly forma parte del consejo directivo de CollabNet, y estuvo en el consejo de Macromedia hasta su fusión en 2005 con Adobe Systems. En marzo de 2007 se unió al consejo de directores de MySQL AB. Es sin lugar a dudas el mejor ideólogo de la Red y, cuando habla, los cimientos de Internet se mueven para ajustarse a su doctrina. Un gran hombre hecho a sí mismo.
No vuelvo a comprar un disco original en mi vida

Teddy Bautista
Resulta que el bueno de Teddy concede una entrevista que aparece publicada en Heraldo.es, en el marco de un acto organizado por los Ejecutivos y Directivos de Aragón. Y comenta, entre otras perlas, que «si se exime a las empresas del canon, los particulares pagarán más» (sic). Y a mí se me revuelven las entrañas cuando oigo cosas como esta.
El canon remuneratorio y el concepto de copia privada fueron introducidos en España hace décadas (a finales de los ochenta), cuando la industria observó que la copia de casetes musicales (mediante los famosos aparatos de doble pletina) era algo de todo punto imparable. En lugar de luchar contra aquella primigenia piratería a golpe de sentencia judicial, llegaron a un acuerdo para recaudar lo que decían perder en concepto de ventas musicales, aplicando una suerte de impuesto añadido al precio final de las cintas vírgenes de casete. Pero esto lo cuenta mejor David Bravo que yo.
Con el paso de los años, y tras la aparición de Internet, la SGAE se ha ido creciendo y ha conseguido que el famoso canon se aplique, ya no sólo a los medios digitales en los que se pueda grabar y reproducir ilegalmente una obra original, sino a elementos tan absurdos como una impresora, un teléfono móvil, un escáner o una memoria USB. Argumentan motivos tan inverosímiles como que con un móvil (que disponga de funciones de MP3) se puede reproducir música ilegal, y también dicen que con un escáner casero se puede duplicar un libro al completo (¡pues vaya trabajito!).
Y yo digo: ¿de los cedés y deuvedés que utilice para mis archivos personales, quién me devuelve el canon? Pagamos obras intelectuales y artísticas cientos de veces sin haberlas adquirido. En este país se compran miles de soportes digitales, de teléfonos celulares, de impresoras, de fotocopiadoras, y demás aparatos que se emplean exclusivamente de manera individual y propia. ¿Por qué hemos de pagar por ello un impuesto revolucionario que dispone una empresa privada con la connivencia, el beneplácito y la complacencia del Gobierno de España y de la Ministra de Cultura? Para que, encima, nos amenacen con el aumento del gravamen porque les ha picado la sentencia del Tribunal de Justicia de la Unión Europea. Lo siento, pero yo me niego.
¿Y cómo luchar contra esta injusta postura? Evidentemente, el rechazo al pago no es una buena vía; cuando se compra algo hay que abonarlo religiosamente, y el vendedor no tiene culpa del incremento de los apandadores. Mi apuesta va mucho más allá. Consiste en, simplemente, no volver a pagar por nada, absolutamente nada, en la vida. Ni un disco de música, ni una película, ni una serie de televisión, ni un documental, ni un videojuego, ni un libro, ni nada que se pueda descargar de Internet.
Teóricamente el canon suple estos actos de piratería (ya que no hay ánimo de lucro ni perjuicio de terceros en ellos), y con lo que pago y he pagado por artículos que nunca he dedicado a los supuestos que ellos apuntan, desde luego he sufragado con creces todo lo que me baje o me pueda bajar en el futuro. ¡A robar a un camino, señor Bautista!

