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Poniéndote en hora vía DCF77

Cobertura mínima DCF77
DCF77 es una estación de radio alemana que emite una frecuencia patrón o, lo que es lo mismo, una frecuencia, a través de las ondas de radio, que guarda una relación conocida con un patrón o modelo fijo. En este caso, lo que emite DCF77 es una señal horaria de onda larga (o baja frecuencia) a 77,5 kHz generada a partir de relojes atómicos. Es por ello que nuestros relojes de pulsera (y otros), sólo aquellos que soportan esta tecnología, se ponen en hora ellos solitos prácticamente todos los días, cambios de horario de verano incluidos, con un error inferior a ±0,1 segundos.
La estación DCF77, sita en Mainflingen, Frankfurt (Alemania), emite su señal con un alcance de, más o menos, 2.000 kilómetros de radio, en condiciones óptimas meteorológicas y libre de interferencias. Eso hace que todos los relojes preparados de prácticamente toda Europa se sincronicen al unísono, llegando incluso, por la noche, al norte de África, oeste de Rusia y a un cachito del noroeste de Turquía. Eso es la teoría, porque en algunos puntos de España falla más que una escopeta de feria y le cuesta Dios y ayuda enganchar la señal dentro de una vivienda. El propio manual de instrucciones de los aparatos aconseja alejarlos de interferencias eléctricas y asomarlos a la ventana para pillar cacho. Un sinvivir dependiendo del instrumento utilizado.

La estación DCF77
La emisión transporta una secuencia de 511 bits de tamaño en una señal modulada sobre una portadora que se repite cada minuto y que transmite datos como la hora y la fecha actual o la situación del horario de verano europeo, entre otros como bits de paridad, de identificación del emisor, de segundos intercalares o de señales de emergencia para Protección Civil, esto último aún en proceso experimental.
Este servicio se estructura como un código decimal, transformado a binario para su envío, que representa la hora civil (ajustes de horario veraniego incluidos) del siguiente minuto al actual. Por ejemplo, durante la hora 23:59 del 31 de diciembre de 2011, la hora transmitida codificada fue la del día 1 de enero de 2012 a las 00:00. Los minutos se codifican en los segundos 21 a 28, las horas durante los segundos 29 a 34 y la fecha en los segundos 36 a 58. Calcula años bisiestos y zonas UTC. Se puede ver una tabla muy exacta, bit a bit, en la entrada para este tema de Wikipedia (en inglés).
DCF77 lleva dando servicio, como estación de frecuencia patrón desde 1959, aunque la información de fecha y hora se añadió en 1973. Desde aquel entonces pone nuestros relojes en hora, con puntualidad británica (bueno, alemana en este caso), cada minuto.
Los receptores DCF77 no son exclusivos de las marcas de relojes, pues es posible fabricarse uno en plan low cost con un microcontrolador PIC y una pantallita LCD. Desde la web RedesMadrid.com nos instruyen cómo construir el aparato, esquema de circuito incluido y código fuente en hexadecimal para grabar en el PIC también. En el siguiente vídeo se puede comprobar cómo funciona este invento y lo correctamente que se sincroniza cuando le llega la señal (en el segundo 0:24).
Funcionamiento de sincronismo
Por lo tanto, una tecnología un tanto de pedales pero que funciona decentemente. Cuando los relojes se conecten vía 3G a Internet, iremos por la calle todos con la misma hora, y ya no valdrá aquello de “es que tengo el reloj retrasado, disculpe la tardanza”. Sincronización, ubicación y localización constantes, las tres máximas del gran hermano que nos vigila desde vaya usted a saber dónde.
La sumergibilidad de los relojes sumergibles

Water Resist 50M
M (de metros) o, menos común, de la abreviatura ATM (de atmósferas).
Cualquier reloj malurrio de diez euros tiene grabado un 50M hoy en día por algún lado. ¿Significa eso que lo podemos sumergir cincuenta metros en el agua? Eso es lo que muchos creíamos de pequeños, y de ello fardábamos ante nuestros amigos. Sin embargo, al hacernos mayores nos dimos cuenta de que aquello no podía tener mucha lógica, pues no es racional fabricar relojes de pulsera baratos tan resistentes para domingueros de playa y chiringuito que no van a descender bajo el agua más de metro y medio en toda su vida.
¿Cómo están, pues, estas indicaciones especificadas? La resistencia al agua es una marca muy común en los relojes de pulsera regida por las normas ISO 2281 (para aparatos estándar) e ISO 6425 (para relojes de submarinismo). Significa que el instrumento está sellado contra la penetración de agua y certificado a prueba de fugas. El valor que acompaña a la marca determina la presión de prueba estática y se ha de indicar en bares, atmósferas o, generalmente, en metros de profundidad de agua (en pies para los yankeedoodles). Es decir, 50M no dice que el reloj pueda ser sumergido 50 metros, sino que puede llegar a soportar una presión de 50 metros de agua. Es una unidad de presión, no de profundidad.
Por cierto, y a modo de paréntesis, comentar que ISO no recomienda (o prohíbe) utilizar la denominación “Waterproof” en los relojes.
Como decimos, las pruebas a las que se someten los relojes en fábrica son pruebas de presión estática. Esto quiere decir que no se tienen en cuenta una serie de condiciones que sí se presentan en la vida real, como pueden ser cambios bruscos de presión por movimientos dentro del agua, temperaturas extremas o que cambian repentinamente, condiciones climáticas, etcétera. Es más, las pruebas de sumersión que exige la ISO 2281 consisten, entre otras cosas, en introducir el reloj durante una hora a sólo 10 centímetros de profundidad.
La resistencia al agua, según las normas comentadas, genera una clasificación por niveles o grados que, si bien no es oficial porque no existe algo tal, se puede desglosar como se ve en el gráfico siguiente. Téngase en cuenta que en muchos relojes la denominación “buzo” puede aparecer con su equivalente anglosajón “diver”.

Tabla de resistencias
Algunos relojes para submarinistas profesionales disponen también de un dispositivo denominado válvula de helio. La función de ésta se reduce a aliviar la presión del gas helio que pueda haber penetrado al interior del mecanismo en circunstancias duras de buceo. El helio es un gas utilizado en submarinismo como parte del aire en botella respirable y permite acortar el período de descompresión y minimizar el peligro de intoxicación producida por el nitrógeno.
El propio fabricante Casio ofrece un curioso gráfico en su web latinoamericana que ayuda a entender la resistencia al agua de sus relojes de cuarzo. El gráfico lo podemos ver a continuación.
En último término, comentar que, aunque un reloj sea más o menos sumergible, los fabricantes siempren recomiendan ciertas técnicas para hacerlo durar, como, por ejemplo, lavarlo con agua dulce si proviene de un baño en el mar, no manipular sus botones o corona mientras está sumergido (excepto en lo relojes de buceo profesional) o no usarlo mientras uno se ducha, más que nada porque no entre en contacto con jabones o detergentes.
Ya nunca más volveremos a decir que nuestro reloj 50M soporta una sumersión de cincuenta metros a pulmón, en plan apnea. Y es que ahora sabemos que lo que nos dicen que waterresisten los aparatitos estos no tiene nada que ver con la profundidad, sino con la presión. Me está empezando a gustar esto de la waterresistencia; o igual no. No sé.
Cosas que nuestros nietos no entenderán nunca
Un post de hace dos años en el blog Sticky Comics desató la controversia. Fue una entrada, con un único comentario, que alguien volcó en Digg, consiguiendo 5.857 votos y casi 800 comentarios en el agregador de noticias más importante del mundo (Dios me perdone, y Menéame también).

Viñeta 1 de Sticky Comics
Este garabato refleja con total rotundidad cuatro elementos y prácticas que pasarán de moda cuando, los que somos padres, seamos abuelos. Los relojes analógicos, la escritura en cursiva, los videograbadores y los periódicos son agua pasada.
Dicen que el tiempo vuela, pero nadie nos ha concretado por qué vuela tan rápido. El mundo de la tecnología es un querer alcanzar y no poder, y si alguien se despista un segundo pierde el tren para siempre. Para siempre.
A nosotros nos parece impensable vivir sin televisión, teléfono o microondas y, de la misma manera, a nuestros nietos les resultará prácticamente inconcebible subsistir sin aparatos o técnicas que hoy no somos capaces siquiera de conjeturar. ¿Cómo no vamos a pensar que les resulte extraño un diario de papel?
Los vídeos VHS están prácticamente muertos, y los medios de información de celulosa migran sus tendenciosas noticias al mundo 2.0. La cursiva proviene de la escritura a mano apresurada; de hecho, la palabra ‘cursiva’ desciende de la latina ‘curro’ (‘correr’), por ser el tipo de letra obtenida al escribir con cierta agilidad. Los relojes de agujas dejarán de tener sentido cuando los nostálgicos de lo analógico vayan desapareciendo y las nuevas generaciones desechen cualquier mecanismo que no se menee a golpe de microchip y sistema binario.
Esta entrada de Sticky Comics generó una secuela (imagen siguiente), a modo de más cosas que nuestros nietos nunca entenderán. En este caso, se alzaban como tecnologías moribundas la escritura completa de ciertas palabras, los teléfonos inalámbricos, los discos compactos y las tarjetas postales.

Viñeta 2 de Sticky Comics
¿Hasta que punto tiene esto su puntito de exactitud? Está claro que el mundo del SMS revolucionó la escritura de los jóvenes, escritura que se ha trasladado a Internet y al ámbito del mundo real. Lo mismo ocurre con las tarjetas postales, que caen en desuso a marchas forzadas por culpa de teléfonos celulares y dispositivos móviles. Los discos compactos son consumibles de los que cualquiera con dos dedos de frente aprecia su extinción, y los teléfonos inalámbricos sucumbirán en favor de móviles de escritorio.
Pero lo que seguro no entenderán nuestros nietos es imágenes que caricaturicen lo que sus propios nietos no entenderán, porque la tecnología avanzará en sus vidas de manera tan apresurada desde que nazcan, que sentirán la vorágine desarrolladora como algo normal, lógico e inherente a su propia existencia.
¿Quién no tuvo un Casio en los ochenta?

Reloj digital Casio clásico
En 1974 Casio saca al mercado su primer reloj digital, un instrumento que revolucionaría el campo de la relojería desde su invención en el año 1956 por el ingeniero búlgaro Petar Ptrov. Era de plástico malo y resistente al agua, tenía cronómetro, alarma y luz, algo que para los niños de la época representaba un paso más en el camino a la madurez: “Mira, mi reloj tiene luz”. Además, el cronómetro se convirtió en un fabuloso invento para los adolescentes, porque además de servir para comprobar quién corría más de portería a portería en el patio del colegio, se utilizaba como un juego para pasar las horas muertas que consistía en intentar parar los números en una décima de segundo determinada: “Te apuesto diez regalices a que no lo paras en 33″.
Era bastante común que al Casio negro se le soltaran los muellecitos que aguantaban las correas y se perdieran. Sin embargo esto no era motivo alguno para dejar de utilizar aquel gran reloj, pues se llevaba sin correas en el bolsillo del pantalón o de la camisa. Empero, los que habían celebrado recientemente su comunión, y habían tenido la inmensa suerte de recibir como regalo un Casio metálico, no tendrían el problema de las correas. Este reloj plateado era mucho más elegante que su hermano de plástico, pero no tenía la solera y el arraigo de él. Igualmente, tampoco era tan resistente ni capaz de recoger tal cantidad de porquería por la parte en contacto con la muñeca, que luego se limpiaba pacientemente con una aguja o la punta de un portaminas.
El metálico de Casio se convirtió, pues, en el líder de los presentes de fiestas y celebraciones. Pero su hegemonía duraría bien poco, pues la llegada del Casio con calculadora hizo que a los adolescentes se nos abrieran los ojos como a dibujos manga a punto de soltar ríos de lágrimas. El reloj calculadora es el jodido invento más alucinante de la historia de la electrónica. El que no tenía un reloj calculadora en los ochenta era el pringado del grupo, y eso que realizar cálculos con aquellas diminutas teclitas de goma era poco menos que una proeza: “Déjame, que yo te calculo esa multiplicación en menos de diez minutos”. Se popularizó muy rápidamente entre los profesores de matemáticas (que no dejaban utilizar máquinas de calcular en los exámenes) y comenzaron a ser confiscados de manera automática al pasar por la puerta de la clase.

Reloj calculadora (izquierda) y reloj con agenda (derecha)
En aquella época llegamos a pensar que la tecnología ya no podía avanzar más, que los adelantos en relojes de Casio habían llegado a su fin, y vivíamos en una suerte de nirvana tecnológico. Y en ese preciso instante, con premeditación y alevosía, Casio nos hizo sentir el increíble orgasmo de la experiencia de los relojes con videojuego. Estos eran un pelín más grande de lo normal, pero no importaba porque albergaban un muy limitado juego que se controlaba con dos botones localizados en la parte frontal. Yo recuerdo haber tenido la versión llamada “Moon Fight Robot”, en el que manejabas un robot descabezado para intentar recoger las cabezas que caían del cielo, evitando los misiles que te hacían perder una vida: “Te dejo jugar al mío si me dejas jugar al tuyo”. Las veces que me he arrepentido de haberme desecho de él, y hoy me es prácticamente imposible conseguirlo vía eBay porque o están estropeados, o cuestan una pasta indecente. Véase la colección completa de relojitos con juego de Casio (los marcados como watch).

Reloj con videojuego (Moon Fight Robot)
Cuando creíamos que Casio no nos podría sorprender más comenzó la incesante aparición de productos de muñeca de los que ya poco importaba que dieran la hora: relojes con mando a distancia (control remoto universal) para juguetear con las teles de los bares, relojes con agenda para las chuletas colegiales, resistentes al polvo y a los golpes, con manecillas digitales, con radio, con célula fotoeléctrica (sin pila), con pulsímetro para deportistas y friquis, con barómetro y altímetro y hasta, ya casi en el siglo XXI, relojes con GPS o con cámara digital integrada. Véase ahora una colección de hitos en la historia de Casio (desde su propia web).
En la actualidad me consta que muchas personas conservan su Casio ochentero en perfecto estado de funcionamiento. Sin embargo, la empresa nipona mantiene una línea de diseño retro que hará las delicias de los más nostálgicos, pues la parte técnica está totalmente modernizada, pero el aspecto es totalmente vintage en la mayoría de modelos, incorporando algunos de ellos toques totalmente fashion u hortera, dependiendo de quién los mire.

Línea moderna de inspiración retro
Casio siempre estuvo a la vanguardia de las innovaciones en lo que respecta a relojes, y a los más melancólicos nos produce todavía un escalofrío en la espalda ver a alguien con uno de estos instrumentos clásicos en la muñeca: “Mamá, para mi comunión quiero un Casio, que en el colegio me llaman obsoleto”.


