Menéame y Twitter: pilares informativos durante el caos aéreo (o cómo ser ciudadanos 2.0)

Gente informada

Gente informada

El mundo de la información ha dado un giro de 180 grados en las últimas décadas. Desde cuando sólo existían los diarios impresos hasta la época de la información digital en tiempo real, pasando por la seudoinmediatez de televisión y radio, ha llovido mucho. El hecho de disponer de la noticia prácticamente al tiempo que sucede nos ha convertido en ciudadanos 2.0, y los medios tradicionales ven peligrar sus arcaicos modelos de negocio ante la irrupción de la instantaneidad en la comunicación informativa.  

El pasado viernes, 3 de diciembre, viví la noticia del día con la misma pasión que millones de personas en este país y a lo largo del mundo. Los controladores aéreos de media España habían abandonado repentinamente sus puestos de trabajo debido a la publicación de un decreto que, según ellos, suponía la gota que colmaba el vaso en una relación laboral insostenible, dejando al país incomunicado y a miles de viajeros cabreados en tierra.  

No es mi intención entrar a valorar la noticia en sí, porque sólo hemos escuchado voces discordantes de uno de los bandos que proclama que los controladores son muy malos, pero que muy malos. Y a mí no me gustaría pronunciarme hasta, por lo menos, intentar comprender la verdad de aquellos que dicen estar desquiciados en su puesto de trabajo, con familiares necesitados de ansiolíticos y una situación inaguantable.  

Lo que sí comentaré es el revuelo que causó en la Red la situación aeroportuaria. Seguí la noticia durante toda la tarde, y parte de la noche, conectado simultáneamente a tres medios de comunicación: la televisión (TVE 24h), mi cuenta en Twitter y el célebre agregador de noticias Menéame. La abrumadora inmediatez de los medios online derrotó de manera apabullante a la tele de toda la vida, con su flamante informativo especial en directo, sus reporteros desplazados y toda su parafernalia técnica.  

Twitter se convirtió en un bombardeo de mensajes donde la etiqueta #controladores brillaba monocromática en todos y cada uno de los tweets, convirtiendo el tema en trending topic mundial en pocas horas, con picos de más de 5.000 micropost al minuto. Menéame era un hervidero de envíos que alcanzaban la portada en minutos y, también, de decenas de noticias que se descartaban al instante, a golpe de negativo, por aprovechar el asunto para intentar colar cualquier apunte irrelevante o sensacionalista (sin contar con que fue, probablemente, uno de los días con más meneos quintuplicados por centímetro cuadrado de la historia).  

Llegué a ver noticias meneadas antes de que la presentadora del informativo hablara sobre ese asunto en cuestión, y algunos usuarios de Twitter aseguraban recibir información de primera mano del entorno de los controladores. La instantaneidad era tal que para conseguir idéntica información de medios tradicionales habría hecho falta estar siguiendo 50 canales de televisión y 100 emisoras de radio de todo el mundo a la vez, además de tener abiertas simultáneamente centenares de páginas web de las ediciones digitales de diarios y otros medios de comunicación.  

Algunos usuarios del agregador de noticias más famoso de España se preguntaban, por ejemplo, que habría sido del 23 F si Menéame hubiera existido entonces, y la verdad es que con mucho acierto. El conocimiento de la noticia en el preciso instante en que se produce (o segundos, o minutos, después) representa el poder de la información en manos del receptor moderno e integrado en la Red como parte activa. Y ese poder, del que muchos nos quieren apartar, no sólo es cultura, que también, sino comunicación, educación e instrucción social, algo de lo que antes eran dueños unos pocos y que ahora tenemos disponible en la punta de nuestros dedos.  

Decía David Bravo en una de sus charlas que la instrucción de un pueblo y el acceso a la cultura no es cualquier tontería, pues guarda cierta relación con la libertad de expresión y con la libertad de elección. “¿Qué libertad de expresión tiene la gente que no tiene nada que expresar, o no sabe cómo hacerlo, y qué libertad de elección tiene la gente que sólo sabe elegir qué concursante de Gran Hermano hay que expulsar?”, aclaraba muy certeramente.  

Los grandes medios de comunicación han procurado desde siempre sesgar el contenido de la noticia que llegaba al ciudadano, arrimando el ascua a su sardina e intentando adoctrinar de arriba a abajo. Eso se ha terminado, porque ahora es el propio ciudadano el que elige qué contenidos digerir y, además, el que tiene la facultad de cotejar información llegada de uno u otro lado, generando una idea global y real de lo que ha sucedido. Asimismo, esa persona es perfectamente competente para retroalimentar el sistema, produciendo nuevas noticias o corrientes de opinión que alcancen a sus iguales.  

Menéame es un gran medio de adquisición de conocimientos en estos casos, al margen de las opiniones enfrentadas que pueda levantar su política de funcionamiento. Twitter es la inmediatez hecha carne. Ambos consiguieron demostrar, el pasado fin de semana, que los medios sociales de una u otra índole pueden tener más poder en una nación que un controlador aéreo mosqueado con su jefe. O casi.

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