Entradas de la categoría ‘Ciencia’
El sistema Lynce para contar manifestantes

Ojo de 'lynce'
Desde 2009 existe una empresa que ha desarrollado un sistema de medición de aglomeraciones totalmente pionero en el mundo. Lynce es una compañía vasca dedicada a contabilizar asistentes a manifestaciones y otras aglomeraciones humanas, mediante el tratamiento informático de imágenes fijas y en movimiento.
El sistema tecnológico de cómputo de participantes en aglomeraciones con que cuenta el Proyecto Lynce utiliza una tecnología informática basada en la detección y escrutinio automático individual que ofrece como resultado una medición “persona a persona”, no una estimación. Lynce es en realidad un plug-in para un software de retoque fotográfico (no lo especifican, pero probablemente sea ese tan famoso que tú y yo conocemos) que se encarga de contar una a una todas las cabecitas que aparecen en una gran foto cenital de una manifestación.
El proceso es sencillo, pero laborioso. Cuando se convoca un evento de este tipo, los chicos de Lynce apostan cámaras de vídeo de alta definición (Full HD 1080) en edificios altos cercanos al paso de los manifestantes. Asimismo, se sirven de un globo dirigible o zepelín para realizar entre 300 y 600 fotografías cenitales de toda la marcha en formato RAW de alta resolución. Por último, también hacen uso de fotógrafos a pie de calle que toman imágenes del ambiente, evalúan la densidad de asistencia y acuden a las zonas que pudiera no barrer el zepelín.
Una vez realizado en trabajo de campo, se selecciona una serie de imágenes representativas de cada zona que conforman un enorme mosaico del total de calles y plazas ocupadas por los manifestantes en el momento de mayor asistencia. Es entonces cuando, en un primer conteo, el software Lynce entra en acción, individualizando y numerando a todas y cada una de las personas que aparecen en la inmensa fotografía.
Tras este primer análisis se realiza un segundo proceso de control de calidad. Este procedimiento es totalmente artesanal o manual, y consiste en revisar el trabajo hecho por Lynce para evitar los falsos positivos y/o los falsos negativos producidos, por ejemplo, porque no se contabilizó a alguien no muy nítido detrás de una pancarta o porque una sombra, un arbusto o un globo fue numerado como si de una persona se tratara.
Lynce ofrece siempre una estimación de error al alza en cada medición, es decir, una horquilla que comprende desde el valor obtenido hasta otro que es un tanto porcentual mayor. Este error al alza se aplica en los cálculos por la posibilidad de que un porcentaje de los participantes en una aglomeración puedan haber quedado ocultos al sistema de captación de imágenes bajo árboles, toldos o mobiliario urbano, entre otros.
La empresa que ha desarrollado y explota el sistema Lynce dice carecer de cualquier sesgo político y dedicarse única y exclusivamente a contabilizar científicamente asistentes a aglomeraciones con el objeto de ofrecer a los organismos datos reales y fehacientes de sus mediciones. Algunos ya se han mostrado claramente ofendidos por los resultados de Lynce, ridiculizándolos. Y es que a los que organizan las concentraciones pocas veces les gusta escuchar la verdad.
En web de Lynce se pueden consultar los datos de las últimas manifestaciones, huelgas y aglomeraciones varias a las que han asistido (así como fotos de alta resolución, vídeos, itinerarios, etcétera), y se pueden, también, comparar con los ofrecidos por los organizadores, el gobierno, las distintas policías o diarios nacionales. La verdad es que las diferencias asustan un poco.
Con respecto a los datos de la manifestación realizada ayer en Madrid en el marco de la huelga (que ya se encuentran colgados en su sitio web), Lynce ha arrojado una asistencia de 17.228 personas, con una estimación de error al alza de un 15%. Este estudio, encargado a la empresa por la agencia EFE, refleja la poca verosimilitud de otras estimaciones, ya que los sindicatos organizadores hablan de una concurrencia de 500.000 personas y la policía de 40.000. Es lo que diferencia a la ciencia exacta y la tecnología del proceso estadístico de estimación “a huevo” que hacen todos los demás.
La agencia EFE y Lynce tienen suscrito un contrato de servicio desde 2009 para cubrir grandes eventos y recabar datos reales. Lynce es muy raro que se equivoque, ya que lleva aparejada la matemática informática y la revisión de un ojo humano sobre una gran imagen real de los actos. Desde ahora, pues, fíate sólo de los datos que emita EFE sobre la asistencia a manifestaciones, aglomeraciones y conciertos de David Bisbal. Está detrás Lynce con su ojo de ídem.
Utilizando el algoritmo Chudnovsky y Visual Basic para calcular los catorce primeros dígitos decimales de Pi sin despeinarse (y otros chismes y cotilleos varios)

Pi
3,14 (en el colegio) o a 3,14159 (en la universidad). Conocido universalmente como 3,1416, π ha sido aproximado a lo largo de la historia hasta una exactitud de 5 billones de decimales, esto hace bien poquito. Y es que los matemáticos y los informáticos no tienen otra cosa que hacer en este mundo que perder el tiempo intentando encontrar un decimal nuevo para hacerse famosos y salir en el Muy Interesante y en la Wikipedia. Como si no supieran que esta carrera no tiene fin, y que pasado mañana saldrá a la palestra un chino mandarino o un japonés loco que encontrará el decimal número 6 billones; como si lo estuviera viendo.
Para los estudiantes del bachillerato actual diremos que π señala las veces en que el diámetro de un círculo cabe en su circunferencia. Ahora sí, ¿verdad? Hacemos un redondel con una cuerda y la estiramos en el suelo. Luego marcamos los diámetros sobre la cuerda y comprobamos que nos caben 3 y un poquito más. Eso es π. El siguiente GIF animado es totalmente esclarecedor.

Explicación gráfica de Pi muy sencilla de entender
En fin, nos unimos al carro de aproximaciones de π, pero no para intentar descubrir el decimal seiscientos trillones, sino para conocer el algoritmo Chudnovsky, uno de los más modernos métodos de calcular decimales de π. Algoritmos para este menester ha habido infinidad de ellos desde que el mundo es mundo, empezando por el de Arquímedes y pasando por los de Euler, Newton o Gauss (sí, el de las campanas).
El algoritmo Chudnovsky, descubierto por los hermanos David y Gregory Chudnovsky, matemáticos ucranianos, parece ser el más empleado en los cálculos de alta precisión de dígitos de π a comienzos de este siglo XXI en el que nos encontramos. Se fundamenta en una fórmula del hindú Ramanujan e implementa una serie de convergencia rápida siguiendo una serie hipergeométrica. Su fórmula es la siguiente:

Algoritmo matemático Chudnovsky
Como se puede comprobar, no es más que un sumatorio sobre k desde 0 hasta infinito (∞), donde se hacen una barbaridad de operaciones en función de k en cada iteración. Cada término de esta fórmula añade 14 decimales exactos al valor calculado de π; k es una proporción entre la precisión en decimales que necesitemos calcular y el valor límite de 14. Es una fórmula incluida en el famoso software Mathematica, de uso común en el ámbito científico.
Lo que se detalla a continuación es un pequeño código en Visual Basic que nos permite extraer el valor exacto de π con sus catorce primeros decimales haciendo uso de la fórmula de los hermanos Chudnovsky. Es muy sencillo de entender, ya que sólo sigue paso a paso el algoritmo. Destacar únicamente la función auxiliar Factorial para calcular los factoriales requeridos.
Dim k As Long
Dim numeroPI As Double
Dim Numerador As Double, Denominador As Double
Dim Precision As Double, Limite As Double
k = 0: numeroPI = 0
Precision = 14
Limite = (Precision + 3) / 14
Do While k < Limite
Numerador = 0
Denominador = 0
Numerador = ((-1) ^ k) * Factorial(6 * k) * (13591409 + (545140134 * k))
Denominador = Factorial(3 * k) * (Factorial(k) ^ 3) * (640320 ^ ((3 * k) + (3 / 2)))
numeroPI = numeroPI + (Numerador / Denominador)
k = k + 1
Loop
numeroPI = 12 * numeroPI
numeroPI = 1 / numeroPI
Debug.Print FormatNumber(numeroPI, 14)
End Sub
Private Function Factorial(numFactorial As Long) As Double
Dim i As Long, TempFactorial As Double
TempFactorial = 1
For i = 1 To numFactorial
TempFactorial = TempFactorial * i
Next i
Factorial = TempFactorial
End Function
Que nadie intente calcular más de catorce decimales porque precisamente ese es el límite de las variables de doble precisión en Visual Basic. Eso sí, se puede extraer un número inferior alterando el valor de la variable Precision.
Los hermanos Chudnovsky, actualmente, residen en Estados Unidos y, además de por su habilidad en la construcción de supercomputadores caseros, son conocidos por la estrecha relación laboral que ambos mantienen, llegando a definirse ellos mismos como “un único matemático ocupando dos cuerpos”. Esta colaboración también está marcada, en cierta medida, por la enfermedad de tipo muscular que sufre Gregory, que lo hace en ocasiones dependiente de su hermano David. De este último se ha llegado a decir que es el mejor matemático vivo de la historia.
Los cerebritos calculines continuarán su gesta de intentar llegar al final del número π, hasta el último decimal que lo convierta en un número irracional transcendente de valor concreto. O quizás tengan razón aquellos que aseguran que los decimales de π no se acabarán nunca, y que dicen que es un número tan complejamente apasionante que, por ejemplo, todos los números de teléfono del mundo se pueden encontrar escondidos en la secuencia decimal de π, porque sus dígitos parecen estar repartidos aleatoriamente y no construidos de una forma particular (encontrándose entre sus infinitos guarismos cualquier secuencia posible). O es probable que todos ellos tengan razón y ninguno de ellos la tenga, aunque seguramente la longitud de π acabará siendo bastante mayor que el título de este post (aunque parezca mentira).
Lo que está claro es que π es, para muchos, un número mágico donde buscar mensajes ocultos, y para todo el mundo un valor importantísimo que permite construir carreteras y barcos, entre otras muchas cosas. Su número de decimales importa poco a niveles prácticos hoy en día, porque sería una locura realizar cálculos con tal nivel de exactitud, además de una estupidez supina. Pero, por lo menos, vamos observando nuestra amplia evolución desde hace un par de miles de años, cuando se deducía de la mismísima Biblia que el valor de π era simplemente igual a 3; en Primera de Reyes, 7-23, dice literalmente:
Hizo fundir asimismo un mar de diez codos de un lado al otro, perfectamente redondo; su altura era de cinco codos, y lo ceñía alrededor un cordón de treinta codos.
Por último, y ya que estamos en ello, recomendar desde aquí la película “Pi, fe en el caos“, una obra de arte geek y profundamente paranoica y demente, pero que todo buen friqui tecnológico debe visionar. Especial atención a sus múltiples fallos, comenzando desde el principio por el más garrafal de todos.
EDITANDO ANDO (17/09/2010): Se acaba de superar del récord de decimales de π calculados mencionado en esta entrada. Además ha sido a lo bestia, porque de 5 billones hemos pasado a 2.000 billones; casi na. El mérito es para un currela de Yahoo que se ha aprovechado de la infraestructura tecnológica de su empresa para tal menester. Así cualquiera.
¡Alerta, magufo! (o cómo nos estamos pasando siete pueblos)

Magufo a la vista
Empecemos por el principio. Denomínase peyorativamente magufo a todo aquel que profesa cualquier tipo de seudocuencia, protociencia o paraciencia, alejándose peligrosamente de los preceptos científicos exactos. Es un acrónimo formado con ironía por los vocablos “mago” y “ufólogo”, y nació en las entrañas de la lista de correo Escépticos (en la ARP-SAPC), de la mano del conocido musicólogo Xoan M. Carreira, en 1997. Aquellas personas que viajan al margen del método científico, moviéndose en las arenas movedizas que cubren todo lo que hay entre lo que es ciencia y lo que anhela serlo, son tildados de magufos sin consideración: astrólogos, parapsicólogos, creacionistas, grafólogos, homeópatas, ufólogos o telépatas, entre otros muchos.
Los que tenemos una mente científica rechazamos de plano todas estas metodologías que poco tienen que ver con el conocimiento y la erudición y mucho con el engaño, la superchería y el sensacionalismo más barato. Sin embargo, en estos últimos tiempos se ha vuelto costumbre el tachar de magufo a cualquiera que se dedique a prácticas metódicas al margen de la ciencia tradicional, sin darnos cuenta de que existe sabiduría en el mundo mucho antes de que las matemáticas fueran descubiertas por el ser humano, o de que es más que posible que haya fenómenos no probados científicamente que simplemente no encajan porque todavía nos faltan datos para completar la ecuación.
Los curanderos de baja estofa, los conspiranoicos del fenómeno OVNI o los que mejoran tu equilibrio natural con pulseras o parches han hecho mucho daño a las paraciencias desde que el mundo es mundo y el hombre tiene la capacidad de pensar cómo ganar dinero sin pegar un palo al agua. No obstante, no debemos olvidarnos de las técnicas de curación mediante hierbas que utilizaban nuestros antepasados, de las influencias que ejerce el electromagnetismo en nuestro cuerpo o de las recientes investigaciones que aseguran que es más que posible que haya vida más allá de nuestras fronteras.
¿Quién puede tachar de magufo a un herbólogo después de haber curado innumerables dolores de estómago a lo largo de su vida a base de manzanilla? ¿Quién puede negar la influencia de la cafeína sobre el sistema nervioso central? La medicina natural no es ninguna engañifa como tal, lo que ocurre es que se puso de moda en su día y se convirtió en el negocio perfecto para mangantes, timadores y estafadores. Es posible aliviar ciertos síntomas dolorosos de los procesos tumorales haciendo uso de la marihuana, pero créame, no existe planta alguna sobre la faz de este planeta que sea capaz de sanar el cáncer. Ninguna.
El problema de las paraciencias es que encajan a la perfección con la estupidez humana. Aunque en muchas ocasiones, esa mal llamada estupidez responde mejor a la necesidad que tenemos las personas de agarrarnos a un clavo ardiendo en situaciones de desesperación, angustia, penuria o fatalidad. En ese punto es donde entran en juego los que se aprovechan de la debilidad que nos caracteriza, elevando a hecho científico algo que no es más que un dogma de fe, y de esto es un muy buen ejemplo el adoctrinamiento que utilizan las distintas religiones para amaestrar a sus fieles.
La parapsicología, por ejemplo, tuvo su punto álgido, en los distintos países que hoy se consideran adelantados, en los años sesenta y setenta. El que no había visto un OVNI de lejos, había sido abducido, conocía a alguien que padecía de estigmas, sufría de poltergeist en su casa del pueblo o tenía capacidades telequinéticas. Sin embargo, ¿quién puede negar que lo que hoy denominados viaje astral no sea otra cosa que un talento extra de nuestra mente que la mayoría de nosotros no somos capaces de desarrollar aún? ¿Por qué no puede ser posible que nuestro cerebro tenga determinados “poderes” que todavía no hemos desarrollado?
El hombre de las cavernas imputaba a un acto de los dioses el hecho de ver caer un rayo en un día de tormenta. Estén ustedes convencidos de que muchos de los fenómenos que hoy consideramos extraños serán explicados por la ciencia con el paso de los años. ¿Es por eso un parapsicólogo un magufo? Hombre, pues la mayoría sí. Pero existen infinidad de verdaderos profesionales que, con el apoyo de una mente crítica, se hacen preguntas en busca de respuestas científicas que puedan aclarar determinados enigmas. La nota discordante la ponen los que quieren sacar tajada del asunto y tratan con el mayor de los sensacionalismos las noticias más dramáticas, sacándolas de contexto y generando el efecto contrario al que cualquier cinetífico serio hubiera deseado.
De todos es conocida la sabiduría legendaria de los pueblos asiáticos, que utilizan métodos milenarios de sanación, relajación o meditación. Empero, técnicas como la acupuntura son calificadas de magufas por la comunidad internauta, cuando la definición y la caracterización de los puntos acupunturales está estandardizada actualmente por la Organización Mundial de la Salud (OMS) mediante una nomenclatura estandarizada que agrupa a las grandes tradiciones de esta técnica. ¿Por qué nos hemos vuelto tan intransigentes?
Esta claro que no vivimos en los sesenta españoles, cuando la dictadura y su Iglesia Católica controlaban las mentes de los menos formados e instruidos, a la sazón el porcentaje mayor de la sociedad. En el siglo XXI el mundo lo dominan mentes pensantes, críticas y científicas; personas con carreras universitarias (o no) que no se dejan engañar fácilmente. Y, en estos tiempos, la aparición de artilugios como la pulsera Power Balance o el parche Phiten son auténticos insultos a nuestra inteligencia, pero todavía más insultante es la recua de acólitos que consiguen estos timos. ¿Hemos avanzado algo en todos estos años? Sí. ¿Lo suficiente? No. Sólo hay que recordar las pulseras contra el reuma que llevaban todos los viejos en los años ochenta; el fraude sólo ha cambiado de material.
La coraza que nos han creado estos engaños nos convierten en críticos voraces de todo lo que suene a no científico, defenestrando, probablemente, profesiones o vocaciones que deberían merecer todo el respeto por dignas y llenas de conocimiento. Sabemos que es muy posible que exista vida extraterrestre en otras galaxias (¿por qué no?), sin embargo ametrallamos sin compasión a cualquier ufólogo que aparece en televisión; conocemos las propiedades curativas de algunas plantas, pero sentimos profunda animadversión por homeópatas y herbolarios; intuimos las capacidades cerebrales que no aprovechamos, pero no queremos oír ni hablar de médiums y mentalistas.
Nos hemos pasado siete pueblos. Cuatro fanáticos con cobertura mediática nos han convertido en talibanes científicos que no saben ver más allá de sus propias narices y que niegan la posible existencia de algo que no proceda con la precisión litúrgica del método científico. Están todos los que son, pero desde luego que no son todos los que están. La pandemia global “¡alerta, magufo!” se nos ha ido de las manos y debemos ser capaces de reconducirla. La ciencia es lo que debería prevalecer, pero el resto de estudios, con rigor, ha de tener cabida también en mayor o menor medida, aunque se considere una mera hipótesis o proposición aceptable.
La necesidad de ocultar: desde la escítala a la criptografía cuántica

La importancia de una buena clave
Artículo original para teknoPLOF! de Andoni Talavera Préstamo
Vivimos una etapa de la humanidad en la que constantemente debemos protegernos de ataques externos contra nuestra intimidad, bien en el mundo real o en el virtual. Una de las maneras que tenemos de salvaguardarnos es mediante el cifrado de las comunicaciones, pues se antoja uno de los puntos débiles de nuestra civilización. La criptografía dentro de este ámbito se emplea en multitud de sistemas: redes locales, navegación por Internet, conexiones Wi-Fi, transacciones bancarias, etcétera.
Desde la llegada de la era de las computadoras, el campo de la criptografía ha sufrido una amplia evolución, siendo capaces de utilizar complejos algoritmos matemáticos para cifrar mensajes, pero, cómo no, también ha redundado en una potente capacidad para descifrar esos mensajes.
Sin embargo, la historia de la criptografía no es para nada moderna, sino que desde que existió la necesidad de enviar mensajes entre personas, surgió la obligación de hacerlos ilegibles para que si, el mensajero era interceptado, el mensaje resultara indescifrable. Principalmente estos métodos se dieron en ámbitos religiosos, comerciales y militares; vamos, que no ha cambiado prácticamente nada en 2.000 años.
Una de las técnicas criptográficas usadas en la antigüedad fue creada por los éforos espartanos, la llamada escítala. Este mecanismo consistía en enrollar una tira de cuero alrededor de una vara de un diámetro concreto e ir escribiendo el mensaje en líneas horizontales. Al desenrollar la tira, lo que se obtiene es una serie de letras sin sentido a lo largo de la misma, y al ser enrollada nuevamente, en la vara del receptor aparecerá el mensaje que contiene. Esto obliga a que el destinatario sepa de antemano el diámetro de la vara que debe ser utilizada para poder descifrar el mensaje.

Escítala griega
Más tarde, allá por el 100 aC, Julio César desarrolló otra forma de cifrar los mensajes, escritos en latín, para sus campañas de conquista. Este Método de Julio César consistía en relacionar cada letra del alfabeto con otra situada n posiciones más allá. De esta manera, si quisiéramos cifrar el nombre de este blog usando n=3, el resultado sería algo así: teknoplof → whnqrsñri.
Los métodos evolucionaron a un siguiente nivel en el que no sólo se desordenan las letras según un patrón, sino que además se añade una clave, de tal forma que un mismo método de cifrado ofrecerá resultados distintos en función de la clave utilizada. Uno de estos procedimientos fue el denominado Cifrado de Vigenère, de principios del siglo XVI, el cual se fundamentaba en hacer emparejamientos de letras a través de una clave. Básicamente lo que se hace es lo siguiente:
- Definimos el mensaje: “el paquete está al descubierto”.
- Elegimos una clave, que en este caso será
teknoplof. - Emparejamos las letras con la clave hasta terminar el mensaje:
E L P A Q U E T E E S T A A L D E S C U B I E R T O
T E K N O P L O F T E K N O P L O F T E K N O P L O
A continuación de localiza cada par de letras en una tabla modelo (ver siguiente imagen) para conseguir un mensaje resultante final:
XPZNEJPHJXWDNOAOSXVYLVSGEC

Tabla modelo
Van pasando los años y nos vamos acercando a nuestra historia moderna. Con la llegada de la Primera y Segunda Guerra Mundial, los métodos de cifrado elevaron un nuevo escalón en el ranking de la sofisticación, pasando por el cifrado en códigos binarios, como el Cifrado de Vernam, hasta llegar a la archiconocida máquina Enigma.
Este modelo tuvo su primera incursión comercial en 1923 de mano de sus creadores Hugo Alexander Koch, Arthur Scherbius y Richard Ritter. En un principio su propósito era exclusivamente comercial, hasta que en 1926 se incorporó a la marina alemana. Tres años más tarde formaba parte de toda la estructura de comunicaciones de la maquinaria Nazi, habiendo sufrido diferentes modificaciones para adaptarla a sus necesidades. Otros modelos comerciales fueron usados incluso en la Guerra Civil Española.

Antigua máquina Enigma original
Enigma supuso un verdadero salto tecnológico, abandonando los sistemas de lápiz y papel para hacer uso de la tecnología disponible en ese momento. En su modelo más avanzado disponía de un teclado donde pulsar las teclas correspondientes al mensaje, una unidad modificadora y un tablero donde aparecía la letra resultante. El proceso de transformación de una letra en otra se hacía a través de unos discos rotatorios, los cuales giraban con cada pulsación de teclado. De esta manera, la clave cambiaba para cada letra. Podemos hacernos una idea de su funcionamiento en este simulador Flash de una máquina Enigma de tres rotores.
Su complejo mecanismo de cifrado hizo creer a los alemanes que poseían el sistema más seguro jamás creado. Sin embargo (como en toda tecnología) fue roto gracias a un matemático polaco llamado Marian Rejewski. Tan importante resultó aquel hecho, que algunas fuentes aseguran que los aliados ganaron varias batallas (o al menos adelantaron su victoria) gracias a que supieron partir el sistema y, por tanto, pudieron prepararse rápidamente contra las instrucciones alemanas de guerra.
Con la irrupción de los ordenadores, los procedimientos se hicieron más complejos y mucho más rápidos. La ventaja es que los equipos informáticos son capaces de analizar millones de datos en poco segundos, haciendo el cifrado tan intrincado y confuso que resulta prácticamente imposible para un ser humano su resolución. Evidentemente, los seres humanos que necesiten romper un mensaje codificado, también tienen a su disposición ordenadores con hardware y software muy potente, por lo que se hace necesario desarrollar nuevas tecnologías continuamente para que las comunicaciones binarias sean cada vez más seguras. Aunque es importante saber que cualquier código, tarde o temprano, es susceptible de ser reventado por un experto en seguridad informática.
En el mundo de la criptografía computacional existen diversos algoritmos que se utilizan para cifrar las diversas comunicaciones, como por ejemplo el denominado DSA, que se usa en Estados Unidos para las firmas digitales, el IDEA, un cifrador por bloques, o el llamado WEP, el sistema de cifrado incluido en el estándar IEEE 802.11 como reglamento para redes wireless. Además, muchos protocolos de Internet considerados seguros utilizan técnicas de criptografía para mantener los datos de los usuarios seguros. Es el caso de SSL, SSH o SET, este último es el dedicado a proporcionar seguridad en las transacciones mediante tarjetas de crédito en redes no seguras, especialmente Internet. Asimismo, existen multitud de programas de software que permiten al usuario asegurar su privacidad y la de sus datos en un entorno de red. Este sería el caso de TrueCrypt (para cifrar datos del disco duro), GNU Privacy Guard (para el cifrado de mensajes y firmas digitales), o el veterano PGP, un software para el cifrado (ahora propiedad de Symantec) de información a través de Internet mediante el uso de criptografía de clave pública o criptografía asimétrica.
Al calor de todas estas técnicas computacionales, han ido apareciendo a lo largo de los años nuevos procedimientos informáticos que no son sino adaptaciones de sistemas antiguos a la vida digital. En esta coyuntura estarían, por ejemplo, la esteganografía, el watermarking o el fingerprinting. Los procesos esteganográficos pretenden ocultar mensajes dentro de otros, llamados portadores. Son conocidos programas como OpenStego que nos permite esconder un mensaje cualquiera dentro de una imagen en cualquier formato. Este método es frecuentemente utilizado por los distribuidores de pornografía infantil, que ocultan un vídeo o una imagen dentro de otra (o de otro tipo de archivo) para que el receptor, al conocer la clave, la haga visible. Los avances tecnológicos siempre van de la mano de las mentes más despreciables.
Por su lado, el watermarking (o marca digital de agua) consiste en insertar un mensaje en el interior de un objeto digital (imágenes, audio, vídeo, software…) que contiene un grupo de bits que identifica de manera inequívoca al propietario de los derechos de dicho objeto. En su caso, el fingerprinting (o huella digital), además de contener los datos del propietario del copyright del objeto, contiene los datos del comprador original o adquiriente de los derechos de uso. Con estas dos tecnologías, sobre todo con la segunda, las corporaciones internacionales que dicen estar acosadas por la piratería podrían rastrear una obra distribuida por Internet y conocer con exactitud a que comprador original pertenece, al que se le supone el distribuidor pirata original. Y cuidado, porque estas marcas de bits no sólo se graban en archivos de software, sino que pueden ir anexadas a las pistas musicales de un cederrón o al contenido audiovisual de un disco óptico.

La tinta invisible, una de las técnicas esteganográficas más popular
Damos un pequeño salto temporal y nos vemos ojeando en el futuro del cifrado de datos. ¿Qué se avecina por allí? Pues seguramente el uso de la física cuántica para estos menesteres. Resulta interesante poder ver que al inicio de sentar las bases de la criptografía cuántica se diga abiertamente que es un sistema 100% fiable, 100% seguro y 100% no rompible. Todos los métodos utilizados en la actualidad se sirven de complejos algoritmos, pero que por muy enmarañados y rebuscados que sean, absolutamente todos pueden ser rotos por un ordenador lo suficientemente potente y un margen de tiempo adecuado. ¿Qué tiene de especial, por tanto, este nuevo modelo de cifrado cuántico?
La criptografía cuántica utiliza pulsos de luz (fotones) para enviar datos. El proceso es bastante complejo de entender a priori, pero digamos, grosso modo, que lo que hace es otorgar a cada fotón un estado concreto de una propiedad específica. El receptor del mensaje, por medio de un complicado proceso inverso, “abre la lata” y mira lo qué lleva dentro. Lo verdaderamente especial es que si alguien intenta descifrar el código, el sistema se perturba y empieza a dejar de tener sentido. Esto sucede por una propiedad cuántica relacionada con el Principio de indeterminación de Heisenberg, por el cual el hecho de conocer una propiedad de un sistema hace irremediablemente que se pierda otra. Además, el receptor recoge “restos” del intento de análisis del mensaje y, por tanto, le permite reaccionar en ese sentido. Es como acercarte a tu hucha y encontrar restos de huellas digitales. Sabes que alguien ha andado husmeando por allí.
¿Es el fin de los fisgones virtuales? ¿Hemos alcanzado la panacea en seguridad? Muchos dijeron que sí, sin embargo, y como comentábamos anteriormente, nada será perfecto. Un grupo de investigadores del MIT pudieron extraer hasta el 40% de datos de un mensaje sin ser delatados y sin que el sistema dejara de ser coherente. Curiosamente, este grupo trabaja precisamente en mejorar los métodos de detección de esos picos anómalos.
En definitiva, en toda la historia el ser humano ha remitido mensajes secretos, cifrados y ocultos, y en todas las ocasiones han sido averiguadas las claves. Lo que queda es seguir evolucionando con la tecnología y tratar de asacar métodos cada vez más seguros, sin olvidarnos de que, al final, lo que con tecnología se crea con tecnología se destruye, y que la verdadera seguridad parte de nosotros mismos. De nada sirve tener la mejor puerta del mercado con la mejor cerradura si, al final, la dejamos abierta; pasen y vean. Kevin Mitnick comentaba que el eslabón más débil de un sistema de seguridad es el ser humano, y es que si no sabes una clave siempre puedes ir y preguntársela al más pardillo de la empresa, que piará como un gorrión si se le ofrece alpiste convenientemente.
Una última puntualización lingüistica: los términos “encriptar”, “encriptación” y “encriptado” no existen en castellano, esto es, no están aprobados para su uso por la Real Academia Española de la Lengua. Esto no quiere decir que en un futuro no aparezcan en el diccionario (todo apunta a que sí, debido a su copioso empleo), sin embargo, y por aquello de utilizar un lenguaje correcto, evitemos esos anglicismos, provenientes de la voz inglesa encrypt, y utilicemos mejor nuestras voces: “cifrar” y “cifrado”.
El mundo no estaba preparado

Nikola Tesla
Nikola Tesla tenía todas las características para ser un genio, pues era bastante reservado, un poco excéntrico y, según dicen, andaba rozando la esquizofrenia paranoide. Era una persona capaz de formular un complicado teorema matemático para, a renglón seguido, explicar cómo había escuchado voces que venían desde el espacio y le habían inspirado. Evidentemente esto decía poco en favor de su lucidez.
Sin embargo, a lo largo de la historia ha habido grandes científicos a los que se les atribuía una pincelada de locura o enajenación y ellos sí han quedado en los anales de la ciencia y aparecen en los libros de texto. ¿Qué ingredientes secretos tenía Tesla para terminar desprestigiado con el paso de los años? Pues un par de ellos que nunca han gustado a los que financian proyectos de investigación: el altruismo y la filantropía.
El croata-americano vivía con la obsesión de mejorar el mundo a través de sus inventos, de proporcionar bienestar y tecnología a cambio de nada, como un fin necesario para la evolución humana, fuera de todo reconocimiento, del que huía. Estas ideas siempre han sido muy hermosas en el lado de la teoría, pero el poder científico, como cualquier otro, siempre ha estado supeditado al poder económico, y si algo que cuesta dinero no da más dinero a cambio, simplemente se desecha como idea.
Durante una temporada, y tras abandonar su pueblo natal y pasar por París para, finalmente, nacionalizarse norteamericano, Nikola Tesla trabajó con Thomas Alva Edison, por recomendación de Charles Batchelor, un inventor con el que Tesla había compartido proyectos en Francia. Tesla admiraba a Edison por los avances que éste había obtenido en asuntos eléctricos, pero el sentimiento no era mutuo. Al poco de trabajar juntos, Edison comprobó que el cerebro de Tesla pensaba mucho más deprisa y mucho mejor que el suyo y eso le provocó un profundo sentimiento de envidia.
Edison disfrutaba de una cierta reputación en la sociedad norteamericana y no podía permitir que un muchacho de pueblo llegara para arrebatarle el puesto. Le hacía trabajar 18 horas diarias los siete días de la semana para solucionar problemas técnicos que al americano se le presentaban en sus investigaciones.
Edison utilizaba la humillación en contra de Tesla para saciar su rencor. En una ocasión Nikola plantó cara a Thomas y describió ante sus ojos cómo podría mejorar el efecto del generador que Edison había inventado. Edison le prometió que si lo conseguía le pagaría 500 dólares de la época. Meses de trabajo después Tesla lo logró, pero Edison no le dio suma alguna de dinero, en cambio le espetó: “Tesla, usted no entiende el sentido del humor de los norteamericanos”. Nikola Tesla se despidió en ese mismo momento.
Genio asombroso, visionario e inteligente como pocos, fue sin embargo un personaje misterioso y oscuro, controvertido e incapaz de obtener beneficio de sus creaciones hasta el punto de ver cómo otro hombre recibía el premio Nobel por uno de sus inventos. En 1901, Guglielmo Marconi envió su famosa señal de radio a través del Atlántico, hecho que le hizo ganar el Nobel de Física en 1909. Lo que Marconi no dijo es que utilizó 17 patentes, nada más y nada menos, de Nikola Tesla para fabricar su rudimentaria radio. No sería hasta cuarenta años después cuando la Corte Suprema de los Estados Unidos de América reconoció el error y atribuyó la invención en exclusiva a Tesla.
La radio, el motor de corriente alterna, la lámpara de pastilla de carbono, el microscopio electrónico, la resonancia, el rádar, el control remoto, el submarino eléctrico, los rayos X, la transmisión inalámbrica y un larguísimo etcétera constituyen el vasto compendio de inventos y patentes de Nikola Tesla. Sin embargo, si hubo una tecnología que le obsesinó durante buena parte de su vida, esa fue la de la transmisión de energía de forma inalámbrica. El hecho de poder encender una bombilla en cualquier parte del mundo si necesidad de cables es una realidad, y lo fue ya en su época, pero es una realidad que nunca se llevará a cabo por las connotaciones antisistema que posee.
La llamada bobina de Tesla es uno de los pocos inventos que de este científico se conocen. Este aparato es un tipo de transformador resonante, compuesto por una serie de circuitos, que permite transferir energía eléctrica de un punto a otro sin ningún tipo de cableado. La idea de Tesla consistía en la instalación de gigantescas bobinas por todo el mundo que transmitieran electricidad utilizando la propia atmósfera terrestre. De esta forma, cualquier persona en cualquier punto del globo podría acceder a una fuente de energía continua, limpia y, la palabra prohibida, gratuita.
Los grandes magnates de la época habían comprado ya todas las minas de cobre para comenzar a electrificar el país por medio de cables, por lo que Tesla era un engorroso enemigo para el engorde de sus fortunas. Además, eso de hacer llegar electricidad gratis a todo el mundo sólo podía ser una idea de un demente que no comulga con las tesis capitalistas y el modelo de negocio mercantilista. Modelo que todos sabemos que es el ideal para los que más tienen y un verdadero desastre para los que no tienen nada.
En aquella época, Nikola Tesla andaba enzarzado con Edison a cuenta de mostrar la superioridad de la corriente alterna sobre la corriente continua del americano. En 1893 se hizo en Chicago una exhibición pública de corriente alterna, demostrando su preeminencia sobre la corriente continua. Ese mismo año, Tesla lograba transmitir energía electromagnética sin cables.
Edison, con el objeto de disuadir sobre la teoría de Tesla, comenzó una campaña para fomentar ante el público el peligro que corría al utilizar ese tipo de corriente. Harold P. Brown, un empleado de Thomas Edison contratado para investigar la electrocución, desarrolló la silla eléctrica con el fin de demostrar sus teorías. Un golpe bajo y muy rastrero, además de un flaco favor a la humanidad.
Nikola consiguió financiación del empresario J. P. Morgan para construir una bobina de inmensas proporciones en Chicago y comenzar así una incipiente industria de la propagación inalámbrica de energía eléctrica. Tesla tuvo que prometer a Morgan pingües beneficios para convencerle de su inversión. Sin embargo, y tras la transmisión de radio de Marconi, el industrial decidió que ya se había conseguido el objetivo y optó por no financiar ni un dólar más al proyecto de Tesla. J. P. Morgan, al igual que sus coetáneos, no supo ver tampoco las dimensiones de los propósitos de Tesla, pues sus intenciones llegaban mucho más allá que el simple hecho de hacer cruzar una señal de radio de una punta a otra del océano.
Nikola Tesla murió en Nueva York el día 7 de enero de 1943. Se fue pobre, abandonado, olvidado y defenestrado por la comunidad académica, que nunca supo entender por qué sus artículos no les eran enviados antes a ellos que a los periódicos. El mismo día de su muerte, en plena Guerra Mundial, el FBI se encargó de requisar todos sus materiales, sus cajas y cuadernos de notas, creándose el ‘Informe Tesla’ y realizando registros en aquellos lugares donde Nikola pudiera tener anotaciones o referencias de sus inventos.
Hoy en día las cosas no han cambiado en absoluto. Ninguna multinacional energética permitiría que se desarrollaran masivamente las teorías de Tesla, porque ello implicaría el fin del negocio para muchos y su suicidio empresarial. La electricidad inalámbrica, barata y limpia es posible, pero un mundo capitalista no concedería el más mínimo interés a tal fin. El mundo no estaba preparado entonces, pero hoy tampoco.
Si el lector desea más información sobre Nikola Tesla y su monumental proyecto, el siguiente vídeo explica a las mil maravillas cómo una buena idea se puede volver en tu contra por la envidia, la avaricia y la mezquindad de las personas.


