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Pingüinos googleanos dos punto cero (¡webspam, webspam, webspam y toma webspam!)

Google Penguin 2.0

Google Penguin 2.0

El que piense que el algoritmo que maneja tu karma en Menéame es lo más complicado que ha podido parir la mente calenturienta de un programador informático, es que está muy equivocado o vive encerrado en una lavadora. Si existe algo enrevesado, embrollado e intrincado, más complejo que intentar resolver la conjetura de Hodge o la hipótesis de Riemann, eso no es otra cosa que la familia de algoritmos PageRank de Google, un conjunto de cómputos matemáticos, estadísticos, de probabilidad y algo de alquimia y magia negra con el objeto de calcular la posición de los distintos sitios web en los resultados que devuelve el motor de búsqueda de la gran G.

Hace un par de meses, Google decidió actualizar a la versión 2.0 su algoritmo de posicionamiento conocido como Penguin, y la comunidad bloguera se ha puesto en pie de guerra. El nuevo pingüino viene cargado con armas de doble filo que amenazan tormenta en la blogosfera, y es que las nuevas restricciones y modificaciones han dado al traste con la estrategia SEO de muchos expertos, aunque también es cierto que muchos de ellos es posible que no estuvieran haciendo las cosas de manera muy elegante.

Para empezar, comentar que Penguin 2.0 viene a torpedear la línea de flotación de aquellas páginas que mueven Internet desde la base. En esta ocasión, el nuevo algoritmo no va a afectar sustancialmente a los sitios de grandes corporaciones, potentes empresas, gobiernos o asociaciones internacionales. Lo que se pretende ahora es (como ya viene siendo tendencia), sobre todo, ir a muerte contra lo que Google define como webspam, es decir, aquellas prácticas contrarias a las directrices editoriales de Google que se sirven de técnicas de SEO para mejorar sus posiciones en los resultados de búsqueda.

Las optimizaciones de sitios en motores de búsqueda pueden ser positivas, constructivas y eficaces para que una web sea más fácil de rastrear y que sus páginas individuales sean más accesibles y sencillas de encontrar. Estas prácticas (conocidas como de «sombrero blanco» o white hat) ayudan a mejorar y enriquecer el contenido de una web, a hacerla más rápida y accesible y a mejorar su usabilidad. Por el contrario, el denominado black hat webspam, o «webspam de sombrero negro», pretende alcanzar un alto ranking en Google y un mayor tráfico en la web mediante técnicas que no benefician a los usuarios, donde la intención es buscar atajos o lagunas para clasificar las páginas en puestos más altos de lo que realmente se merecen.

Existen diversas técnicas para hacer webspam. Un método es el relleno fraudulento en una web de palabras clave (keywords) falsas, que se corresponde con la práctica de colapsar una página con términos o números relevantes para el buscador, aunque no vengan a cuento ni tengan nada que ver con el contenido de la página. A veces, incluso, y para no molestar al usuario, dichas palabras clave se esconden entre el código HTML haciéndolas invisibles al visitante, pero no al indexador del motor de búsqueda.

Webspam

Webspam

Otra técnica es la conocida como esquemas de enlaces o hipervínculos. El posicionamiento en los resultados de Google se basa, en gran manera, en el análisis de los sitios que enlazan con nuestro sitio web, proporcionándonos calidad y popularidad. Cuánto mayor es la reputación (para Google) de un sitio que nos enlaza, mayor será nuestra reputación; y al revés. Esto también se puede intentar manipular mediante, por ejemplo, la compraventa de enlaces (hay muchas web que se dedican a ello, sea por dinero o intercambio de bienes), mediante el intercambio (excesivo) de vínculos entre sitios web, mediante la creación fraudulenta de páginas con el simple hecho de enlazar, mediante granjas de enlaces, por medio de software especializado que genera vínculos a nuestra web, etcétera.

También va a ser penalizado por Google el hecho de encontrar palabras o frases en nuestros escritos que sean hipervínculos a páginas web que no tengan absolutamente nada que ver con el texto del enlace o, incluso, con el contexto del escrito en sí, evitando también así el fraude que se intenta ocultar entre los renglones de una redacción de manera presuntamente taimada y sagaz.

Pues bien, el nuevo algoritmo de Google sabe ya reconocer esto y mucho más. Es capaz de detectar enlaces fraudulentos, vínculos sin sentido, palabras clave que desentonan con el contexto y términos ocultos que sólo intentan ganar relevancia. Y desde mayo hasta hoy, muchos bloger, webmaster y administradores de sitios han visto descender la reputación online de su web de manera estrepitosa, llevando el grito al cielo y poniendo patas arriba las redes sociales. Pero todo tiene solución.

Google ha prometido revisar a lo largo de un tiempo el funcionamiento de su nuevo algoritmo, recogiendo quejas y afinando en los cálculos, y es que un típico y simple blogroll en el lateral de tu blog, llenito de enlaces a sitios de tus colegas y amigos, hoy podría hacer descender tu clasificación, apareciendo en lugares más alejados de los que aparecías antes. Peores prácticas pueden hacer desaparecer tu web de los principales resultados de Google, haciéndote invisible.

¿Soluciones? Pues claro, faltaría más. Los expertos recomiendan prácticas sanas a la hora de diseñar y mantener sitios web. Lo primero, y más importarte, es trabajar pensando en el usuario, no en los motores de búsqueda. Crear sitios de calidad, que se actualicen a un ritmo constante (alto o bajo, pero siempre parecido) y que aporten un valor añadido al conjunto de información que hay en Internet. Por otro lado, hay que olvidarse de la obsesión por enlazar y ser enlazado, que nos lleva a puntos extremos como el intercambio o la compra de hipervínculos. No debemos invertir nuestro tiempo en buscar triquiñuelas para intentar engañar a los motores de búsqueda, y sí para hacer las cosas bien y de calidad.

Debemos tener en cuenta que un único enlace de buena calidad es mucho mejor que doscientos de mala fama. Además, ahora va a importar también bastante el texto que sirve de sustento para ese enlace, ya que, cuando antes un mismo texto apuntando a un mismo hipervínculo generaba mucho buen rollo googlero para posicionar un término o un sitio web (de ahí las conocidos google bomb), ahora aquello se va a terminar, pues será más importante para Google que el texto de ancla (anchor text) sea variado, utilizando sinónimos y transformaciones de palabras.

SEO + Social Media

SEO + Social Media

Y, también, otro punto muy importante: de ahora en adelante, el concepto de SEO y los Social Media van unidos de la mano más que nunca. Los enlaces a nuestro sitio desde y hacia redes sociales tienen un impacto inmediato en los posicionamientos de búsqueda. Comentarios y retuiteos en Twitter, megustas y comparticiones de Facebook y, sobre todo, un +1 en Google Plus (entre otros movimientos en diversos medios sociales) pueden ser determinantes para nuestro posicionamiento en Google.

Google es Google, y es lo que hay. Si no te gusta no sigas sus normas, pero tienes que entender que es el primer buscador del mundo (por no decir el único). Si quieres tener una presencia notable en Internet, deberás poner el culo y pasar por el aro. Dicen las malas lenguas que Google ya tiene incluido en sus algoritmos el mejor o peor posicionamiento en función de las faltas de ortografía cometidas. No estaría mal, la verdad, para que muchos buenos blogueros se pusieran las pilas en ese tema y aportaran, además de calidad, calidad acorde a las normas del lenguaje. Al tiempo…

La delgada línea entre el artista innovador y el puto friqui

Gangnam style

Gangnam style

La Red es caprichosa, y lo mismo te encumbra que te hunde en el más absoluto de los ostracismos. Pero la Red no es algo etéreo que se alimenta a sí misma de un oculto no sé qué, sino que es el pensamiento, los anhelos, las pretensiones, las querencias, el odio y las ilusiones de millones de humanos que la sustentan. Es por ello que nadie suele salir impune cuando cuelga su vida o su trabajo en Internet, para bien o para mal. Y, normalmente, esos humanos que hay detrás, a los que se les supone inteligencia homínida, saben muy bien lo que es digno de encomio y lo que simplemente es una jodida basura.

Desde hace bien poco martillea nuestras cabezas un nuevo ritmillo musical al que su autor vino a llamar ‘Gangnam Style‘, un tema del rapero surcoreano conocido como PSY. Esta canción ha roto todos los moldes en lo que a cultura musical internetera se refiere: quinientos millones de visitas en el Tubo y Record Guiness al mayor número de megustas, con nada más y nada menos que 2,6 millones en sólo dos meses (ahora lleva ya más de cuatro millones), superando, vaya usted a saber por qué, al mismísimo ‘Baby’ del Justin Bieber ese de los cojones.

Gangnam style, de PSY

¿Cómo es esto posible? ¿Qué tiene el ‘Gangnam Style’? La primera apreciación tras un visionado inicial del clip es que el coreano este se va a convertir en otro friqui digital al más puro estilo Delfín Hasta el Fin, La Tigresa del Oriente o Wendy Sulca, o, por qué no decirlo, a las joyas nacionales patrias del tipo Tamara o Leonardo Dantés (¿cómo es posible que esta gente tenga entrada en la Wikipedia?). Pero esto no va a ocurrir, y tú lo sabes. Veamos un ejemplo del amigo Delfín y sus compis y comparémoslo con el vídeo anterior. Es una canción alabando las bondades del pueblo israelí, que ya tiene cojones la cosa, aunque no seré yo el que me meta ahora en el conflicto político palestino-israelí, que esta entrada no va de eso.

Israel, Israel, qué potito es Israel

Es evidente que nuestros ojos nos juegan una mala pasada desde el minuto cero. La vista es un sentido bastante básico que se limita a enfocar, captar, recoger y enviar al cerebro, y es este último el que se encarga de dilucidar lo registrado. Nuestro primer impulso, después de aguantar tanto friqui por la Red, es el de etiquetar de carne de galería de los horrores al coreano y a su endemoniado baile, pero no comprendemos por qué coño no podemos parar de mover nuestro pie al son la tonadilla y por qué no se nos borra esa estúpida sonrisa de la boca. ¿Qué clase de magia negra es esta?

La magia no existe más allá de lo que nuestras débiles mentes quieran creer. Park Jae-Sang, el tal caballero que se hace llamar PSY, es un artista surcoreano de 35 años, cantante, rapero, bailarín, compositor y productor. Habla inglés perfectamente, pues residió en Estados Unidos muchos años. Durante ese tiempo, estudió música en la Universidad de Boston y en la Escuela de Música de Berklee. Presume de una carrera musical de más de diez años en la que ha publicado 6 discos. En su país es poco más que un Dios de los videoclips humorísticos y las actuaciones cachondas. Vamos, que no es ningún mindundi, y, aunque parezca que no, eso se nota. Escuchándole hablar en cualquiera de las intervenciones que se pueden encontrar por ahí, desde luego no parece precisamente un retrasado mental al que le han grabado un clip para que la gente se descojone de él. Ni muchísimo menos.

El ritmo de ‘Gangnam Style’ es muy pegadizo, y esto no es casualidad, pues está perfectamente estudiado para que así lo sea. Mezcla diversos estilos que, aunque a su autor no le satisfaga el apelativo, están encuadrados en lo que se conoce como K-Pop, un género musical que incluye música dance electrónica, rap, rock, pop occidental, R&B, y otros, y que se refiere específicamente a la música popular de Corea del Sur. Como sabemos, en estas cuestiones los paises asiáticos van bastante por detrás que el resto del mundo, y lo que a ellos les mola ahora es lo que se llevaba aquí en los ochenta. Sin embargo, esta gente se pone al día cagando chiribitas, porque la cultura hoy, vía Internet, es inmediata y global, así que dan a luz perlas ingeniosas como esta.

Si volvemos sobre la comparanza de los dos vídeos anteriores, es inevitable comentar la calidad del clip de PSY en contraposición con el del avechucho ese del Delfín (and company). Este vídeo no ha costado cuatro pesetas precisamente, las coreografías están muy bien ensayadas, los escenarios, los efectos especiales (muchos humorísticos a posta), el atrezo, las bailarinas y bailarines, el vestuario y etcétera no han costado cuatro pesetas. ¡Hasta las coreanas que aparecen están buenas, hombre!  Es un vídeo muy trabajado y muy bien producido. No en vano, el tío es un ídolo en su tierra y, aunque los demás no entendamos ni papa de coreano, el efecto de absorción es máximo. Hoy todas las discotecas, bares y pub del mundo occidental pinchan el ‘Gangnam Style’, y la gente lo baila como si le fuera la vida en ello; es la canción del momento, no hay duda.

Expertos como Luke Seoul, director de artistas y de repertorio de Sony Music Korea, aseguran que su éxito se debe «a su potente vídeo, su singularidad, su ritmo pegadizo y su estilo rompedor». En opinión de Ángel Carrión, jefe de producto de Universal Music Spain (sello que tiene los derechos de PSY en España), que tal combinación resulte irresistible no deja de ser curioso, teniendo en cuenta que casi ningún occidental conoce la lengua coreana. «Posiblemente se trate de la clave del éxito: el factor exótico, el atractivo de lo desconocido. Todo ello unido a que, en el fondo, se trata de una propuesta muy visual«, apunta. Extremadamente visual, apostillaría yo.

‘Gangnam Style’ se ha convertido en todo un movimiento. Decenas de vídeos en Internet parodian el tema, realizan versiones, muestran flahsmob espontáneos y la gente los adora como a dioses indios. La corriente incluso ha superado el férreo control informativo de la vecina Corea del Norte, lo que ha provocado que el Ministerio de Defensa surcoreano se esté planteando la posibilidad de utilizar la cultura K-Pop como instrumento para desmoralizar a las tropas norcoreanas, según el diario conservador Chosun Ilbo (estos a su ritmo y con el rollo de siempre).

Todo un lujo musical que, sí, durará cuatro días, pero que en sus primeros momentos ha hecho que el álbum que lo contiene genere unas ganancias de 360 millones de dólares, amén de otros 760 por su venta en formato MP3. El videoclip, además, ha recaudado ya 40 millones de dólares más, y la decena de firmas que lo han elegido para su publicidad han pagado cada una entre 400 y 500 millones. ¿La efímera gallina de los huevos de oro? Para mí la querría yo, en pepitoria.

Complementa tu Kindle de Amazon con los accesorios de MicroCubo

MicroCubo

MicroCubo

Seguramente, si te decides a adquirir un eBook o libro electrónico habrás optado por examinar muy de cerca el Amazon Kindle, uno de los más publicitados, con mayor calidad de lectura, ligero, de batería duradera y a muy buen precio. Sin embargo, el Kindle viene desnudo, tal cual, sin ningún tipo de accesorio extra.

Para estos menesteres entra en juego la web MicroCubo, un sitio que se dedica a importar y a distribuir al cliente final, eliminando la mayoría de los intermediarios y consiguiendo unos precios más que competitivos en su nicho de mercado. Sus dos grandes bazas son los precios muy económicos y la gratuidad de los gastos de envío siempre.

En MicroCubo encontrarás todo tipo de artículos electrónicos, informáticos y gadgets, desde cables y adaptadores hasta repuestos para consolas de videojuegos, pasando por consumibles, accesorios para teléfonos tipo smartphone o navegadores GPS para tu vehículo.

Hoy nos vamos a centrar exclusivamente en los accesorios Amazon Kindle, donde te toparás con varios agregados que harán de tu Kindle más duradero a base de fundas de transporte y protectores de pantalla.

Por poner algunos ejemplos, encontrarás la funda Kindle, especialmente diseñada en piel para el Kindle 4. Elegante, en color negro, dispone de un discreto clip para cerrarla, dejando libres los botones de página de los laterales. A 12,00 €.

También el protector Kindle, una película plástica de alta durabilidad que protege la pantalla contra arañazos, rayones y otros daños. Sencilla de colocar (incluye un pequeño trapo con el que limpiar la superficie de la pantalla para no dejar motas ni burbujas) y muy fácil de retirar en el futuro. Por el increíble precio de 2,13 €.

Por último, la funda rosa Kindle, de piel y con acabado en un rosa ideal de la muerte para todas aquellas féminas (machotes también, por qué no) que quieran presumir de Kindle megafashion. Por la módica cantidad de 9,96 €.

Para finalizar, comentar que en MegaCubo hacen suculentas ofertas por la compra de varias unidades de productos, por lo que puedes llegar a conseguir unos precios increíbles a golpe de clic.

Reventando contraseñas guardadas con Google Chrome

Contraseñas con Chrome

Contraseñas con Chrome

Mira que a mí nunca me ha gustado eso de marcar la casillita de verificación para almacenar nombres de usuario y contraseñas en local, y parece que el tiempo me da la razón. Es una opción muy típica de sitios web en los que tienes que hacer login para acceder a tu cuenta de usuario y, además, en la mayor parte de ellos suele venir activada por defecto. Me refiero, claro está, a ese tick que contienen los formularios que dice algo así como «recordar mis datos», «guardar datos de acceso» o algo parecido.

Afortunadamente, cada vez menos sitios web incluyen la verificación de marras en sus formularios de inicio de sesión, sin embargo, desafortunadamente, no hace falta que lo hagan, porque son los navegadores, de manera predeterminada, los que se encargan de preguntarnos a ver si deseamos almacenar los datos para que, en futuros accesos, no tengamos que volverlos a escribir. Es el caso del famoso autocompletado para nombres de usuario y contraseña en Internet Explorer o del guardado automático de contraseñas en Google Chrome.

Y en este último nos vamos a centrar; primero porque trae ese almacenado automático activado de serie en forma de pregunta cada vez que hacemos login en un formulario de acceso y, segundo, porque dispone de una característica denominada «Inspeccionar elemento» que es una herramienta para desarrolladores que permite depurar el código de una página web en tiempo de ejecución.

La ventana Herramientas para desarrolladores que despliega Chrome en la zona inferior al utilizar dicha opción es un potente utensilio que permite trabajar con un tipo específico de información sobre una página o una aplicación, incluidos elementos DOM, recursos y secuencias de comandos. Admite auditorías en tiempo real, análisis de código JavaScript, detección de solicitudes HTTP, tiempos de gestión y hasta tiene una consola JavaScript para interactuar con la página de forma automática.

Lo que a nosotros nos interesa es únicamente el panel de elementos, que es el que nos deja ver la página web como la ve el navegador, es decir, el lenguaje HTML y los estilos CSS sin formato, así como el Modelo de Objetos de Documentos (DOM), manipulándolo todo on the fly (sobre la marcha, vaya).

Haremos una prueba muy sencillita para ver cómo se puede acceder a una contraseña almacenada de forma fácil y hasta divertida. Voy a entrar en mi cuenta de Facebook con Google Chrome.

Paso 1

Paso 1

Una vez he hecho login, Chrome me pregunta (en una barra superior) a ver si quiero que guarde la contraseña en una cookie para que no tenga que andar escribiéndola posteriormente. Le digo que sí, que la almacene, que soy un vago y no quiero volvérsela a meter.

Paso 2

Paso 2

Ahora cierro la sesión, me salgo y cierro también Chrome. Vuelvo a abrir una nueva instancia y accedo a la URL de Facebook. ¡Magia! Chrome ha reconocido el sitio y me ha colocado automáticamente nombre de usuario, en este caso la dirección de e-mail, y contraseña en sus respectivas cajas de texto, coloreándolas en amarillo para que yo sepa que son datos guardados por él.

Paso 3

Paso 3

Lo único que tendría que hacer en este momento es darle al botón Entrar y listo. Pero no lo voy a hacer, porque ahora es cuando viene lo mejor: el password crack. Me coloco sobre la caja de contraseña y hago clic con el botón derecho, seleccionando Inspeccionar elemento. En la zona inferior del navegador se despliegan los paneles de herramientas para desarrolladores. Automáticamente me habrá colocado en el panel Elements (el primero) y estaré viendo el código HTML de la página de inicio de Facebook.

Paso 4

Paso 4

Además, la línea automáticamente seleccionada (con sombra gris) es el HTML correspondiente al elemento en el que yo había hecho clic derecho, es decir, la caja de texto para la contraseña.

Paso 5

Paso 5

Como podemos observar, es, lógicamente, una etiqueta <input> del tipo password, esto es, un cuadro de introducción de caracteres en el que, al escribir, aparecen asteriscos o puntos, ocultando lo tecleado. Pues bien, si ahora hago clic derecho justo encima de password y selecciono la opción Edit attribute del menú contextual correspondiente, la herramienta me permite cambiar al valor del atributo type.

Paso 6

Paso 6

Sólo tengo que borrar password y escribir text, es decir, un valor de atributo que convierte la caja de texto en una caja normal y corriente, sin características de contraseña ni nada por el estilo. ¡Magia otra vez! Ahora estaré viendo en el cuadro de la contraseña mi fabulosa clave de acceso en todo su esplendor. ¿Cómo se te queda el cuerpo?

Paso 7

Paso 7

Evidentemente nadie quiere reventar su propia cuenta de Facebook, pero es cuestión de acceder a un cibercafé, a cualquier otro lugar donde haya ordenadores compartidos o al equipo de tu ex novia para conseguir robar, en cuestión de minutos, los datos de los facebookes, twitteres, googlepluses, yahooes y demás sitios con contraseña.

Mi recomendación es la de siempre: desactivad todos los autocompletados de datos importantes de vuestros navegadores. No cuesta nada escribir una dirección de correo, un nombre de usuario o una contraseña cada vez que se acceda. Y, por supuesto, los «no cerrar sesión» esos que veréis en el 99% de los formularios de acceso tampoco los activéis. Si vamos con prisa y cerramos la ventana del navegador sin haber matado la sesión, cualquiera que venga detrás tendrá las puertas abiertas a un mundo de fantasía sin igual.

Precaución, precaución y precaución. En Internet siempre precaución. Y una última notita aclaratoria, la contraseña de la última imagen de esta entrada no es, evidentemente, mi clave de acceso a Facebook, así que dejad ya de intentar entrar en mi cuenta cual malandrines.

Leekspin: de cómo un meme puede hacerte rico cualquier día

Loituma girl

Loituma girl

Lo cierto es que los meme, o fenómenos de Internet, pululan por la Red a diario y, muchas veces, pasan desapercibidos por los profanos cuando dan el salto a la televisión o a otros medios en forma de pequeños guiños sólo para la audiencia más selecta. También es verdad que, en numerosas ocasiones, estos fenómenos resucitan autores, intérpretes o celebridades olvidadas, como sucedió con el reciente «Trololó» de Edward Khill, un cantante sesentero de la Unión Soviética que vio más o menos realzada su carrera gracias al tema ‘Indeed, I am very glad that I finally am returning home’ y su dinámica distribución virtual.

Ello no es nuevo y viene pasando desde los albores del friquerío internauta. Es el caso, pues, del meme conocido como Leekspin o, también, Loituma girl, una chorrada del copón de Aviñón que proporcionó (y proporciona) pingües beneficios a los autores originales de la cargante musiquilla, así como también al dibujo animado que la acompaña.

Leekspin fue, originalmente (abril de 2006), un simple flash de cuatro fotogramas que se repiten acompañados de una música de fondo. La imágenes muestran al personaje Orihime Inoue de la serie manga japonesa ‘Bleach‘, adaptada posteriormente al anime. Orihime es una chica amable, simpática y sensible, a la par que ingenua y muy soñadora. Los fotogramas extraídos para el meme fueron tomados del segundo episodio de la serie anime (alrededor de los minutos 12 ó 13) y muestran a la muchacha girando un puerro. En el original japonés se dice que es una cebolla de Gales, pero el doblaje americano lo identifica como un puerro; de ahí el nombre del mene: leek (puerro) y spin (girar algo o hacer girar). Desde luego, un puerro parece; y vaya usted a saber que coño es una cebolla de Gales.

A continuación podemos ver un vídeo embebido que recoge la animación original. Si alguien desea ver el flash primigenio, existe una web en la que se puede consultar a modo de bucle infinito y asaz rallante, por cierto.

Leekspin original

La pista musical que contiene la animación se corresponde con la segunda mitad de la quinta estrofa y la sexta estrofa completa del tema ‘Ievan Polkka‘, una canción popular finlandesa, basada en música tradicional y, en este caso, interpretada por el cuarteto Loituma, un conjunto que combina la música tradicional vocal del país con sonidos del kantele. Evidentemente, el nombre del grupo inspiró la segunda denominación del meme: Loituma girl, hoy día casi más conocida que Leekspin.

En el siguiente vídeo podemos ver una actuación original del grupo interpretando la cancioncita de marras. La verdad es que es un tema bastante agradable, y está muy bien cantado, pero a mí el solo hecho de escucharlo ya me produce escalofríos y unas ganas desesperadas de ponerme a girar puerros como un loco.

Actuación de Loituma

En fin, el caso es que a principios de julio de 2006, apenas tres meses después de la primera difusión del memeel grupo Loituma obtuvo un resurgimiento desorbitado de su popularidad, pero no sólo en Finlandia, sino a nivel mundial. Y eso para un conjunto local que canta música popular es mucho resurgir.

Miles de cartas de nuevos fanes llegaron desde todo el planeta, su página web acumuló un tráfico enorme en semanas, las emisoras de radio reproducían el hipnótico clip, los vídeos, remixes y parodias se multiplicaban en la Red como champiñones y los componentes de Loituma eran invitados continuamente a entrevistas.

En el mes de agosto del año 2006, la empresa Jamba!, proveedora alemana de tonos para teléfonos móviles, comenzó a vender un vídeo de una preciosa burra antropomorfa que canta y baila la canción de Loituma, pero a una velocidad revolucionada. El tema se comercializa como ‘Dolly Song‘ y genera dividendos para el grupo a ritmo de doble clic.

Otro vídeo similar apareció en el «Top 100» de Google Video en enero de 2007, y la melodía también fue utilizada por la compañía holandesa de energía Eneco para un anuncio de publicidad comercial en televisión, reportando, por supuesto, regalías a sus creadores.

Pero eso no es todo, la empresa alemana Wrigley Company usó la canción en un anuncio de chicles, la compañía rumana Romtelecom la utilizó para promocionar su servicio de televisión por satélite, McDonald’s para su McCafé en la televisión húngara, la inglesa Ready Brek para un anuncio de cereales y la empresa holandesa Artiq Mobile lanzó un sitio web donde la gente podía subir vídeos caseros parodiando a la chica Loituma. Etcétera, etcétera, etcétera. Y todo ello bajo tacatún tacatún: euro tras euro para el grupo finlandés.

Incluso la Operación Leakspin (año 2010), de los Anónimos concentrados en 4chan, que pretendía divulgar los documentos acallados y potencialmente importantes de WikiLeaks, tomó su nombre del meme internetero. Y hasta en la famosa serie animada ‘Phineas y Ferb’ parodiaban a Loituma girl haciendo girar un puerro durante una canción de J-Pop, en el capítulo «Tuyo el verano es». Ver y oír a renglón seguido. Más pasta (o fama quizás).

Giramiento de puerro a modo de guiño

Vamos, que a un adolescente (probablemente ruso, pero no se sabe con seguridad) con mucho tiempo libre se le ocurre mezclar parte del tema de Loituma con una torda manganera girando un puerro, y el resto del mundo se rinde a sus pies. Y no sólo eso, el cuarteto finlandés se hace de oro a cuenta de versiones, comerciales, anuncios publicitarios, cuñas radiofónicas, tonos celulares y demás.

¡Viva Internet y la cultura friqui! Lo dicho, anda con cuidado al subir algo a la Red porque, el día de mañana, te puedes convertir en alguien relevante, forrado de dinero hasta las cartolas y henchido de fama inesperada. Nadie sabe como funciona el fenómeno meme pero, el día menos pensado, te hace rico y te transforma en alguien importante para la humanidad. Lo de importante lo he escrito con minúsculas, ¿o no?

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