Por qué no debemos girar las fotos

Rotando ando

Rotando ando

La mayoría de nosotros, cuando pasamos nuestras fotografías de la cámara al ordenador, tendemos a girar aquellas que, por la manera en la que fueron sacadas, aparecen tumbadas. Nuestros archivos fotográficos ya no se guardan en sobres de papel dentro de un cajón como ocurría hace treinta o cuarenta años, sino que se almacenan en carpetas digitales perfectamente organizadas. El hecho de visionar las fotos en una pantalla de ordenador hace que nos resulte más cómodo voltear aquellas que fueron tomadas de manera vertical para no tener que andar girando la cabeza en cada pase. Sin embargo eso es un gran error casi siempre, sobre todo para aquellos a los que les gusta disfrutar de la máxima calidad de sus instantáneas.

Un alto porcentaje de las cámaras fotográficas que se venden hoy día para el público no profesional almacenan los archivos de imagen en formato JPEG. Como sabemos, porque ya hablamos de ello por aquí, el algoritmo JPEG es un método de compresión con pérdida de calidad acumulativa, es decir, que sucesivas compresiones provocan subsecuentes pérdidas sustanciales de información. La forma que tiene de trabajar este algoritmo, pues, hace que el simple hecho de abrir una imagen JPG y, sin hacer ningún cambio, guardarla de nuevo, provoque una merma en la calidad de la misma. Progresivos guardados terminan malogrando sin remedio la calidad inicial de la foto.

Por lo tanto, el hecho de girar una fotografía con cualquier software redunda en tener que guardarla de nuevo, con lo que estaremos disminuyendo su nitidez. Y no nos llevemos a engaño, los giros automáticos que realizan las herramientas integradas en los sistemas operativos del tipo ‘Visor de imágenes y fax de Windows’, implican un guardado de imagen después del giro. De hecho, este tipo de programas suelen avisar muchas veces de lo que puede suceder si rotamos la fotografía.

Original (49 KB) y girada (47 KB)

Original (49 KB) y girada (47 KB)

Pero no sólo eso. Hasta ahora hablamos únicamente de girar imágenes un ángulo que sea múltiplo de 90º, en las que la pérdida de calidad es poco apreciable por el ojo humano. ¿Pero qué ocurre si rotamos una foto un ángulo distinto a 90º, 180º ó 270º? El estropicio es descomunal.

Supongamos una imagen como la siguiente (la de la izquierda). Es un JPG que contiene una u mayúscula blanca sobre un fondo rojo (llámalo granate, corinto, bermejo o carmesí; soy hombre, mi paleta RGB es muy limitada). Vamos a aumentar digitalmente (zoom digital) su tamaño hasta que se vean los píxeles de una zona determinada perfectamente (imagen central). Por último, la vamos a girar 45º en el sentido de las agujas del reloj (imagen derecha). Se aprecia perfectamente la pérdida de calidad obtenida.

Pérdida de calidad y pixelado

Pérdida de calidad y pixelado

¿Y esto por qué sucede? Pues muy sencillo, porque los píxeles de una imagen son, en realidad, pequeños cuadrados perfectos con una información de color. Cuando una cámara digital capta una fotografía, en función de su resolución la divide en infinidad de píxeles de color que, todos juntos, forman la representación fotográfica. Como decimos, cada píxel es un cuadrado, cuyos lados están alineados, horizontal y verticalmente, con los bordes de la fotografía. Si giramos la imagen un ángulo que no sea múltiplo de 90º, el software ha de realizar una interpolación de píxeles para crear las nuevas líneas imposibles, ya que los cuadraditos que se llaman píxeles no se pueden girar. Por lo tanto, una línea que es recta y vertical ha que convertirse en una línea inclinada formada por diminutos segmentos horizontales y verticales.

Si a esto le añadimos un posterior guardado de la imagen en formato JPEG, estamos sumando pérdidas continuas.

Por supuesto que esto no se puede tomar como un dogma de “no gires nunca las fotos”, sino como una curiosidad tecnológica que debe ser tomada en cuenta por aquellos que requieren la máxima de las calidades. Hoy día, con las cámaras actuales, nos movemos en unas resoluciones que apenas se resienten de los cambios, giros y guardados, sin embargo viene bien conocer cómo podemos sacarle el máximo partido fotográfico a nuestras imágenes.

Para evitar menoscabos, pues, podemos recurrir a trabajar con formatos sin pérdida de información, como puede ser el TIFF que permite, incluso, compresión sin pérdida alguna gracias al algoritmo LZW. Incluso un JPG abierto, girado y almacenado posteriormente como TIFF evitaría el perjuicio de la imagen. También muchos programas de retoque fotográfico permiten realizar giros sin pérdida en los archivos JPG, pues no llegan a guardar el archivo completo, sino que sólo modifican su cabecera para cambiar la orientación del mismo. Así también, muchas aplicaciones de software son capaces de leer los datos EXIF que las cámaras de fotos guardan con los archivos para mostrarlos correctamente en pantalla, y no todos horizontales.

Lo ideal sería utilizar el formato RAW, que es un modo digital que contiene la totalidad de los datos de la imagen, tal y como ha sido captada por el sensor digital de la cámara fotográfica, sin compresiones o con compresión sin pérdida. La pena es que este formato sólo lo manejan las cámaras profesionales y semiprofesionales, con lo que la inversión económica que debemos hacer es bastante mayor. Para la hora de visualizar estas imágenes y de tratarlas, tampoco podremos hacerlo con cualquier software del mercado, pues debe ser uno que soporte RAW de forma nativa. Aunque bien es verdad que la mayoría de las grandes aplicaciones de retoque del mercado ya lo hacen o, si no, podremos recurrir al propio software que siempre suelen incluir los fabricantes de las cámaras.

En fin, como dicen los profesionales de la fotografía, lo ideal es dedicar el máximo esfuerzo a la hora de tomar la imagen con la cámara, tanto en ángulo, posición, iluminación, matices, etcétera, dejando al proceso de retoque posterior un mínimo de trabajo o, a poder ser, nada. Pero claro, todos no somos expertos en estas lides, y yo el que menos.

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