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Adiós al ZX Spectrum Vega Plus (o cómo no hacer una campaña de crowdfunding)

ZX Spectrum Vega Plus
Estamos de acuerdo en que siempre existe un elemento de riesgo a la hora de respaldar una campaña de crowdfunding, incluso aunque dicha campaña esté respaldada por una figura mítica del mundo de la tecnología ochentera —como es Clive Sinclair— o, incluso, aunque el mecenazgo esté sobrefinanciado, algo que siempre parece ser un punto a favor para la credibilidad de la operación. Siempre hay una posibilidad de que la empresa no llegue a buen puerto, y el Sinclair ZX Spectrum Vega Plus es un ejemplo brillante de ello.
El crowdfunding en Indiegogo del Vega+ rompió su objetivo de financiación y, para el 27 de marzo del año 2016, contaba con un 367% de recaudación con respecto a la cifra original solicitada (100.000 £). Ganando el respaldo de Sir Clive Sinclair y teniendo detrás a la compañía Retro Computers Ltd., que ya había hecho ver la luz (con éxito) un año antes al hermano mayor de esta consola portátil, el Sinclair ZX Spectrum Vega (sin Plus), todo apuntaba a que la maquinita iba a ser un éxito de mercado sin precedentes; ¿quién no quiere jugar a sus legendarios juegos de ZX Spectrum en una portátil con un diseño de lujo? El retro y la nostalgia mandan.
Sin embargo, los problemas comenzaron a aparecer. Lo que iba a ser liberado en octubre del propio 2016, comenzó a retrasarse hasta llegar a febrero de 2017. Pero eso no es del todo un contratiempo, siempre y cuando los responsables sepan comunicar correctamente el progreso y las trabas a los patrocinadores, y es precisamente lo que no ha ocurrido aquí: problemas empresariales que llegan por boca de terceros, muy escasas imágenes del desarrollo del producto o simplemente diseños renderizados, fotos con pantallas rotas y planteamientos totalmente distintos al original, nulo intercambio de mensajes entre los desarrolladores y los mecenas, parca información sesgada y un largo etcétera.
Al final, y entrados ya en marzo, los aportadores a este crowdfunding se han hartado y han comenzado a pedir la devolución de su dinero sin más pretexto, disculpa ni subterfugio. La reacción de Indiegogo ha sido fulminante, cerrando unilateralmente el micromecenazgo del Vega+ y dando carpetazo a esta tomadura de pelo de manera tajante.
Los detalles sórdidos de esta problemática campaña fueron dados a conocer ayer mismo en una explosiva investigación de la BBC. Según el artículo, Retro Computers Ltd. pidió a la BBC que retrasara su cobertura debido a «amenazas creíbles de violencia» contra los empleados de la compañía. La BBC ha asegurado que ha pospuesto la publicación del artículo para proporcionar a Retro Computers Ltd. la oportunidad de compartir pruebas de las amenazas, cosa que no se ha producido.
Suponemos que esto se ha ido al traste definitivamente. Y es una pena, porque el proyecto era bonito, entrañable y atractivo, aunque no todas las voces del entorno retrotecnológico estén de acuerdo con esta afirmación. Desde luego, para hacer lo que han hecho, habría sido mejor que ni siquiera hubieran empezado. Siempre nos quedará una Nintendo DSi XL con el emulador ZXDS de Spectrum, hoy por hoy, la mejor forma —portátil— de disfrutar de nuestros míticos títulos del gomas con harta diferencia.
Sony TPS-L2, el primer walkman

Walkman Sony TPS-L2
El TPS-L2 fue el primer reproductor de casete personal, en formato estéreo, comercialmente disponible para las masas. Aparecido en 1979, este primer walkman de Sony utilizaba como soporte para almacenar la música una cinta de casete compacto de Philips (el Compact Cassette) que permitía almacenar hasta 60 minutos —30 minutos por cada cara— con una calidad aceptable. Sony ya había utilizado estas cintas de casete en una anterior de sus grabadoras portátiles; el walkman primigenio era, realmente, una modificación de aquel aparato, pues no grababa, pero reproducía sonido estereofónico sin altavoz integrado, mediante auriculares que se conectaban a un pequeño conector analógico del tipo jack.
De carcasa metálica, pero más pequeño y ligero que las anteriores grabadoras de Sony, el primer walkman se convertiría durante los próximos veinte años en el precursor del accesorio esencial para los amantes serios y casuales de cualquier tipo de música, cambiando de forma radical la manera de escuchar y disfrutar de la misma.

Walkman Sony TPS-L2
La división de grabación en Sony estaba buscando algo que pudiera hacerla tan exitosa como la división de radio. Dirigidos, pues, por el ingeniero Nobutoshi Kihara, crearon un prototipo utilizando la grabadora Sony TCM-600 que terminó siendo un producto ridículamente caro de fabricar, por lo que el cofundador, y presidente a la sazón, de Sony, Akio Morita exigió que se encontrara la manera de reducir los costos significativamente.
El walkman, pues, como muchos grandes éxitos en la historia, fue realmente un accidente. No fue lanzado ni planeado cuidadosamente porque, en Sony, la gente no estaba segura de que existiera un mercado para ello. Eso explica por qué el TPS-L2 compartió tantos componentes con la grabadora de cintas TCM-600.

Auriculares Sony
‘Walkman’, como marca, se volvió tan icónica en aquellos años que llegó a entrar como acepción válida en el Oxford English Dictionary (también en el diccionario de la RAE), sin embargo, comenzó su andadura como diseñada a trompicones y de manera muy rápida. Cuando Sony empezó a exportar el walkman a otros países, se dieron cuenta de que el nombre podría sonar incómodo para los angloparlantes. La empresa decidió, pues, cambiar de nombre al dispositivo y pasar a llamarlo ‘Soundabout’ en todo el mundo, con la excepción de Reino Unido y Suecia, que recibieron las marcas ‘Stowaway’ y ‘Freestyle’, respectivamente.
Sin embargo, al poco se dieron cuenta de que el nombre de ‘Walkman’ se estaba imponiendo ya entre los consumidores, por lo que Sony hizo un rápido viraje y volvió a empujar ese nombre a nivel mundial, ahora con mucha más fuerza. Es por ello que los primeros TPS-L2 simplemente llevaban rotulada la palabra ‘STEREO’ en relieve en la portezuela del casete, para, poco después, incluir ya el término ‘WALKMAN’ (imagen siguiente).

Sony TPS-L2 sin y con serigrafía ‘WALKMAN’
Como decíamos antes, el TPS-L2 utilizó la carcasa básica y las partes mecánicas del casete grabador TCM-600 de Sony. Los únicos cambios en esas partes mecánicas fueron la inclusión y ajuste de una cabeza de cinta estéreo de lectura, la eliminación de la tecla de grabación, la palanquita de protección contra borrado, el cabezal de borrado y el contador de vueltas de la cinta. El funcionamiento mecánico de la carcasa, por su lado, que fue diseñada originalmente de forma más práctica para dictar y grabar voz y sonidos en lugar de para escuchar música, se consideró de todas maneras conveniente para la reproducción de música de la alta fidelidad.
El TPS-L2 tampoco tenía altavoz, pues se servía únicamente de auriculares para la escucha. Sin embargo, las molduras en el chasis que alojaban el imán del altavoz del TCM-600 son todavía visibles en aquel primer walkman de Sony. La eliminación del circuito de grabación significó también la eliminación de la toma de micrófono, aunque el micrófono interno permaneció hábil. Ello se utilizó para la, hoy afamada en este modelo, función ‘Hot Line‘: al presionar un botón naranja en la parte superior de la máquina (instalado donde antes se encontraban los controles de grabación y de reproducción rápida) se atenuaba el sonido del casete y se habilitaba el pequeño micrófono interno, haciendo que nuestra voz tapara parcialmente el sonido de la cinta, permitiéndonos hablar o cantar por encima de la música (una especie de karaoke primigenio).

Botón de función ‘Hot Line’
Este primer walkman de Sony se vendió en los inicios bastante mal, pero una hábil campaña de marketing enseguida disparó las ventas del dispositivo. No era precisamente barato (alrededor de 115 € de la época, con la opción de un segundo conjunto de auriculares MDR-3 que costaban costaban alrededor de 17 € extra), pero inició una novedosa forma de disfrutar de la música. Todo un nuevo mercado se había creado, y en un par de años los principales fabricantes de electrónica japonesa habían comenzado a ofrecer algo similar.
La vida moderna en una ciudad como Tokio podía ser estresante, y un dispositivo como el walkman permitió a la gente crear un espacio personal sin molestar a los demás seres humanos circundantes. Parece que resultó que el deseo de crear una burbuja personal usando la música era un anhelo universal, no sólo de los habitantes de la capital de Japón. El walkman lo cambió todo en aquel momento, y el TPS-L2 fue el primero.
La primera grabadora digital de consumo: Voice It VT-40

Voice It VT-40
Si bien es cierto que la historia de la grabación digital comienza a finales de los años treinta del siglo pasado, tuvo que correr mucho tiempo para que aquella tecnología la pudiéramos llevar en un bolsillo.
En 1995, en mayo, la empresa Voice It irrumpe en el mercado con su modelo VT-40, la primera grabadora digital de consumo que hacía uso de los nuevos chips una memoria flash de estado sólido para guardar el sonido sin necesidad de cinta magnética, como se había estado haciendo hasta el momento. Es posible que no fuera la primera en utilizar esta tecnología —un año antes llegaba a los comercios la Norris Flashback—, pero, sin duda, fue la pionera en los bolsillos de los estadounidenses de los años noventa, debido a su bajo precio (69,99 $) y a su alta difusión entre los profesionales del mundo del periodismo y, también, entre la población infantil a modo de juguete.
La VT-40 era capaz de grabar hasta 40 segundos en 10 clips de audio digital, sin embargo, a diferencia de otras unidades competidoras, los archivos de sonido en este dispositivo no podían ser transferidos digitalmente a otro almacenamiento, como un ordenador, por ejemplo. Y es que, a pesar de la conveniencia de tener un grabador de audio pequeño, delgado y sin partes móviles, la baja capacidad de estos primigenios aparatos, con aquellas memorias flash de primera generación, los convirtió más en una novedad geek que en algo realmente útil a medio o largo plazo.
Voice It lanzó también, casi al mismo tiempo, una unidad de mayor capacidad, la VT-75, que podía grabar 75 segundos de audio. Todo un lujazo para la época.
Hoy día, y como no podía ser de otra manera, el Voce It VT-40 se puede seguir encontrando en sitios web de subastas y compras específicas en línea, pero ahora tiene un precio prohibitivo que no baja de 130 o 140 dólares debido, más que nada, al estado en que se encuentren y a su alto grado de coleccionismo friki.
La historia del software ‘PrintMaster’

‘PrintMaster’
‘PrintMaster‘ surge en 1985, de la mano de Unison World, por cuenta de una batalla legal entre esta empresa y Brøderbund Software, la ochentera compañía de software educativo, videojuegos y herramientas de productividad creadora del afamado ‘BannerMania‘.
David Balsam y Martin Kahn, programadores de Pixellite Software, desarrollan en 1983 el programa de edición ‘The Print Shop‘ para Apple II. Tras casi tres meses de trabajo, le llevan la aplicación —conocida inicialmente como ‘Perfect Occasion’— a Brøderbund Software, que no duda en publicarla.
Un año más tarde, 1984, la empresa Unison World llega a un acuerdo con Brøderbund Software para llevar ‘The Print Shop’ a los PC del momento sobre el sistema operativo MS-DOS de Microsoft. Sin embargo, cuando Unison World había pasado un mes trabajando en esta versión, la compañía rompe las relaciones con Brøderbund Software, por lo que los programadores obtienen total libertad para hacer un software similar a ‘The Print Shop’. Aquella nueva aplicación, con muchas mejoras y añadidos, se llamaría ‘PrintMaster’.

‘PrintMaster’
Este órdago de Unison World la llevaría a los tribunales, en 1986, a raíz de una denuncia de Brøderbund Software, que recibió ‘PrintMaster’ como un ultraje, entendiendo que era una copia exacta de su software.
‘PrintMaster’ apareció para PC y, también, para Commodore 64 en 1985, llevándose la más amplia porción de la tarta de aplicaciones de diseño y aplastando, prácticamente, a ‘The Print Shop’. El programa permitía diseñar tarjetas, invitaciones, carteles, calendarios y otros por medio de diferentes patrones gráficos, diversas tipografías y más de un centenar de imágenes y gráficos prediseñados.

‘PrintMaster’
Para los nostálgicos de aquel momento, ‘PrintMaster’ nos retrotrae a los años en los que pudimos imprimir las portadas de nuestros trabajos escolares con una calidad gráfica que, para nosotros, era colosal. Por cierto, posteriormente aparecerían dos versiones más: PrintMaster Plus (1987) y PrintMaster Plus 2.0 (1988).
Los Macintosh firmados por Steve Jobs (y su equipo) en los ochenta

Carcasa de Macintosh firmada
Si eres dueño de un Macintosh 128K (1984), de un Macintosh 512K (1984) o de un Macintosh Plus (1986), has de saber que tu ordenador está firmado por Steve Jobs, y también por Steve Wozniak y por el resto del equipo de desarrollo de aquel entonces.
En la elaboración del Macintosh original, Steve Jobs se veía a sí mismo y a su equipo como un grupo de auténticos artistas. Tal se creían, que consideraron apropiado firmar su trabajo como si de un cuadro se tratara. A instancias, pues, de Jobs, el grupo de diseño del Mac organizó una pequeña fiesta el 10 de febrero de 1982, durante la que comieron tarta, bebieron champán y se turnaron para firmar con sus nombres en un papel. Utilizando aquella hoja como plantilla, Jobs ordenó que se grabaran las firmas en el molde de la caja de los Macintosh, haciendo que estos autógrafos quedaran permanentemente cincelados en la caja de plástico de cada uno de aquellos ordenadores que salieron de la línea de producción
Todos los nombres adornaron originalmente el interior de la primera versión del Macintosh —el 128K— pero, según Andy Hertzfeld, a la sazón miembro del equipo de desarrollo de aquel Mac, algunos nombres se perdieron con el tiempo debido a las revisiones posteriores del diseño de la carcasa.
Para localizar las firmas, simplemente hay que abrir la máquina y mirar en la parte trasera de su chasis. Debemos tener en cuenta que la presencia de firmas no hace que un Macintosh sea más valioso, pues todos y cada uno de los de aquella época las tiene, sin excepción.
Poco después del lanzamiento del primer Macintosh, en 1984, la mayor parte del equipo de desarrollo original se separó de la compañía. Sin embargo, y de una manera poética, aquellos hombres siempre permanecerán unidos dentro de cada Macintosh; es un digno y hermoso monumento a un extraordinario capítulo de la historia de la informática.



