Retroiluminación LED

Diodo LED

Diodo LED

Nos vuelven locos, joder. Si ya es bastante complicado comprar una tele en función del precio y de si te cabe en el hueco o no, ahora tienes que discernir entre tantas o cuantas pulgadas, elegir el nivel de contraste, el brillo, el tiempo de respuesta, la velocidad de refresco y el ángulo de visión. Las tienes con TDT (ahora todas) o sin él, con salidas HDMI, DVIVGA y tropecientos euroconectores. HD Ready o Full-HD, formato panorámico 16:9 o la cuadradita de toda la vida. De tubo, LCD, de plasma y de tecnología LED. ¡Qué belén, por el amor de Dios!

Cuando la tele era en blanco y negro, te ibas a la tienda, te contaban un poco la diferencia de precios y te llevabas una para casa. La encajonabas y siempre tenías que mandar a algún amiguete carpintero que te hiciera una maderita de 30 × 10 porque la profundidad de aquel aparato siempre excedía la del mueble del salón, y aún así, con maderita y todo, el culo pegaba contra el papel de terciopelo de la pared que se terminaba por poner negro del calor que despedía aquello. La enchufabas a corriente, al conector de antena y listo. Sólo tenía un botón para encender y apagar y dos ruedas escandalosas que al girar hacían clac, clac, clac y que te servían, una de ellas, para subir y bajar el volumen y, la otra, para cambiar de la primera al UHF. Punto.

Y cómo avanza la tecnología, recopón. Ahora resulta que se empiezan a llevar cada vez más las teles con retroiluminación LED, que es la última moda aunque los LED se hayan inventado en la época del cancán (no tanto, no tanto). Y de ellas nos vamos a ocupar aquí, porque hay mucha gente que me pregunta sobre el tema y percibo que existe una gran desinformación a nivel general.

No, los televisores de tecnología LED no llevan un LED por cada píxel o punto en pantalla, que estaría cojonudo que en un cacharro de estos Full-HD, con una resolución de 1920 × 1080, hubiera… [estoy multiplicando]… 2.073.600 LED detrás de la pantalla. Pedazo de televisor gigante que iba a ser aquello, que hay LED muy pequeñitos pero no tanto. Lo de tecnología LED se refiere a la iluminación posterior de la pantalla, a lo que se ha dado en llamar retroiluminación.

LED es el acrónimo guiri de Diodo Emisor de Luz (Light-Emitting Diode). Es un dispositivo semiconductor. Cuando se suministra corriente a un LED, los electrones se mueven a través del material semiconductor y algunos pasan a un estado energético más bajo. Durante el proceso, se emite la energía “excedente” en forma de luz. La longitud de onda (y, por lo tanto, el color) se puede ajustar utilizando diferentes materiales semiconductores y procesos de manufacturado distintos. Es más, la difusión de la longitud de onda de la luz emitida es relativamente corta, por lo que los colores son más puros.

Los diodos LED se conocen desde los años sesenta. Todos esos pilotitos rojos de los electrodomésticos (la cafetera, el microondas, la lavadora, etcétera), que se encienden cuando se les das marcha, son LED. Están formados por una caperuza de plástico y, como decía antes, por un material semiconductor que al recibir una corriente eléctrica muy pequeña emite luz. Y además, emite luz sin producir calor y con un color muy definido o incluso sin color, como ocurre, por ejemplo, con los LED infrarrojos de los mandos a distancia del televisor o el vídeo.

Los diodos rojos y verdes siempre han sido muy sencillos y baratos de fabricar, pero los azules no. Y, como todos sabemos, para un sistema de imagen RGB necesitamos los tres colores básicos que, mezclados, producirán el resto de gamas. Pero hace cuatro días, en 1993, el japonés Shuji Nakamura (el también inventor del propio LED) descubrió un proceso infinitamente más barato utilizando dos compuestos químicos. La alarma saltó y los LED azules pasaron a dominar el mundo del tuning automovilístico y los electrodomésticos de diseño chic. Además, y a eso vamos, comenzaron a aparecer televisiones y monitores de ordenador con retroiluminación LED, mucho más ecológicos, mucho más ligeros y, también, mucho más caros (lo nuevo es lo que tiene, qué se le va a hacer).

Las televisiones LED son, realmente, televisiones de tecnología LCD con retroiluminación LED. Es decir, en lugar de iluminar los paneles de estos televisores con lámparas fluorescentes de cátodos fríos (CCFL) como se hacía hasta ahora (y se sigue haciendo en los televisores llamados simplemente LCD), se hace con un montón de diodos LED blancos o de colores. Las LCD cuentan con un gran inconveniente, y es que los colores de la pantalla se reflejan al ojo humano como artificiales y los tonos negros se vuelven grisáceos debido a la falta de precisión que esa tecnología obtiene a la hora de oscurecer las distintas zonas de visionado. Las pantallas de televisión LCD con tecnología LED suponen un verdadero salto cualitativo en el sector audiovisual, al iluminar por detrás las pantallas de los televisores con la luz blanca y neutra de gran intensidad que ofrecen los LED. De este modo, la visión del espectador de la imagen se convierte en más clara, nítida y natural. Las teles apagan los diodos en las zonas donde no sean necesarios y así se producen en el monitor verdaderas zonas negras, al igual que consiguen perfilar con mayor precisión los colores en la pantalla.

Además de todo ello, reducen el grosor de la pantalla a la mínima expresión, suprimiendo el espacio innecesario para las lámparas fluorescentes. Algunos modelos miden menos de 1 centímetro (el Sony Bravia KDL-40ZX1 tiene 9,9 milímetros de grosor).

Existen dos tipos de iluminación LED: retroiluminación LED y Edge LED. La retroiluminación LED se coloca detrás de la pantalla y cada grupo de luces se puede atenuar en su zona. Esto ayuda a la pantalla LCD a proporcionar colores más profundos, un mayor contraste y un rango más elevado de sombras en los tonos oscuros del espectro. La tecnología Edge LED coloca los LED blancos alrededor del borde de la pantalla, lo que permite la creación de aparatos de, como decíamos, menos de 1 cm de grosor.

Asimismo, existe la iluminación con LED blancos o la llamada retroiluminación RGB dinámica, con LED en conjuntos de rojo, verde y azul. Esta segunda opción ofrece imágenes con una nitidez y calidad de color que recrea perfectamente la fuente original. Los LED reaccionan según lo que esté sucediendo en pantalla y permiten apagar zonas para conseguir tonos negros puros y reales, así como emitir una gama más amplia de colores en otras zonas de pantalla haciendo al usuario partícipe de una experiencia de calidad televisiva no vista hasta el momento, sobre todo en imágenes de alta resolución de fuentes como Blu-ray Disc o juegos de PlayStation 3, por ejemplo. Esta tecnología acerca la calidad del plasma (en cuestión de resolución y calidad de imagen) al mercado económico.

Por último, comentar que existen también los diodos LED RGB integrados, es decir un único LED que contiene tres pequeños diodos, cada uno de un color. Estos diodos no se utilizan actualmente en los televisores, pero están dando una nueva vida increíble a discotecas y puticlubs, consiguiendo ambientes lumínicos tan especiales y sugerentes que abarcan toda la gama del colorido más cursi y soez, desde la iluminación lila y fucsia hasta un verde mar o un butano chumbeta apto para altas horas de la madrugada.

Cómo ocultar tus descargas

No toi

No toi

O lo que es lo mismo: cómo ocultar cualquier programa que quieras tener abierto y no quieres que nadie se entere de que lo tienes abierto.

¿Quién no ha querido nunca ocultar lo que se está descargando con eMule? Que si el jefe pasa y ve la mulita ahí abajo, que si no quiero que la parienta se entere de que me estoy bajando la discografía completa de Loco Mía, que si a mí suegra le da un mal si ve el listado de descarga de fotos del calendario Pirelli 2010… En fin, multitud de situaciones que se repiten a diario.

Software como eMule, Vuze, Ares u otros, por alguna oscura razón incógnita, no disponen de una opción para ocultar descargas concretas (con lo sencillo tirado que tiene ser implementarlo). Sí es posible encontrar algo parecido en algún mod de eMule, pero no suele ser una opción por la que se decida el usuario medio que navega por Internet.

Hablamos aquí, pues, de un pequeño programita que lo que permite es ocultar cualquier software que en ese momento esté corriendo en tu equipo, ya sea una aplicación de descargas, un programa ofimático, un juego o un navegador web. La utilidad en cuestión se llama ZHider y es muy sencilla de utilizar, aunque la comentaremos en profundidad porque a veces resulta un poco puñetera.

ZHider

ZHider

Parece que ya en el año 2006 se quedó en la versión 2.00, y no he conseguido encontrar algo más actualizado, ni siquiera en la que se supone es su web oficial. La herramienta no necesita instalación y se puede ejecutar directamente tras descargar y descomprimir. ZHider funciona básicamente mediante dos combinaciones de teclas y algún clic por ahí. Aunque al hacer doble clic en el ejecutable no veamos nada, no quiere decir que el programa no se haya cargado debidamente en memoria. La combinación CTRL+ALT+L muestra la ventana de ZHider (la que se puede ver en la imagen anterior). En esta ventanita se va generando la lista de aplicaciones ocultas, mostrando el ID de la ventana en cuestión (cosa que nos la refunfanfinfla), el estado de visibilidad de la misma (visible/oculto), el nombre de la ventana y el tipo o clase de la misma.

Cuando queramos hacer que la ventana de una aplicación se oculte a los ojos de curiosos, deberemos pulsar la combinación de teclas CTRL+ALT+Z. Eso sí, esta combinación deberá ser tecleada con la ventana que queremos ocultar abierta (no minimizada) y el enfoque en ella (que sea la ventana activa). Automáticamente nuestro programa desaparecerá. Cuidado, no se ha cerrado, simplemente no se ve.

Otro apunte que debe tomarse en consideración es que la propia ventana de ZHider deberá estar oculta para poder esconder otras aplicaciones. Para ello, y si es que está visible, pulsaremos simplemente en el botón Done, de la esquina inferior derecha, o en la misma equis de cerrar ventana de toda la vida.

Para volver a recuperar la visibilidad de una aplicación oculta, mostramos ZHider (CTRL+ALT+L), seleccionamos la línea en concreto que se refiere a la aplicación y hacemos clic sobre la opción Unhide>Unhide del menú desplegable superior. Así de fácil.

Recapitulamos. Primero arrancamos ZHider (no veremos nada); segundo seleccionamos la ventana que queremos ocultar y pulsamos CTRL+ALT+Z; y tercero, para volver a mostrar la ventana oculta, abrimos ZHider con CTRL+ALT+L, seleccionamos y Unhide>Unhide. Chupao.

En la lista de aplicaciones que guarda ZHider se muestra el estado de cada ventana, esto es, si en ese momento está visible (visible) u oculta (hidden). Descubriremos también opciones en el menú para ocultar la aplicación seleccionada o todas ellas, así como para mostrar, mostrar todas o, incluso, mostrar y borrar (remove) todas o las aplicaciones seleccionadas. Este “borrar” se refiere a eliminarlo de la lista de ZHider, con lo que su visibilidad dejará de estar controlada por la herramienta.

Por último disponemos de una opción para cerrar un programa de manera silenciosa (menú Close>Close window silently) que lo que hace es cerrar o terminar un programa mientras está oculto. De esta forma podremos salir de una aplicación sin siquiera hacerla visible en pantalla. Cuidadín con esta opción porque si, por ejemplo, el programa que intentamos cerrar es un documento que tiene cambios sin guardar, no se cerrará, sino que simplemente se hará visible y, eso sí, desaparecerá de la lista de ZHider.

En fin, un software muy sencillito y muy ligero que hará las delicias de todos aquellos defensores a ultranza de la privacidad de sus descargas, teniendo en cuenta que puede ocultar cualquier otro programa también. Y no, no intentes ocultar el propio ZHider con CTRL+ALT+Z para entrar en un bucle infinito autorreferente que genere un pequeño agujero negro emulando al LHC o algo así. No lo intentes, digo, porque ya lo he intentado yo y no funciona.

Créditos P2P en tiempos de crisis

¡Dame pasta!

¡Dame pasta!

¡Abuela, que estamos en crisis! ¿No se ha dado usted cuenta todavía? ¡Ay, Jesús, con la crisis! El estado económico-financiero en el que nos encontramos no lo hemos creado nosotros, los pobres currelas asalariados, sino los que más pasta tienen, los grandes bancos (americanos, sobre todo). Pero el caso es que, ocurra lo que ocurra en este mundo, la culpa siempre la tenemos los mismos, los pobres currelas asalariados. Da igual que las entidades financieras hayan ganado trillones de euros a costa de hipotecas basura concedidas a pringados (como tú y como yo) que engañaban con condiciones incumplibles a largo plazo; da igual que esas gigantescas fortunas hayan perdido algunos eurillos en calderilla y los estados hayan respondido inyectándoles cantidades ingentes de dinero que luego no han repercutido en el consumidor; da igual que, no ya los jóvenes, cualquier persona de cualquier edad sea incapaz de acceder a un crédito hipotecario, incluso teniendo una suculenta nómina. Todo da igual, lo importante es forrarse y que el populacho se apriete un poco más el cinturón, no vaya a ser que los pingües beneficios del ejercicio anterior bajen este año un 0,005% y tengamos que pasar este verano que viene un día menos en Bora Bora.

Esto me recuerda a mí al problema de la ecología. Cuando existen cientos de empresas en este país que contaminan muy por encima de la media, cuando multitud de centrales y complejos vierten millones de litros de productos tóxicos en ríos y playas, cuando los Estados Juntitos de América han sido incapaces de adherirse aún al protocolo de Kioto, cuando ocurre todo esto en el mundo, digo, lo único que puedo hacer es soliviantarme cuando encima a mí prácticamente me obligan a separar el puto plástico del vidrio de los cojones. Y para más inri me quitan las bolsas del Carrefour y me condenan a pagar 5 céntimos por otras de fécula de patata que se decojonan y se van a tomar por culo en cuanto las cargas con más de dos manzanas. ¡Que recicle su abuela de usted, oiga!

Pero bueno, que me enciendo y me desvío del tema: los créditos y la crisis. La archinombrada burbuja inmobiliaria explotó por fin; que ya era hora. Los pisos subían a un ritmo desorbitado y los bancos casi no te ponían ninguna pega para darte un crédito al Euribor + 0,35%, a cincuenta o sesenta años, que digo yo que para qué coño están los hijos de uno si no es para acarrear con las deudas en el futuro, ¿no? Pero la teta de la vaca dejó de dar leche, muchos bancos quebraron (gracias a sus inversiones tremendamente arriesgadas), el grifo de los préstamos se cortó, los precios subieron, se dejó de construir, se dejó de vender, el número de parados de triplicó y las familias hiperendeudadas se vieron con el agua al cuello. Llegó la crisis (y parece que va a tardar en irse).

Internet, como siempre, es un fiel reflejo del mundo de ahí fuera y recoge con excepcional rigurosidad los problemas e inconvenientes de las personas reales, no virtuales. Pero también, muchas veces, asaca soluciones ingeniosas para remendar problemas que en el mundo real no tienen fácil solución. Y este es el caso de los que se han dado en llamar créditos o préstamos P2P, que no es otra cosa que una comunidad o red social de prestamistas y prestatarios que se dedican unos a dejar y otros a pedir. La moda de los préstamos de dinero entre personas vía Internet ya ha llegado a España y puede convertirse en un bum en poco tiempo.

A este tipo de créditos entre personas, sin bancos intermediarios ni entidades de por medio, se les ha denominado P2P en clara alusión a las redes de pares de intercambio, pero no con el mismo significado. En este caso P2P significa Person to Person, es decir, un servicio que se hace de persona a persona; vamos, como dicen en mi barrio, de mí pa’ ti. El alma del P2P original se mantiene, porque lo que se crea es un vínculo entre dos particulares (el que pide dinero prestado y el que lo presta) que comparten, en este caso, una cantidad de dinero específica.

El funcionamiento es muy sencillo, ya que tan sólo es necesario darse de alta para solicitar o dejar dinero. Digamos que se podría hacer un paralelismo muy certero con los portales de subastas tipo eBay, ya que en ellos se establece una venta directa entre particulares, el portal en cuestión mediante, por medio de pujas de los compradores por los artículos de los vendedores. En los portales de créditos P2P una persona (el prestatario) solicita una cantidad de dinero en cuestión y decide él mismo el tipo de interés máximo que está dispuesto a pagar. Automáticamente, los prestamistas pujan por ese posible “cliente” intentando ofrecer la menor cantidad de interés posible. El que gana la puja presta su dinero a la persona solicitante y ésta se lo irá devolviendo en el plazo convenido y con el tipo de interés acordado. Evidentemente, la web que gestiona la comunicación entre prestamistas y prestatarios se lleva una pequeña comisión de la transacción, que de qué van a vivir estos chicos si no.

Este sistema nació en Gran Bretaña y se ha extendido ya por varios países, funcionando con bastante éxito en lugares como EEUU, Japón o Australia. En el Reino Unido la web de créditos P2P más famosa es Zopa, y en EEUU es Lending ClubEn España la pionera del sector y la que mejor parece funcionar es Comunitae.com. Existen otros modelos de negocio parecidos (como Partizipa), pero que están más enfocados hacia la financiación de emprendedores por parte de pequeños y medianos inversores.

Estos sitios web no son bancos ni entidades financieras, sino simplemente intermediarios entre personas que necesitan dinero y personas que tienen unos ahorrillos para prestar y les interesa sacarles algo de partido (más que los míseros intereses que proporcionan las cuentas corrientes de las cajas de ahorros). Tienen muchas ventajas, porque podrás conseguir dinero contante y sonante a un interés mucho más bajo que el que te proporciona un banco (eso si te lo proporciona, claro). Además, como ya hemos comentado, ese tipo de interés se fija mediante un mecanismo de subasta, que juega en tu favor en caso de que haya muchas personas interesadas en financiarte. Al solicitar un crédito P2P tienes que venderte; puedes hablar de tu situación o de tus proyectos para procurar ganarte la confianza del resto de usuarios e intentar que te dejen el dinero.

A todo usuario de este tipo de webs se le realiza un estudio de solvencia que determina un nivel que los prestamistas (usuarios también) pueden consultar para fiarse o no fiarse de que les vayan a devolver el dinero. La empresa detrás del web solicitará tus datos personales, bancarios, laborales y económicos. Amén de ello, posteriormente, deberás enviar por correo postal ordinario la documentación que te pedirán para verificar y justificar la información dada. Entonces ya estarás en disposición de pedir un préstamo. Los préstamos, por regla general, no los recibirás íntegros de un mismo usuario. Por ejemplo, si solicitas 3.000 €, la lógica de estos sitios web es que ese dinero se subdivida entre distintos prestamistas pujadores por tu oferta. De esta manera se minimizan riesgos de impagos, que siempre uno se puede escapar del país con la pasta y hacer negocio en las Américas.

En fin, una alternativa muy digna a los sacacuartos esos que pululan por los espacios publicitarios televisivos que te ofrecen suculentas cantidades de dinero en 24 horas y luego te acosan con unos intereses que te arrepientes de no haber pedido un crédito personal a un año en el BBVA, que te habría salido más barato y te habría producido menos dolores de cabeza. Los créditos P2P posiblemente despeguen no tardando mucho en nuestro país, que tan acostumbrados estamos a pedir hasta para salir de vacaciones. Quizás el fin de la crisis y una mejor bonanza económica lancen estos servicios al estrellato de los préstamos de bajo coste. Y el que no necesite, pero tenga y quiera sacar un poquillo de rentabilidad, pues ya sabe, de cabeza a prestar y a recoger un algo más de lo prestado. A nadie le amarga un dulce, digo yo.

Diez razones por las que la Disposición Final Primera del Anteproyecto de Ley de Economía Sostenible es una estupidez

Eneko (20minutos.es)

Eneko (20minutos.es)

1. Porque la propiedad intelectual no es en modo alguno un derecho fundamental y en ningún caso puede ser puesta por encima de estos. Montar un enorme aparato legislativo y judicial para intentar combatir el declive de un modelo de negocio determinado es una auténtica barbaridad.

2. Porque poner los delitos contra la propiedad intelectual por encima de muchos otros delitos infinitamente más graves es algo que no se justifica de ninguna manera.

3. Porque no se protege a los creadores, sino únicamente a la industria intermediaria de la creación cultural. Los creadores, en una economía basada en la atención, pueden adoptar modelos de negocio que les permitan seguir siendo remunerados por sus creaciones.

4. Porque crear una “casta de protegidos” que pueden acudir a una “justicia exprés” para solucionar sus problemas supone un evidente desprecio al resto de la ciudadanía.

5. Porque la cultura española no está sufriendo por culpa de las webs de enlaces que este plan pretende supuestamente combatir. De hecho, la cultura española no está sufriendo en absoluto.

6. Porque tal y como está redactado, el articulado permite que se persiga cualquier tipo de página web, sea cual sea su contenido y función. De hecho, al retirar la responsabilidad de los derechohabientes (quien denuncia es la Comisión y quien asume responsabilidades en caso de daños y perjuicios es, por tanto, el Estado), estos pasarán a “tirar con pólvora del Rey”, y el volumen de denuncias y las casuísticas recogidas en ellas se incrementarán notablemente.

7. Porque la protección existente con el ámbito legislativo actual es adecuada. Un derechohabiente que considere lesionados sus intereses puede interponer medidas cautelares, que se ejecutan en un plazo muy breve, y derivar las oportunas responsabilidades en caso de que éstas existan. Que los jueces, hasta el momento, hayan considerado que esos casos deben ser sobreseídos o desestimados no es un “error del sistema”, sino un criterio judicial plenamente fundamentado y justificado. La medida, por tanto, supone un desprecio al criterio de los jueces.

8. Porque la Ley de Economía Sostenible no es lugar para este debate, ni lo permite. El debate sobre la protección de los derechos de autor debe vincularse con la redefinición legislativa de los derechos de autor y la propiedad intelectual para adecuarla al nuevo escenario y debe tener su propia tramitación independiente.

9. Porque permitir que un lobby industrial introduzca artículos a su antojo en un anteproyecto de ley revela un importantísimo problema de funcionamiento democrático y debería conllevar la correspondiente depuración de responsabilidades: ¿cómo consiguió la Coalición de Creadores “colar” esa disposición final ahí? ¿Qué miembro del Gobierno les permitió hacerlo? ¿Por qué se escuchó a ese lobby que se arroga la representación de “los creadores” cuando existen muchos más creadores en Internet cuya voz no fue escuchada?

10. Y sobre todo, porque no va a servir para nada. Las páginas que sean cerradas reaparecerán con otros nombres, se clonarán cien mil veces y se reubicarán constantemente. Porque esas páginas ni siquiera son necesarias para localizar contenidos para su descarga. Porque los bloqueos pueden saltarse de infinitas maneras. Y porque se está creando un incentivo para el desarrollo de una red mucho más incontrolable que acabará generando muchos más problemas que los que hoy se pretende combatir.

Difunde estas diez razones a tu antojo. Por un Internet libre.

FUENTE: La imagen de cabecera de este post es de Eneko de 20minutos.es y tiene licencia Creative Commons. El texto comparte también la misma licencia y está escrito por Wicho de Microsiervos.

Navegación anónima

¿Quién soy?

¿Quién soy?

Los tiempos cambian, pero las personas no. Antiguamente se abrían los sobres de las cartas poniéndolos al vapor de una cacerola de agua hirviendo, hoy en día cualquiera puede interceptar un e-mail enviado por ti y leerlo tan tranquilamente en su casita. Hombre, cualquiera, cualquiera no, hay que tener los conocimientos adecuados. Pero no te creas tú que es tan complicado.

Según van pasando los años se impone con más fuerza la necesidad de salir a Internet como un navegante anónimo, cosa que hoy por hoy es una falacia. Cualquiera que se siente delante de un ordenador y se conecte a Internet va dejando su rastro allá por donde pasa. Lo que en principio podría parecer una forma muy anónima de hacer las cosas, es, si me apuras, todavía menos anónimo que salir a la calle, visitar cuatro tiendas, entrar en un bar y volver para casa. Al día siguiente sólo el dueño del bar es posible que se acuerde de ti, porque pocas personas más en el mundo se toman un orujo de hiervas a las diez de la mañana. Pero el resto nada de nada. En Internet nadie te ve la cara, pero estás más fichado que un asaltador de caminos.

Cada vez que accedemos a una página web, enviamos un correo electrónico, chateamos, nos descargamos una película o lo que sea que haga la gente en la Red de redes, nuestra dirección IP se queda grabada allí por donde pasamos. Y no sólo eso, sino que nuestro proveedor del servicio (Telefónica, Yacom, Arrakis…) guarda pacientemente todas aquellas direcciones que hemos visitado, porque están obligados por ley a hacerlo al menos durante un año, ya que así es como la policía trinca a los malhechores electrónicos: estafadores, pederastas, ladrones, etcétera. Nuestro ISP es como nuestro psicólogo o confesor particular, si hablara por esa boquita muchos se iban a morir de espanto.

Nuestra dirección IP es como un nuestro DNI, es un número personal e intransferible que identifica al router o módem desde el que nos conectamos y que se nos proporciona por parte de nuestro proveedor de Internet. El problema es que nuestro DNI si queremos lo enseñamos o si queremos no, pero la IP la llevamos tatuada en el culo y por allí donde pasamos y nos sentamos la dejamos marcada cual tampón de tinta. Para la policía no es para nada una tarea complicada averiguar qué persona ha intercambiado, por ejemplo, pornografía infantil a través de eMule conociendo su IP, porque no tiene más que, bajo orden judicial, solicitar amablemente los datos con que se corresponde tal IP que tal día, a tal hora, se conectó y descargó.

En cierto modo podría decirse que la falta de privacidad en Internet es una ventaja, pero en realidad no es así. Internet nació como una tecnología libre y anónima, no se le pueden poder vallas al campo, porque al final las ovejas siempre terminan por saltar (y lo que saltan las jodidas de ellas). La privacidad en Internet es algo básico y primordial que debería primar sobre cualquier otra cosa. Por supuesto un delito siempre será un delito, y tampoco podemos pretender que esto sea terreno abonado para cuatreros y maleantes. Entre extremo y extremo siempre hay un medio.

Los usuarios de software P2P, por ejemplo, nos vemos continuamente despojados de nuestra privacidad e intimidad. Parece ser que encima ahora, hasta la mismísima González Sinde va a decidir a quién detener y a quién no. Yo no quiero que nadie sepa lo que me descargo de la Red, si quieres que no lo haga quita el contenido de ahí, pero no me coartes mi derecho a compartir. Quita el contenido si puedes, claro.

Algo parecido pasa con el correo electrónico y con la navegación web. ¿Por qué tiene que tener alguien guardado durante un año todas las páginas que he visitado? ¿A quién coño le importa eso? ¿Por qué tienen que saber a quién envío o dejo de enviar correos electrónicos? Pues bien, la solución a todas estas cuestiones existe y se llama privacidad en Internet. Gracias a Dios disponemos de multitud de herramientas desde hace muchos años que nos permiten realizar una navegación segura, pero es últimamente cuando más se están poniendo de moda, sobre todo debido al acoso y derribo que se viene realizando en los últimos tiempos contra las redes de intercambio.

Los horripilantemente llamados anonimizadores (supongo que castellanizando el tampoco existente palabro inglés anonymizer) existen desde hace mucho tiempo. Son webs en las que tú introduces la página a la que quieres acceder y ellos te abren un marco aparte en tu navegador donde te muestran la web en cuestión. El caso es que los que solicitan la página son ellos, no tú, por lo que la IP que queda registrada es la suya. Estos sitios web tienen varios inconvenientes, como por ejemplo la velocidad, que suele ser bastante lenta, o la imposibilidad de retransmitir las cookies recibidas o de interactuar con tecnologías ASP o PHP, por lo que no podremos acceder a sitios mediante registro de usuario y contraseña. En otros casos sí disponen de determinadas prestaciones pero previo pago de cantidades que no se corresponden en absoluto son el servicio recibido en cuestión de velocidad. Como los más conocidos y utilizados podríamos citar Anonymouse, W3Privacy o MegaProxy.

Otra opción válida sería la configuración de un servidor proxy en nuestro propio navegador. Un proxy hace las veces de pasarela o intermediario entre nosotros y el resto de Internet. Digamos que es una especie de repetidor de nuestra señal que nos representa más allá de él, es decir, todas nuestras comunicaciones salientes pasarían por él y las entrantes vendría de él también. Al igual que en el caso anterior, el proxy es el encargado de dejar su huella en forma de IP en aquellos sitios que visitemos, devolviéndonos las respuestas a nosotros de forma totalmente anónima. Existen en Internet multitud de direcciones de proxys anónimos y gratuitos para configurar en nuestro navegador. Una simple búsqueda en Google nos ofrecerá varias decenas de respuestas, sin embargo adolecen del mismo problema de las webs antes comentadas, ya que la navegación puede hacerse desesperadamente lenta y es posible que tampoco nos permitan acceder a determinadas webs.

Sin duda, la mejor solución y la más actual se basa en la utilización de una VPN. Una VPN (Virtual Private Network) es una red privada virtual, una tecnología que implementa una red de área local (LAN) sobre otra red pública (Internet), añadiendo componentes de seguridad e integración. Se podría asemejar a un tubo privado y blindado que nosotros montamos sobre Internet para comunicar dos puestos alejados en el espacio físico como si de una red local se tratara. El ejemplo más sencillo y común es el que utilizan determinadas empresas o tiendas de venta al público para comunicar diversas sucursales. Vamos a una tienda de ropa y nuestra talla de camisa no la tienen (¡qué raro!). La amable señorita nos comenta que va consultar con la tienda de la otra punta de la ciudad a ver si a ellos les queda. Teclea varias veces sobre el teclado de su terminal y nos termina por decir que nos podemos ir a tomar por culo a comprar a la competencia, que nuestra talla está agotada y que lo siente mucho y que patatín y que patatán. Pues esas tiendas de una misma cadena de ropa, tienen montada una VPN entre las distintas sucursales y establecen una red privada y local pero a través de Internet.

Este es el ejemplo típico. Sin embargo, las VPN se están popularizando en los últimos tiempos por su capacidad para servir de vía segura y anónima a las conexiones caseras de Internet. Nosotros nos conectamos a un servidor VPN mediante un software específico y a partir de ese momento comenzamos a navegar a través de dicha VPN como si formáramos parte de su red. Lo bueno de esta tecnología, de forma contraria a las anteriormente comentadas, es que todo el tráfico que generemos pasa por la VPN: navegación web, correo electrónico, P2P, mensajería instantánea, VoIP, etcétera. Lo malo, es que no es gratis, aunque tampoco se puede decir que los precios sean muy elevados. Por supuesto, además, todo el tráfico es encriptado y seguro, y ocultamos nuestra identidad en favor de la identidad del servidor VPN en cuestión.

Hace algunas semanas, The Pirate Bay, una de las webs de descarga de torrents para redes BitTorrent más conocidas del mundo, anunciaba la creación de su propia VPN anónima llamada Ipredator. Ello fue debido al juicio en Suecia que condenó a sus responsables, y es que la comunidad siempre responde esquivando de manera inteligente a los que intentar asesinar el intercambio en Internet. No quieres caldo, pues toma dos tazas. En España el servicio de VPN más popular es el que ofrece el sitio web TUVPN.COM.

TUVPN.COM ofrece tu propio servicio de VPN por unos 12 € al mes, con promociones y ofertas específicas que pueden bajar el precio (como en estos momentos) hasta a 5 € al mes. Disponen de nodos (para elegir en cada conexión) en Suiza, Rumanía, Estados Unidos y Reino Unido, por lo que tu navegación será completamente anónima e incluso no se sabrá realmente el país desde el que te conectas. Esto es también muy útil para acceder a servicios que discriminan por regiones, por ejemplo, y sólo dejan entrar a ciudadanos de determinados países. Además posee una política de recogida de logs de conexión muy interesante (que se puede consultar en la propia web) que nos asegura que no guardan los sitios por los que navegamos ni las direcciones a las que nos conectamos. Es una alternativa importante para comenzar a plantearse muy seriamente esto de la privacidad en Internet.

Si realmente los gobiernos del mundo comienzan a censurar Internet atacando a los usuarios que comparten contenidos, el anonimato en la Red se va a convertir en un negocio redondo para muchos. Y lo que está claro es que a mayor demanda, mayor oferta, lo que repercutirá muy beneficiosamente en los bolsillos de los internautas, ya que la guerra de precios puede ser terrible (hasta que llegue el todopoderoso Google y saque su propia VPN gratuita, que todo puede ser). Lo importante es convencer al populacho de que esto se va a convertir en la revuelta digital más importante de los últimos tiempos. Si ellos nos quieren negar el acceso a la cultura, nosotros responderemos con nuevas tecnologías que nos permita ejercer nuestro derecho. Acción, reacción, repercusión. Si hay que ponerse un antifaz en la Red, pues se pone; pero que no sea de esos con bigotes de gatito y orejitas, por favor. Un poquito de seriedad y decoro, hombre.

eBook ‘retroPLOF!’

retroPLOF!

Especifica tu dirección de correo electrónico y pulsa 'Comprar ahora'. Puedes pagar con tu cuenta de PayPal o con cualquier tarjeta bancaria.

E-mail envío eBook:







Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar la experiencia de navegación. Más información.

ACEPTAR
Aviso de cookies