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Un gran debate en la Red: la orientación del papel higiénico

Rollo de la discordia
Una de estas manifestaciones, que se presenta de manera recurrente cada cierto tiempo en sitios web, bitácoras, foros y salas de chat, es la referida a la orientación del papel higiénico a la hora de colgarlo en su soporte del baño. Esta auténtica gilipollez en grado sumo ha hecho correr ríos de tinta digital y ha revelado teorías varias y estudios de investigación más o menos profundos.
Existen dos opciones de orientación para el papel higiénico cuando se utiliza un soporte de rollo con un eje horizontal paralelo a la pared: el papel higiénico puede colgar por encima (Modelo A) o por debajo (Modelo B) del rollo, esto es, por delante (más alejado de la pared) o por detrás (más cercano a la pared). La elección es, en gran medida, una cuestión de preferencia personal dictada por la costumbre, si bien diversas encuestas a consumidores estadounidenses y a especialistas en artículos de baño han arrojado algo de luz sobre el asunto, obteniendo un resultado de entre el 60% y el 70% de preferencia por la primera opción (colgando por delante).

Modelo A y Modelo B
Lo que más sorprende a algunos observadores de Internet es el grado en el que las personas tienen opiniones fuertes sobre un tema tan trivial. Los defensores de ambas posiciones citan ventajas que van desde la estética, la hospitalidad y la limpieza, la conservación del papel o la facilidad de extracción de las hojas individuales.
Pero la moda de este debate es anterior a Internet, ya que parece ser que surgió nada menos que en 1886, en Estados Unidos (cómo no). Todos los datos de la historia los recogía perfectamente una web ya desaparecida y llamada ‘The Great American Toilet Paper Debate’, donde se podía además votar por tu opción preferida y adquirir un kit un tanto peculiar. Todavía se pueden ver algunas de sus páginas vía Wayback Machine (la última versión que tienen guardada en caché es del 1 de agosto de 2008).
Personalidades de la política, famosos mediáticos y reconocidos profesionales en cualquier cosa se han posicionado también en esta cuestión. Así pues, la actriz Tori Spelling, el cantautor Matt Wertz o el ingeniero Rae Hill dijeron en su momento que preferían la opción del papel colgando por delante; la columnista Ann Landers, el actor Dean McDermott o el periodista Gene Weingarten, entre otros, prefieren el papel colgando por detrás.
De este tema han hablado profesores de sociología como Edgar Alan Burns, que reconoce que, el primer día de su curso introductorio a la sociología, les pide a sus estudiantes que se posicionen y razonen sobre el lado hacia el que piensan que un rollo de papel higiénico debe colgar. En los cincuenta minutos siguientes, los estudiantes examinan por qué eligieron sus respuestas, explorando (sin ellos saberlo) la construcción social de reglas y prácticas que nunca antes han pensado conscientemente.
Se han escrito capítulos de libros, teorías físicas, reflexiones y todo tipo de manuales que arguyen multitud de razones (filosóficas, metafóricas, instrumentales y matemáticas) para defender cada postura. Con la llegada de Internet, como era de esperar, el debate se recrudeció y multitud de sitios web se hicieron eco de la tontería del colgamiento del papel, haciendo extensivo a la humanidad este dilema existencial que tan acuciante es para supervivencia en el planeta.
Como ejemplos podemos citar las entradas sobre el tema en IndyPosted (en inglés) y en Carvajablog (en castellano). La propia Wikipedia tiene un extensísimo artículo (en inglés) en el que se muestran multitud de datos estadísticos, encuestas, argumentos de uno y otro bando, soluciones al dilema y una ingente bibliografía para perder el tiempo durante días. Por supuesto, la web Know Your Meme también dispone de información al efecto (vídeos chorras incluidos).
Entre los diversos razonamientos de peso que se ofrecen por parte de los que se apuntan al debate podemos encontrar algunos muy interesantes y esclarecedores. Por un lado, los partidarios de que el papel cuelgue por delante argumentan ventajas como la reducción de roces de nuestros nudillos contra la pared o la facilidad para localizar visualmente el extremo suelto. Por su lado, los incondicionales de que cuelgue por detrás dicen que proporciona un aspecto más ordenado al baño (por no verse el extremo) y que, además, reduce el riesgo de que un niño pequeño o una mascota (como un perro o un gato) desenrrollen completamente el papel.
En fin, como se aprecia es un debate sólo para sabios y expertos en humanidades. Los simples mortales seguiremos colgando el rollo como nos salga de las gónadas sexuales, dejando la disyuntiva para los entendidos.
Siguiendo el ejemplo de la imagen de esta entrada, la de los Modelos A y B, sois totalmente libres, los lectores de este blog, para procrastinar un rato, dejando volar vuestra imaginación, y contarme cuál es vuestro preferido y por qué. Adelanto que en mi casa siempre ha sido el tipo A, porque me parece el más lógico, no sé.
Utilizar Internet para investigar a personas
Yo, que soy más burro que un arado, me mantuve en mis trece y les propuse un reto. Debían elegir al azar cualquier persona que en ese momento anduviera por la calle, y yo, solamente utilizando Internet, averiguaría tantos datos de ese ciudadano que se les iban a poner los pelos de punta. Evidentemente, necesitaba algo más que una cara física, porque milagros tampoco soy capaz de hacer (por ahora). Así pues, como condición indispensable, les propuse que la persona elegida fuera acompañada de un único dato más o menos relevante que me permitiera iniciar una investigación seria.
El reto fue aceptado, y el candidato en cuestión fue un chico, de unos treinta años, que en ese momento abría la puerta de su coche rojo, introduciéndose en él. Teníamos, pues, una cara que recordaríamos fácilmente (tupida barba, exceso de peso…) y una matrícula. Yo no necesitaba más.
El primer paso fue consultar al tío Google acerca de aquella matrícula. Yo sé que, en España, las multas impagadas se registran en el Boletín Oficial del Estado (BOE) y tuve la inmensa suerte de que aquel hombre algo le debía a Tráfico, aunque en este caso la consulta me llevó al BOPV (Boletín Oficial de País Vasco), por estar transferida la competencia en este campo.
Para ser honesto, he de reconocer que fue un golpe de suerte el asunto de la sanción, aunque no resulta tan difícil encontrar datos de un coche en Internet a poco que busques y sepas dónde buscar.
La multa (bastante elevada), en el Boletín viene acompañada del titular del vehículo y del Documento Nacional de Identidad (DNI) del mismo. ¡Horror! La titular era una mujer, pero aún así ya disponía de datos valiosos para seguir investigando. ¿Sería el coche de su novia, de su esposa, de su madre, un coche de empresa? Vamos a ver que ocurrió.
Con los datos (nombre, dos apellidos y DNI) de la dueña del coche, realicé una nueva búsqueda en Internet. El nombre a secas no me decía nada, no tenía cuenta en Facebook, ni en Tuenti, ni en ninguna otra red social. Sin embargo, el nombre y el DNI me llevaron a una nueva página del BOPV en la que se hablaba de un juicio de esta persona contra una empresa de servicios de limpieza (también se registran lo juicios públicos, sí). Estaba claro que era ella, porque todos sus datos coincidían. Pero, ¿quién demonios era aquella mujer?
Tras leer de cabo a rabo la sentencia, sólo pude recabar sus datos personales, además de los que ya tenía, como domicilio, código postal y ciudad donde vivía. Pero nada del hombre, ni como testigo en el juicio. Algo normal, me pareció, pues una demanda de una empleada a su antigua empresa no tiene porque arrojar luz sobre las relaciones sentimentales de la mujer, si es que algo le unía al muchacho del coche.
Mi siguiente búsqueda se dirigió hacia la dirección postal de la chica, y también tuve bastante suerte. Aparecía en una web de compra y venta de segunda mano en la que se ofrecía un ático abuhardillado en una zona céntrica de la ciudad donde, aparentemente, vivía ella. Al entrar a dicha web, y tras visionar detenidamente las fotos del piso por si algo me pudieran aportar, me percaté de que la persona de contacto para la información de compra no era una chica, sino un chico. Detallaba nombre y apellidos, además de teléfono fijo y teléfono móvil. Sin embargo hubo una cosa que me llamó la atención, los apellidos del hombre eran los mismos que los de la mujer, por lo que estábamos hablando de dos hermanos o, en su defecto, de una enorme, y poco probable, coincidencia. ¿Sería el hermano el chico que buscaba?
Otra búsqueda más me llevó a varias cuentas en Facebook con ese nombre y esos apellidos. No hube de indagar mucho más, en tres o cuatro clics llegué a su perfil y, estupefactos mis amigos y yo, comprobamos que aquel chico era el hombre del coche rojo. Pero no nos íbamos a quedar allí; quise llegar mucho más allá.
Tenía su nombre, sus apellidos, su foto, su antigua dirección y el que parecía ser su teléfono móvil. ¿Qué más podía averiguar? Pues mucho. Echando un vistazo a sus amigos feisbuqueros, hicimos una criba y elegimos una víctima, una señora algo mayor que parecía tener cara de picar el anzuelo como un panchito. Creamos una cuenta nueva en Facebook con identidad femenina, nos pusimos una cara que inspirara confianza y nos decidimos a atacar.
El mensaje que envié esa tarde a la señora, en la solicitud de amistad, hablaba de mí como una amiga del chico del coche rojo a la que le gustaba hacer nuevas amistades, queriendo congeniar con ella. Aporté datos reales que ya tenía, como nombre de él y su hermana, e, incluso, llegué a escribir que nos conocimos en tal barrio cuando él vivía en el famoso ático abuhardillado. Esto fue un poco suicida, porque yo no sabía realmente si había vivido allí, pero el caso es que coló, y ya tenía a la señora como amiga mía dos días después.
El caso es que este chico tenía sus fotos personales compartidas para todos sus amigos y los amigos de sus amigos, error bastante frecuente en esta red social, porque como crezca en exceso el número de tus amistades, al final puede ver tus fotos gente a la que no le interesan lo más mínimo. Era él, sin duda; pudimos observar el famoso coche rojo en una de las fotos (se veía también la matrícula). Asimismo, su hermana (la de los juicios y las multas) aparecía en varias fotografías con su nombre al pie e identificada, efectivamente, como la hermana del hombre del coche.
Me hice fácilmente con su correo electrónico, su fecha de nacimiento y hasta el colegio donde estudió, todo perfectamente compartido para extraños como yo. Intenté agregarle como amigo, pero no hubo suerte. Además, pude comprobar que disponía también de un perfil en Twitter que andaba bastante desactualizado.
El e-mail me llevó a nuevos horizontes de búsqueda, comprobando que había escrito bastantes mensajes en foros relacionados con motocicletas, que había comentado entradas en más de un blog de música heavy y que tenía una cuenta en Menéame desde la que hacía envíos de noticias que tenían relación casi exclusivamente con el mundo del motor. Ya conocía sus aficiones.
En fin, detuvimos la investigación en este punto porque ya no tenía ninguna gracia ni resultaba reto alguno. Pero mis amigos se quedaron con un palmo de narices cuando, partiendo de una cara y una matrícula, conseguí prácticamente radiografiar al sujeto del coche rojo.
Confesión. Toda esta historia que acabo de contar es totalmente mentira y ningún dato es verdadero. Sin embargo, es un relato factible sin necesidad de tener muchos conocimientos. Realmente no me he inventado la totalidad de la narración, algunos hechos son verídicos y más de una vez me he retado a mí mismo a indagar sobre la identidad virtual de una persona que no conozco de nada. Son bastante alucinantes los resultados que se pueden conseguir a golpe de clic y con un poco de suerte. Evidentemente, la historia anterior supone un escenario en el que esa suerte es un factor muy importante.
Lo que quiero es llamar la atención sobre esos datos propios que campan a sus anchas por Internet sin ningún tipo de seguridad, ya sean generados por nosotros o por terceras personas. Nuestra identidad digital no se encuentra para nada segura, y cualquiera que investigue un poco, sin ser policía, puede averiguar cositas de alguien que, si bien tampoco es que sean grandes secretos, pueden representar un incordio para su propietario.
¿Has buscado tu nombre, tu DNI o la matrícula de tu coche en Internet alguna vez? Hazlo. Por lo pronto, intenta buscar el mío y a ver si eres capaz de radiografiar mi vida con un mínimo de detalle.
My name is Boxxy

Boxxy
La historia comienza en el mes de abril del año 2006, cuando una joven bastante petarda y de hablar desagradable sube su primer vídeo a YouTube. En este vídeo dedicaba una sarta de gilipolleces seudosentimentales a un amigo cibernético de una red de juegos y foros anime en línea, Gaia online. Dice llamarse Boxxy y, mientras algunas malas lenguas aseguran que su nick se refiere a un apelativo estúpido de la consola Xbox, yo me inclino más en pensar que es un diminutivo de su nombre en la comunidad Gaia online, que no es otro que Moldy Lunch Box (algo así como “caja de almuerzo mohosa”).
A continuación os presento el vídeo en cuestión (subtitulado en castellano), y que los lectores juzguen la salud mental de la moza. Advierto que puede causar vergüenza ajena, nauseas y/o rubor facial bochornoso. [Nota: Si los subtítulos aparecen por defecto en inglés, acceder al menú de visualización (abajo a la derecha), colocar el cursor sobre la flechita negra a la izquierda del botón CC y elegir Spanish.]
Boxxy continuó enviando vídeos a Youtube durante un par de años, cada uno dedicado a un amigo de Gaia online y a cada cual más ridículo. El tema no habría pasado de la mera anécdota sino fuera porque, en uno de los vídeos, Boxxy tuvo la osadía de mencionar que sus amigos visitaban asiduamente el imageboard 4chan. La noticia corrió como la pólvora y llegó, a través de intermediarios como 7chan o I am bored, a 4chan. La guerra había empezado.
Los vídeos de Boxxy, que hasta el momento habían pasado más o menos desapercibidos, comenzaron a recibir millones de visitas, a registrar decenas de miles de comentarios y a congregar a miles de suscriptores en su canal. El interés fue creciendo exponencialmente, y los hilos en el foro /b/ de 4chan sobre la muchacha se multiplicaron como champiñones de lata. ¿Quién era esa chica?, ¿por qué hacía esos gestos y daba esos grititos?, ¿era normal o estaba loca? El caso es que prácticamente la mitad del foro /b/ de 4chan se enamoró de ella, y el otro cincuenta por ciento desarrolló un odio visceral hacia su histriónico comportamiento.
El enfrentamiento entre detractores y afines a Boxxy continuó envalentonándose durante varios días. Los que habían caído tras las redes de sus profundos y enormes ojos, excesivamente maquillados (como ella misma reconoce), escribían incesantes mensajes de amor y peticiones de matrimonio (véase siguiente imagen), y los que fomentaban la más profunda animadversión hacia ella comparaban su comportamiento con Zed, el no muy mentalmente saludable cadete del film “Loca academia de policía”, y con el Jocker de “Batman: El caballero oscuro”, haciendo alusión a su conducta y a su exagerado uso del lápiz de ojos.

Amor confeso por Boxxy
El asunto continuó unos días más hasta que se desmadró. El grupo de /b/tards en contra de Boxxy declaró, a finales de 2008, la Operación Valquiria (Operation Valkyrie), que proponía buscar, allanar y destruir todo lo que con ella tuviera que ver: canales en YouTube, cuentas de MySpace, perfiles en Facebook o cuentas de Photobucket. La locura de los residentes en /b/ se había desatado, y cuando esta comunidad estornuda toda Internet se constipa. Son bien conocidas las burradas que son capaces de cometer por conseguir un fin.
La obsesión por encontrar información sobre los datos personales reales de Boxxy llevó a los detractores a llenar de spam sus cuentas en Youtube y Gaia online con etiquetas que rezaban ‘Operación Valquiria’. A través de operaciones de hacking y otros análisis consiguieron dos fotos inéditas de la chica, vía las cuentas en Photobucket de amigos en Gaia online de Boxxy. Además obtuvieron varios nombres posibles que podrían pertenecer a ella. Todo un trabajo de investigación detectivesca digital.
El 6 de enero de 2009, alguien que dice ser la verdadera Boxxy escribe un mensaje en 4chan y, para asegurar su identidad, envía al foro dos fotos suyas inéditas (puede verse una de ellas a continuación). Efectivamente se reconoció que era ella, sin maquillaje, pero nadie supo explicar si realmente fue la muchacha en persona o la acción de un trol, con fotos en su haber, que quería sembrar más discordia y enfrentamiento.

Foto inédita atribuida a Boxxy
La Operación Valquiria fue considerada un fracaso, y los amantes declarados de Boxxy propusieron declararla reina del foro /b/ de 4chan. Los ánimos se caldearon en exceso, y la división en 4chan se acentuó muchísimo más. Los /b/tards contrarios a Boxxy propusieron incluso su muerte, y se llegó a promover la falsa noticia de que había sido realmente asesinada, a lo que los partidarios respondieron con mensajes de odio y venganza. 4chan llegó a ralentizarse varias veces en aquella época debido a la afluencia de nuevos mensajes, fotografías, fotomontajes, imágenes con rótulos haciendo alusión a gestos de la muchacha, etcétera.
El día 9 de ese mismo mes de enero, Boxxy colgó un nuevo vídeo aludiendo a los acontecimientos ocurridos y negando su condición de drogadicta o enferma mental. El interés generado, no ya en 4chan, sino en toda la comunidad internauta que ya estaba al tanto del meme, provocó que dicho vídeo tuviera 70.000 visitas en 12 horas, empujándolo de inmediato a la sección de vídeos más vistos del día. Este acontecimiento recrudeció el conflicto en 4chan, y se comenzaron a enviar miles de mensajes con el texto Die in a fire (“Muere en un incendio”, una frase hecha que declara una repugnancia extrema, o un odio tal, por la cual se desea el mal a otro) escrito diez veces por línea y con el máximo de líneas permitidas en cada post. Las acciones se propagaron a otros tablones de imágenes como 7chan.
En ese momento se proclamó la Operación Represión (Operation Clampdown), en la que se instaba a todos los antiboxxy a enviar cientos de miles de esos mensajes a 4chan a partir de las 00:00 horas de ese día. 4chan estaba en guerra civil y lo peor es que se enfrentaba a un DDoS (Ataque de Denegación de Servicio Distribuido, en castellano). Un ataque de este tipo envía miles de solicitudes de conexión por segundo desde diferentes frentes durante un tiempo determinado, haciendo que los servidores se colapsen y caigan.

Mensaje de llamamiento en 4chan para la 'Operación Represión'
Mientras se acercaba la hora, los usuarios preparaban sus armas de batalla, programas de software especialmente diseñados para realizar ataques de denegación de servicio, utilizando varios ordenadores cada uno e, incluso, equipos zombis tomados a tal efecto. El momento llegó y el ataque se produjo, 4chan comenzó a ir muy lento hasta que, al final, terminó por caer y mostrar el esperado error HTML 404, que indica que no se pudo tener conexión con el servidor web. El sitio web estuvo tumbado durante horas pero, finalmente, fue de nuevo levantado con la amenaza de ‘moot‘ (su creador y principal moderador) de que cualquier comentario o hilo sobre Boxxy sería eliminado y su autor baneado de por vida. Los ánimos se calmaron un poco; los detractores habían ganado su batalla.
Las alusiones en 4chan fueron decreciendo y las hostilidades parecían haber terminado, sin embargo hubo un grupúsculo (CBCR, Center for Boxxy Control and Restriction) que se escindió del imageboard para continuar su escalada terrorista hacia Boxxy y sus cuentas privadas. La muchacha ya se había convertido en un meme en toda regla, y todo Internet andaba siguiendo sus pasos en ese momento. Sus cuentas en MySpace y YouTube fueron jaqueadas y rellenadas de spam y contenido basura, además de robar algunos datos privados de la chica y publicarlos en 4chan. Posteriormente se investigó un antiguo vídeo de 2006 en el que aparecía una joven tremendamente parecida a Boxxy que decía llamarse Catie. Todas las alarmas saltaron, y Boxxy recibió un nombre de pila real de parte de sus admiradores y enamorados que la veían, así, un poquito más cerca de sus vidas.

Chica llamada Catie levanta las sospechas
Con respecto a la edad fueron barajadas varias cifras, desde 18 hasta 22 pero, al parecer, se determinó que en sus primeros vídeos sólo contaba 16 años, algo que fue muy bien recibido entre la inmensa mayoría de los usuarios de 4chan, que son quinceañeros.
Después de todo ello se multiplicaron los envíos de datos falsos a todas luces, como números de teléfono, direcciones de EEUU y fuera de allí, colegios donde había estudiado y hasta mensajes de gente que decía conocerla y aportaba fotos como prueba (es el caso de la imagen siguiente). Se llegó incluso a barajar la posibilidad de que Boxxy fuera una actriz contratada por Gaia online para realizar publicidad viral en la Red. Probablemente esto sea totalmente falso.

Mensaje de alguien que, presuntamente, conoce a Boxxy
Boxxy ha representado y representa un fenómeno de Internet a nivel global. Lo realmente preocupante es cómo se llega incluso a poner precio a la cabeza de una niña por el simple hecho de que a alguien no le gustó su forma de hablar. Afortunadamente nunca pasó nada, y Boxxy quedará para los anales de la Red de redes como un meme más. La verdadera joven, hoy día, se tiene que estar partiendo de la risa.
Nuestros datos en la nube son completamente humo; no es posible pensar que las redes sociales o las aplicaciones online son seguras, porque es una falacia. Nunca conviene compartir más de lo que deseamos que los demás conozcan de nosotros, porque si nos agarramos a esa falsa sensación de seguridad, lo más probable es que terminemos por perder totalmente nuestra privacidad.
La cara de Boxxy llegó a salir en los periódicos a raíz de la contienda incruenta en 4chan (imagen siguiente). ¿Te gustaría hacerte tan “famoso” a la fuerza? A mí, desde luego, no.

Artículo en la sección 'The Ridiculant' del diario británico Metro
Comprar fruta por Internet

Naranjas vía web
La venta de fruta por Internet se ha puesto de moda. Realmente lleva produciéndose ya hace unos añitos, pero en estos tiempos duros, en los que parece que todo hijo de vecino, desde el tendero de la esquina hasta el presidente del gobierno, se descojona de nosotros a la cara, se ha producido un auge increíble. Las amas de casa, los pequeños comercios y hasta las grandes fruterías se han apuntado a este carro de la compra, y es que los beneficios son muchos y buenos para todos.
La venta de fruta a través de Internet sigue un riguroso proceso que lleva el alimento desde el árbol a tu mesa en 24 horas. Una vez realizado el pedido, los empleados de las diferentes páginas web recolectan la fruta directamente de los huertos y se comprometen a que la tendrás en casa en un plazo máximo de un día. Fruta más fresca, más rápido.
Teniendo en cuenta que la que puedes adquirir en un supermercado ha pasado por mil cien procesos (recolecta, almacenaje, transporte, almacenaje, transporte…) antes de comprarla tú, creo que no está nada mal. Además, muchas veces a las frutas de las tiendas les dan ceras y productos varios para que brillen, debido a lo estropeadas que están por el paso del tiempo, y desde estos sitios te llega sin ningún tipo de proceso intermedio.
Otro dato que refuerza la calidad de esta fruta es que únicamente se vende en su temporada, ya que es fruta natural, no refrigerada durante meses para mantenerla ni cultivada en invernaderos.
Otro factor muy importante es el precio. A tomar por el culo los ciento cincuenta intermediarios. Aquí sólo estáis tú, el hortelano y el de la página web. La mayor parte de las veces el hortelano es el dueño de la web, con lo que la venta se convierte en directa.
Un kilo de naranjas puede costar en una tienda (en España) hasta 2 €. ¿Sabes cuanto recibe al agricultor de este dinero? No más de 0,20 €. Fíjate tú la de intermediarios chupones y avariciosos que hay de por medio aquí.
La empresas que se dedican a la venta por Internet nacieron de la necesidad de librarse de terceros para poder sacar beneficio de sus plantaciones, porque se llegó a un punto en el que literalmente perdían dinero trabajando. Eliminando los intermediarios, tu precio se reduce escandalosamente, pudiendo salirte el kilo de naranjas (dependiendo de la variedad), tranquilamente, a 0,40 €. ¡De dos euros a cuarenta céntimos!
Evidentemente tu precio va a ser superior al de un mayorista que compra cientos de kilos. Asimismo, desde estas páginas web se venden, normalmente, cajas de varios kilos como mínima unidad, ya que no sería rentable para ellos vender kilogramos sueltos, y muchísimo menos naranjas unitarias.
El abanico de productos cada vez se amplía más, y ya se pueden encontrar en la Red todo tipo de verduras frescas, carnes y hasta pescados. La mayoría de las empresas virtuales han surgido de las propias plantaciones, ganaderías o lonjas de pescado reales a modo de protesta contra los altos beneficios de los intermediarios. En webs como Naranjas Lola (pionera en su género), SoyAgricultora.com, Disfruta & Verdura, Naranja Valenciana o La recolecta podrás encontrar frutas y verduras a un precio muy inferior al de tu súper habitual, de alta calidad y frescura y con un modo de envío rápido a cualquier lugar del país. Con respecto a pescados y mariscos, puedes visitar Portal del marisco, Mariskito.com o Grupo Galinova. Para carnes dispones de la posibilidad de, por ejemplo, Cárnicas Goya, Cárnicas Mulas o La pollería en casa. Todos estos sitios web se saltan el canal tradicional y envían su género directamente del productor al consumidor.
Cada vez más compradores hacen uso de estas vías, adquiriendo cajas de frutas y verduras para toda la familia, económicos mariscos, directamente de las Rías Baixas gallegas a la cena de Nochebuena, o piezas enteras de carne procedentes de la matanza para repartir entre amigos o utilizar en una celebración o fiesta. Sin duda una muy buena opción que debemos tener en cuenta y que nos ahorra un montón de dinero y nos garantiza calidad y frescura.



