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Érase una vez un cacharro feo, pero resultón

Cybiko Classic
Cybiko fue un proyecto del ingeniero armenio, afincado en Rusia, David Yang y su socio capitalista, un hombre de negocios norteamericano llamado Donald Wisniewski. La idea consistía en crear un instrumento tecnológico que imitara a los productos nipones de empresas como Bandai o Takara, a la sazón vanguardistas en estas lides y con una cuota de mercado más que interesante.
Este extraño gadget tuvo dos modelos diferentes, el conocido como Cybiko Classic (con dos versiones en su haber) y la secuela denominada Cybiko Xtreme. Una pantalla LCD sin retroiluminación producía una imagen bastante pobre y de baja calidad, y el teclado QWERTY era impracticable. Las capacidades que se quisieron potenciar al dirigir su estrategia a los adolescentes fueron la posibilidad de jugar a sencillos juegos de vídeo y, sobre todo, la de poder chatear entre dispositivos Cybiko en enormes salas de encuentro que permitían la conexión de hasta 99 máquinas.

Cybiko Classic y Cybiko Xtreme
La mayor baza de Cybiko fue la inclusión de capacidades de cliente y servidor de una conexión de radio bidireccional. Al encender el instrumento, éste era capaz de localizar a otros Cybiko en un radio de 300 metros (sin obstáculos de por medio). Entre los dispositivos conectados cabía la posibilidad de enviar mensajes de chat en tiempo real o, también, de jugar a juegos en red. Además, cada Cybiko hacía de repetidor hacia otros dispositivos en zonas más alejadas, por lo que, por ejemplo, una población con el suficiente número de instrumentos conectados podría haber estado cubierta en su totalidad por una red Cibyko.
Evidentemente, esta característica apasionó a los púberes del momento, ya que podían conectarse con cientos de personas a la redonda de una manera instantánea y, muy importante, totalmente gratuita. Asimismo, los juegos de Cybiko se podían descargar gratis de su página web (ya desaparecida), y las capacidades de conexión vía radio permitían jugar partidas multijugador con personas a decenas de metros de distancia.
Cybiko también fue una máquina social. Los usuarios tenían la oportunidad de rellenar su perfil con datos personales que, después, compartían con otros usuarios a modo de red radiofónica 2.0, y también permitía realizar búsquedas de amigos entre los Cybiko detectados, filtrando los resultados mediante variables parametrizadas de los propios perfiles.
Las primeras ventas de Cybiko fueron un rotundo éxito. Como decíamos, las intenciones de emular a los juguetes electrónicos japonés dieron buen resultado, no así la de desbancar a Game Boy. El mercado nipón era muy jugoso, y hasta el mismo nombre de Cybiko fue ideado como algo que resultara agradable a los oídos de los japoneses. El vídeo del anuncio publicitario del cacharro (a continuación) es un claro ejemplo de cómo de serio se tomó el tema de la imitación de la industria del sol naciente. Es un vídeo en perfecto inglés pero con un acento y un estilo japonés que, francamente, sobrepasa los límites de la sobreactuación friqui.
El precio de Cybiko (129 dólares americanos) también ayudó a masificar su venta. Por otro lado, el sistema operativo del aparato (CyOS) era propietario de la empresa que lo fabricaba, sin embargo desde un primer momento se liberaron las especificaciones y herramientas necesarias para desarrollar aplicaciones y juegos para él. Además, era posible la programación directa en lenguaje C y en CyBasic (una versión del BASIC de toda la vida adaptada a las características de Cybiko), lo que propició la aparición de centenares de aplicaciones de terceros que, previa descarga de Internet, se podían incluir en el pequeño ordenador de mano.
La segunda revisión de Cybiko Classic incluyo la reproducción de MP3 e hizo aparecer una ranura para tarjetas del tipo SmartMedia con una capacidad máxima de 64 MB, por lo que los problemas de espacio iniciales, unidos a la nueva aparición de la música, se veían parcialmente solventados. La aparición de Cybiko Xtreme trajo consigo importantes mejoras internas (RAM, ROM, sistema operativo y capa de teclado) y también externas: diseño más ergonómico y reducido, más amplitud de búsqueda de dispositivos, micrófono y salida de audio. Así mismo, este segundo aparato permite la opción de compartir archivos (juegos, música, documentos, etcétera) entre usuarios; una especie de P2P del pasado con características de servidor de ficheros FTP.
Pero Cybiko se desinfló en pocos años. Todas sus buenas características fueron apisonadas por el cúmulo de defectos que llevaba aparejados. La pantalla LCD no retroiluminada ofrecía una calidad pésima de gráficos. Además, su teclado QWERTY tenía las teclas tan pequeñas que resultaba prácticamente imposible pulsarlas con los dedos, por lo que Cybiko venía acompañado de un lápiz de plástico para utilizar como puntero a la hora de escribir: el colmo de la velocidad mecanográfica tenía que ser aquello para chatear.
Por otro lado, las características que permitían a Cybiko conectarse a Internet (como el correo electrónico) obligaban a enchufar físicamente el aparato a un ordenador vía USB, con lo que de poco servía en la calle. Por último, comentar que la conexión de este ingenio a un PC, así como la actualización de juegos y programas, era poco menos que una misión imposible: continuos errores, cuelgues del sistema, desconexiones fortuitas, etcétera.
La empresa cerró definitivamente su web en el año 2006, pero tres años antes ya había dejado de producir el invento a causa del drástico descenso de ventas. La bajada del precio de los teléfonos móviles y su masificación entre los adolescentes jugó también un importante papel en la desaparición de Cybiko. A pesar de las últimas correcciones de diseño, el modelo aún se parecía más a un voluminoso walkie-talkie y, por supuesto, no gozaba de las prestaciones que un celular podía ofrecer a los jóvenes usuarios, incluso siendo más barato su uso.
Finalmente, la compañía fue vendida a la empresa francesa French Mobile Game. Desde su nacimiento hasta su muerte, Cybiko tuvo sólo tres años y medio para demostrar de lo que era posible, y no lo consiguió.
Actualmente todavía se puede adquirir algún Cybiko en webs de subastas o de venta de segunda mano, aunque probablemente a un precio más caro de lo que costaba en su origen. Y es que este gadget se ha convertido en artículo geek de coleccionista, y muchos retrofriquis se divierten jugueteando con él o desarrollando programas para él. Existen algunos sitios web de fanáticos nostálgicos que siguen en marcha, destacando sobre todos ellos Planet Cybiko, con una participación internauta nada desdeñable.
David Yang, el inventor de Cybiko, trabaja hoy día en la reconocida empresa ABBYY, el proveedor líder de software de conversión de documentos, captura de datos y lingüístico. Además, forma parte del consejo de administración de la misma. Su ex socio, Donald Wisniewski, está trabajando actualmente como director ejecutivo de CyberHull, una empresa especializada en la transformación de datos, contenidos, nuevos medios e iniciativas de publicación.
Me encantaría tener un Cybiko. Esa manía que tengo de guardar cacharros inservibles, coño.
Ellen Feiss, el fenómeno internetero de principios de siglo

Ellen Feiss
¿Recuerdas a Ellen Feiss? Esta chica, de aire desgarbado y mirada lánguida, representó uno de los primeros fenómenos audiovisuales de masas en Internet cuando aún no había nacido YouTube ni, por supuesto, Google Videos.
Feiss, joven estadounidense nacida en 1987, contaba con 14 añitos cuando fue seleccionada para interpretar uno de los anuncios televisivos de la campaña publicitaria “Switch” de Apple, ideada por el director de documentales Errol Morris. Dicha campaña se componía de una batería de anuncios en los que aparecían personas de diversas edades, sexo y condición contando las experiencias (reales) que les hicieron maldecir su PC. El objetivo era transmitir situaciones auténticas que dejaran al PC, y sobre todo al sistema operativo Windows, por los suelos con el fin de cambiar y comprar un Mac.
Hubo bastantes anuncios con variedad de personajes y diversidad de problemas que provocaban el cambio, pero Ellen Feiss revolucionó al personal con su historia de cómo se había colgado el PC de su padre mientras trabajaba con él y su ya afamado “beep, beep, beep”.
El icono cultural y geek en el que se convirtió Ellen Feiss vino alimentado por las malas lenguas que aseguraban que, en el rodaje de aquel anuncio, la chiquilla aparecía bajo los efectos de las drogas. El estilo de hablar desgalichado, los chocantes silencios, la sensación de ausente, los gestos absurdos y, sobre todo, la mirada perdida de unos ojos enrojecidos y medio cerrados fueron los desencadenantes de aquel rumor, que se extendió como la pólvora en forma de meme a lo largo y ancho de Internet. El chisme fue desmontado posteriormente por la propia Feiss, aduciendo el argumento de la ingesta de un medicamento (Benadryl) para la alergia que padece y el cansancio ocasionado por ser ella la última en rodar.
Lo cierto es que esta muchacha era compañera de clase de Hamilton Morris, hijo del director de los anuncios de la promoción que, un día, al salir de clase, invitó a unos cuantos de sus amigos a ver cómo rodaba su padre. Al estar allí, se les pidió a varios de ellos que hicieran una prueba rodando un spot, y tanto Ellen como Hamilton (el hijo del jefe, ¿sospechoso?) fueron escogidos. Como dijo ella en una posterior entrevista, la ropa que lleva en el anuncio es con la que fue ese día a clase.
La anécdota (nada graciosa) que cuenta Ellen Feiss en el anuncio es totalmente real. Se encontraba realizado un trabajo escolar sobre la implantación de barrios chinos (Chinatowns) en EEUU, cuando el PC de su padre comenzó a pitar (el célebre “beep, beep, beep”) y todo se fue al carajo. Según ella, perdió tres páginas de su estupendo trabajo.
El caso es que Feiss se convirtió en un fenómeno de masas. Apareció en vallas publicitarias y en publicaciones destacadas, se crearon clubes de fans, tazas y camisetas con su cara, fue invitada a eventos y a programas de televisión de máxima audiencia y se diseñaron fondos de pantalla, iconos y demás parafernalia sobre ella. Internet se llenó de vídeos a favor y en contra de la muchacha, de textos que declaraban su amor por ella y de otros que la calumniaban y la ponían de yonqui para arriba, de parodias con mejor o peor gusto, de apariciones virtuales en series de animación e, incluso, en Holanda hubo un concurso de imitadores.
Posteriormente protagonizó un segundo anuncio (promocionando el Powerbook G4, de Apple también) que nunca se emitió en televisión y que sólo vio la luz en Internet en el año 2005. Este vídeo tampoco dejó a nadie indiferente por el tono cuasi orgásmico con el que pronuncia la última frase “I love my G4″. Más madera para los internautas, que la pusieron de ninfómana calentorra hasta hartarse y crearon vídeos alternativos de cachondeo.
A día de hoy, la Ellen Feiss de Apple sigue teniendo un club de fans oficial, además de otras webs de seguidores que, poco a poco, van desapareciendo. Asimismo, se ha presentado en varias grandes exposiciones de Apple.
Y decía yo la Ellen Feiss “de Apple” en el párrafo anterior porque la moza ha conseguido hacerse un camino en el mundo de la interpretación, fuera de todo recuerdo a lo que representó en aquella época. Ellen regresó a las primeras planas cuando se anunció que aparecería en un cortometraje francés, llamado Bed & Breakfast (de los directores Martin Beilby y Loïc Moreau), que versa sobre las vicisitudes de una pareja estadounidense que busca a un viejo amigo en Francia. Así fue, el cortometraje se estrenó en el verano de 2006 y en él se puede rememorar el misterio y encanto de su mirada. Todo un lujo para los maqueros freaks. Ella aceptó el papel, incluso sin tener experiencia en el mundo de la interpretación (más allá de los anuncios de marras), pero la crítica aplaudió su papel y la reconoció como una buena actriz en ciernes.

Ellen Feiss en 'Bed & Breakfast'
Ellen Feiss es un buen ejemplo de cómo Internet puede elevar a la fama más efímera al friqui mejor pintado y, al día siguiente, hundir a un personaje con años de culto a sus espaldas. Es el mundo libre y la anarquía digital; es la vida real reflejada en una pantalla de ordenador.




