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Paco Menéndez: genio y figura hasta la sepultura

Paco Menéndez

Paco Menéndez

Francisco «Paco» Menéndez murió cuando contaba tan sólo 34 años de edad. Se suicidó arrojándose por la ventana de su vivienda en Sevilla, acosado por multitud de presiones psicológicas y financieras a cuenta del último proyecto en el que andaba metido, algo que habría revolucionado el mundo del PC a principios de siglo, y que nunca llegó a ser. El día del fatal desenlace se perdió un genio, de los pocos genios (de los de verdad) que este país ha visto parir.

Paco nació en Avilés, Asturias, en 1965, por pura casualidad. La actividad profesional de su padre, César Menéndez Roces, provocó un gran número de mudanzas y traslados de la familia que se tradujeron en la variada geografía donde nacieron sus hijos. Tuvo la increíble suerte de que el instituto donde cursaba 2º de BUP, a principios de los ochenta, fue uno de los primeros institutos españoles en incorporar la informática a las aulas. Ese detalle curricular cambiaría su vida para siempre.

Aprendió a programar en lenguaje BASIC aporreando el teclado de un rudimentario Commodore PET, por aquel entonces un cacharro que prácticamente procesaba a pedales. En aquellas clases de informática coincidió con dos compañeros de instituto, Carlos “Charlie” Granados y Fernando Rada. Los tres se sintieron apasionados por el mundo de los ordenadores, pero Paco comenzó a destacar en el manejo de la máquina de una manera insólita.

Dos años después, cuando los chavales tenían sólo 17 años, acudieron a la madrileña feria SIMO, uno de los eventos informáticos y tecnológicos más importantes de España que ha sobrevivido (a duras penas, últimamente) hasta nuestros días. En aquel recinto, un representante de la empresa Indescomp, una de las primeras compañías españolas de videojuegos, les observó toquetear un ZX81. La destreza con la que manejaban la máquina les otorgó una buena oferta de trabajo por parte de Indescomp, que en aquel entonces estaba preparando la llegada de los primeros ZX Spectrum a España. La oferta fue aceptada, y los tres muchachos pasaron a las filas de la distribuidora.

Paco Menéndez, Carlos Granados, Camilo Cela y Fernando Rada

Paco Menéndez, Carlos Granados, Camilo Cela y Fernando Rada

Su misión inicial fue la de traducir y adaptar los juegos de Spectrum (y, posteriormente, Amstrad CPC) anglosajones para el mercado patrio. Pero, y debido a sus conocimientos, también se les encargó el desarrollo de los primeros títulos de marca española. De aquel trabajo nacería ‘Fred en 1983 (conocido en el Reino Unido como ‘Roland on the ropes’) que, junto con ‘La pulga‘ (1983), programado por otro grande de la época, Paco Suárez, se convirtió en uno de los primeros juegos profesionales españoles comercializados a nivel internacional.

En tiempos posteriores, Indescomp dejó de prestar atención al software para dedicarse casi en exclusiva a la venta y distribución de hardware, gracias a un acuerdo con Amstrad. Aquella decisión dejó prácticamente fuera de juego a los tres muchachos, por lo que decidieron marcharse y crear su propia empresa de videojuegos llamada Made in Spain, junto con un tercer joven, Camilo Cela. Como curiosidad, comentar que este Camilo Cela ha saltado a la palestra informativa treinta años después por ser el presidente de USCA (Unión Sindical de Controladores Aéreos) durante el rifirrafe que mantuvo, la pasada Navidad, el gobierno español con los controladores aeroportuarios.

El ayer (muchacho del centro) y el hoy de Camilo Cela, otro de los genios artífices del 'Sir Fred' y actual presidente de USCA

El ayer (muchacho del centro) y el hoy de Camilo Cela, otro de los genios artífices del 'Sir Fred' y actual presidente de USCA

Los cuatro componentes de Made in Spain dieron a luz uno de los juegos más laureados y reconocidos del panorama de ocio digital de la conocida como época dorada del software español: ‘Sir Fred (1986). Orientado inicialmente como la segunda parte de ‘Fred’, poco tuvo que ver al final. El enfoque del programa cambiaba radicalmente, encauzándose prácticamente hacia la videoaventura y resultando en una complejidad de movimientos y manejo que muy pocos supieron comprender. El afán de superación de Paco Menéndez mucho tuvo que ver en aquel título, ya que siempre pugnaba consigo mismo para hacer algo mucho mejor que lo anterior.

‘Sir Fred’ no obtuvo demasiado éxito en Gran Bretaña. Los ingleses gustaban de juegos sencillos, que fueran fáciles de manejar, y este no era precisamente eso. La multitud de combinaciones de movimientos que se podían imprimir al personaje, hacían de ‘Sir Fred’ un título bastante complicado de controlar, sin embargo, todas las voces alabaron su calidad técnica y el paso adelante que supuso en el mundo de la programación de la época.

La distribuidora de ‘Sir Fred’ en Inglaterra fue Mikro-Gen, compañía bastante popular por haber editado videoaventuras de calidad como las de la saga de ‘Everyone’s a Wally‘. La empresa no cumplió a nivel económico, lo que encabronó sobremanera a los chicos de Made in Spain, sobre todo a Paco. Tras pocos años en el mundo del desarrollo videojueguil, Menéndez descubrió que lo importante no era la creatividad ni la técnica, sino el negocio puro y duro. Vamos, que se dio de bruces contra la realidad.

'Sir Fred'

'Sir Fred'

En aquel momento ya anunció que abandonaría el mundo de los videojuegos, pero deseaba crear un último título que tenía en mente y que superaría todas las expectativas para las máquinas de la época. Los componentes de Made in Spain decidieron crear su propia distribuidora (en 1986) para huír de los tiburones del mercado y controlar desde el principio hasta el final ellos mismos sus productos. Aquella distribuidora fue la mítica Zigurat. Paco decidió no entrar en el proyecto, porque seguía creyendo férreamente en el ingenio y deseaba escapar del vil mundo de los negocios.

Separado ya de sus amigos, resolvió embarcarse en ese último propósito que le roía la sesera (tras desarrollar el poco conocido ‘Sophos’, un diseñador de circuitos impresos para microprocesadores) junto con el futuro arquitecto, y amigo de la infancia, Juan Delcán. Aquel último juego que deseaba programar llegaría a ser un hito en la historia de los videojuegos, una de las más grandes obras maestras, posteriormente versionada y reconstruida hasta la saciedad: La abadía del crimen (1987). El juego, basado en la magistral novela de Umberto Eco ‘El nombre de la rosa‘ y distribuido por Opera Soft, debía llevar como título el mismo que el libro, pero desavenencias entre Opera Soft y Eco llevaron a no conseguir los derechos del nombre. Dicen las malas lenguas que Umberto Eco no llegó nunca a comprender que era aquello de un videojuego, y que por eso no otorgó el permiso a la compañía española.

'La abadía del crimen'

'La abadía del crimen'

‘La abadía del crimen’ se desarrollaba en escenarios de perspectiva isométrica, algo inaudito para el momento y lo que más se asemejaba a las tres dimensiones que hoy conocemos. Llevó un año producirlo, con la programación de Paco y los diseños de Juan, mediante un software que el propio Menéndez había desarrollado para su amigo. Según el propio Juan Delcán, «él (Paco) tenía una manera muy particular de programar, no lo hacía delante del ordenador, sino que se paseaba de un lado para otro, dando vueltas con las manos entrecruzadas en la espalda, pensando. Se podía pasar así una hora, a veces más, y, de repente, se le iluminaban los ojos y se sentaba delante del computador y, de corrido, escribía las líneas a una velocidad tal que parecía poseído, con los brazos extendidos y su cara lejos de la pantalla. Era como ver a alguien tocar el piano, su cabeza ya no pensaba, sino que se limitaba a ejecutar lo ya decidido».

Tras el éxito de ‘La abadía del crimen’, Paco Menéndez decidió retirarse completamente del mundo del videojuego. Se sentía más ingeniero en telecomunicaciones (lo que estudiaba mientras trabajaba) que programador informático al uso. Además, creía imposible mejorar ‘La abadía del crimen’ con la tecnología de aquella época y no en menos de un año, algo que iba contra sus principios, opuestos a una industria feroz en la que primaba más el consumo fácil y rápido que la creatividad y la apuesta por la innovación.

Se concentró pues en terminar su carrera, mientras trabajaba en un proyecto de procesamiento de datos en paralelo, gracias al cual esperaba conseguir un buen puesto de trabajo; no era muy ambicioso, se conformaba con trabajar en algo que le gustara. Denominó al proyecto «Memoria matricial inteligente», basado en la idea de que la memoria de un ordenador, además de almacenar datos, pudiera ejecutar instrucciones de manera simultánea, lo que supondría una alta paralelización a bajo coste (ordenadores que multiplicarían su potencia a un precio muy inferior). Una idea ingeniosa que, lamentablemente, nunca vio la luz.

Paco se arrojó al vacío desde su apartamento de Sevilla en 1999, falleciendo al instante con sólo 34 años. Al parecer, diversas presiones a las que estaba sometido, junto con la gran inversión que había acometido para su proyecto, provocaron el fatal desenlace. Sin embargo, desde el abandono del mundo de los videojuegos hasta el día de su muerte, la verdad es que su historia ha representado un auténtico misterio. Muchos hablan de oscuras conspiraciones, manos negras a las que asustaban sus investigaciones y otras extrañas paranoias varias. Personalmente no creo nada de eso. Su hermana, Malena Menéndez, declaró en cierta ocasión que «todo eso es falso. Fue una sorpresa para todo el mundo, nada hacía pensar lo que iba a pasar».

Paco dijo una vez una frase que ha quedado para los anales de la historia del mundo del ocio digital: «Prefiero el reconocimiento de la gente al dinero«. Esta sentencia pone de manifiesto la calidad humana y profesional que tenía este muchacho, alejado siempre de la industria y del negocio que envilece a los grandes genios como él. Desde aquí, nuestro pequeño recuerdo para un hombre íntegro.

El triciclo eléctrico de los ochenta y su estrepitoso fracaso

Sinclair C5

Sinclair C5

El señor Clive Sinclair pasará a los anales de la historia por ser una de las mentes preclaras más importantes del siglo XX, y del XXI también, porque sigue en activo. Este británico de 71 años, convertido en Sir por la Reina de Inglaterra, es un reconocido inventor y emprendedor que, desde pequeño, destacó por su facilidad para la electrónica y, sobre todo, para las matemáticas. Sin embargo, decidió que no quería ir a la universidad para dedicarse a formarse de manera autodidacta en asuntos que realmente le interesaban.

Fue el creador de la primera calculadora electrónica de bolsillo, la primera minitelevisión portátil y el primer reloj digital calculadora al alcance de cualquier bolsillo. En su haber guarda otros muchos inventos, pero lo que le lanzó a la palestra de ventas y popularidad fueron los ordenadores de su empresa Sinclair Research Ltd., sobre todo los de la serie ZX: el ZX80, el ZX81 y, en particular, el ZX Spectrum.

Calculadora electrónica, reloj calculadora y ZX Spectrum

Calculadora electrónica, reloj calculadora y ZX Spectrum

Su particular visión de los negocios y el desarrollo proponía hacer llegar lo último en tecnología al público menos adinerado. Por aquel entonces, estos productos sólo estaban al alcance de unos pocos, y él entendía que esto no debía ser así. El ZX80 fue apodado como «el ordenador más pequeño y barato del mundo», y es que realmente así lo fue en su momento.

Sin embargo, sus productos adolecían de más de una pega engorrosa para los usuarios. Por ejemplo, su ordenador para el entorno empresarial, el Sinclair QL, tenía un teclado que, si bien no era de goma como los anteriores, no ofrecía un buen funcionamiento. Estaba basado en una membrana interna poco resistente que fallaba más que una escopeta de feria. Además, la apuesta a muerte por las unidades de cinta de casete y ZX Microdrive no fue un acierto en un mundo en el que se imponía con fuerza el PC y los discos duros y flexibles.

Pero, sin lugar a dudas, el mayor fracaso de Sir Clive fue el de su coche eléctrico, el Sinclair C5, una suerte de triciclo de funcionamiento híbrido, pues podía moverse con la energía producida por su batería y, también, a pedales.

Sinclair C5 nuevecito

Sinclair C5 nuevecito

El C5, lanzado por Sinclair Vehicles Ltd. en el Reino Unido el 10 de enero de 1985, se movía con un motor similar al de una lavadora, por lo que consumía muy poca electricidad. Era un vehículo para una sola persona, con el manillar por debajo de las piernas, que alcanzaba una velocidad máxima de 24 km/h, la mayor permitida en Gran Bretaña sin necesidad de permiso de conducir automóviles. Pero lo más atractivo fue su precio, pues se vendía por sólo 399 libras, unos 465 euros al cambio actual.

El desarrollo del Sinclair C5 duró varios años, comenzando en 1979. Durante el tiempo que duró el proceso de investigación y manufactura, los costos fueron aumentando paulatinamente, teniendo el propio Clive que vender algunas de sus acciones de Sinclair Research Ltd. para recaudar algunos millones de libras esterlinas con el objeto de no perder el proyecto. Por fin, la empresa Sinclair Vehicles Ltd. se formó a partir de Sinclair Research Ltd., en contrato de desarrollo y colaboración con Lotus para comenzar a producir en cadena el C5.

El motor eléctrico, ideado por Sir Clive, lo desarrollaba la empresa italiana Polymotor, dedicada a pequeños mecanismos cinéticos, por lo que comenzó a correr el bulo de que su motor era, efectivamente, el de una lavadora. Pero esa sería sólo la primera de las burlas. El C5 no cayó en gracia en la población británica, que veía al vehículo más como un juguete para excéntricos que como el medio de locomoción ideal. Comenzaron a mofarse del ingenio a cuenta de su rendimiento lamentable y de su diseño poco útil, pero los problemas eran bastante más graves.

El Sinclair C5 no era para nada apropiado bajo las inclemencias del clima británico. El hecho de estar descubierto lo hacía sólo utilizable en el sur de Inglaterra en primavera y verano. Su capacidad a la hora de subir cuestas o pequeñas colinas era nula. El motor se calentaba demasiado y dejaba de funcionar, teniendo que recurrir a los pedales o, incluso, al hecho de tener que bajarse y empujar. El clima frío de las islas británicas acortaba la vida útil de la batería, y el hecho de que fuera tan bajo, y de tener que conducirlo semirecostado, hacían de él un transporte bastante peligroso que carecía de buena visibilidad.

Un accidente que implicó a un conductor ebrio en un C5 logró conseguir que un juez dictaminara que aquel engendro no era un coche, sino un triciclo impulsado por electricidad. Se le denegó, pues, el permiso de circulación como vehículo homologado, restringiendo su uso al ámbito de las bicicletas. Aquello hundió la empresa; el 13 de agosto de 1985, Sinclair Vehicles Ltd. anunció el fin de la producción cuando se habían vendido menos de doce mil unidades. En octubre del mismo año, la compañía entró en estado de quiebra. El Sinclair C5 había muerto.

Sir Clive Sinclair en un C5

Sir Clive Sinclair en un C5

Hoy día, aquel cochecito de tres ruedas es objeto de coleccionismo friqui. En algún momento es posible encontrar alguna unidad en eBay, a precios prohibitivos, y también se pueden adquirir por Internet recambios o extras para tunearlo al gusto. Existen foros y sitios web de usuarios del triciclo eléctrico y admiradores que recuerdan con nostalgia aquellos buenos tiempos, realizan quedadas, comparten fotografías y dibujos al más puro estilo fanart. También se pueden encontrar modificaciones extremas del C5 a la venta, o no.

La empresa Sinclair Research Ltd. continúa existiendo hoy. El señor Clive sigue desarrollando inventos alucinantes como una minibicicleta plegable y, asimismo, continúa empeñado en la proliferación de vehículos eléctricos, por lo que tiene a la venta el Sinclair X-1. Este modelo es un viejo recuerdo del C5 que ha perdido una rueda (ahora sólo tiene dos), monta baterías de litio más modernas, es ergonómico, tiene chasis de fibra de carbono, luces delanteras y traseras y dispone de protección contra las adversidades climáticas. Cuesta alrededor de 700 euros.

Para algunos una apuesta demasiado arriesgada, para otros la excelente invención de un genio. El C5 supuso el fin de una empresa comandada por un caballero británico que nunca deja de idear, imaginar, concebir y asacar nuevos proyectos que, si bien son factibles de fracasar, no dejan de ser geniales creaciones.

Ana María Méndez, el azote de la SGAE

Ana María Méndez

Ana María Méndez

Ana María Méndez es una mujer con un par de cojones bien puestos, aunque ello en sí sea una paradoja inverosímil. Copropietaria de la tienda barcelonesa Traxtore, una pequeña empresa informática de cara al público, en junio de 2004 fue auditada por la Sociedad General de Autores y Editores (SGAE) y obligada a abonar 48.000 euros en concepto de canon digital correspondiente al período 2002-2004. Esta cantidad, como otras tantas que aplica impunemente la entidad privada, salió de la nada, sin justificación lógica, ya que en aquella época no estaban aplicadas las tarifas digitales

Aun habiendo conseguido rebajar el total a sólo 18.000 euros, Ana María se negó a abonar el monto. La SGAE, haciendo uso de su particular condición moral que la hace estar por encima del bien y del mal, demandó a la mujer ante un juzgado mercantil. Ana María perdió el juicio (no el de la cabeza, el del juzgado; aunque vaya usted a saber en estos casos). 

Lejos de amilanarse, la empresaria catalana presentó un recurso ante la Audiencia de Barcelona, que elevó el caso al Tribunal de la UE para conocer si el sistema de gravamen español era conforme a la directiva europea. La sentencia, de octubre de 2010, daba la razón a Ana María y cuestionaba las abusivas prácticas de la SGAE para con los consumidores y comerciantes. Además, ¿a quién se le ocurre cobrar un canon digital con carácter retroactivo de los años de los que no existía el gravamen y los fabricantes no lo aplicaban a los revendedores? Efectivamente, sólo a la SGAE. 

Ana María Méndez decidió crear la asociación Apemit (Asociación Española de Pequeñas y Medianas Empresas de Informática y Nuevas Tecnologías), una alianza de comercios tecnológicos afectados tanto por agresiones de las entidades de gestión como por aquellos fabricantes e importadores que incumplen con la Ley de Garantías. Asimismo, puso en marcha un sitio web con toda la documentación del caso. Hoy, Apemit está integrada en la plataforma Todoscontraelcanon

Contaba en una entrevista que le solicitaban «el canon con carácter retroactivo y no con las tarifas digitales pactadas, sino con las analógicas que se colocaban en las cintas de audio y vídeo. Por cada DVD virgen que he vendido me exigen 1,20 euros más IVA; si yo gano 12 euros con cada tarrina de 100 que vendo, ¿cómo me pueden pedir 120 euros más IVA por ella?». Una auténtica vergüenza digna de ser perpetrada por Golfos Apandadores

El problema reside en que la resolución del tribunal de la UE no obliga a los tribunales españoles a nada, sino que simplemente considera y valora lo que a su entender es un abuso de poder. Esta claro que al Gobierno Español (y a la oposición también) se la soplan todas estas gilipolleces europeas. España debe estar siempre a nivel europeo, según nos comentan desde arriba, por eso nos suben los impuestos, el precio de los carburantes o las tarifas eléctricas, porque somos los que menos abonamos del continente. Sin embargo, qué casualidad que siempre se les olvida europeizar los sueldos, las ayudas sociales, los salarios mínimos o los importes de los cánones digitales. Panda de sinvergüenzas, eso es lo que son. 

Según un informe del Centro de Estudios Enter (qué agrupa a grandes empresas del sector tecnológico, así como al organismo estatal Red.es), el canon digital representa un 60% del precio de un DVD en España. La misma fuente señala que la aplicación de este canon al reproductor iPod de 30 GB puede suponer un sobrecoste de 90,6 euros, frente a los 2,56 euros o 9,87 euros que se paga en Alemania e Italia respectivamente. En fin. 

Y para colmo, gracias a la ministra de Cultura que nos ha tocado sufrir, parece que la SGAE va a seguir actuando en la sombra como un organismo privado erigido en juez, policía y legislador ad hoc. Esto es como la bola esa de nieve que crece tanto, tanto, pero tanto, que al final o se rompe en mil pedazos contra un tronco y se va a tomar por culo, o aplasta todo a su paso hasta hacerse inmensa y colosal. Es una pena que la nieve, al final, siempre se derrita cuando sale el sol. Se siente.

Historia de la Universidad de Stanford: leyenda, ‘meme’ y realidad

Familia Stanford (vía stanford.edu)

Familia Stanford (vía stanford.edu)

Leland Stanford y su mujer Jane fueron los fundadores, el 1 de octubre de 1891, de la hoy prestigiosa Universidad de Stanford. Alrededor de esta sucinta información han corrido ríos de tinta mecanográfica, y de tinta china también. La creación de la Universidad de Stanford tiene tanto de leyenda, como tan poco de realidad, que la fábula supera a la verdad en más de una ocasión. Y es que nos gustan tanto los bulos románticos que no se ajustan a la objetividad, que daríamos un brazo porque aquello que nos han contando fuera lo que pasó. Pero no, I’m sorry.  

Comencemos por lo que no es verdad, sino mito. Una mujer y su esposo, vestidos ambos con trajes de algodón barato, bajaron del tren un día de 1891 en Boston, Massachusetts. Caminaron lentamente hacia la Universidad de Harvard (en Cambridge), con la intención de hablar con su presidente.  

Al llegar, la secretaria de dirección les comentó que aquello era una misión imposible, que su jefe no recibía a cualquier persona que en la puerta se presentara y que tenía menos tiempo que perder que el necesario. Pero aquella respuesta no desanimó a la pareja, que contestaron que se quedarían allí sentados, sin prisa, hasta que el hombre pudiera recibirlos.  

La pretendida arrogancia del matrimonio intimidó a la muchacha que, después de comprobar que las personas no tenían intención alguna de marcharse, decidió hablar con su superior. Hay ahí un par de pordioseros que desean parlamentar con usted, alguien que no merece su tiempo, pero es que no se van ni con agua hirviendo. Tal vez, si conversa usted con ellos unos minutos y les agrada, entonces, y sólo entonces, es posible que abandonen el campus y se vayan contentos. El presidente, con mohín adusto, asintió y aceptó recibir a los mendigos.  

Jane Stanford se dirigió al importante hombre, comentándole su propósito de ellos. El caso es que teníamos un hijo estudiando en esta universidad, pero lamentablemente murió hace unos días en un accidente. Él amaba Harvard, y mi esposo y yo desearíamos levantar algo en su memoria en algún lugar del campus, si es posible.  

El director de la universidad recorrió con sus ojos a aquella pareja y esbozó una taimada sonrisa. No me interesa en absoluto, señora. No podemos erigir una estatua por cada persona que haya estudiado en Harvard y posteriormente haya fallecido. Leland Stanford, el marido, le comunicó a su interlocutor que su intención no era la de levantar una estatua, lo que ellos deseaban era donar un edificio al centro que llevara el nombre de su hijo, honrando así su memoria.  

¿Un edificio? ¿Tienen la más remota idea de cuánto cuesta un edificio? Nosotros hemos invertido hasta ahora más de siete millones y medio de dólares en la construcción de todos los edificios que componen la universidad.  

Los extraños visitantes quedaron en silencio, intercambiaron miradas durante unos segundos y exhalaron un pequeño suspiro al unísono. ¿Siete millones y medio de dólares? ¿Tan poco cuesta iniciar una universidad? No se preocupe, señor presidente, ya no robaremos más de su precioso tiempo. Levantaremos una universidad nueva en memoria de nuestro difunto hijo. Y abandonaron el lugar dejando al hombre en un estado de confusión y desconcierto.  

Esta es la leyenda que, con la ayuda de Internet, se convirtió en meme y viajó de correo electrónico en correo electrónico en forma de PPS. Varios blog y páginas web lo recogieron en su haber, difundiendo la falsa noticia a una velocidad de vértigo.  

Sin embargo, la realidad es mucho menos sensiblera. La verdad es que Leland Stanford era, en 1876, gobernador de California. En aquella época compró 650 hectáreas de terreno con el fin de construir una enorme granja de caballos, a la que llamaría Palo Alto Stock Farm. Más tarde adquirió las propiedades colindantes, llegando a juntar más de 8.000 hectáreas en total. La pequeña ciudad que iba emergiendo tomó el nombre de Palo Alto por cuenta de una gran secuoya que había en la zona, junto al arroyo de San Francisquito.  

Leland Stanford se crió y estudió derecho en Nueva York para, posteriormente, mudarse al oeste del país llamado por la fiebre del oro. Como muchos de sus contemporáneos ricos, hizo su fortuna en el mundo de los ferrocarriles. Era el líder del Partido Republicano, gobernador de California y, más tarde, senador de los EE. UU. Él y su mujer, Jane, tuvieron un hijo, Leland Stanford Junior, que murió de fiebre tifoidea con quince años, en 1884, cuando la familia estaba de viaje por Italia. Pocas semanas después de su muerte, los Stanford decidieron que, debido a que ya no podían hacer nada por su propio hijo, «los hijos de California serán nuestros hijos«. Y rápidamente se dispusieron a encontrar una manera duradera para recordar y honrar la memoria a su amado y difunto retoño.  

Universidad de Stanford

Universidad de Stanford

Barajaron varias posibilidades, como un museo o una escuela técnica, pero al final se decidieron por una universidad en California (aunque, finalmente, también crearon un museo). Sí que es cierto que visitaron al presidente de la Universidad de Harvard, a la sazón Charles William Eliot, pero fue únicamente para recibir consejos y recomendaciones a la hora de iniciar el proyecto. La verdad es que estuvieron reunidos también con el director de la Universidad Cornell de Nueva York, con los responsables del MIT (el Instituto Tecnológico de Massachusetts) y con el director de la Universidad Johns Hopkins, en Baltimore. De todos ellos se llevaron ideas para fundar su institución, y la Universidad de Stanford abrió sus puertas el 1 de octubre de 1891. Realmente, su nombre original es Universidad Leland Stanford Junior.  

Sería interesante estudiar la manera en la que se forma un bulo. Como, de una historia original, nace una leyenda que cautiva a propios y a extraños solapando la verdad y decorando los hechos primigenios. Internet es, además, el medio actual más propio para la difusión de estas fábulas en forma de meme de fenómeno mundial. Hay que tener cuidado con lo que leemos en la Red, porque no siempre puede ser toda la verdad.

De Facebook, ataúdes, muerte e hijos de puta

Kathleen Edwards

Kathleen Edwards

Kathleen Edwards es una niña norteamericana de siete años afectada, en fase terminal, por la enfermedad de Huntington, el trastorno genético neuropsiquiátrico y hereditario conocido antiguamente como el baile de San Vito. La enfermedad ya se cobró hace poco la vida de su madre, Laura Edwards, a la temprana edad de 24 años. El padre de la pequeña, Robert, contempla como la vida de su hija se desvanece poco a poco entre sus brazos, mientras el inexorable final se acerca a sus vidas. 

Si bastante tiene esta familia con soportar el peso de la peor de las desgracias, hace poco más de tres meses hubo de sufrir un agravio mayor. Los Edwards son vecinos de Scott y Jennifer Petkov, calificados ahora como la pareja más cruel del país, por los medios más políticamente correctos, y como dos auténticos hijos de la gran puta y desechos humanos putrefactos, por el resto. 

Jennifer y Scott Petkov (vía Fox 2 News)

Jennifer y Scott Petkov (vía Fox 2 News)

Una fiesta de cumpleaños en casa de los Edwards tuvo la culpa de todo. Jennifer Petkov envió un SMS a sus vecinos para tantear la posibilidad de que sus hijos acudieran a la celebración. El destino quiso que aquel mensaje no llegara correctamente, no se leyera a tiempo o se olvidara su respuesta. Desde aquel entonces, los Petkov tomaron la no invitación como una afrenta y comenzaron los acosos a la pobre niña enferma. 

Jennifer Petkov creó un grupo en Facebook para mofarse de la pequeña y reírse de su cercana muerte. Colgó fotografías de la madre de Kathleen rodeada por los brazos huesudos de la representación de la muerte y, también, otras de la cara de la niña sobre dos tibias cruzadas, a guisa de bandera pirata macabra. 

Siniestros fotomontajes creados por Jennifer Petkov (vía Fox 2 News)

Siniestros fotomontajes creados por Jennifer Petkov (vía Fox 2 News)

El odio irracional de esta pareja hacia Kathleen Edwards llegó al punto de estacionar frente a su casa una camioneta con un ataúd negro, en su parte trasera descubierta, en el que se podían leer mensajes como Death proof o Death machine. En el siguiente vídeo (en inglés) se puede ver la mencionada camioneta, así como fotografías de la cuenta de Facebook y una pequeña y vomitiva entrevista a la principal acosadora (Jennifer Petkov) donde se jacta de sus enfermos actos y se pone en evidencia como integrante de la raza humana. La mujer llega a contestar a la reportera de la Fox que todo lo han hecho por «satisfacción personal» y, asevera en inglés algo que no he sido capaz de traducir más allá de lo literal: «Because it rubs their ass raw«. El significado debe de ser horrible, porque la periodista contesta «eso suena enfermo». (Aprovecho para hacer un llamamiento a los agudos lectores de este blog con el fin de que envíen el significado de esa expresión a través los comentarios).

 

En fenómeno saltó de los medios televisivos a Internet, donde se convirtió en un asunto viral que corrió de blog en blog y de web en web. Enseguida se generaron protestas online en contra de esta pareja de anormales, y los propios vecinos de la zona donde viven salieron a la calle para protestar por tales actitudes tan reprobables. Sus actos de humillación se volvieron contra ellos. Facebook floreció de páginas a favor de la chiquilla y en contra de los Petkov, millones de personas de todo el mundo transmitieron su apoyo a la familia, representantes de Toys ‘R’ Us regalaron multitud de juguetes a la niña y los responsables del espectáculo ‘Disney On Ice’ la convidaron como invitada de honor a uno de sus pases. Recibieron, también, miles de dólares desde todos los lugares del planeta para ayudar a la muchacha. 

Como no podía ser de otra manera, los Anónimos congregados en 4chan declararon acciones inmediatas contra la pareja. Y eso ya da más miedo. Jennifer Petkov salió al paso enseguida, eliminando el grupo de Facebook, pidiendo públicas disculpas a la niña y a su familia y manifestando que no era su intención que una disputa vecinal se convirtiera en una bola de nieve tan grande. Vamos, que le vieron las orejas al lobo y se acojonaron con todas las letras. Además de bastardos, cobardes. 

Scott Petkov fue sancionado en su trabajo nada más conocerse los hechos. Al día siguiente retiró la camioneta con el ataúd por miedo a perder el empleo. Su mujer aseguraba entre lágrimas que su marido es un buen hombre, que no tiene nada que ver en todo esto. Un hijo de ambos tuvo que ser enviado a casa desde el colegio por una pelea con un compañero. Una familia que se deshace a causa de una madre desequilibrada. 

Y es que la tal Jennifer esta no debe de ser trigo limpio. Resulta que, posteriormente, apareció la noticia de que sería inculpada por intentar atropellar a otra vecina con intención de matarla. La vecina, Tana Boling, asegura que sucedió cuando cruzaba la calle para hablar con Rebecca Rose, la abuela de Kathleen Edwards. Jennifer Petkov fue acusada de asalto con arma peligrosa y de conducción temeraria. Su familia corrió con el gasto del diez por ciento de la fianza para sacarla de la cárcel. En fin, que menuda individua. 

Los psicólogos aseguran que realmente ella no tiene remordimientos por sus actos y que necesita ayuda inmediata. Mientras tanto, el padre de la pequeña Kathleen Edwards ha hecho un llamamiento a la familia Petkov: «Déjennos solos, eso es todo lo que queremos. No hace falta ningún comentario más acerca de nuestra hija“, ha solicitado. Que así sea.

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