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Ellen Feiss, el fenómeno internetero de principios de siglo

Ellen Feiss

Ellen Feiss

¿Recuerdas a Ellen Feiss? Esta chica, de aire desgarbado y mirada lánguida, representó uno de los primeros fenómenos audiovisuales de masas en Internet cuando aún no había nacido YouTube ni, por supuesto, Google Videos.

Feiss, joven estadounidense nacida en 1987, contaba con 14 añitos cuando fue seleccionada para interpretar uno de los anuncios televisivos de la campaña publicitaria “Switch” de Apple, ideada por el director de documentales Errol Morris. Dicha campaña se componía de una batería de anuncios en los que aparecían personas de diversas edades, sexo y condición contando las experiencias (reales) que les hicieron maldecir su PC. El objetivo era transmitir situaciones auténticas que dejaran al PC, y sobre todo al sistema operativo Windows, por los suelos con el fin de cambiar y comprar un Mac.

Hubo bastantes anuncios con variedad de personajes y diversidad de problemas que provocaban el cambio, pero Ellen Feiss revolucionó al personal con su historia de cómo se había colgado el PC de su padre mientras trabajaba con él y su ya afamado “beep, beep, beep”.

Imagen de previsualización de YouTube

El icono cultural y geek en el que se convirtió Ellen Feiss vino alimentado por las malas lenguas que aseguraban que, en el rodaje de aquel anuncio, la chiquilla aparecía bajo los efectos de las drogas. El estilo de hablar desgalichado, los chocantes silencios, la sensación de ausente, los gestos absurdos y, sobre todo, la mirada perdida de unos ojos enrojecidos y medio cerrados fueron los desencadenantes de aquel rumor, que se extendió como la pólvora en forma de meme a lo largo y ancho de Internet. El chisme fue desmontado posteriormente por la propia Feiss, aduciendo el argumento de la ingesta de un medicamento (Benadryl) para la alergia que padece y el cansancio ocasionado por ser ella la última en rodar.

Lo cierto es que esta muchacha era compañera de clase de Hamilton Morris, hijo del director de los anuncios de la promoción que, un día, al salir de clase, invitó a unos cuantos de sus amigos a ver cómo rodaba su padre. Al estar allí, se les pidió a varios de ellos que hicieran una prueba rodando un spot, y tanto Ellen como Hamilton (el hijo del jefe, ¿sospechoso?) fueron escogidos. Como dijo ella en una posterior entrevista, la ropa que lleva en el anuncio es con la que fue ese día a clase.

La anécdota (nada graciosa) que cuenta Ellen Feiss en el anuncio es totalmente real. Se encontraba realizado un trabajo escolar sobre la implantación de barrios chinos (Chinatowns) en EEUU, cuando el PC de su padre comenzó a pitar (el célebre “beep, beep, beep”) y todo se fue al carajo. Según ella, perdió tres páginas de su estupendo trabajo.

El caso es que Feiss se convirtió en un fenómeno de masas. Apareció en vallas publicitarias y en publicaciones destacadas, se crearon clubes de fans, tazas y camisetas con su cara, fue invitada a eventos y a programas de televisión de máxima audiencia y se diseñaron fondos de pantalla, iconos y demás parafernalia sobre ella. Internet se llenó de vídeos a favor y en contra de la muchacha, de textos que declaraban su amor por ella y de otros que la calumniaban y la ponían de yonqui para arriba, de parodias con mejor o peor gusto, de apariciones virtuales en series de animación e, incluso, en Holanda hubo un concurso de imitadores.

Posteriormente protagonizó un segundo anuncio (promocionando el Powerbook G4, de Apple también) que nunca se emitió en televisión y que sólo vio la luz en Internet en el año 2005. Este vídeo tampoco dejó a nadie indiferente por el tono cuasi orgásmico con el que pronuncia la última frase “I love my G4″. Más madera para los internautas, que la pusieron de ninfómana calentorra hasta hartarse y crearon vídeos alternativos de cachondeo.

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A día de hoy, la Ellen Feiss de Apple sigue teniendo un club de fans oficial, además de otras webs de seguidores que, poco a poco, van desapareciendo. Asimismo, se ha presentado en varias grandes exposiciones de Apple.

Y decía yo la Ellen Feiss “de Apple” en el párrafo anterior porque la moza ha conseguido hacerse un camino en el mundo de la interpretación, fuera de todo recuerdo a lo que representó en aquella época. Ellen regresó a las primeras planas cuando se anunció que aparecería en un cortometraje francés, llamado Bed & Breakfast (de los directores Martin Beilby y Loïc Moreau), que versa sobre las vicisitudes de una pareja estadounidense que busca a un viejo amigo en Francia. Así fue, el cortometraje se estrenó en el verano de 2006 y en él se puede rememorar el misterio y encanto de su mirada. Todo un lujo para los maqueros freaks. Ella aceptó el papel, incluso sin tener experiencia en el mundo de la interpretación (más allá de los anuncios de marras), pero la crítica aplaudió su papel y la reconoció como una buena actriz en ciernes.

Ellen Feiss en 'Bed & Breakfast'

Ellen Feiss en 'Bed & Breakfast'

Ellen Feiss es un buen ejemplo de cómo Internet puede elevar a la fama más efímera al friqui mejor pintado y, al día siguiente, hundir a un personaje con años de culto a sus espaldas. Es el mundo libre y la anarquía digital; es la vida real reflejada en una pantalla de ordenador.

El legado de Microsoft

El tío Bill

El tío Bill

Sé que algunos me van a dedicar más de un improperio después de leer este post, pero creo que lo escribo desde la imparcialidad y desde la perspectiva de los años. No me gustaría decantarme hacia un lado o hacia otro, porque estoy convencido de que en el equilibrio está la virtud. Y eso precisamente es lo que promulgo: equilibrio.

Que Microsoft ha sido una de las empresas más influyentes de las últimas décadas pienso que nadie es capaz de ponerlo en duda. Bill Gates siempre fue un niño pijo, hijo de pijos y nieto de pijos. De familia más que acomodada y niño de papá, con posibles para poder acceder a los mejores colegios y universidades. Un, posteriormente, empresario elitista de la época dura de los empresarios elitistas, tiburones del mercado con ansias de comerse la tarta enterita sin dejar ni una mísera guinda al competidor.

Pero lo que no se le puede negar a Bill Gates es su cualidad de visionario. Fue capaz de vislumbrar en su época un negocio que los demás no supieron ver ni de lejos, o que atisbaron pero con muy pocas pretensiones. Eso sí, quizás no de manera filantrópica, porque su principal interés era forrarse de pasta. Que se puede esperar del hijo de un abogado.

El amigo Gates compró sistemas operativos, copio sistemas operativos y hasta robó ideas, presuntamente, de sistemas operativos. Pero con aquel batiburrillo de aquí y de allá consiguió amalgamar proyectos con una característica que sus rivales no tenían: la sencillez de uso. Hizo llegar a toda la población lo que en aquel entonces sólo disfrutaban cuatro frikis gafotas en los laboratorios de computación de las universidades y en las grandes compañías de informática.

Este hombre consiguió que el ordenador se popularizara y, de paso, hizo multimillonaria a IBM. Quizá sus sistemas operativos no fueran los mejores del mercado (que no lo eran), pero desde luego sí eran los más populares y los más fáciles de manejar. Igual su propia incompetencia en el tema le obligó a crear herramientas de manejo sencillo y así poder utilizarlas sin una curva de aprendizaje interminable, no sé, pero lo que está claro es que lo suyo cuajó de la noche a la mañana cuando los demás se andaban dando de hostias para vender cualquier pieza de software.

Otra contribución importante al éxito y a la divulgación fue el precio. Cuando los grandes del sector se afanaban en comercializar sus productos a precios desorbitados, atando de por vida a las empresas con contratos exclusivos de mantenimiento y actualización, Microsoft optó por la táctica de vender al menor precio pero vender más, desarrollando para plataformas compatibles con IBM y, por lo tanto, liberalizando su producto.

El problema vino años después. Cuando el virus de la codicia había infectado silenciosamente el mundo, los productos de Microsoft pasaron a convertirse en inexplicablemente imprescindibles. Tú tenías la posibilidad de adquirir otros sistemas operativos, pero debías olvidarte de factores como la facilidad de manejo, la compatibilidad de hardware o un amplio catálogo de software. Y eso le causo (y le causa) graves problemas monopolísticos al, hoy, gigante de Redmon. La invasión taimada y silenciosa a lo largo del tiempo se ha hecho visible.

El legado que deja Microsoft con el paso de los años es una dura losa que no puedes quitarte de encima porque te dejaría a la intemperie. Pero es que hoy por hoy no existe alternativa válida (aquí es cuando se me echan encima todos los linuxeros y los maqueros juntos). ¡Permiso para explicotearme, señor! Permiso concedido.

Particularmente soy usuario de Ubuntu y Debian a diario, además del Windows de rigor de la oficina. Soy pro Linux 100% y defensor del software libre; además es un sistema operativo que me fascina, porque tiene un encanto que nunca llegaran a tener todos los güindouses juntos. También hubo una época que manejé bastante un Mac, si bien es cierto que es un entorno que no conozco tanto como Linux o Windows. El caso es que no hablo desde la perspectiva del desconocimiento, sino precisamente desde el ángulo equilibrado del usuario informático que mira a uno y otro lado. Y esta perspectiva es la que me lleva a afirmar que ni Linux ni Mac OS son, a día de hoy, sistemas operativos que pudieran desbancar al todopoderoso Windows. Y no porque no tengan cualidades para ello, que las tienen y de sobra, sino por los efectos del virus invasivo y silencioso del que hablábamos antes. Windows está tan estandarizado que resultaría imposible hacer cambiar el chip al 90% de la población usuaria de ordenadores. Hay personas que piensan que un ordenador es una cosa con Windows dentro.

Hay que empezar de cero otra vez, y las bases ya se están sentando en muchos centros de estudios infantiles. Si a un niño le enseñas desde pequeño a utilizar una distro de Linux, por ejemplo, no acudirá a otro sistema operativo en su vida. Pero me da que habrá que hacerlo así, porque si no va a ser muy difícil. Está claro que existen millones de usuarios que serían susceptibles de cambiar a otro sistema operativo en poco tiempo, pero el ordenador personal está tan, tan extendido que la mayoría de personas de menos de 30 años y la práctica totalidad de los de más de 30 no sería capaz. Hay que tener en cuenta que el ordenador lo manejan en casa (o en el trabajo) mi padre, la vecina del cuarto, la peluquera, el dentista, la secretaria, el piloto comercial, el albañil, la abuela de mi prima, el chico de los recados, el tío ese tan raro que nunca saluda, la del perrito blanco, la cajera del súper, la que siempre me encuentro en el ascensor, el chaval del balón, la chica de la inmobiliaria y hasta yo. Es decir, todo Dios. Y para lo único que lo quiere la mayoría es para pasar las fotos del crío, para chatear con el Messenger, para hacer algún cartelito de la comunidad de vecinos en Word, para buscar algo por Internet y para bajarse películas con el eMule. ¿A esta gente la queremos migrar a openSUSE? Lo dudo mucho.

Microsoft acercó el mundo de la informática hasta al menos pintado; tiró el anzuelo, todos picamos y ahora es muy complicado evitar esa dependencia. Y lo cierto es que muchos de los talibanes de Linux que por ahí pululan no habrían olido un ordenador en su vida si no hubiera sido gracias a las fechorías perpetradas por Bill Gates en su época.

Microsoft y Windows popularizaron los ordenadores y también Internet, e Internet popularizó Linux. ¿Qué habría sido de la historia de la informática si Bill Gates no hubiera nacido? ¿Estaría yo escribiendo este post desde mi Firefox corriendo sobre un Ubuntu Karmic Koala? A Dios lo que es de Dios, y al César lo que es del César. Creo que es de recibo admitirlo sin que se nos caigan los anillos.

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