El fallido disquete de 3 pulgadas

Disco de 3″

El Compact Floppy Disk de 3 pulgadas, también conocido como CF-2, intentó ser el rival directo de Sony y su sistema de disquetes de 3,5″. Al amparo de un consorcio de fabricantes liderado por Matsushita, Hitachi fue el fabricante principal de las unidades para estos discos, creyendo que se convertiría en el nuevo estándar, algo que, como sabemos, no sucedió. Todo ello en los primeros años de la década de los ochenta del siglo pasado.

El formato fue ampliamente utilizado por Amstrad en sus ordenadores CPC y PCW y, después, en el Sinclair ZX Spectrum +3, cuando Amstrad se hizo cargo de su fabricación. Además, también fue adoptado por algunos otros fabricantes como Sega, Tatung Einstein o Timex —en Portugal— en las unidades de disco FDD y FDD-3000.

Los disquetes de tres pulgadas se parecen mucho, en tamaño, a los de 3,5″, pero con algunas características únicas. La carcasa de plástico es más alargada que la de su competidor de Sony, pero menos ancha y más gruesa. El disco, con un recubrimiento magnético real de 3 pulgadas, ocupa menos del 50 % del espacio interior de la carcasa, el resto se utiliza para complejos mecanismos de protección y sellado implementados en estos discos, sistemas que son directamente responsables del grosor del producto, así como de los elevados costos del mismo.

Disco de 3″

En las primeras máquinas de Amstrad (las de las líneas CPC y PCW 8256), los discos habían de ser dados la vuelta para cambiar de lado, actuando como dos unidades separadas de una única cara, algo comparable a los discos flexibles de 5,25″. Los lados, pues, eran las unidades A y B completamente independientes. Los mecanismos de doble cara se introdujeron en los últimos PCW 8512 y PCW 9512, eliminando así la necesidad de dar la vuelta al disco.

El formato de disco en sí no tenía más capacidad que los disquetes de 5,25″ (más populares y más baratos). Cada lado de un disco de doble densidad contenía 180 kB (para un total de 360 k​B por disco) y 720 kB para los discos de cuádruple densidad. A diferencia de los discos de 5,25″ y 3,5″, estos de 3″ fueron diseñados para ser reversibles y disponían de pestañas independientes de protección contra escritura. Asimismo, también eran más fiables gracias a su carcasa más rígida.

Unidades de disco de 3″

Los CF-2 de 3 pulgadas también se utilizaron en sistemas operativos como CP/M y, ocasionalmente, en los ordenadores MSX de algunas regiones. Otras máquinas más desconocidas que usaron también este formato fueron el ordenador portátil Gavilan SC y la computadora personal de 16 bits National My Brain 3000 de Matsushita. La grabadora Yamaha MDR-1 también montaba unidades para discos de 3″.

Publicidad de discos de 3″

El principal problema del que adoleció este formato fue su alto precio, debido a los mecanismos bastante elaborados y complejos que incluía. Sin embargo, el remate final se lo dio Sony cuando, en 1984, convenció a Apple Computer para que usara sus unidades de 3,5″ en el modelo Macintosh 128K, lo que convirtió a esta tecnología en un estándar de facto, y aniquiló al disco de 3 pulgadas.

‘Lotus 1-2-3’: así se popularizaron las hojas de cálculo

'Lotus 1-2-3'
‘Lotus 1-2-3’

En 1979, Apple alumbraba su software ‘VisiCalc‘ para Apple II, un éxito de ventas que se convirtió en la primera hoja de cálculo digital decente de la historia. En comparación con los programas anteriores, ‘VisiCalc’ permitía construir fácilmente sistemas de cálculo de forma libre para prácticamente cualquier propósito; las limitaciones estaban relacionadas —principalmente— con la memoria y la velocidad del equipo. ‘VisiCalc’, probablemente, fue la primera killer-app de la que se tiene conocimiento, es decir, un software que hacía que la gente comprara ordenadores Apple sólo para poder ejecutarlo; una aplicación cuya implantación suponía la definitiva asimilación por los usuarios.

Aunque después vendrían otras, como ‘SuperCalc‘ (Sorcim, 1982) o ‘Multiplan‘ (Microsoft, 1982), ‘VisiCalc’ seguía siendo la referencia, pero sólo hasta que llegó ‘Lotus 1-2-3‘ en enero del año 1983. Lotus Development Corporation fue fundada por Mitchell Kapor, un conocido de los desarrolladores de ‘VisiCalc’. Kapor encargó a Jonathan Sachs la creación de una nueva hoja de cálculo que desbancara a todas las demás, y Jonathan, que había escrito software parecido trabajando para la compañía Concentric Data Systems, se sacó de la manga ‘Lotus 1-2-3’, un programa escrito desde cero e íntegramente en el ensamblador del x86, lo que hacía que fuera infinitamente más rápido que sus competidores. Fue el primer software con contar con un anuncio publicitario televisivo.

‘Lotus 1-2-3’

Además, incorporó fantásticas novedades, por ejemplo, un creador de gráficos que podía mostrar varios tipos, como circulares, de barra o lineales, aunque, eso sí, requería que el usuario tuviera montada una tarjeta gráfica en su PC. La versión inicial de ‘Lotus 1-2-3’ sólo admitía tres configuraciones de vídeo: CGA, MDA (en cuyo caso, el creador de gráficos no estaba disponible) o modo de monitor dual. Sin embargo, unos meses más tarde se agregó soporte para adaptadores gráficos Hercules, que eran un clon del MDA que permitía el modo de mapa de bits. La posibilidad de tener capacidades de texto y gráficos de alta resolución (a expensas del color) resultó ser extremadamente popular, y se le atribuye al propio ‘Lotus 1-2-3’ la popularización de la tarjeta gráfica Hercules.

Las primeras versiones de esta hoja de cálculo también llevaban una protección de copia de disco clave. Si bien el programa se podía instalar en el disco duro, el usuario tenía que insertar el disquete original al iniciar ‘Lotus 1-2-3’. Este esquema de protección se rompió fácilmente y fue un inconveniente menor para los usuarios domésticos, pero resultó ser una molestia grave en el entorno empresarial.

‘Lotus 1-2-3’

La dependencia del hardware específico del IBM PC llevó a que ‘Lotus 1-2-3’ se utilizara como una de las dos aplicaciones de pruebas de esfuerzo, junto con ‘Microsoft Flight Simulator’, para determinar la verdadera compatibilidad al 100 % de los ordenadores PC clónicos que inundaron las tiendas de informática a principios de la década de 1980.

El paulatino e imparable avance de Microsoft Windows en el mercado de la informática personal claramente terminó afectando de manera negativa a ‘Lotus 1-2-3’ que siguió anclado durante varios años al sistema operativo MS-DOS, desechando la migración al nuevo entorno. Y es que la primera versión (1987) del ‘Excel‘ de Microsoft, que bebía directamente de ‘Lotus 1-2-3’, ya era compatible de manera total con el, por entonces, novedoso entorno gráfico.

La cuota de mercado de ‘Excel’ comenzó a crecer cada vez más a expensas de la de su rival, hasta llegar a superar a ‘Lotus 1-2-3’ de manera completa y aplastante con el paso de los años, pasando a acaparar —según estimaciones— hasta un 90 % del mercado junto a las otras aplicaciones del paquete de oficina ‘Microsoft Office’. De hecho, fue la única aplicación de hoja de cálculo para Windows durante años. Cuando se planificó una reescritura del código fuente de ‘Lotus 1-2-3’ para Windows con el objetivo en mente de superar a ‘Excel’, ya era demasiado tarde. Pero los exigentes tiempos del mercado de las aplicaciones ofimáticas no permitían tales reestructuraciones, por lo que ‘Lotus 1-2-3’ terminó, en gran parte, siendo una interfaz gráfica montada sobre lo que, en gran medida, seguía siendo el viejo motor de la versión para MS-DOS del programa.

‘Lotus 1-2-3’

La versión 9.8 de ‘Lotus 1-2-3’, en el año 2002, ya había alcanzado en gran parte las capacidades de ‘Excel XP’ y ‘Excel 2003’, incluso las superaban en algunos aspectos, sin embargo, la notable falta de interés del público en general ha hecho que, durante los últimos años, la propia IBM (desarrolladora actual del producto) haya dejado en segundo plano el proyecto.

Black Watch: el primer desastre comercial de Sinclair en 1975

Black Watch
Black Watch

Exactamente una década antes del fiasco del vehículo C5 —del que Sinclair no se recuperó ya nunca más—, en 1975, la compañía británica del ZX Spectrum fue torpedeada por otra mala idea convertida en un producto desastroso: el reloj Black Watch. Lanzado al mercado en septiembre de aquel año, se vendía por 17,95 £ en formato de kit para montar (algún muy común en la época) y por 24,95 £ ya ensamblado y listo para usar. Tomaba su nombre de una unidad del ejército escocés.

El Black Watch era un reloj digital de aspecto poco convencional, estaba moldeado en plástico negro y contaba con una pantalla LED de cinco dígitos; realmente hubo una versión en negro, otra en gris y otra más sofisticada, en blanco, que mostraba también la fecha en pantalla. Para ahorrar energía, la pantalla estaba apagada de forma predeterminada, y disponía justo debajo de ella de dos botones que la encendían para ver las horas y los minutos o, por otro lado, los minutos y los segundos, en función de qué botón se presionara. Algo muy raro, incluso para aquella época de apasionantes microavances tecnológicos.

Este reloj de Sinclair Radionics (que posteriormente adoptaría el nombre de Sinclair Research) fue un desastre comercial y técnico desde el minuto uno. El chip podía estropearse simplemente a causa de la electricidad estática de una camisa de algodón, de un jersey de nailon o del aire acondicionado de la oficina. El problema también afectó a las instalaciones de producción en cadena, en las que se provocaban continuos fallos y defectos antes incluso de que reloj saliera de la fábrica. El resultado podía conllevar que la pantalla se congelara con dígitos muy brillantes y sin apagarse, provocando que las pilas se sobrecargaran y, ocasionalmente, explotaran. Es por ello que pocos relojes Black Watch hayan llegado hasta nuestros días.

Black Watch
Black Watch

Pero no sólo eso, la precisión del cristal de sincronización de cuarzo era tan sensible a la temperatura, que el reloj funcionaba a diferentes velocidades en invierno y verano. Las pilas o baterías duraban apenas diez días, y el propio diseño de los circuitos y la carcasa hacía que se antojara muy complicado reemplazarlas. Los botones de control funcionaban de manera errática con frecuencia, lo que hacía imposible encender la pantalla o, por el contrario, imposible apagarla.

Con respecto al kit de montaje, el equipo era casi una obra titánica de construir para un aficionado; la revista ‘Practical Wireless’ aconsejaba a sus lectores que usaran dos pinzas para la ropa de madera, dos chinchetas y un trozo de cable aislado para colocar las pilas en su lugar, y luego había que pasarse cuatro días ajustando el condensador variable para asegurarse de que el reloj funcionara a la velocidad correcta.

Black Watch
Black Watch

Con todo y con eso, además, la carcasa era muy difícil de mantener de una sola pieza, ya que estaba fabricada en un plástico que resultaba que no se podía pegar con pegamento, por lo que las piezas estaban diseñadas para engancharse mediante clips que se rompían con facilidad o no encajaban correctamente.

El catálogo de problemas que supuso el Black Watch llevó a que se devolvieran prácticamente la totalidad de las unidades compradas, un hecho que derivó en la leyenda satírica que afirmaba que Sinclair recibido más relojes devueltos de los que se habían fabricado. Y todo aquello empeoró a causa del muy deficiente servicio de atención al cliente, donde solamente una veintena de personas estaban disponibles para reparar y devolver todos los relojes defectuosos. El atraso en las gestiones, finalmente, alcanzó proporciones tan monstruosas que todavía no se había despejado dos años después.

Black Watch
Black Watch

El fiasco del Black Watch de Sinclair Radionics tuvo un efecto devastador en las finanzas de la compañía: la empresa registró una pérdida de 355.000 libras esterlinas entre 1975 y 1976, sobre una facturación de 5,6 millones. Sinclair se habría declarado en quiebra si el gobierno británico, en forma de Junta Nacional de Economía, no la hubiera intervenido y apuntalado con subsidios y, también, mediante gestión directa.

Diez años después, como decíamos al principio, llegaría el nuevo fracaso, el C5, aunque entonces Sinclair ya no tendría tanta suerte y terminaría vendiendo la compañía a su archirrival, Amstrad. Pero eso ya es otra historia.

Kazumi Totaka y su huevo de pascua musical

Kazumi Totaka
Kazumi Totaka

Nacido en agosto de 1967, Kazumi Totaka es un compositor musical japonés, especialista en temas para videojuegos, y uno de los más importantes de la compañía Nintendo. Entre sus trabajos más destacados podemos destacar la banda sonora de toda la franquicia de ‘Animal Crossing’, la composición musical de la saga ‘Luigi’s Mansion’ o la dirección de sonido de ‘The Legend of Zelda: Link’s Awakening’ (1993), entre otros muchos más. También se le conoce por ser el actor de doblaje japonés del personaje de Yoshi, el dinosaurio antropomórfico perteneciente a la franquicia de ‘Super Mario’.

En su Tokio natal, Kazumi Totaka disfrutó de un amplio espectro musical desde muy joven, llegando a dominar varios instrumentos como el piano, el vibráfono, la guitarra y el bajo. Totaka estudió en el prestigioso Kunitachi College of Music, un conservatorio de música privado muy exclusivo de Tokio. Tras su graduación, y debido a su gran talento, ingresó directamente en el R&D1 de Nintendo, el primer y más antiguo equipo de desarrollo de la factoría nipona. Allí comenzó trabajando en diversas composiciones musicales para el título ‘F-1 Race’ (1990) de Game Boy bajo la tutela de Ryoji Yoshitomi, otro gran músico de temas para videojuegos, y pronto sorprendió a sus superiores con su dominio del arte de la composición, tanto que le encomendaron la dirección musical completa del videojuego ‘X’ (1992), un título de acción espacial en 3D para Game Boy.

Kazumi Totaka
Kazumi Totaka

Y fue precisamente en aquel juego ‘X’ donde apareció por primera vez su huevo de pascua musical, una melodía peculiar de 19 notas que se escuchaba cada vez que se presionaba la letra «O» de la palabra «MARIO» en la pantalla de título. A partir de este momento, Totaka va a esconder su velada armonía en decenas de videojuegos, terminando por conocerse mundialmente este grupo de notas como la Canción de Totaka, o Totaka’s Song.

A modo de huevo de pascual musical, la Canción de Totaka aparece en títulos como ‘The Legend of Zelda: Link’s Awakening’ (1993), ‘Luigi’s Mansion’ (2001), ‘Mario Paint’ (1992), ‘Mario Kart 8’ (2014), ‘Animal Crossing: New Leaf’ (2012) o ‘Wii Sports’ (2006), entre otros. En The Original Nintente Archive se puede consultar el listado completo y dónde encontrar los acordes en cada juego. En el siguiente vídeo podemos comprobar la evolución de esta melodía a lo largo de los años y de los juegos de Nintendo.

Inmos Transputer: un ordenador completo en un chip (en 1984)

Transputer
Transputer

El número 117 de la revista enciclopédica ochentera ‘Mi Computer‘ anunciaba a bombo y platillo un chip que superaría el impacto que supuso la irrupción del transistor en los años cincuenta: el transputer, un pionero microprocesador diseñado y producido por la compañía británica Inmos, con sede en Bristol. El transputer (nombre derivado de transistor y computer) fue considerado el gran diseño del momento para el futuro de la informática, condición que no lograría después a pesar de tan altas expectativas.

Transputer fue el primer microprocesador de propósito general diseñado específicamente para ser utilizado en sistemas informáticos en paralelo. El objetivo era producir una familia de chips, con diferentes potencias y costos, cuyos componentes pudieran conectarse entre sí para formar una computadora paralela completa, y es que incluía, en la placa de silicio, su propia CPU, una memoria RAM, soporte para bus, un sistema operativo de tiempo real (RTOS) y enlaces para comunicaciones serie; sólo necesitaba una fuente de energía externa y una señal de reloj simple para coordinar las operaciones.

TRAM
TRAM

Para proporcionar un medio sencillo de creación de prototipos, construcción y configuración de sistemas de múltiples «transputadoras», Inmos asacó el estándar TRAM (TRAnsputer Module) en 1987. Un TRAM era esencialmente una suerte de placa secundaria con bloques de construcción que comprendían, entre otros, un transputer, memorias externas, dispositivos periféricos, conectores de energía simples y estándar, conexiones externas, un reloj y señales del sistema.

Las «transputadoras» estaban diseñadas para ser programadas utilizando el lenguaje de programación Occam, basado en el cálculo de procesos de comunicación de procesos secuenciales. Y es que Occam admitía la concurrencia y la comunicación entre procesos, o entre procesadores, basada en canales como parte fundamental del lenguaje. Con el paralelismo y las comunicaciones integradas en el chip y el lenguaje interactuando con él directamente, escribir código para, por ejemplo, controladores de dispositivos, se convirtió en una trivialidad, algo muy novedoso para la época. Posteriormente, también se lanzaron implementaciones de lenguajes de programación más convencionales, como C, FORTRAN, Ada o Pascal.

Revista 'Mi Computer'
Revista ‘Mi Computer’

Los primeros transputer se anunciaron en 1983 y se lanzaron en 1984. Existieron diversas variantes que se pueden clasificar en tres grupos: la serie T2 de 16 bits, la serie T4 de 32 bits y la serie T8 de 32 bits con soporte de coma flotante IEEE 754 de 64 bits.

Decía aquella revista antes mencionada que «el transputer ofrece un enfoque nuevo y radical al diseño de sistemas de ordenador de gran rendimiento». No se equivocaba, pero tardarían unos años en llegar los verdaderos y poderosos chips integrados con capacidades realmente sorprendentes.

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