Un piano retro hecho con gatos atormentados

Piano de gatos

Piano de gatos

En 1650, el sacerdote jesuita germano Atanasio Kircher describe por primera vez en su obra ‘Musurgia universalis, sive ars magna consoni et dissoni‘ (Producción universal de música, o la gran obra de consonantes y disonantes) el denominado piano de gatos (katzenklavier,  en alemán), una suerte de instrumento musical agónico con el que las protectoras de animales en la actualidad se habrían llevado las manos a la cabeza, poniendo el grito en el cielo.

El piano en cuestión consistía en una adaptación del mecanismo de cuerda percutida que, en lugar de aporrear alambres afinados, punzaba (o estiraba) colas de gatitos, convenientemente encerrados en pequeñas jaulas y dispuestos según la tonalidad de sus maullidos de dolor. Los mininos venían a cubrir una octava, generalmente, aunque existen grabados de pianos de gatos con menos de ocho felinos y, otros, con hasta dieciséis (dos octavas de puro calvario).

El instrumento fue también descrito, en el siglo XVII, por el compositor y escritor experto en temas musicales Jean-Baptiste Weckerlin en su libro ‘Musiciana, extraits d’ouvrages rare ou bizarre‘ (Musiciana, descripciones de inventos raros o extraños). Según este buen hombre, cuando el Rey de España Felipe II de Austria estuvo en Bruselas, en 1549, visitando a su padre, el emperador Carlos V de Alemania (Carlos I de España), ambos se admiraron de una procesión callejera totalmente singular. Lo que más les llamó la atención fue una carroza que portaba la música más extraordinaria que pudiera imaginarse. Un oso tocaba un órgano que, en lugar de tubos, montaba dieciséis pequeños gatos, con su cuerpo encerrado, cuyas colas, atadas, asomaban para ser tocadas como las cuerdas de un piano. Al presionar una tecla en el teclado, la cola correspondiente sufría un tremendo tirón, produciendo un aullido lamentable, pero muy bien entonado.

Este tipo de piano fue, asimismo, reseñado por el médico y psicoanalista alemán Johann Christian Reil en el siglo XVI. Este individuo propuso la utilización del piano de gatos para tratar pacientes que habían perdido la capacidad de enfocar su atención, es decir, aquejados de lo que se conoce como trastorno por déficit de atención con hiperactividad, o TDAH. Reil pensaba que si estos enfermos se veían obligados a ver y escuchar este instrumento, sería inevitable captar su atención y se curarían. Todo un tratado médico infame y vil de los que tanto gustaban los galenos de la época.

Otras representaciones de pianos de gatos

Otras representaciones de pianos de gatos

No se conoce realmente quién fue el creador de tan miserable invención, como tampoco es seguro que en algún momento de la historia de construyera un piano de esta naturaleza. Lo que resulta chocante es el desprecio por la vida y el sufrimiento animal que se tuvo en determinado momento histórico por aquellos que se hacían llamar racionales a sí mismos.

Atanasio Kircher, en su escrito anteriormente comentado, asegura que con el objeto de subir el ánimo a un príncipe italiano agobiado por las preocupaciones propias de su cargo, un músico de la corte creó para él un piano de gatos, suponiendo que su majestad de él sanaría de su pesadumbre, pues “¿a qué no ayudaría, sino a reír, una música así?“, sentenciaba. Se dice que de esta forma fue como el príncipe abandonó su melancolía. Es evidente: ocho gatos torturados hasta la extenuación ayudan a levantar el ánimo a cualquiera (a cualquiera que sea un hijo de la gran puta de cuna y linaje).

El estudio de animación profesional The People’s Republic Of Animation lanzó en 2009 su film ‘The cat piano, un cortometraje que cuenta la historia de una ciudad de gatos cuyos cantantes son secuestrados por un ser humano con el fin de hacer un piano de gatos. La obra recibió varios premios, así como una preselección a las nominaciones al Oscar de mejor animación, que luego no consiguió.

Recuerda, cada vez que leas esta entrada, Dios mata a un gatito. Ni el mismísimo Domo-kun es tan cabrón con los pobrecicos michos. Que lo sepas.

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