Entradas de la categoría ‘Internet’

¡Felicidades Retroactivos!

RetroActivos

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Son cinco años ya; madre mía, cinco años. Quién lo iba a decir.

Feliz japy merry cristmas, señores de RetroActivos. Y que haiga cinco años más por lo menos. Que los haiga, que los haiga.

El padre Busa, IBM y el Index Thomisticus

Busa con una tarjeta perforada

Busa con una tarjeta perforada

Curiosa historia la que traemos hoy aquí; una historia que mezcla religión, informática y lingüística a partes iguales, algo que en apariencia puede parecer inconexo pero que, en realidad, tiene más de enlace y de trabazón de lo que nos podemos imaginar. Y es que la Red de redes, tal y como hoy la conocemos, puede tener tanto que agradecer a un gigante computacional llamado IBM como a un sencillo cura italiano conocido como padre Busa. Increíble, pero cierto.

El día 28 de este mes en el que estamos (noviembre), pero del año 1913, nacía Roberto Busa en Vicenza (Italia). Fue el segundo de cinco hermanos y terminó entrando en el seminario en 1928 para ordenarse sacerdote en 1940 dentro de las filas de la Compañía de Jesús. Ya como jesuita, se graduó en Filosofía en la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma en 1946, y fue catedrático de Ontología, Teodicea y Metodología Científica.

En el mismo año de su graduación (1946) y como historiador que era desde hacía ya tiempo de la obra de Santo Tomás de Aquino, se planteó un quehacer titánico: realizar un índice de todas y cada una de las obras del santo con el fin de generar un inmenso directorio de términos que enlazaran con la página y tomo donde se encontraban para facilitar el estudio de la obra del teólogo siciliano.

Demostración en IBM Bruselas (1967)

Demostración en IBM Bruselas (1967)

La intención era construir lo que dio en llamar Index Thomisticus (por Tomás). Nueve millones de palabras tenían la culpa; eso englobaba la extensa obra de Tomás de Aquino y algunos tomos anexos de autores muy relacionados que también lo habían estudiado profusamente. Cuando había reunido, tras tres años y de manera muy fatigosa y completamente a mano, un total de diez mil fichas, todas ellas dedicadas únicamente al inventario de la preposición “en” (que él consideraba fundamental desde el punto de vista filosófico), Roberto Busa se percató de que aquello se antojaba una labor faraónica y prácticamente imposible para su sola persona. Fue entonces cuando recurrió a IBM.

El padre Busa, pues, se presentó en 1949 en el estudio neoyorquino de Thomas John Watson, fundador y presidente de IBM a la sazón, y le ofreció una afanosa propuesta. Desde hacía ya unos años, IBM fabricaba una serie de equipos que propiciaban que las organizaciones procesaran cantidades de datos sin precedentes en el momento. A Busa se le había ocurrido que aquellas modernas y potentes máquinas podían ayudarle en su trabajo, pues seguramente eran más rápidas que él extrayendo términos, relacionándolos con los libros y las páginas donde se encontraban escritos y almacenándolos para futuras búsquedas.

En Milán con sus ficheros manuales

En Milán con sus ficheros manuales

Además, su obsesión por la lematización era enfermiza. Lematizar, por aclarar el término, consiste en obtener la forma de una palabra que se constituye en lema, dentro de un diccionario o repertorio léxico, a partir de todas sus formas flexionadas o alteradas. Esto es, por ejemplo, el lema “entrar” tiene decenas de flexiones: “entraré”, “entrando”, “entrado”, “entremos”… Así pues, plurales, formas femeninas, conjugaciones, declinaciones y etcétera constituyen entradas de un índice que han de estar todas ellas relacionadas entre sí.

Y de esa forma, precisamente, es cómo funcionan hoy día los motores de búsqueda en Internet, como puede ser Google. Cualquier término que busquemos, y mediante un complejo algoritmo, nos devuelve resultados exactos y también parecidos, pues lematizan las entradas para asociarlas con sus raíces lingüísticas. Algo que hoy puede parecer una tontería y que la ejecutamos a golpe de simples clics, pero que para la época era una completa locura tecnológica.

Estand de IBM en la Expo de Bruselas (1958)

Estand de IBM en la Expo de Bruselas (1958)

Así las cosas, Thomas J. Watson, tras estudiar la propuesta del cura, le pareció de todo punto imposible, y dicen las malas lenguas que le contestó algo así como “no es posible pedirle a las máquinas lo que usted me está diciendo. Usted pretende ser más americano que nosotros”. Aquello no le sentó muy bien a Busa y, recurriendo a una tarjeta de la empresa que le habían proporcionado, puso bajo los ojos de Watson el lema de la multinacional, acuñado por el propio presidente de IBM: “Lo difícil lo hacemos rápido, lo imposible nos lleva algo más de tiempo”.

Se comenta que aquel gesto hizo recapacitar a Thomas J. Watson, y algo se le removió por dentro. Poco después le envió una misiva al padre Busa en la que se leía: “Está bien, padre, lo intentaremos. Pero con una condición: me debe prometer que no cambiará IBM, acrónimo de International Bussiness Machines, por International Busa Machines“. Menudo cachondeito gastaban por IBM, vaya.

Gallarate (Milán, 1960)

Gallarate (Milán, 1960)

Con aquel acuerdo comenzó un proyecto que duraría treinta años, ni más ni menos. Del encuentro de estas dos mentes creativas, escribió Stefano Lorenzetto en ‘L’Osservatore Romano’: “Nació el hipertexto, ese conjunto de información estructurada por conexiones dinámicas consultables en el ordenador con un clic”. El término anglosajón hypertext sería acuñada por Ted Nelson en 1965, pero como fue documentado por Antonio Zoppetti, experto en lingüística e informática, quien “de verdad trabajó en el hipertexto, con al menos quince años de anticipo sobre Nelson, fue el propio padre Busa”.

Presentación de los primeros resultados en IBM

Presentación de los primeros resultados en IBM

Según fue avanzando la tecnología y fueron pasando los años, los americanos consiguieron terminar aquella ingente obra técnica. Debemos tener en cuenta que, en su primera época, comenzaron con tarjetas perforadas (¡!). En la década de los setenta del siglo pasado, el Index Thomisticus ocupaba 56 volúmenes impresos; en el año 1989 apareció la primera versión en CD-ROM (posteriormente también en DVD); y en el año 2005 surgió en Internet la web con todo el contenido completo, en la que se puede ver todavía hoy el logotipo de IBM como empresa colaboradora, además del de la Fundación Tomás de Aquino, Cael y la Universidad de Navarra. En 2006 comenzó una nueva fase, un proyecto que pretende la notación sintáctica de todo el cuerpo de la obra de Santo Tomás de Aquino.

Roberto Busa falleció el 9 de agosto del año 2011.

Hacerse con el ID de una cuenta de Facebook antes de denunciar

Facebook ID

Facebook ID

Facebook es la red social más importante del planeta, al menos en número de integrantes, y por ello es un lugar ideal para que, entre la muchedumbre, se oculten alborotadores, inciviles, maleducados y, a veces también, vándalos y sinvergüenzas. Todos los días se reportan a la plataforma cientos de imágenes, comentarios y otros contenidos de diversas cuentas que molestan, inoportunan o acosan con sus acciones. Lo lógico, en estos casos, es denunciar directamente la cuenta a los responsables de Facebook, siempre y cuando tengamos pruebas y hechos fehacientes de los sucesos en cuestión. La red social se encargará de comprobar las denuncias y actuar en consecuencia.

El problema es que Facebook tiene una característica muy curiosa dentro de sus opciones de configuración, y es que nos permite cambiar o modificar nuestro nombre de usuario en cualquier momento, al menos en una ocasión, de manera muy sencilla. Asimismo, también tenemos la posibilidad de cambiar nuestra URL de usuario, es decir, nuestra dirección web dentro de la plataforma. Ello aporta ese puntito de falsa seguridad que tienen los gamberros feisbuqueros, pues creen que pueden ir saltando de nombre en nombre, ocultándose de sus víctimas y de las denuncias.

Pero esto no es así de simple, y es que, aunque podamos cambiar nuestro nombre y nuestra dirección web, lo que nunca vamos a poder modificar es nuestro ID de usuario, pues es un número de identificación único, personal e intransferible que nunca cambia. El truco del almendruco, pues, es conseguir averiguar el ID del usuario que nos molesta. Y es una tarea muy sencilla. Vamos a ver un ejemplo.

La imagen siguiente muestra la página de Facebook de teknoPLOF!, con la URL remarcada dentro de un cuadrado verde.

URL de teknoPLOF!

URL de teknoPLOF!

A continuación, podemos ver la web de configuración en la que se nos permite cambiar nombre y URL.

Configuración de Facebook

Configuración de Facebook

Para poder conocer el ID de una página o de un usuario de Facebook, lo que tenemos que hacer es algo tan simple como acceder al código fuente de la página web. Para ello, y en función del navegador que tengamos, podemos hacerlo de multitud de formas. La más sencilla, e incluida en todos los navegadores, es hacer clic con el botón derecho de nuestro ratón sobre la página abierta (a poder ser donde no haya nada debajo) y elegir una opción de sea algo así como ver código fuente o ver código fuente de la página. Lo veis en la imagen siguiente.

Acceder al código fuente

Acceder al código fuente

Una vez aparezca el código, debemos buscar el campo llamado USER_ID (siguiente imagen). A continuación, y entre comillas, aparece el ID de usuario, en este caso 126915057411802; los ID de cuentas personales son más cortos.

ID de Facebook

ID de Facebook

Pues bien, este número es el que nos interesa, ya que hace referencia a esa cuenta de Facebook única. Para comprobarlo, sólo tenemos que ingresarlo en una URL válida de Facebook y verificar que accede a la misma página. Ver imagen siguiente.

URL con el ID de Facebook

URL con el ID de Facebook

Este número de usuario es único, y nunca puede cambiarse, por lo que los cambios de nombre o dirección web de los alborotadores no serán efectivos. Es el número que siempre deberemos guardar de cualquier usuario de Facebook antes de denunciar.

Un último apunte: necesitamos estar identificados (haber hecho login) en Facebook para poder conseguir el ID, si no siempre devuelve cero (0).

Ejecutando código Python hasta en el WC

trinket.io

trinket.io

Y es que trinket es la penúltima maravilla del mundo moderno: un sitio web que permite programar, compartir y ejecutar código fuente embebido en cualquier navegador y sobre cualquier dispositivo o plataforma. Y todo ello de manera instantánea y automática, sin plugins, sin software adicional y sin necesidad de registro en ningún sitio. Escribe, comparte, modifica y ejecuta.

¿Imaginas poder escribir un programita Python en tu propio teléfono móvil, ejecutarlo al momento y enviárselo a un colega para que lo depure? Pues trinket te permite eso y mucho más. Este sitio nació de la mano de Elliott Hauser, licenciado en Ciencias de Sistemas de la Información por la Universidad del Norte de Carolina (EE. UU.), que fue capaz de volcar su pasión por la enseñanza y su experiencia con software de código abierto directamente sobre esta gran idea. Aquello fue en primavera del año 2013, y hace bien poco que ha visto la luz pública.

Dale al play para ejecutar el código Python; ¡o edítalo y prueba!

 
Este hombre, además, recibió una Bachelor of Arts, con las más altas distinciones, de la Universidad de Duke, en Durham (EE. UU.), en 2005, donde investigó las subastas de arte. Actualmente es profesor de programación de código abierto y, en su tiempo libre, un filósofo independiente y aficionado, pues cursa también un doctorado en Filosofía.

Dale al play para ejecutar el código HTML; ¡o edítalo y prueba!

 
Elliott siempre entendió que la educación abierta necesita tanto de una comunidad fuerte como de una sólida colección de contenido; en ello se centra trinket, su comunidad, sus colaboradores y su equipo. Con trinket podemos embeber código Python en casi cualquier sitio, haciendo que dicho código sea perfectamente modificable por aquellos que lo visitan y, además, ejecutable al momento desde el navegador y sin elementos adicionales. De esta manera, por ejemplo, un profesor podría compartir su conocimiento en línea de una manera más interactiva y eficaz de con las herramientas anteriores que sólo permitían distribuir el código como un texto plano tal cual.

Dale al play para ejecutar el código de bloques; ¡o edítalo y prueba!

 
Además de Python, trinket permite también compartir y ejecutar instantáneamente código en HTML, bloques visuales (al estilo del Scratch para niños) y hasta partituras de notación musical interactiva que, por supuesto, podremos editar y ejecutar sobre el navegador (en smartphones, tabletas, televisores inteligentes y un largo etcétera). La potencia hecha arte visual.

Dale al play para ejecutar el código musical; ¡o edítalo y prueba!

 
Una tecnología muy novedosa a la que, a buen seguro, se apuntarán otros sitios web no tardando mucho y que, en un futuro próximo, podremos disfrutar desde decenas de lenguajes de programación en línea, con ejecución y hasta depuración incluidas. Le seguiremos la pista.

El libro de recetas del anarquista

'The Anarchist Cookbook'

‘The Anarchist Cookbook’

Hace más de cuarenta y cinco años (en diciembre de 1969), William Powell, un joven estadounidense, comenzó a escribir un libro que se convertiría en uno de los mayores alegatos contra su gobierno y contra la Guerra de Vietnam: ‘The Anarchist Cookbook‘, algo así como el libro de recetas del anarquista. El polémico título, publicado por primera vez en 1971, se convirtió en uno de los manuales ácratas, revolucionarios y agitadores más importantes de la época, así como en un volumen prohibido, censurado y reprobado por cualquier autoridad competente. Hoy día, se sigue publicando, y Powell quiere retirarlo del mercado de una vez por todas.

Esta especie de manual de usuario del libertario contenía todo tipo de instrucciones precisas para la fabricación de bombas caseras (dinamita, detonadores, bombas de humo, nitroglicerina…), la elaboración de drogas (cocaína, DMT, LSD…), la manufactura de armas (cuchillos, pistolas, rifles, silenciadores…) y hasta normas básicas para un phreaking muy primitivo con el objeto de provocar ataques electrónicos, sabotajes telefónicos o vigilancia ilegal, entre otros muchos temas.

El William Powell de la época

El William Powell de la época

El libro fue todo un éxito entre los más jóvenes, pero también un grano en el culo para el gobierno estadounidense y para el FBI, que llegó a censurar y eliminar más de 40 páginas del mismo tras los cientos de quejas recibidas. Sin embargo, por los medios más underground del momento siempre circuló completo. Una década después, con la aparición de las primeras BBS en los albores de un Internet precámbrico, el manual se comenzó a distribuir digitalmente en modo texto y, otros muchos años después, en el formato PDF actual que podemos descargar de la Red de redes.

Todos los medios de comunicación del momento se hicieron eco de lo que calificaban una barbarie, un libro de recetas para la destrucción o un manual para rebeldes. William Powell había dejado su trabajo en una librería de Nueva York y había comenzado a escribir este libro por una motivación muy simple: estaba siendo perseguido activamente por el ejército estadounidense con el único propósito de enviarle a luchar, y posiblemente a morir, en Vietnam.

Publicación de 1971

Publicación de 1971

Él quería publicar algo que expresara su ira y su confrontación radical ante la guerra, y parece que lo consiguió con creces. El libro se sigue distribuyendo más de cuarenta años después y ha superado, sobradamente, los dos millones de ejemplares (legales) impresos y vendidos.

El William Powell de hoy (y su esposa)

El William Powell de hoy (y su esposa)

Pero William Powell se arrepiente ahora de aquella publicación. Los derechos de autor de la misma nunca le pertenecieron a él, sino a Lyle Stuart, su editor, y éste es el único que ha decidido, por un motivo estrictamente comercial al parecer, seguir editándolo desde aquella época hasta nuestros días. La última publicación data de octubre del año 2012.

William Powell se convirtió posteriormente al anglicanismo y, junto con su esposa, ha pasado los últimos cuarenta años dedicado a la educación de los niños más pobres en las zonas menos desarrolladas de África y Asia. Han escrito libros, ofrecido conferencias y, en compañía de otros colegas, fundaron Next Frontier: Inclusion en 2010, una organización sin ánimo de lucro dedicada a ayudar a escuelas y colegios a la inclusión en su aulas de alumnos con necesidades especiales de aprendizaje: discapacidad intelectual, dislexia, déficit de atención, hiperactividad, autismo, etcétera.

El joven revolucionario y anarquista creció, maduró y se dio cuenta de su error, y por ello lleva más de tres décadas intentando retirar el libro de la circulación. Se arrepiente profundamente de los peligros que sus enseñanzas hayan podido causar a lo largo de todos estos años y de la influencia que el libro pudo haber tenido en el pensamiento de los autores de los ataques descritos. En 2013 llegó a escribir un artículo en The Guardian para instar a quien tenga potestad a que termine con la publicación de su libro de forma inmediata.

En los albores de la WWW recuerdo que, en el underground informático, proliferaban los documentos del llamado Anarchy como una pata más de las cinco que formaban la oscura deep web de la época, junto con el Hacking, el Cracking, el Phreaking y el Virii. En aquellos manuales se explicaba desde cómo construir una bomba dentro de un disquete hasta cómo matar gatos de la forma más macabra (¿?). Muchos de aquellos textos, por no decir todos, estaban basados en aquel primer manual del anarquista, y también en el poder del falso anonimato que proporcionaban aquellas primeras comunicaciones digitales para creerse un filibustero al margen de la ley. La juventud es lo que tiene; si uno no es rebelde a los veinte, ya no lo será nunca.

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