Entradas de la categoría ‘Zona friqui’

Las paletas de colores (a lo modelno que te rilas)

Paleta RGB

Paleta RGB

Los diseñadores web y los programadores tenemos la obligación, prácticamente,  de comernos el coco hasta la estenuación con las distintas paletas de colores a fin de conseguir ese tono que desea el cliente. Y es que no es lo mismo el amarillo Nº 16 que el Nº 88. Sí, sí, los dos amarillos y muy parecidos; pero diferentes.

Dicen las mujeres que los hombres sólo reconocemos los tres colores básicos y poco más. Hace bien poco tuve la oportunidad de asistir a una ligera reyerta en la que se le imputaba a un pendejo la imposibilidad de distinguir el color salmón del naranja. Y es que al pobre hombre le sacas de la diferencia entre azul oscuro y azul clarito y se me pierde en la inmensidad del océano; azul, claro.

Lo de los matices está muy bien que exista, pero estamos acercándonos peligrosamente a la repijería cromática a la hora de ponerles nombre. Porque ahora resulta que el blanco ya no es sólo blanco, puede ser blanco, blanco roto, blanco siena, blanco de plata, de cinz, de titanio, blanco humo, blanco marfil, blanco alabastro y hasta un blanco denominado medio sucio. En realidad existen 243 tipos de blanco, fíjate, y estos no son más que una escueta muestra. Todo ello sin meternos en el terreno de los cremas y grises muy pálidos, que entonces ya nos perderíamos para siempre.

Yo, a decir verdad, estoy que no me encuentro hace mucho tiempo. Para mí entre el blanco y el negro sólo está el gris y, como mucho, el gris oscuro. Punto. Me cuesta distinguir entre el morado, el lila y el violeta tanto como diferenciar una bufanda de una pashmina, un fular, un echarpe y una pañoleta. Cosas de mujeres, vaya.

Hoy en día (aunque supongo que siempre han existido, ahora sólo se les ha dado un nombre) tenemos azul celeste, marino, sucio, marrón tierra, marrón rojizo, melocotón suave, granate pasado, verde grisáceo o, incluso, pastel chicle y verde aguamarina cremoso.

En el sitio web de una tienda de moda femenina aseguran que los colores estándar son: negro, verde bosque, azul marino, azul real, azulejo, petróleo, carbón liso, olivo, desierto, natural, limón, butano, rojo fuego y teja. Si estos son los colores estándar, no quiero ni pensar cuales serán los demás. Vale…, lo pienso, lo busco y lo encuentro… Entre ellos puedo observar asombrado colores como pizarra, azul noche, perla, verde botella, kiwi, mandarina, óxido, capuchino o sáhara.

Y hay más, sí. Podemos complicar la cosa hasta un punto de casi no retorno mental: azul arábigo, canela, militar, piñón, travertino, laja verde, hoja seca, tabique, ultramar, recinto o maple. También existe el rojo cardenal, el rojo burgundy, el verde bosque, café chocolate, anonizado natural, diamante negro, melocotón claro, el burdeos, azul índigo, rojo indio, fumé claro y cristal sombra.

¿Dónde vamos a parar? Es posible que en el futuro pidamos una prenda en una tienda pero, por favor, que sea en naranja melocotón almibarado con toques de mandarina pastel al atardecer de una noche negra azabache de verano, que si no no me va con los ojos que los tengo verdes, del verde de toda la vida.

¡Venga, hombre!

Las matemáticas y la madre que las parió

Aunque parezca mentira (me pongo colorada…) algunos somos adictos a la informática, el intenné y las nuevas tecnologías en general y, al mismo tiempo, aborrecemos con odio patrio todo aquello que huela lo más mínimo a matemático. Sí, sí, mirusté, que algunos fuimos incapaces de aprobar un puñetero examen de matemáticas sin copiar y se nos han dado mal, pero mal, desde pequeñitos. Qué cosa.

Suena a chiste, pero es que yo soy de letras. Estudié latín, historia, literatura y otras cosas de esas que no sirven para nada, sino para llenarte la cabeza de cultura y el pecho de sensibilidad, o sea para mariconadas sin fundamento alguno. Y es que a quién se le ocurre perder el tiempo en aprender, por ejemplo, a escribir bien cuando hoy día se dirime todo a golpe se esemese, y las faltas de ortografía a lo hoygan están de moda no perentoria en la Red de redes.

A algunos, digo, no nos gustan los posts de Microsiervos en los que nos intentan convencer de que es falsa la deducción matemática que demuestra que dos es igual a uno. Seguir esos procesos línea por línea se me hace eterno y aburrido, porque uno no pasó de la suma, la resta y la multiplicación (la división con calculadora), y en cuanto le sacan a algo el factor común por algún lado se pierde irremisiblemente. Además, lo poco que estudié sobre el tema me llega para saber que dos no es igual a uno, con preterición de demostraciones necias.

¿Y no te da vergüenza hablar así de las matemáticas siendo desarrollador informático? Pues no, oiga. Ni pizca. En mi trabajo he tenido nimios problemas para codificar algunos algoritmos que requerían de conocimientos matemáticos, pero con preguntar o buscar la respuesta por ahí he ido saliendo del paso. Afortunadamente estoy rodeado de cerebritos matemáticos que en un pispás te sacan el dichoso factor común a todo lo que se menea y te parametrizan una duda para x igual a lo que te haga falta. Traducirlo a un lenguaje de programación es pan comido. Trabajo en equipo; tú piensas, yo escribo.

En fin, que odio las matemáticas desde los cuadernillos de Rubio y seguirá siendo así por los siglos de los siglos. Supongo que es algún problema cerebral, ya que mi animadversión viene claramente dada por la total incomprensión de la materia. Soy incapaz de entenderlas y ellas no me entienden a mí. Y no me vengan con que no me las han explicado bien nunca, porque por profesores y enseñantes no habrá sido. Sigo diciendo que el problema está en mi masa encefálica y en la falta de las conexiones neuronales requeridas para comprender algo tan, para mí, etéreo.

Quizás algún día, cuando aprenda a despejar x (porque no descarto intentarlo de nuevo), tengo que borrar este post o tacharlo y corregirlo al pie. Ese día seré un hombre nuevo y un hombre renovado. Eso sí, sacando factor común hombre.

V I R I I

Un thriller ciberpunk retrotecnológico de conspiraciones, resistencia digital y ciudades ahogadas en neón, humedad rancia y corrosión.

[Jonathan Préstamo Rodríguez]

COMPRAR EN AMAZON

<script>» title=»<script>


<script>

Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar la experiencia de navegación. Más información.

ACEPTAR
Aviso de cookies