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Ingeniería social

Al acecho...
La gente es más inocente que un balón de playa. De buenos que somos rayamos en lo ridículo, bordeamos la frontera con los tontos de baba. Nos gusta ayudar o, mejor dicho, quedar bien ante los demás. Si alguien que no conocemos nos pide algo por teléfono de buenas maneras y con voz sensual, le damos hasta la talla de ropa interior. Si un desconocido nos aborda por la calle y nos pide que le socorramos y le dejemos el móvil para llamar, le marcamos nosotros al pobre, que está muy nervioso. Bienvenidos al maravilloso mundo de la ingeniería social.
Una de las técnicas de hacking más antiguas (y eficaces) es la ingeniería social. Es la “ciencia” que permite obtener información confidencial mediante la manipulación psicológico social de los individuos usuarios legítimos. Se trata de técnicas muy antiguas que, probablemente, llegaron al mundo binario nacidas en otros contextos, porque a la gente se la ha engañado toda la vida. El principio que sustenta la ingeniería social referida a la computación es que en cualquier sistema informático el usuario es el eslabón más débil.
El gran Kevin Mitnick, uno de los hackers más famosos de los años ochenta y noventa en EEUU y ahora reconvertido en consultor de seguridad, fue el más alto representante en lo que a ingeniería social se refiere. Según sus propias tesis, este tipo de ataque para averiguar claves de acceso, contraseñas y datos sensibles de usuarios está fundamentado en cuatro pilares básicos que son:
- Todos queremos ayudar.
- El primer movimiento es siempre de confianza hacia el otro.
- No nos gusta decir que no.
- A todos nos gusta que nos alaben.
Bien es cierto que hoy día los usuarios estamos más alerta ante engañifas tales, porque vivimos mejor informados y vemos por la tele continuamente noticias de timos a través de Internet o del teléfono. Pero en la época de Mitnick, si a un empleado de una gran empresa le llamaba un hacker social haciéndose pasar por un superior (al que ni siquiera conocía) o por un compañero en apuros, el hombre soltaba por su boca contraseñas y la vida si era necesario.
Esto no quiere decir que a estas alturas de la existencia no siga habiendo gente que caiga en bulos y enredos. Y me viene a la memoria un mail, encadenado de esos, que recibí hace poco. En él se relataba una historia que venía a decir (y hablo de memoria) que una chica apurada solicitaba el móvil de otra persona en un restaurante para llamar a su marido, que debía pasar a recogerla y no había aparecido. El hombre le ofrece su móvil y la mujer, tras retirarse un poco, realiza una llamada. Pocos minutos después vuelve a pedir el teléfono porque su marido sigue sin aparecer, telefonea de nuevo y devuelve el aparato a su dueño; desaparece. Posteriormente el dueño del móvil recibe una llamada de su madre llorando y preguntado a ver si está bien. El hombre no comprende nada hasta que la madre le explica que una mujer la llamó diciéndole que su hijo estaba secuestrado y requiriendo un rescate inmediato. Además le dijo que aquello no era ninguna broma, y que como prueba estaba telefoneando desde el móvil de su hijo. Posteriormente la volvió a llamar para confirmar la recepción del rescate.
Dudo mucho que la historia sea cierta, pero podría haber sido totalmente verídica. La cantidad de correos electrónicos que llegan a nuestros buzones solicitando nuestras contraseñas de servicios de mensajería o nuestros datos bancarios es ingente, y estamos curados de espanto. Pero, aún así, se siguen produciendo timos a plena luz del día.
La ingeniería social no siempre es esencialmente delictiva, un ejemplo podría ser el de un vendedor que investiga las costumbres y aficiones de un cliente para establecer una relación de confianza o empatía y poder vender con mayor facilidad sus productos o servicios. Google, sin ir más lejos, nos espía continuamente para, según ellos, mejorar la experiencia del usuario. Pero, ¿quién no se ha encontrado un correo en su cuenta de, por decir algo, una empresa que fabrica cajas registradoras dos días después de haber realizado un búsqueda sobre ese mismo asunto? Aquí hay algo que no huele muy bien.
Los gobiernos utilizan continuamente diversidad de técnicas sociales para desviar la atención de temas inconvenientes, críticos, de escándalo, de corrupción, etcétera. Las denominadas “cortinas de humo” son técnicas de ingeniería social. Todo el mundo es capaz de mentir por algo que de verdad le importe, y cualquiera de nosotros es susceptible de caer en una trampa.
Lo más importante es dejarse llevar por la intuición y por el sentido común. Cualquiera debería saber que nuestros datos personales más confidenciales son absolutamente privados, y nadie puede solicitárnoslos por teléfono o por correo electrónico. Y que por mucho que te alaben y te den coba desde el otro lado de la línea, los altos cargos de tu empresa nunca te pedirían a ti directamente una contraseña. Además, créeme, el presidente de tu compañía no tiene una voz sensual, te lo aseguro.
Hacking urbano

Máquina expendedora
Al margen de lo que es el mundo del hacking informático, se viene desarrollando hace ya mucho tiempo una especie de variante más lúdica (y no por ello menos ilegal) que se refiere a la explotación de trucos que poseen determinados aparatos electrónicos. Y cuando me refiero a estos aparatos no pretendo hablar de videoconsolas o maquinitas similares, sino de elementos más callejeros como pueden ser una máquina de Coca-Cola, un ascensor o un surtidor de gasolina.
¿Se puede hackear un ascensor? Pozí. ¿Y con qué fin? Poyaloverás.
Todo tramánculo que disponga de circuitos electrónicos es fácilmente hackeable, y no porque se puedan explotar bugs o fallos en la programación del mismo, que también, sino porque las técnicas que se utilizan muchas veces se refieren a trucos o accesos directos que utilizan los fabricantes para testear o comprobar la máquina o para recibir determinada información de la misma. Por ejemplo, las máquinas de vending, que podemos encontrar hoy día casi en cualquier esquina (refrescos, sándwiches, café, chucherías varias, etcétera), tienen una serie de “comandos ocultos” que sólo conocen los empleados que las manejan y que permiten visualizar en sus diminutas pantallas de leds información tal como el número de unidades vendidas, los errores generados o el dinero recaudado. Estas técnicas se van poco a poco difundiendo y al final los diseñadores tienen que cambiar la máquina y hacerla menos accesible al gran público.
Pero como el movimiento se demuestra andando, vamos a ver algunos ejemplos prácticos en formato videotubo que ponen de manifiesto lo tonta que es la supuestamente alta tecnología y lo listo que puede llegar a ser el ser humano. También es posible que alguno de los siguientes vídeos sean montajes, pero se ha intentado seleccionar los más representativos y los que más credibilidad pueden proporcionar.
DISCLAIMER: Algunas de las siguientes situaciones que visualizaremos representan acciones claramente delictivas. Hombre, robar una Pepsi de un máquina puede hacer un montonazo de gracia, pero es robar y punto pelota. teknoPLOF! no se hace responsable de los comentarios ni de las actuaciones aparecidas en los vídeos, sólo hace de mero intermediario entre la información que está ahí y sus lectores.
EJEMPLO 1. El ascensor. El truco consiste en llegar de un piso a otro sin que el aparato pare en ninguna otra altura intermedia aunque alguien haya pulsado el botón desde fuera. Se realiza pulsando (y manteniendo) el botón de cerrado de puertas y el piso en cuestión. Existen otras variantes como la de pulsar el botón de cerrado de puertas y el piso al que vas durante unos segundos y luego soltar. En el ascensor de mi casa no hay botón de cerrado de puertas, sólo de apertura, pero vive Dios que me haría tanta falta como el comer, que parece que todo Dios sale de casa cuando yo le doy al botón de llamada.
EJEMPLO 2. La máquina de refrescos. Este me encanta porque actúa sobre las nuevas máquinas de refrescos que están empezándose a ver cada vez más, esas que tiene una especie de montacargas interno que sube a por la lata (o botella) y la trae hasta el agujero de salida. Consiste en (como apreciarás en el vídeo) introducir la mano para evitar que el refresco salga de la máquina. Después de un par de intentos la máquina detecta algún fallo al no poder expender la botella y te devuelve el dinero. La segunda vez dejas caer las dos botellas. Conclusión: dos Coca-Colas al precio de una.
EJEMPLO 3. Las monedas de una máquina de Coca-Cola. Esto ya es un robo prácticamente a mano armada. Dudo mucho que funcione o siga funcionando, pero todavía quedan máquinas de estas (un poco antiguas) por muchos rincones. El truco se basa en la pulsación de un código de botones (4 – 3 – 2 – 1 – 1 – 2 – 3 – 1 - 1) para terminar pulsando el retorno de moneda (manteniéndolo). Nótese cómo al principio se pulsa el mismo botón de retorno de moneda para comprobar que no hay dinero introducido.
EJEMPLO 4. El surtidor de gasolina. Este truco parece servir para obtener gasolina gratis en un surtidor de esos que tienen que activarte remotamente para poder repostar. Se basa en una combinación de bombeos cortos y largos (3 cortos – 2 largos – 1 corto – 2 largos – 3 cortos) con el gatillo de la manguera. ¡Y a echar!
EJEMPLO 5. La máquina de chicles. Sí, sí, la de toda la vida de meter la moneda y girar la manivela. Ahora también se lleva mucho este sistema en otro tipo de máquinas que expenden bolas para niños con un regalito mierdoso en su interior que no vale lo que cuesta y que hace que el niño acabe jugando más con la bola del envoltorio que con el contenido. El hack consiste en utilizar una moneda de inferior tamaño (y valor, por supuesto) para, forrándola con papel, engañar a la máquina haciendo que piense que el tamaño y grosor son los correctos. Todo un éxito de un cerebro adolescente. Si es que no tendrán otra cosa en que pensar, jesusmariayjosé.
EJEMPLO 6. La máquina de chucherías. ¡Patatas gratis! Un truco parecido al ya comentado de la máquina de refrescos. Básicamente consiste en engañar a la máquina expendedora, haciendo que crea que no ha caído el snack en cuestión, al cerrar el portón inferior en el momento preciso para, posteriormente, presionar el botón de retorno de moneda y obtener el dinero y las golosinas por la cara; sin desembolsar un mísero euro, vaya.
En fin, en el tubo podréis encontrar multitud de ejemplos más de cómo hackear prácticamente todo, desde semáforos a cerraduras de coche, pasando por todo tipo de máquinas y maquinitas electrónicas. Esto sólo ha sido un somero ejemplo de algunas técnicas más o menos elaboradas que nunca hay que poner en práctica por ser claramente delictivas. Digo, ¿no?
Y si la electrónica falla, siempre quedan las técnicas de baja tecnología como la que utiliza el elemento subversivo del siguiente vídeo. Eso sí, hay que tener el brazo largo y muy delgado.
Lo más importante es ir siempre con mucho cuidado, y no vayáis a enseñarle estos vídeos a vuestra hija o sobrinita, no le vaya a pasar esto:
Angelitos… Lo que no se les ocurra.









